jueves, 31 de diciembre de 2020

Los posts más leídos del blog DVLM LIJ en el 2020


Termina 2020, el año en el que el futuro fue cancelado, un “annus horribilis” al que muchos están deseando decir adiós. Otros guardamos cierta cautela, sobre todo porque nadie nos asegura cómo va a ser el 2021. A pesar de la euforia que están desatando las vacunas contra el dichoso virus, nadie nos asegura su eficacia, que arrecien otras pandemias, que no se vayan a producir guerras o que la miseria económica y/o intelectual nos sobrevengan. 
Sí, hemos visto cómo ha fallecido mucha gente a consecuencia de la pandemia, cómo se ha instaurado un nuevo orden, se han puesto de manifiesto multitud de taras sociales, nuestras libertades han mermado enormemente y la economía se ha ido al traste. Todo eso y mucho más, pero mi pregunta es ¿qué de bueno ha tenido este año? 


Mientras miran en su interior y buscan respuestas, les diré que yo si he guardado momentos hermosos durante este tiempo. Mi sobrina recién nacida, Antonio recogiendo piñones, mi padre soplando sesenta y seis velas, y mi madre bien guapa rapada al cero. Largos paseos por la playa, una empanada argentina, las bandadas de mirlos sobrevolando el muelle de Brighton, un Sunday roast encantador, bailoteos furtivos en las noches de verano. Todo eso y mucho más ha ido impregnando mi retina. 
Si a todo ello uno que este año me ha servido para darme cuenta de quien importa y quien no, del egoísmo, las envidias y otras cuitas que nos consumen a raudales, de que tengo un trabajo que me encanta y necesito, de que las tecnologías no suplen los besos y los abrazos, de las ironías de la vida, de que los infelices lo son con pandemias y sin ellas, y de que lo humano y divertido son mi santo y seña, afirmo que 2021 ha sido un año excelente. 


En lo que respecta a esta casa de monstruos, decir que he superado las mil seiscientas entradas y el millón y medio de visitas. También que mi perfil de Instagram, de donde he extraído las fotos que acompañan esta entrada, ha superado los 10.000 seguidores (“influencer” me llaman… otra chorrada más para el autobombo). Todo ello en un tiempo que he producido mucho más contenido del habitual (no sé cómo pues les aseguro que llevo mucho en ristre). 
Por todo ello, queridos monstruos, sólo me queda darles las gracias por seguir al pie del cañón un año más, especialmente a todos aquellos que han sufrido los horribles efectos del CoVID-19 de manera directa y que siguen en esta casa de libros infantiles buscando un poco de cobijo, simpatía y belleza. 


Y como en todo anuario, y a pesar de una Navidad muy aburrida (los amantes de la juerga lo estamos pasando francamente mal), despido este 31 de diciembre con las entradas más visitadas del año, quince en total, para que puedan echar mano de ellas y leerlas por primera vez -alguna se les habrá pasado-, releerlas o recordarlas. 
¡Feliz año nuevo! ¡Lean mucho, confórmense con lo que tengan, disfruten de la vida, déjense querer y, sobre todo, quieran! ¡Nos vemos en 2021! 















martes, 29 de diciembre de 2020

Los mejores álbumes ilustrados infantiles del 2020 / 2020 Best Children's Picture Books


A pesar de que 2020 ha sido un año para olvidar y que las perspectivas editoriales parecían derrumbarse, no ha sido así y podemos decir que se han cumplido las expectativas en cuanto a calidad y cantidad. Por ello, aquí estoy, otra navidad más, seleccionando un puñado de estos álbumes en “los mejores del 2020” (N.B.: Cuando terminen esta selección pueden ver también los mejores del 2019, los mejores del 2018, los mejores del 2017, los mejores del 2016 o los mejores del 2015, entre otros) una dura tarea, no sólo porque entra en juego el verbo escoger, sino porque muchas veces parece que sólo quedan estos y no es así. 
Antes de empezar y como siempre, les recuerdo unos criterios de selección que siempre ayudan a entender el porqué de la presencia de unos libros y no de otros. A saber: 
2020 the year the future was cancelled, has been a great year for new children’s books, for new stories to enjoy. And I am here again selecting some of this books in “2020 Best Picturebooks", a hard decission because of two reasons: the verb “to choose” and a lot of picture books that are out of it. 
Once again, I remind you my own criteria to elaborate this list: 

- Seleccionar obras editadas por primera vez en castellano durante el 2020 (Este año, por cuarto año consecutivo, he decidido abrir un hueco final para las re-ediciones y nuevas ediciones de obras ya publicadas en nuestro país). 
- Select works published for the first time in Spanish during 2020 (I include a little space for reissues at the end). 

- Seleccionar obras con aceptación entre el público infantil (¿de qué me sirve darles opciones que no les van a gustar a sus hijos, sobrinos o nietos?..., creo firmemente en las ilustraciones de calidad, en las historias hermosas, interactivas, con mucho humor, poéticas, con éxito… ¡Hay que ser práctico!). 
- Select works with acceptance among children (I prefer giving you options that are going to like children, nephews or grandchildren -not to parents, aunts or grandparents, obviously...- I firmly believe in great illustrations, beautiful stories, humorous, meaningful and successful ones ... Let’s be practical!). 

- Que el listado no supere los 25 títulos, que ya son…- (debe ser variado, pero no una amalgama en la que te vuelvas a perder). 
- The list will not exceed 25 titles (It must be diverse, but not a huge mess in which you ever lose). 

- Dividirlas en dos grandes categorías: “Primeros lectores” y “Lectores competentes” (ver AQUÍ el porqué). 
- Divide all titles into two categories: "First Readers" and "Competent Readers" (Why? see HERE). 

- Combinar títulos patrios con otros foráneos. Este año, la presencia es menor que en años anteriores (alrededor de un 15%) por lo que envío una llamada de atención a nuestros creadores y editoriales. 
- Combine Spanish authors with foreign ones. Representing 15% of the total (less than the year before), it’s necessary Spanish creators and publishers to support our Children's Literature and picture books. 

- Incluir obras cuyas ilustraciones tengan un componente artístico-estético sobresaliente o cuya edición las haga destacar entre las demás (no olvidemos el valor intrínseco de la imagen, el formato y otros aparejos del objeto libro). 
- Include works whose illustrations have an outstanding artistic or aesthetic component (Don’t forget the intrinsic value of the image!) 

- Incluir títulos de poesía (¡la poesía al poder!), preferentemente originales en castellano. 
- Include at least one Spanish poetry work. Long live Poetry! 

- Como el año anterior, no incluyo libros informativos ni boarbooks. Debido al aumento de este tipo de libros les dediqué una selección propia que se pueden consultar AQUÍ y AQUÍ (informativos) y AQUÍ y AQUÍ (libros de cartón).
- I haven't included informative picture books and boardbooks because I made a selection of these before. You can see HERE and HERE, informative ones, and HERE and HERE, toddler books. 

- Un año más tampoco incluyo teatro infantil (¿Me echo a llorar?). 
- I haven't included children's theater books neither (I wanna cry…). 

Y así llegamos hasta los mejores álbumes para niños del 2020 (o al menos eso reza el cartel anunciador que me ha maquetado mi querida Patricia de Cos),  algunos reseñados ya en este espacio y que enlazan con su respectiva reseña, otros por reseñar (perdónenme, pero no dispongo de tanto tiempo…) y algunos incluidos en el espacio de los monstruos en Instagram, enumerados por orden de complejidad lingüística creciente (que no gráfica). ¡Disfrútenlos! 
So here you are the best children's books of 2020 in Spain listed in order of increasing complexity (more or less). You can also see a lot of them in my profile in Instagram. Enjoy them! 

INICIACIÓN TEXTUAL / FIRST READERS 























LECTORES COMPETENTES / COMPETENT READERS 
































REEDICIONES DURANTE 2020 










lunes, 28 de diciembre de 2020

Toda una vida


En esta fase 3 que nos han regalado nuestros políticos a modo de tirón de orejas por no haber sido buenos (paternalismo de estado, dictadura, salud pública… llámenlo como quieran pues cualquier denominación es válida), lo único que podemos hacer aparte de helarnos en una terraza -palos a (dis)gusto…- e hincharnos a comer (no se preocupen, ya incorporarán en los telediarios las dietas de adelgazamiento), es darnos un garbeo por las tiendas. 
Dada mi pasión por la letra impresa, he visitado más de una librería para constatar que están igual de desangeladas que el resto de los comercios. Según me han contado dependientes y libreros, a pesar de la poca afluencia, muchos clientes se han decantado por las compras on-line y telefónicas (miedo, dichoso miedo) y las ventas, aunque flojean, se están salvando por esa vía. 


En lo que a mí respecta, no concibo comprar un libro sin haberlo ojeado antes. Valorar la calidad del producto, tener en cuenta elementos como la encuadernación, el papel o la impresión también es importante. Barajar diferentes ediciones, debatir con algún que otro apasionado perdido entre los estantes, recibir sugerencias anónimas o bien fundamentadas, abandonar la idea por una aparición mariana o llevarte cuatro títulos más como buen vicioso. Todo eso sucede en la librería. 
Las librerías, esos pequeños negocios que subsisten no-sé-cómo, son de los pocos en los que todavía respira ese aire romántico, un olor característico que me traslada a otro tiempo, como si el ayer fuera mañana. Son de los pocos sitios que invitan a la entrada aunque después de largo rato no compres nada (un buen librero entiende que te vayas y quiere que vuelvas), a que deambules y te sorprendas. 
Mientras estos reductos de la letra impresa sigan existiendo, les conmino a visitarlos, pues dentro de unas décadas quizá no existan y entonces se apenen por ello. Y no es que yo sea pájaro de mal agüero, pero sí les aviso que en cierto modo los estamos condenando a la extinción no dándoles el valor cultural y social que tienen. 


Y para que tomen conciencia de ello, en esta última reseña del 2020 les traigo Desde 1880, un álbum de Pietro Gottuso y editado por Kalandraka que ganó el último Premio Compostela de álbum ilustrado. En él, el autor italiano nos presenta una historia sin palabras que, tomando como referencia la misma unidad espacial, cuenta la evolución de una librería durante los últimos 140 años. Desde su apertura, el lector observa en cada doble página los cambios que se suceden en cada década. Testigo de los acontecimientos que suceden tanto en su entorno más próximo (propietarios y vecindario), como en el contexto histórico europeo, la librería constituye ese eje sobre el que se vertebra todo, un escenario vital y necesario que siempre ha pervivido. 
Si se topan con él, disfrútenlo porque, además de ser una pequeña joya, también es el legado de las que estuvieron, quedan y se irán.


Un artículo polémico y un libro verde


La semana pasada se publicaba en el diario digital "El Confidencial" un artículo de Alberto Olmos titulado Los mejores libros infantiles para Navidad seleccionados por un padre escritor. Lo que parecía otro escrito inofensivo más de los muchos que se publican estos días navideños para alentar a padres culturetas en sus compras, ha resultado despertar al dormido universo de la Literatura Infantil y proporcionarnos un salseo bastante suculento. 
Si le dan al enlace y realizan una primera lectura creo que, además de una selección poco fundamentada, pueden extraer conjeturas bastante peliagudas, no sólo porque el autor parece menospreciar algunos de los grandes títulos de la Literatura Infantil como La pequeña oruga glotona, Historias de ratones o Donde viven los monstruos, buques insignia del álbum ilustrado, sino porque parece arremeter con la industria editorial infantil, el negocio que supone y la endogamia del sector. 


Todo ello unido a que el artículo ha sido publicado en un medio de comunicación poco afín al progresismo que embebe el mundo de los libros infantiles, ha provocado que muchos autores y mediadores de la llamada LIJ se lancen a la yugular de este periodista, dando buena muestra de que política y víscera son un tándem peligroso, y poniendo en evidencia que Alberto Olmos lleva mucha razón cuando habla de esa amenaza que se cierne sobre la literatura para niños. 


A todos estos ofendidos, incluido el propio Olmos, les doy un par de consejos. Primero, ríanse un poquito y no se tomen tan a la tremenda todo. En segundo lugar, lean debidamente. Porque cuando te fijas en que incluye todos los enlaces de las obras citadas y que subraya con negrita las claves de su tono caústico, empiezas a darte cuenta de que esas obras tan estúpidas que han vendido millones de copias no son tan absurdas como parecen. Que la literatura para niños hace ricos a unos pocos como Carle, Sendak o Kitamura, que la literatura infantil no consiste en publicar todos los cuentos que los padres inventan para amenizar la noche a sus hijos, o que no todos los autores de literatura adulta son capaces de escribir para niños. 


Quizá esas sutiles dobleces son las que ensalzan títulos como El gran libro verde, el álbum de Robert Graves y Maurice Sendak reeditado este año por Corimbo. Si yo fuera el señor Olmos seguramente resumiría esta historia diciéndoles que trata de un niño que haciendo (ab)uso de un libro de magia tiraniza a sus tíos ludópatas, pero lo cierto es que este álbum habla de muchas más cosas (que en eso reside lo bonito de la literatura, en no ser tan obvia…). 


La historia de Graves tiene mucho de fantástica, de irónica, de crítica y de subversiva. Ese niño aburrido que desafía al mundo adulto, que se mofa de él utilizando la magia, pero que al mismo tiempo busca soluciones y se compadece de quienes lo quieren, dice mucho. También nos habla de las paradojas de la edad (niño-viejo-niño) o del juego y su dualidad (de cómo puede servir al divertimento infantil y de cómo conduce a la ruina monetaria). 


Y en el apartado gráfico, un Sendak maravilloso que haciendo uso de la plumilla construye una historia llena de detalles y guiños, de escenas secuenciadas que beben del universo del cómic, también elimina paredes para enseñarnos las tripas de una casa, y exhibe sus trucos de magia… En definitiva, una delicia para paladares exquisitos que con un guiño metaliterario (¿No será acaso el gran libro verde de los hechizos el que tienes en las manos?) nos hacen desaparecer de este mundo tan serio y suspicaz.


domingo, 27 de diciembre de 2020

Una prueba de fondo y mucho equilibrio


Se acerca el final de un año marcado por el dichoso bicho, el mismo que tampoco nos dejará disfrutar del 2021, pues a pesar de la propaganda, las perspectivas sanitarias son a largo plazo. Una carrera de fondo para la que hay que prepararse a conciencia. Dejar la mente en blanco, tomar aliento, llenar los pulmones, mantener el ritmo y cruzar la meta sin muchas secuelas físicas ni psíquicas (que la cosa emocional está que arde).
Nada es imposible si actuamos con un poco de juicio y precaución, no sea que después de tantos meses penando lo echemos todo a perder. Tampoco consiste en vivir acojonado y arrodillarse ante los miedos colectivos, esos que, a base de mezclarse con otras miserias, están destruyendo a más de uno. Con un poco de equilibrio, tiento, arrojo y suerte (que todo cuenta), lograremos cruzar la cuerda floja.


Tiende una cuerda floja sobre lo que te dijeron
y tantas veces te repitieron:
“no tienes ni idea”,
“hazme caso a mí”,
“tú te crees muy grande”,
“estás perdiendo el tiempo”,
“no vas a poder, no eres capaz”.
Que si pensamientos juiciosos,
que si sueños ambiciosos.
Que si risitas y bromitas,
simplonas y bobaliconas,
susurradas y malvadas.
Tú a lo tuyo, venga,
tiende la cuerda y da el primer paso y otro y otro.
Y los de abajo, admirados.
Y los de abajo, embobados al verte valiente allí arriba.
Tú bailando en la cuerda floja,
ellos con la cara roja de pura estupefacción.

Edward van de Vendel.
En: Entre palmas y aplausos.
Ilustraciones de Wolf Erlbruch.
Traducción de Goedele de Sterck.
2020. Albolote, Granada: Barbara Fiore.


miércoles, 23 de diciembre de 2020

Docentes y antihéroes


Héroes los llamaban. Héroes los siguen llamando. Incluso el rey fue a inaugurar una estatua en su honor. Salían a aplaudirles en mitad de la hecatombe. Palmas y más palmas sin ser Domingo de Ramos. Unos convenían que no las querían, pues sólo realizaban su trabajo. Otros se henchían de orgullo, pues era para lo que habían sido educados en sus respectivas facultades. Ídolos de masas, sanadores mesiánicos. 


Al otro lado quedamos los que cardamos la lana, los invisibles, los antihéroes. Profesionales que sin tanta medalla ni palmadita en la espalda, hemos cumplido con nuestros deberes. Trabajadores del comercio y supermercados, transportistas, repartidores, limpiadores y empleadas del hogar, fontaneros, carpinteros, albañiles y todo tipo de operarios, personal de cines y teatros, peluqueros, hosteleros, camareros y docentes también hemos dado el callo. 
Como yo sólo hablo de lo que conozco, les diré que, tras varios lustros trabajando en la docencia, ha sido la primera vez que he pedido a gritos el merecido descanso, ese por el que frecuentemente se nos dilapida (como si las vacaciones lo fueran todo…). Y no, no ha sido por el elevado riesgo de contagio o por pasarme la mañana con montones de críos (que tienen más cabeza que muchos adultos). Ha sido por la carga desmesurada de burocracia que nos han propinado y la falta de respeto con la que nuestros superiores y la administración competente nos han tratado. Les ejemplifico… 


Empiezo con la ventolera (que no ventilación). Un frío negro. Y cuando digo frío, es frío. Que los de Albacete y el termómetro sabemos lo que es. Les invito a pasarse por mi centro y ver como el mercurio baja hasta los 9ºC en el interior del edificio. 
Además de nuestras clases, nos hemos pasado la semana haciendo guardias (porque no han sustituido al personal de baja o confinado), contestando correos electrónicos y llamadas telefónicas de familias, hablando telemáticamente con compañeros que nos cruzamos por los pasillos cada hora (inaudito), resolviendo dudas on-line de alumnos que se creen que trabajo las 24 horas del día, adaptando materiales para las plataformas de educación a distancia (ordenador y conexión a internet pagada de mí bolsillo), o realizando dos y hasta tres exámenes por grupo (¡Welcome to the semipresencialidad!). 
El colmo llega con las normas de (in)seguridad en el trabajo, pues en mi centro no nos proporcionaron mascarillas hasta bien entrado octubre -un mes después del comienzo de curso-. El kit está compuesto de barbijos higiénicos, uno para hipoacusia y uno “FFP2” por persona (¿Mandeeee?) que si se te rompen o extravían, y pides más, te tienes que costear tú ingresando en la cuenta del centro el importe de los mismos (¡Ojo al panojo, señores!). 
Eso sí, ayer nos hicieron entrega de un pino minúsculo cubierto de nieve sintética que, además de ponerme el coche perdido de mierda blanca, me adornará el despropósito navideño que me espera amén del endurecimiento de las medidas preventivas. 


Como yo sí soy agradecido, en este fin de año, les regalo a mis congéneres docentes Como funciona una maestra, un libro de Susana Mattiangeli y Chiara Carrer que conocí hace años en la feria de Bolonia. Editado en castellano por la editorial argentina Calibroscopio, es un libro exquisito del que quiero extraer un fragmento e insuflarles un poco de aire para que no desfallezcan y sigan dando lo mejor de ustedes mismos en las aulas durante 2021. 
Dentro de la maestra están los números, las tablas, los ríos, los montes, el reloj, los cinco sentidos, el hombre primitivo y muchas otras cosas que, de a poco, también van a parar adentro de los niños. En los días buenos, la maestra hace entrar en los niños todo lo que sirve, sin que se le pierda nada por el camino, ni una gota del más pequeño adjetivo. Si una maestra falta, se hace una resta. Si una maestra nueva llega, se hace una suma. 
¡Felices vacaciones!

martes, 22 de diciembre de 2020

La ley del hielo


Además del día más corto del año y una conjunción astral bastante especial (ya saben que esta noche Júpiter y Saturno se darán la mano en el firmamento), este 21 de diciembre nos trae el invierno, una estación que ha irrumpido en nuestra latitud a eso de las 11:02 horas con un ligero viento fresco. 


Me da a mí que, este año, a pesar de gorros, bufandas y abrigos, muchos van a sentirse como témpanos, y no precisamente porque vayan a caer unos nevazos del copón bendito, sino porque “la ley del hielo” provocada por el coronavirus acusará su momento más álgido. 
Ahora viene cuando les explico que de mera metáfora, nada, pues con tanto confinamiento, tanta prudencia, tanto bozal y tantas ganas contenidas de vivir, más de uno está congelando sus emociones hasta el cero absoluto (para los que no se aclaren con la física equivale a -273,15 ºC), una temperatura que probablemente también paralizará su corazón hasta que no quede ni una pizca de sangre que transmita calor. 


Y es que ya lo dijo la Irene el otro día: el que no se muera de COVID, se morirá de pena. Una afirmación que empiezo a tomar como gran verdad, más todavía cuando constato de primera mano que la tristeza, el dolor y la desidia son las invitadas a muchas cenas de navidad durante estos días. 
Probablemente muchos digan que las prefieran antes que atiborrar a la culpa (siempre hay cobardes que juegan al despiste, a la indecisión y sobre todo a las excusas), pero un servidor lo tiene muy claro: el hielo se funde antes si lo hacemos en compañía. 


Sin más dilación, me interno en el libro de hoy, uno muy galardonado allá donde ha ido. Y no es para menos, pues Perdido en la ciudad de Sydney Smith (Libros del Zorro Rojo) es otra de esas historias mínimas que el autor canadiense que ya nos enamoró con Pueblo frente al mar y Un camino de flores, engrandece en cada viñeta, una unidad espacio-temporal que maneja a la perfección. 


Perdido en la ciudad se ubica en Toronto, ciudad natal de Smith y en la que empiezan a caer los primeros copos de nieve, mientras el protagonista regresa a casa. La acción se desarrolla en el tranvía, entre la multitud, sobre los árboles o frente a los comercios del barrio. Diferentes tipos de planos y perspectivas cinematográficas se suceden a través de las páginas de un álbum que nos trae una voz que se desdobla en el narrador-protagonista y el narrador-lector. Ambos pronuncian lo mismo, pero nos cuentan cosas diferentes; un curioso recurso que ahonda en lo introspectivo.


Además de magníficas ilustraciones que captan la atmósfera invernal, así como la progresión de la tormenta de nieve que va llenando poco a poco las páginas, hay que destacar el formato vertical del libro, uno que ayuda a sumergirse en la insignificancia de un personaje que se rodea de un paisaje en altura construido a base de edificios acristalados. 
Por último llamar la atención sobre el uso de las viñetas para ofrecer diferentes sensaciones al lector que van desde el desconcierto y el barullo que ofrece la gran ciudad, hasta la calma y la  emoción contenida. Pequeñas viñetas desordenadas o planos generales muy equilibrados, se articulan para ofrecen un ejercicio poético de gran calidad en el que las pausas narrativas hablan de ese viaje interior-exterior que suponen los deseos y los miedos infantiles.



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