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miércoles, 29 de junio de 2022

Solos ante todo



Últimamente pienso bastante en qué productos se ofrecen a los jóvenes desde los púlpitos culturales. Y la verdad es que me decepciono bastante. Películas con mucha acción, efectos especiales y, por supuesto, políticamente correctas. Novelitas comerciales llenas de dramas hiperbólicos, argumentos clónicos y estructura fácilmente digerible. En el ámbito musical el jingle ha llegado a lo más alto, nadie afina una nota, compases binarios y tribales y letras cuánto más explícitas y viscerales mejor.
¿Siempre ha sido así? Aunque el consumidor siempre ha sido parecido (un teenager siempre será un teenager) es cierto que hace un par de décadas este tipo de productos no estaban tan desarrollados, sobre todo porque las plataformas digitales no habían entrado en el negocio de la compra-venta y esa espiral del todo vale. Todavía seguía primando el canon y, aunque nada podía compararse con la alta cultura, sí quedaba cierto poso de buen gusto y reverberaban ciertas ideas en la industria cultural.
Hace veinte años podías encontrar chavales escuchando a Linkin Park, Rage Against The Machine o 2Pac, viendo películas como Million Dollar Baby, Lost in Translation o Deseando amar, y leyendo a Haruki Murakami, Stieg Larsson o Stephen King. No quiero decir que estas obras o artistas fueran el sumum, pero sí te podían llevar a tirar de la hebra, a otros autores y enriquecerte de un modo u otro. Ahora, ni siquiera eso.
¿Cuál es el resultado? Adolescentes con una riqueza verbal paupérrima, líneas de pensamiento manidas y vulgares, unas expectativas vitales bastante descorazonadoras y la inteligencia emocional por los suelos. Frágiles, suspicaces, solitarios, tecnócratas y tiranos.


Por todas estas razones me alegra encontrar buenos productos dirigidos a preadolescentes, ya que a partir de ellos se puede ir educando la mirada hacia una dirección deseable. Productos como Solos, una serie de cómic de la que nunca he hablado pero que me fascina por una trama que te atrapa, el ritmo narrativo, unos personajes bien construidos y la multiplicidad de planos discursivos que ofrece.
Aunque ya la mencioné en este monográfico sobre cómic infantil y juvenil, tenía pendiente una reseña de la obra de Fabien Vehlmann y Bruno Gazzotti editada en nuestro país por Dibbuks, y este es el momento de airearla.


Esta serie apareció por entregas en la revista Spirou allá por el año 2005 que hasta la fecha se han reunido en 12 álbumes estructurados en tres ciclos (Nota: en la edición española tenemos disponibles ediciones integrales que incluyen varios álbumes. El primer ciclo incluye los volúmenes 1 y 2, el segundo ciclo el 3 y el 4, y del tercer ciclo solo hay disponible el quinto volumen).
La historia está protagonizada por un grupo de niños que una mañana despiertan y se encuentran solos en una ciudad desierta en la que no hay adultos por ningún lado. Los unos se van topando con los otros y crean una especie de pequeña comunidad que poco a poco y gracias a diferentes sucesos y aventuras empiezan a comprender esa realidad tan extraña. Suspense, tensión, humor, fantasía y montones de vueltas de tuerca crean un argumento de lo más nutritivo en el que cualquier lector se pondrá a bucear, más todavía teniendo en cuenta un elenco de personajes de lo más variado con los que se puede identificar.


Dodji es el líder reflexivo, Leila la temperamental y avispada segunda de abordo, Celia, dulce y romántica, Iván, entrañable antihéroe, Terry el más infantil y payasete de todos, o Saúl, el eterno enemigo. Todos ellos pertenecen a estratos sociales diferentes, tienen edades diferentes, una personalidad muy marcada y el papel de cada uno dentro de la historia es importante. Esto por un lado ofrece un resultado bastante coral y por otro ayuda a construir el reflejo que los lectores ven de sí mismos, no sólo por la identificación estereotipada con alguno en concreto, sino por los destellos discursivos que todos ofrecen a la visión de conjunto.


Todos estos elementos, y como no podía ser de otra manera, ofrecen una lectura muy nutritiva. Por un lado la historia bebe de un punto de partida común en las grandes obras de la Literatura Infantil, el niño se enfrenta al mundo, a su mundo, sin la ayuda ni supervisión de los adultos. Oliver Twist, Momo, Tom Sawyer o Matilda. Todos entienden el universo adulto desde una perspectiva indeseable, pero al mismo tiempo que avanzan en el relato descubren que una compañía necesaria en ese viaje iniciático que es la vida, no solo a la hora de procurarles cobijo o sustento, sino ánimo y conocimientos.
Por otro lado hay que hablar de humanidad, una que se agudiza cuando el peligro acecha en cualquier recoveco, en cualquier instante. Ese extrañamiento que produce la supervivencia y hace aflorar los sentimientos más variados en un mismo instante. Indiferencia, envidia, orgullo, amor o miedo. El lector se deja lacerar por esa amalgama de sensaciones pero al mismo tiempo reconoce sus propias cualidades.


También decirles que, como bien he apuntado en el prólogo de esta reseña, es una obra que te lleva a otras obras sobre todo a aquellas donde los niños son protagonistas, donde encontramos un viaje en grupo o un personaje aislado. Se me vienen a la cabeza Peter Pan y Wendy de Barrie, El maravilloso mago de Oz de Baum, Robinson Crusoe de Defoe, El guardián entre el centeno de Salinger o El señor de las moscas de Golding, libros que adultos o niños deberíamos leer.
Lo dicho, una buena alternativa a películas empalagosas y videojuegos con mucho ruido que ha sido llevada a la gran pantalla y que algunos han comparado con la serie de televisión Perdidos.



jueves, 28 de noviembre de 2019

Una de cómic infantil y juvenil otoñal



Aunque tengo la narrativa bastante abandonada últimamente (el vértigo con el que me trata la vida en estos tiempos no me permite largas lecturas), sí les digo que estoy disfrutando mucho del cómic infantil. No sólo porque haya descubierto verdaderas joyas que me han ido encaminando hacia otras, sino porque cada vez se edita más y mejor, algo que bien merece la visibilidad de un género que según me cuentan los bibliotecarios nunca ha perdido aceptación a pesar de su poca renovación.
Si lo recuerdan, ya dediqué un monográfico al cómic infantil y juvenil en el que apuntaba a algunas claves sobre su idoneidad en la formación de los lectores, y en el que debido a la extensión, no pude comentarles muchos de los títulos. Es por ello que incluyo aquí algunos de estos ya clásicos, junto a otros de nueva hornada que no tienen ningún desperdicio, destacando aquellos que me han encantado con las consabidas tres estrellas [***]. Disfrútenlos porque merecen una lectura atenta y siempre enriquecedora.


Jay Lynch y Frank Cammuso. El día que Otto la lía. La casita roja. Empezamos esta tanda con un álbum en clave de humor sobre los anhelos infantiles. Otto recibe un regalo de su tía, una lámpara maravillosa con genio dentro. Al limpiarla el genio sale y le invita a pedirle un deseo. Como Otto está endiabladamente obsesionado con el color naranja (¿Se acuerdan de cuando eran pequeños y usaban la misma cera una y otra vez?). Pero ¿será un mundo enteramente naranja una buena idea? No se pierdan lo que viene después.


Geoffrey Hayes. Benny y Penny en Super-Prohibido. La casita roja. Alguien acaba de llegar a la casa de al lado y Benny y Penny están ansiosos por saber quién es. Ni cortos ni perezosos saltan la valla y se cuelan en el jardín de la nueva inquilina, Melina, una topita con la que no empezarán una relación muy cordial. Una suerte de dimes y diretes desembocará en un enfrentamiento poco agradable… Una historia sobre los encontronazos infantiles que no tienen nada que envidiar a los de los adultos, sino más bien al revés (¡Ojalá aprendiéramos de los niños!).



Sergio Ruzzier. Fox + Chick. La fiesta y otras historias. Liana Editorial. [***] Llega a las librerías la primera entrega de una de las series infantiles que más éxito tiene entre el público anglohablante. Y no es para menos pues Fox y Chick son de esos amigos que no tienen límites para montar las fiestas más extravagantes (si no me creen acudan a la primera historia), degustar las sopas más ricas (y eso que esta no lleva ningún pájaro desplumado) y disfrutar de la pintura al aire libre (a ver quién me pinta algún día un retrato). Unas historietas realmente entrañables que beben del universo absurdo pero maravilloso de los críos.



Gigi D. G. Pepino, héroe de leyenda. El Reino de la Rosquilla. La Cúpula. Basado en el webcomic del mismo publicado por primera vez en 2011, esta historia nos narra las peripecias de dos conejos hermanos, Pepino y Almendra (bastante antagonistas y que rompen con los roles de género) que deben salvar el mundo de Onirolandia de las manos del Señor de las Pesadillas. Es así como se embarcarán en una aventura con mucho chiste y acción acompañados de una cuadrilla “inmejorable”.



Jordan Crane. Por encima de las nubes. Bang Ediciones. [***] Hace poco saqué prestado de la biblioteca este cómic de notable formato (si hubiera sido pequeño, ni lo habría visto) que me sorprendió gratamente. No sólo por una historia que pone en entredicho la institución escolar (lo que mal empieza, bien acaba… ¿o no era así?) y echa mano de la desenfrenada imaginación de Simón y su gato para poner de relieve que muchas veces, llegar tarde al colegio puede propiciar una aventura sin límites. Con este batido de ingredientes actuales y otros tan clásicos como Jack y las habichuelas mágicas o la mismísima Matilda (no sé por qué me ha recordado a estas obras…), un universo de ensoñación que no deben perderse se abre camino en esta pequeña selección.


Katie O’Neill. La sociedad de los dragones de té  [***] / Bahía Acuicornio / Érase una vez dos princesas. La Cúpula. Atravesamos el ecuador de este listado de novedades (y no tanto) de comic infantil con las tres obras de una autora que lo está petando.


El primero de ellos es un álbum que fue la sorpresa de la temporada pasada en lo que a álbum infantil se refiere. Con una historia que destila colorido, cierto aire mangaka, mucho misterio y escenarios evocadores, La sociedad de los dragones de té se adentra en un mundo mágico habitado por unos seres (a veces mitológicos, otras no) que crían unos dragones muy especiales.


En segundo lugar toca hablar de Bahía Acuicornio, una alegato ecologista sobre la contaminación de los océanos embebido en un drama familiar no resuelto en el que la niña protagonista empieza a descubrir el pasado de su propia familia. Como en el caso anterior, es muy agradable a la vista, cierto aire enigmático y unos seres encantadores, los acuicornios, que recuerdan mucho a los dragones anteriores.


Para finalizar esta tríada de títulos apunto brevemente Érase una vez dos princesas, un título que como los dos anteriores pretende ahondar de manera más contundente en uno de los temas estrella de las dos anteriores, la visibilización de las parejas homosexuales. Una narración simpática que me recuerda a álbumes como Rey y Rey de Linda de Haan y Stern Nijland, o al Titiritesa de Quintiá y Quarello.



Bruno Gazzotti y Fabien Vehlmann. Solos. Dibbuks. [***] Hacía mucho tiempo que le tenía ganas a esta serie de cómic. El argumento es sencillo: un grupo de niños muy variopintos se despiertan un buen día y se enteran de que están solos en la ciudad. Todos los adultos han desaparecido y nadie sabe dónde están. Dodji, Leila, Celia, Iván y Terry son un posmoderno club de “Los cinco” (muy equilibrado, como nos gusta) que se entregarán a la aventura con mucho suspense a lo largo de los seis tomos que van publicados. Podría decirse que es una serie televisiva (unos dicen que “Perdidos” pero cualquiera que te haga darle al coco podría valer) en formato de papel, apta para todos los públicos.



Paolina Baruchello y Andrea Rivola. Lluvia de primavera. Liana Editorial. Ponemos punto y final a esta retahíla de títulos con una historia en blanco y negro de dos mujeres, Shu Mei y Chun Yu, que se ayudan, y en la que el kung-fu, es el protagonista. Sencilla y sin pretensiones, la historia se sustenta en el coraje, en el esfuerzo compartido y en el rico simbolismo oriental de las artes marciales donde los animales tienen mucho que decir.



Jean-Yves Ferri y Didier Conrad. La hija de Vercingétorix. [***] Salvat. Se acaba de publicar la nueva entrega del pueblo de bárbaros que resiste a la conquista romana, y yo que me alegro pues ya saben que es mi cómic favorito “ever”. En este episodio la cosa se pone tiznada gracias a la hija de Vercingétorix, el gran líder galo, una chica que me recuerda mucho a mis alumnos (osada, descarada y con muchas ganas de vivir) y heredera del torques de su padre, un símbolo de resistencia que puede reunir al pueblo sometido para encarar nuevamente al César. Astérix, Obélix y el resto de habitantes de la aldea gala, incluidos los hijos quinceañeros, serán los encargados de velar por su seguridad, una cosa bastante difícil siempre que las hormonas se interponen en nuestro camino. Con los detalles históricos a los que nos tenían acostumbrados Uderzo y Goscinny, un humor fino donde los juegos de palabras se suceden, guiños al presente recontextualizados, es una historia muy simpática donde el jipismo sale ganando.


Elisa Macellari. Papaya Salad. Liana Editorial. [***] Estamos sin duda ante una de las obras más aclamadas de la temporada. Una novela gráfica magnífica que no tiene ni un ápice de desperdicio, pues tomando como excusa la ensalada de papaya, Sompong, un anciano, narra a Elisa, una pequeña visitante, una personal historia donde se entremezclan el oriente y occidente de la primera mitad del siglo XX. Con un ritmo espléndido y multitud de referencias, es una forma excelente de conocer un mundo pasado del que somos resultado. Un canto al amor, a la esperanza y a la resistencia humana en la que muchos de esos lectores perdidos deberían sumergirse. Dibujo, color, portada, guardas..., todo es redondo en este libro-objeto exquisito.