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lunes, 22 de diciembre de 2025

Los beneficios de la amistad


Teniendo en cuenta que nos encontramos embebidos en una época del año en la que las reuniones de amigos son una constante, he reunido un puñado de curiosidades referidas a la amistad como preámbulo a una tanda de álbumes protagonizados por buenos amigos.


Seguramente habrán oído aquello de quién tiene un amigo tiene un tesoro, ¿verdad? Pues deben saber que es totalmente cierto ya que muchos estudios científicos apuntan a que son beneficiosos para la salud. Las personas que tienen amigos tienen niveles mayores de dopamina, oxitocina y endorfinas, sustancias del bienestar y la felicidad. Así mismo, son menos propensas a sufrir enfermedades cardiovasculares y ciertos trastornos mentales, incluidos el estrés y la depresión. Su sistema inmunitario es más fuerte, por lo que están más protegidos ante infecciones y se recuperan antes de cualquier dolencia. ¿Será cierto eso que tener amigos alarga la vida?


Ya saben que hay mucha gente que vive enganchada a las redes sociales y creen que cualquier relación que se establezca a través de ellas se puede considerar amistad. Pues va a ser que no… Según algunos estudios, los verdaderos amigos nunca se conocen a través de las pantallas, pues el vínculo que se establece entre dos amigos necesita de una percepción global en la que se articulan diferentes niveles. Comunicación verbal y no verbal, interactividad y reciprocidad, pautas comportamentales, contexto social y cultural, etc.


Aunque no me gusta nada esa expresión que se refiere a los amigos como “la familia que se elige” (Si muchos supieran que sus amigos fueron elegidos por un jefe de estudios, cambiaría su percepción), hay que darles en parte la razón, pues la amistad puede llegar a ser un sentimiento tan profundo que muchas personas conectan tanto con sus amigos que pueden sentir su dolor, su alegría o su tristeza tanto como ellos, sacrificarse laboral o personalmente (donar un órgano) o sentir celos de una tercera persona. ¿Algo parecido a lo que nos ocurre con nuestra madre, los hermanos o un primo, no?


Mientras indago más en este fenómeno, les invito a disfrutar con cuatro álbumes. Empiezo con Fred y Gloria, un libro de Ratha Tep y Anna Pirolli (Flamboyant).
Cuando Fred recibe la carta de Gloria, su amiga por correo, tiene claro lo que debe hacer: cruzar el océano. Pero todo sería más fácil si supiera donde está. Como no tiene ni idea, comienza un periplo en el que irá encontrándose con una serie de animales que le van indicando lo que ellos entienden por el océano. Una oruga, una rana y una tortuga. Cada uno le explica lo que ellos creen que es el océano, pero nada, sigue sin dar con él. La peor parte llega cuando se encuentra a la orilla del mar y debe cruzar al otro lado. ¿Lo conseguirá? ¿Conocerá finalmente a Gloria?


En este álbum que ya he incluido en mi selección de libros sobre cartas y carteros, las autoras no solo se centran en las relaciones de amistad sino que nos hablan de muchas otras cosas, como por ejemplo la perspectiva y el tamaño relativo de las cosas, el crecimiento personal y la búsqueda de aventuras. Todo ello aderezado con una nota de humor blanco donde las sorpresas finales también nos dicen mucho (¿Qué opinan ustedes de los encuentros a ciegas? ¿Pueden ser productivos?)


Ilustraciones coloristas, una naturaleza exuberante, animales con rasgos antropomorfos, mapas (Me quedo hipnotizado cuando encuentro alguno en un libro infantil), onomatopeyas que juegan a las canciones repetitivas, juegos visuales (¿Han visto alguna vez unas constelaciones tan divertidas?) o las guardas peritextuales que nos permiten saben la procedencia de los protagonistas, son algunos de los elementos que hacen de este libro una propuesta más que singular sobre este tema.


El segundo título de esta pequeña tanda es ¡Oh, zanahorias!, el nuevo álbum de Mariajo Ilustrajo publicado por Bindi Books, su editorial de cabecera en nuestro país. Este libro nos cuenta la historia del señor Conejo, un tipo de vida tranquila que pasa el invierno leyendo acompañado de su taza de té y sus plantas. Cuando llega la primavera y un poco aburrido de esos meses de soledad, coge los aperos y se dirige al huerto para plantar lo que más le gusta: zanahorias. Pero este año una semilla está creciendo muchísimo y, tras observar que se mueve, decide arrancarla. ¿Pero esto qué es? ¡Una zanahoria que habla, anda y no sabe estarse quieta! Esto supone todo un reto para el señor Conejo a quien le gusta la calma y la soledad. ¿Será capaz de librarse de ella?


La autora española establecida en Reino Unido nos presenta esta vez una historia de amistad (¿O quizá enemistad?) entre dos personajes aparentemente muy diferentes (Recuerden a Don Quijote y Sancho Panza, Mortadelo y Filemón o Mofeto y Tejón) a los que el azar ha unido (Como todas las grandes historias entre amigos, ¿no?). Con un guiño surrealista al Amanece que no es poco de Cuerda y esa magia desenfadada que tanto gusta a los primeros lectores, consigue dar un vuelco narrativo y modificar la opinión de un personaje con pequeñas reminiscencias al señor Scrooge de Dickens.


Gracias a la expresividad de los personajes, un lenguaje visual que recuerda a otros autores de la LIJ anglosajona y ese toque de humor que imprime en todos sus libros, consigue darle forma a una historia muy cercana que nos hace ir y venir a esa página donde se cuenta el verdadero secreto para hacer crecer a los grandes amigos (¿La han descubierto? ¡Espero que sí!).


Continuo con la tercera parte de una trilogía muy conocida de Oliver Jeffers. Dónde esconder una estrella (editorial Andana), que así lo ha titulado el archiconocido autor, nos cuenta la historia del protagonista. Tiene dos amigos, la estrella y el pingüino. A los tres les encanta jugar al escondite. El niño siempre encuentra a la estrella primero y luego busca al pingüino en su escondite favorito. Pero un día, el pingüino se esconde tan bien que se queda atascado y el niño deja a la estrella sobre una barca para ayudarlo, con la mala suerte de que, olvidándose de ella, termina a la deriva. ¿Adónde la llevarán las corrientes marinas? ¿Conseguirán encontrarla?


Haciendo uso de muchos de los recursos narrativos que ya utilizó en Perdido y encontrado y Cómo atrapar una estrella, el autor irlandés nos sumerge en un relato de anhelos y paralelismos entre dos niños que buscan un amigo. Fíjense que hay dos historias (Había una vez un niño... / Había una vez una niña...), un conflicto (¿Quién ganará finalmente la amistad de la estrella?) y muchas vueltas de tuerca.


Personajes surrealistas que proceden del espacio exterior, detalles humorísticos en segundo plano (¿Se han fijado en el pingüino y sus muñecos de nieve?), imágenes secuenciales y guiños que recuerdan a los títulos predecesores, ensalzan un mensaje universal en el que cualquier lector, independientemente de su edad, puede verse reflejado. Y es que todos compartimos el mismo firmamento a pesar de nuestras diferencias.


Por último, aprovecho la coyuntura para recuperar La vida sin Santi, un título de Andrea Maturana y Francisco Javier Olea publicado por Fondo de Cultura Económica hace unas cuantas temporadas. Los autores de Secreto, nos traen la historia de Maia y Santi, dos niños que son muy amigos. Nunca se aburren de jugar y están muy conectados. Todo cambia el día que el padre de Santi tiene que irse a estudiar muy lejos de casa y se lleva a toda la familia con él. El día de la despedida llega y con él, un gran vacío se abre en la vida de Maia. Ese vacío no le permite disfrutar de ciertos momentos y lugares ni deja que otros niños se le acerquen. Con el tiempo todo cambia y ese hueco se rellena con personas y cosas nuevas. Entonces Maia se pregunta: ¿Si regresa Santi habrá espacio para él?


Con un estilo muy reconocible en el que conviven metáforas visuales y un lenguaje verbal muy parco y directo, los autores nos hablan del proceso que acontece cuando perdemos el contacto con un amigo. Ese mundo que crece entre las manos de Maia, las sombras que proyecta, su agujero en el pecho, los nuevos momentos que crecen como las enredaderas y rellenan el espacio…


No se dejen guiar por las apariencias. Seguro que todos ustedes tienen algún amigo del que se han sentido alejados y han experimentado las mismas sensaciones y emociones que Maia. No saber cómo reaccionarán, creer que han traicionado esa amistad, que han encontrado gente que los sustituya o pensar que no se reconocerán después de tanto tiempo, son pensamientos recurrentes. Pero lo verdaderamente importante es que, a pesar del correr del tiempo, hay afectos que perduran con fuerza.

jueves, 16 de enero de 2025

Álbumes reflexivos


Alucino con la cantidad de personas que, parece ser, han descubierto la pólvora en los últimos años. Lo que más me sorprende es su necesidad de comunicárselo a los demás. Será que como un servidor se dedica profesionalmente a esto del aleccionamiento, cala pronto a quienes sienten una atracción desmedida por explicar al mundo sus vivencias.
Pero lo peor de todo ha llegado con esa tendencia de publicar esas vidas ejemplares. No teníamos bastante con las sobremesas en las que cuñados, místicos y enteraos se procuraban una atención desmedida, que ahora publican libros y dejan constancia documental de sus miserias.


Solo tienen que echarle el ojo a las páginas de los periódicos locales… De tanto en cuanto entrevistan al personaje de turno que ha escrito un libro para exorcizar su particular infierno con los malos tratos, la cocaína, el alcohol, el cáncer, la adopción subrogada o la crianza. Toda una serie de avatares que, según ellos, nos pueden servir para hacer frente a los nuestros o, según se mire, cortarnos las venas.
Que yo esté a favor de la pluralidad, no significa que cualquier testimonio tenga calidad literaria. Sea ficción o no ficción, lo que se publica debe estar escrito con una miaja de mínimo gusto. Luego vienen la maquetación, la impresión, la ortotipografía, la encuadernación y el papel, pues también debo señalar a todas esas editoriales que han aparecido de unos años a esta parte y buscan sacarles los cuartos a todos estos incautos con la coedición de sus penurias y recetas de autoayuda.


Como la LIJ no es un género aislado, se agradece encontrar de vez en cuando libros reflexivos que tengan un mínimo de elegancia. Este es el caso de los tres títulos que saco hoy a la palestra para que algunos tomen nota si tienen intención de regalarnos sus reflexiones. No solo basta con abrirse en canal y deshacerse en intensidad, sino encontrar un equilibrio entre la víscera y la estética.


Allá donde vayas, mi amor irá contigo es el libro de Birgitta Sif con el que damos el pistoletazo de salida a este pequeño monográfico. Editado por Andana, este álbum narrativo con más de cien páginas se divide en ocho pequeñas reflexiones que, a modo de fábulas ilustradas, nos acerca visiones personales sobre la vida que su autora ha querido regalar a sus dos hijas y de paso a todos los lectores que se acerquen a él.


Reflexiones sobre la esperanza, la amistad, los sueños o la valentía llenos de metáforas visuales en las que el protagonista encuentra nuevas oportunidades tras el derrumbe de la torre que ha construido previamente o que no es necesario ser bueno en todo, solamente hay que encontrar la magia del comienzo y dejarse llevar.


Si bien es cierto que la autora se desliga de su estilo más reconocible, en este libro se deja llevar por la frescura en la que se entremezclan las pinceladas rápidas y los tonos pastel. Un libro poético con el que muchos lectores pueden establecer numerosos paralelismos a partir de su propia experiencia. Cabe destacar que este libro representa una suerte de legado vital que la autora entrega a sus hijas y a todo aquel que lo reciba independientemente del género o la edad.


El segundo es Diario de una mamá, un libro de Eunyoung Seo publicado por Tutifruti. Con el subtítulo de Reflexiones sobre el amor, la crianza y la vida, la autora coreana se confiesa y comparte los pensamientos que la abordaron al ser madre por primera vez. Si bien es cierto que muchos de estos son entrañables, otros son extrañamente confusos, incluso algo turbadores, una sensación algo suavizada por unas ilustraciones ciertamente encantadoras.


Elaboradas con técnicas tradicionales y protagonizadas por una familia de gatos antropomorfos, hay escenas familiares de todo tipo. Evocador y simpático, esta personal creación que aglutina marinas, una Alicia en el país de las maravillas, dos cuadros de Vermeer y muchas metáforas hipnóticas, no le falta de nada.


Cinco capítulos bien armados en los que podemos leer no solo reflexiones, sino una serie de misivas dirigidas a su hijo. Aunque podríamos hablar de un cuaderno de notas personal, lejos de resultar incómodo eso de infiltrarse en la vida privada de la autora, este libro permite desligarse de esa denominación y tomar cierta distancia de elementos que a más de un progenitor le resultarían vergonzantes.


Como en el caso anterior, encontramos mucha intimidad y un lenguaje poético que, lejos de concretar nada (he aquí esa vis oriental tan etérea), se vierte en un lector que puede encontrar un significado propio, algo que lo ensalza como un gran regalo en el día de la madre.


Por último, tenemos Volver a empezar, un nuevo álbum de Oliver Jeffers que acaba de publicar Andana, la que se ha convertido en su editorial de cabecera en nuestro país. Según cuenta esta estrella de la LIJ, la idea de este libro surgió tras Estamos aquí, un libro similar, pero con una línea más infantil. La necesidad de lograr una perspectiva más amplia de la experiencia humana, lo llevó a girar sobre un argumento un tanto complejo. De ahí que este extenso álbum sea ciertamente inclasificable.


Para darle forma a este libro, Jeffers se dedicó a observar los pormenores del comportamiento humano refiriéndose en ocasiones al contexto histórico. Desde la adquisición del lenguaje y la escritura, hasta las grandes guerras que han comprometido nuestra razón, el autor construye un canto a la esperanza donde la división y el poder no tienen cabida.


Ilustraciones secuenciadas que recuerdan al cómic, composiciones que abordan el formato horizontal estupendamente y una gama de colores que abarca el magenta, el violeta y el azul ultramar, se van desplegando a un ritmo muy estudiado que, con muchos bodegones y metáforas varias, nos invita a descubrir un parte de nuestra naturaleza sin acusarnos individualmente, aunque a veces suene algo aleccionador.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Entre fantasmas


Siento cierta envidia por aquellos que pueden ver una película de miedo y no botar del susto. Reconozco que yo soy incapaz. Teniendo en cuenta mi naturaleza nerviosa, los sobresaltos me son contraproducentes.
Con esto no quiero decir que no haya visto alguna. Recuerdo Los pájaros, Psicosis, El exorcista, La semilla del diablo, El resplandor, La matanza de Texas, El proyecto de la bruja de Blair, Saw, Babadook o [REC]. Pero esto no quiere decir que haya disfrutado, sino más bien lo contrario.


Algo parecido me sucede con el thriller, otro género del séptimo arte donde la incertidumbre y las sorpresas son elementos muy característicos, sobre todo en thriller psicológicos como el Funny Games de Haneke. Sí, mucha tensión y respiración contenida.
A pesar de todo esto no se crean que la noche me da miedo (si llevo unas cervezas encima, todavía menos), ni tampoco se me sale el corazón por la boca si alguien se pone a hacer el mono con la ouija. Tengo cierto respeto a los fenómenos de ultratumba pero soy inmune a los fantasmas, sobre todo si visten con gaviotas, cocodrilos y caballacos, y  siempre y cuando no quieran hacerme daño. Que la cosa está muy mal y aquí quiere ser alguien hasta el más pringao.


Sí, lo han adivinado, hoy la cosa va de espíritus y otras almas errantes. Hay un fantasma en esta casa es el título de la nueva invención de Oliver Jeffers, una obra editada por Andana donde hay mucha disyunción narrativa, diversas cuestiones técnicas y un juego interactivo.
El hilo argumental de este álbum consiste en una visita guiada por una casa antigua gracias a la amabilidad de su protagonista, una niña que bien podría parecer ese fantasma del que nos habla el título. Pero no, a los fantasmas los vamos descubriendo poco a poco, cuando jugamos con unas páginas de papel vegetal que se intercalan entre las dobles páginas.


Si bien es cierto que este recurso ha sido utilizado por autores como Bruno Munari o Beatrice Alemagna, en esta ocasión adquiere un papel discursivo diferente donde camuflaje y descubrimiento tienen mucho que decir en el aspecto lúdico de la obra. Tras pasar unas cuantas páginas, el lector-espectador se da cuenta de qué va la vaina y se sumerge en una propuesta que tiene dos funciones. Por un lado, el puede ver los fantasmas que no ve la protagonista (¿A qué sabe el triunfo?), y por otro, se convierte en un auténtico cazafantasmas.


Alejado de ese discurso intimista y un tanto dulzón al que nos tenía acostumbrados durante los últimos años, Jeffers regresa a sus divertimentos tomando como escenario el collage digital. Gracias a un buen puñado de catálogos inmobiliarios de finales del XIX y XX que ha ido coleccionando durante todos estos años, utiliza espacios reales para una historia ficticia, al mismo tiempo que logra ambientarla maravillosamente (Nota: A todos los arquitectos y decoradores que tengan curiosidad, solo tienen que acercarse a la página de créditos donde encontrarán las referencias con pelos y señales).

martes, 13 de abril de 2021

Construir un mundo ¿mejor?


Cuando empezó la pandemia nos vendieron la moto de que todo este tinglado nos iba a cambiar para bien. Más solidarios, más positivos, más empáticos, más comprensivos. Seríamos mejores personas y todo lo que viniera después pasaría a la categoría de “maravilla”.


Pues fíjense por donde que yo creo que estamos mucho peor. Ya ha pasado un año y yo solo veo inconvenientes, no sólo por esa falta de libertad y todas las limitaciones que llevamos sufriendo durante los últimos meses, sino por los cambios sociales, empresariales o de consumo que se están llevando a la chita callando y siempre tomando como excusa el dichoso virus. Les pongo algunos ejemplos…


Antiguamente, cuando el bicho no existía, todo aquel que no subía en el ascensor con otro vecino habiendo suficiente espacio en el habitáculo, era susceptible de ser tratado como un maleducado o un cretino. Hoy en día no existe ese problema, pues por recomendaciones de salud pública, tenemos que viajar en el ascensor sin rozarnos con nadie, y si lo hacemos, que sea con los de la misma unidad familiar. Y venga ascensor p’arriba, y venga ascensor p’abajo. ¿Resultado? Un consumo de energía innecesario (¿Para eso se pasa la Silvia todo el día con la huella ecológica en la boca?) y una exclusividad propia del clasismo más repugnante


Otro ejemplo es el de la proliferación de los envases de consumo individual para salsas, aceite, tomate, sal, pimienta y un sinfín de productos más que se sirven en bares y restaurantes. Se supone que son para evitar el manejo masivo de envases de mayor tamaño, pero yo creo que esto de las monodosis tiene que ver, por un lado, con el encarecimiento del servicio, y por otro con las limitaciones en el consumo (la mayor parte de los comensales no escatimamos en ese tipo de productos cuando nos ponen un buen frasco, con lo cual, el empresario sale ganando). Eso sí, el derroche en plásticos, papel y otras materias primas ya saben quién lo paga: un planeta llamado Tierra.


Si no teníamos bastante con las tarjetas “contactless” y su uso masivo (todavía estoy esperando datos empíricos y concluyentes de que el SARS-CoVID-19 se transmite por el contacto físico… ¿No será que así cunde más gastar o que controlan la circulación de nuestro dinero?), ahora Inditex se saca de la manga una iniciativa estupenda para obtener información privilegiada. Con la intención de eliminar el ticket de compra en papel, insta a los consumidores a entregar sus datos a través de una app o, en su defecto, un número de teléfono para enviárselo. No creo que nada tenga que ver con la reducción de las materias primas (la prueba es que te siguen dando la bolsa de compra…), sino más bien con el manejo de información a la hora de desarrollar estrategias empresariales. La comodidad y el bienestar al servicio del capitalismo: un clásico paradójico.


En fin, habrá que hacer de tripas corazón y acercarse a Lo que construiremos, el último libro de Oliver Jeffers que ha sido publicado hace unos meses por la editorial Andana. En él, un padre y su hija construyen un mundo que, a pesar de parecer nuevo, siempre es el que las personas de bien deseamos. Hacer y deshacer, protegerse y luchar, dialogar y perdonar, aprender y disfrutar, o abrir y cerrar, son algunas de las dicotomías tan humanas que nos presenta de una manera poética y metafórica.


Aunque a Jeffers le ha dado últimamente por la instrospección y se ha olvidado un poco de su lado más canalla y divertido (será que se ha hecho padre…), las imágenes tienen mucha fuerza y atrapan por su colorido y simbolismo, santo y seña de un autor que regresa a ese mensaje de esperanza y concordia que comenzaría con su Estamos aquí.
Un libro tan utópico, como necesario que nunca viene mal para llenarse de energía positiva pero que, al paso que vamos, nunca se hará realidad.

martes, 28 de julio de 2020

Necesaria humildad



Por mucho que los profesores de ciencias intentemos desterrar esa idea errónea del ser humano omnipotente que corona la cima de la evolución, siempre hay algún listo en las redes sociales, ciertos gurús mediáticos o montones de políticos hambrientos que deciden retomar la Scala Naturae aristotélica en sus sermones dominicales y jodernos vivos a base de sobredosis de prepotencia.


Por si no lo sabían somos un atajo de inadaptados. No sólo lo digo yo -ojito-, sino muchos otros. “Román, no te andes con sandeces. Tenemos cualidades que ningún otro ser vivo tiene y que nos permiten realizar actividades como andar erguidos, utilizar herramientas o desarrollar nuevas tecnologías. Hablamos, aprendemos y memorizamos”. Sí, mi rey, estás en lo cierto, pero eso no quiere decir que seamos los más adaptados, el summum evolutivo... Que hemos tenido un éxito adaptativo, es cierto, pero que ese triunfo selectivo también pasa por muchas trabas y lastres, también lo es.


A ver, nene, cavila un poquito… Ser bípedos está muy bien pero también castiga nuestras lumbares. Tener un cerebro grande está fenomenal, sobre todo para un hombre, porque las mujeres no piensan lo mismo cuando tienen que dar a luz. ¿Has visto a un cordero recién nacido? Pues convendrás en que tampoco podemos sobrevivir sin atenciones en la primera infancia. Y para no darte más la murga sólo me queda decirte que la calefacción o los automóviles, a pesar de ser un gran invento, da buena cuenta de que adaptamos el medio a nosotros (con sus consecuencias añadidas), y no al revés.


Resumiendo, y echando mano del virus del año, no somos más que otra especie insignificante en manos de una naturaleza caótica, generosa y violenta. Y si no me creen, echen mano del último libro de Oliver Jeffers, porque El destino de Fausto, una fábula dibujada por él y editada por Andana en nuestro país, da buena cuenta de la estulticia y egocentrismo humanos.
Este álbum con formato de libro clásico narra la historia de Fausto, un hombre que cree poseerlo todo y que se dispone a inspeccionar y constatar de primera mano todo lo que es suyo. La flor, la oveja, el árbol, el prado o el lago asienten a las palabras de Fausto, y si no reconocen que le pertenecen, éste entra en cólera hasta que se sale con la suya. Todo cambia cuando le llega el turno al ancho océano. Y no les cuento más porque esta parte tiene su chicha.


Sumerjámonos en los detalles un poco más… Por un lado el nombre del protagonista recuerda al célebre Fausto de Goethe, un hombre insatisfecho que necesita más y más. Por otro, Jeffers parece querer establecer una comparativa entre su Fausto y el comportamiento tiránico de los niños, unos que necesitan ser el centro de las atenciones y utilizan con frecuencia el yo-mi-me-conmigo. Si por último leemos el inspirador texto final de Kurt Vonnegut, nos topamos con esa vuelta de tuerca que enriquece el relato desde lo veraz pero con cierto tono anecdótico y cercano. En definitiva, podemos decir que el discurso es bastante completo y oscila entre la crítica al capitalismo, lo absurdo de la propiedad privada referida a la naturaleza, y el triunfo del conformismo, tres líneas de pensamiento que nos puede recordar a otras obras clásicas como El principito.



Centrándonos en el objeto libro podemos apuntar a unas ilustraciones realizadas con técnica litográfica tradicional y una paleta de color limitada (tierra, azul verdoso, amarillo y un simbólico rosa neón), así como unas  guardas jaspeadas de Jemma Lewis cuyas tonalidades las hacen funcionar a modo de prólogo-epílogo. Además de todo esto, hay que destacar una estructura que combina dobles páginas ilustradas con otras meramente textuales, un recurso que además de invitar a la pausa y el silencio, también indaga en la quietud y la expectación.  
Sintetizando, un libro muy recomendable para cualquier humano con un mínimo de autocrítica, que en este tiempo que corre, es algo más que necesario.
P.S.: Se me olvidaba. Busquen un pequeño detalle en la contraportada. Con Jeffers siempre hay lugar para lo hermoso.


jueves, 10 de enero de 2019

Consejos para seguir caminando



A veces me pregunto quién soy, de dónde vengo, qué hago aquí. Rápidamente abandono estas preguntas. En casa suelen decir que hay que pensar lo justo, no sea que nos volvamos locos con tanto existencialismo... y no llevan poca razón pues a veces, con tanto calentamiento de cabeza, cierta tristeza me inunda y no creo que tenga necesidad de pillar depresión alguna.


Es más fácil tener en consideración cómo funcionan las cosas y adaptarse a las circunstancias (que no amoldarse, hay una gran diferencia entre ambos verbos) y sobrevivir a este mundo de la mejor –y más coherente- manera posible. Entre mis máximas está la de ir a lo mío y no joder a los demás. Ser mosca cojonera o pisar al resto de humanos no entra en mi ideario, más que nada porque carezco del tiempo necesario. Nunca he entendido a aquellos que se vanaglorian de ese comportamiento, pues deben estar muy aburridos. No obstante entiendo que cada uno se busca las habichuelas (también pueden llamarlas estrategias) para llegar a viejo y poder contarle a sus nietos cómo lo hizo.


Empresarios de éxito, amas de casa, altas ejecutivas, científicas, mendigos y buscavidas, curritos de todo oficio, políticos  y mafiosos, escritores, artistas, premios Nobel e incluso toreros, nos hacen llegar sus consejos para seguir caminando por la vida, unas veces con ligereza y otras a paso firme. Quizá nos sirvan algunas advertencias, quizá desechemos otras muchas, pero el caso es que desoír lo vivido por el resto de seres humanos no creo que sea buena manera de proceder. Por ello les animo a escuchar a viejos y jóvenes, a hombres y mujeres, a cualquiera que tengan cerca. Bien pueden ofrecerles alguna clave.


Y así arribamos al Aquí estamos (editorial Andana para España) del  aclamado Oliver Jeffers, el cuaderno de bitácora que un padre (en este caso el propio autor) lega a su hijo y de paso rendir tributo al abuelo. 
Aunque el soporte del álbum puede parecer insuficiente, es llamativo como Jeffers incluye en él todo un compendio de saberes, no sólo astronómicos, sino ecológicos o sociales, que pueden ser útiles a cualquiera para sobrevivir en este mundo complejo que hemos construido junto a la naturaleza. Sobre las ilustraciones decir que el ilustrador ha dado bien en el punto del color, sobre todo por conferir tonalidades magenta y anaranjadas a muchas de las imágenes, unas que sugieren ocasos y amaneceres evocadores y tranquilos que podrían traducirse en un mensaje esperanzador (al menos para mí).


Quizá nos encontremos una vez más con un producto editorial difícilmente clasificable ya que  aúna elementos de la ficción y de la no ficción, pero lo cierto es que sus páginas han calado hondo en los lectores de toda edad y condición. 
A pesar de mis reparos iniciales (Todo hay que confesarlo… La vis comercial que genera Jeffers, empieza a ser bastante grande: 14 millones de ejemplares vendidos de todos sus libros. Es para pensárselo), admito que tras una lectura pausada he hallado en esta obra algo humanamente hermoso que me ha cautivado, no sólo por lo personal de la idea, sino porque ha sabido hacerla extensiva a los demás, puede considerarse universal, que al fin y al cabo tiene mucho que decir en lo literario.