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viernes, 14 de diciembre de 2018

Una nota (con versos) sobre libros informativos



El otro día charlaba yo con una librera sobre la gran afluencia de álbumes informativos a las estanterías de su negocio (más en estas fechas de regalos). Me comentaba que la cosa estaba siendo muy desproporcionada y que, según ella, descuidaba los logros que en materia de lectura se habían hecho durante los últimos años en el sector para desvincular la lectura del mundo escolar y poder considerar lo humanístico desde un prisma poético-artístico. Vi su postura y me dio por cavilar en si este tipo de libros consideran la experiencia estética, no solo desde el lado más visual, sino también desde el verbal. Me vinieron a la cabeza muchos libros. Algunos parecían verdaderos tratados académicos, otros aunaban variopintas perspectivas, y los menos, muy enriquecedores. Sonreí y me puse a recitar rimas consonantes, que es viernes y toca una de poesía.
.
Y en el pecho, las costillas,
en perfecta formación,
defienden los pulmones
             y también al corazón.             

María Isabel Fuentes y Sagrario Pinto.
En: El cuerpo humano.
Ilustraciones de Lucía Serrrano.
Colección Curiosidades en verso.
2017. Madrid: Anaya.


martes, 9 de octubre de 2012

"Deprisa" cuando debería ser "despacio"




Me molesta decir esto: echo de menos las vacaciones... Esa tranquilidad virtual que lo envuelve todo. Ese largo transcurrir de los minutos que, tras septiembre, queda resumido en un mero instante. Ese que sabe a salitre. Ese que sabe a tomate y melocotón. Ese que se oculta tras el horizonte del mar… Porque ahora ha llegado el trajín, el tiempo que escasea, las prisas y carreras que nos llevan a un ritmo frenético durante el que no tenemos asueto, ni paradas, ni descanso.
El otoño se presta a los pensamientos y mi cerebro vive suspendido en una nube de ideas que necesitan materializarse en una jornada de veintiséis horas. A veces veo andar las agujas del reloj más rápido que mi vida, y son otros los que me empujan a perseguirlas… Aprovechar hasta el último momento entre las sábanas, desayunar a la velocidad del sonido, correr hasta el puesto de trabajo, currar, regresar de inmediato y preparar la comida, engullir y marcharse a otros quehaceres que, aunque ociosos, necesitan atención y alta capacidad de concentración, para llegar al anochecer un tanto rendido y comenzar de nuevo ese ciclo diario que acarrea esta vida asfáltica que llevamos, es casi una parodia de lo que todos esperamos del porvenir.
¿No sería mejor un mundo sin prisas?
Afirmativo.
Es preferible ir contracorriente y decantarse por un mundo más lento que nos permita disfrutar de esa vida de cinco tenedores que nos merecemos, aunque seamos pobres (el mayor de nuestros problemas… je, je, je). Por ello, tomen buena nota de Néstor, ese niño sin prisas cuya historia nos cuenta Lucía Serrano -¡cuánto me gusta esta chica!- en su pequeño álbum ilustrado ¡Qué niño más lento!, ganador del 13º premio “A la orilla del viento” de Fondo de Cultura Económica, y no hagan caso de los segundos, horas y meses que, a modo de granos de arena, se dejan caer con aplomo sobre nuestra finita felicidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Dos en uno









Aunque aspirar al súmum de la reseña lijera no es una de mis prioridades, creo fehacientemente que la de hoy se merecería tal honor (qué tonterías digo…), ya no por el lenguaje que utilizo y que intento cuidar siempre, ni tampoco por el hilo conductor que lleva hacia el libro, sino por la idea que la sostiene: aprovechando un poema que aparece en Los versos del libro tonto, de Beatriz Jiménez de Ory y último ganador del Premio de Poesía Cuidad de Orihuela, les lanzo Redondo, una de las últimas creaciones del casi-paisano Pablo Albo ilustradas por Lucía Serrano (editorial Thule). Dos en uno, ¿quién da más?


Mi amor por ti es mayúsculo,
Amiga coleóptera.
Rojísimas tus alas
Iguales al crepúsculo.
Quiero un deseo mágico,
Único: que me quieras.
Inténtalo, ¿lo harás?
¿Te reirás de mis súplicas,
Amadísima insecta?


Beatriz Jiménez de Ory.
Acróstico esdrújulo.
En: Los versos del libro tonto.
Ilustraciones de Paloma Valdivia
2011. Pontevedra: Faktoria K de Libros.

viernes, 27 de mayo de 2011

La mente en blanco





Los que de vez en cuando pensamos, en comparación con otros mortales, sufrimos más de la cuenta, cosa que no es de extrañar dada la pasividad que nos rodea, no sólo la física (aquí, en este país, ni queriendo -cosa rara- se ejercita el lomo), sino también la mental… ¡Y demos gracias a que las pasadas elecciones han puesto una nota de color a los telediarios…! ¡Que no es poco…!
Como les iba diciendo: esos que hacemos funcionar al engranaje cerebral, por si no tuviéramos poco con el día a día, nos enrolamos en todo tipo de campañas, bien sea la de la renta (les pongo sobre aviso de que este año la hacienda pública está demorándose más en soltar la manteca colorá… ¿por qué será…?), el aprendizaje de lenguas extranjeras o la siempre manida Universidad Nacional de Educación a Distancia, un clásico del eterno estudiante… ¿Y pa’ qué?... Pos pa’ na… A veces pienso en la felicidad inmensa de otros muchos que, dejando a un lado un buen puñado de preocupaciones, siguen durmiendo sobre algún guindo, cosa harto difícil para los que como yo, no paramos de devanarnos los sesos durante la mañana, la tarde y la noche, con afán de darle un sentido a nuestro deambular por la vida, ¿más agitada y estimulante? En absoluto… Así que, buscando una respuesta a tanto dilema existencial y echándose encima el estío (¡por fín!), he concluido en aparcar mi cuerpo debajo de alguna sombra y dejar mi mente en blanco en esta tarde de viernes, la mejor de las curas para todos los quehaceres que se avecinan.

Serrano, Lucía. En blanco. 2010. Madrid: Anaya. Colección "Sopa de cuentos".

miércoles, 26 de mayo de 2010

Del álbum ilustrado español



Como hoy ando algo alterado y ladro más que hablo (¡malditas seáis, oposiciones!), he decidido ir al grano y dejarme de esos rodeos que, puntada tras puntada, desgranan lo más florido de mi vida personal, por lo que ¡agárrense que vienen curvaaaaaas…!
En una de las entradas de la semana pasada, afirmé que no sólo los alemanes o ingleses eran los únicos artífices de los buenos álbumes ilustrados… Sí, sí, ya sé que les encanta el topo de Wolf Erlbruch, los manchurrones de acuarela de Quentin Blake o el preciosismo de Quint Buchholz, pero uno también ha de defender el arte patrio y anunciar a los cuatro vientos las bondades del álbum ilustrado “made in Spain”, que para eso uno tiene su vena chovinista, ¡odo!
Hablemos de lo que hablemos, el problema del español es el de siempre, que no sabe darse el suficiente pábulo y crear un producto ampliamente publicitado (que bien mirado, también es un arte…), y eso que en cuestiones literarias y pictóricas tenemos un status dentro del Viejo Continente. Aunque así sea, les digo: No se sientan acomplejados mis queridos compatriotas ilustradores y escritores porque aquí, también hay tomate, ¡y del bueno!
Pese a ello les debo una disculpa, ya que muchas son las veces que dejo de lado el trabajo de los de aquí y me decanto más por el de los de allí, así que entono el Mea culpa y les hago una reverencia de reconocimiento y agradecimiento.
En cualquier caso, lo de hoy, más que una reflexión de viva voz, es casi una denuncia de lo que el otro día me aconteció… Andaba yo mariposeando de tomo en lomo, de estante a balda, cuando un pequeño libro arremetió contra mi curiosidad. Pertenecía a la colección de Sopa de letras, esa tan conocida de la editorial Anaya, y llevaba una pequeña banda de papel amarillo que rezaba Premio de Álbum Infantil Ilustrado “Princesa de Éboli” 2008, lo que llamó todavía más mi atención… Lo abrí y leí allí mismo, de pie. Y me encontré con un relato tan pequeño como gracioso, con unas ilustraciones animadas, absurdas y geniales, y lo mejor de todo: barato (toma nota Encarnita…). Sencillamente, El día que olvidé cerrar el grifo de Lucía Serrano, me chifló…, pero (siempre hay un pero) lo que no me parece nada correcto por parte de la editorial Anaya, es el formato en el que ha editado su libro (lo que no resta merito al haberlo editado… para el césar, lo que le corresponde), un formato que desluce considerablemente las ilustraciones, que no deja apreciarlas ni disfrutar de sus íntimos detalles… Decir como punto y final que, si esta obra la firmase Babette Cole, seguramente se hubieran cuidado más esos “pequeños” detalles.
¡Y que viva el libro-álbum español!