jueves, 5 de noviembre de 2026

Engaños ópticos


Nada es lo que parece. Si piensan que nos hemos deshecho de Óscar Puente, se equivocan. Si creen que Pedro Sánchez ha abandonado su empeño en seguir en la Moncloa, se equivocan. Si tienen claro que la derecha acabará con los problemas que acucian el país, se equivocan. Si opinan que Trump va a perder las elecciones presidenciales por el revés que ha sufrido en las de medio mandato, se equivocan. En definitiva, si confían en los políticos, se equivocan.
Y es que el arte del engaño es más viejo que la Charito. Y por supuesto, no lo inventaron los poderosos. También tenemos pillos, prestidigitadores, arquitectos, artistas o militares. Que los techos parezcan infinitos, estrategias que despisten al oponente, que los cuadros cobren vida, sacarte hasta el último céntimo mientras te quedas embobado o guardarse un as en la manga para ganar la partida. Hay muchos tipos de artimañas para darnos gato por liebre, la diferencia radica en cómo se utilicen, claro está.
Aunque respete todos los objetivos, a un servidor le vuelven loco los trucos lúdicos e inofensivos. Me trae más cuenta sorprenderme o sacarme una sonrisa, que sentirme ultrajado o derrotado. Aunque bien pensado, todo depende de la perspectiva. Quizá la realidad no siempre depende de lo que tenemos delante, sino de cómo lo interpretamos. Y es que la mayoría de las veces, la ilusión más increíble no consiste en hacernos creer lo imposible, sino en conseguir que dudemos de lo verdadero.


Así llegamos hasta Op Pop, el último álbum de David A. Carter que acaba de editar Combel (y que ya he incluido en mi maravilloso monográfico de libros móviles). Con el subtítulo de Un libro pop-up de ilusiones ópticas el reconocido ingeniero de papel nos sumerge en el maravilloso mundo del engaño visual gracias a un artilugio con doce páginas sobre las que construye seis escenas que nos invitan a mirar y remirar elementos que nos seducen y nos sorprenden a partes iguales.


Puntos negros que bailan, líneas torcidas y planos deformados construyen formas tridimensionales, círculos que se mueven y se entrelazan, tamaños que se confunden, siluetas que parecen imágenes diferentes o cubos cambiantes son algunos de los mecanismos tridimensionales que vamos encontrando en un libro que va a encandilar a más de uno. Si además, todo esto viene aderezado de un texto que recuerda al soliloquio de un presentador que nos va guiando por este escenario, mejor que mejor.


Como en Un punto rojo, El cuadrado amarillo o El 2 azul, el autor sigue ligado a los juegos de búsqueda, pero esta vez aparcando los elementos que sirven como hilos conductores i ofreciendo una nueva perspectiva en la que, a modo de galería, nos presenta diferentes juegos de percepción. Gracias a colores intensos, las formas geométricas, los componentes interactivos como ruedas o solapas y, sobre todo, la cinética del objeto libro, nos invita a participar en la construcción del significado desde varias posiciones: lectores, espectadores y creadores (que para eso somos quienes pasamos las páginas). ¡Y que viva la magia en papel!

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