El precio de la vivienda por las nubes. El ferrocarril, una calamidad. La cesta de la compra cada día es más cara. Los autónomos bajo mínimos. Los desastres naturales minando toda nuestra geografía. La familia como pilar social desmoronándose. La sanidad pública para echarse a llorar. El sistema educativo por el mismo camino. La migración, un descontrol. La corrupción rozando cotas insospechadas. La hucha de las pensiones temblando… Quien no vea que nuestro país está con las patas vueltas debería acudir a una óptica.
Y no es que yo sea una lumbrera, pero, como mucha otra gente, empiezo a darme cuenta de que nada funciona como debiera. ¿Tendrán algo que ver nuestros políticos, los tiempos que corren o los suplementos alimenticios? Si la culpa no es de ninguno, siempre nos quedará el chachachá… Ahora bien ¿hay solución a semejante hecatombe?
Esperemos que entre los posibles remedios no se contemplen las bombas, que ya tenemos bastante lío como para meternos en una guerra. Que nos ponemos muy intensitos y acabamos como el rosario de la aurora. Yo soy más partidario de los cambios estructurales, leyes que se adecúen a la realidad, una buena gestión de los recursos y gobiernos que sirvan a los ciudadanos en vez de a las multinacionales.
A las malas, siempre podemos optar por darle un buen meneo al sistema y esperar que el azar lo ponga todo en su sitio de manera inofensiva, una idea que vertebra el libro de hoy. Con el título de Patas arriba (editorial Kalandraka), Anne Derenne desarrolla una historia en mitad de la sabana africana donde conviven un buen puñado de animales. Gacelas, cebras, leones, rinocerontes y jirafas. Cada uno ocupa su lugar. Solo falta el elefante. Con mucho entusiasmo llega corriendo, pero ¡oh, no! Pisotea con tanta fuerza que mueve a todos de sitio. ¡No te preocupes, querido lector! Todo tiene arreglo. Solo hay que sacudir el libro y ver qué sucede en las siguientes páginas.
Con mucho humor blanco, la autora francesa afincada en España nos regala un álbum interactivo que construye un discurso con cierta enjundia desde un argumento aparentemente sencillo. Y es que pasar del caos al orden gracias a la inocencia infantil y unos cuantos meneos tiene demasiada magia a ojos de quien sea.
Sorprendente, hiperbólico y surrealista, es un librito que se puede estirar como un chicle buscando todos los detalles que ofrece. Escenarios, ubicaciones o patrones de color sirven como enlace visual entre lo real y lo ficcional (¡Sí, también tiene cierta vis informativa!). Y no se olviden de la guarda trasera y ese personaje que, lanzado al blanco movedizo, nos invita al ecologismo. Resumiendo: jueguen y disfruten.





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