Mostrando entradas con la etiqueta Raymond Briggs. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Raymond Briggs. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de diciembre de 2011

De españoles e ingleses





Recién llegado de otras latitudes y asombrado por la cantidad de baba que corría estos días por las alfombras del Congreso de los Diputados, me creo con el derecho de comentar al unísono dos idiosincrasias tan distintas como la española y la inglesa, y de paso, relatarles algo de mi viaje…
Se ve que es hora de untar con jabón a todo aquel con el que compartamos escaño, y así pasa, ¡menuda fiesta de la espuma liaron ayer Don José Bono y compañía…! Cortas se quedaron aquellas míticas de Pachá, comparadas con la que ayer se gastaron sus señorías a costa del aniversario de nuestra carta magna… Y lean: no me extrañaría que, a tenor de unos contribuyentes exprimidos, la acompañaran con tripas de uro en salsa de miel y otras exquisiteces propias de las escupideras romanas… Lo que sí quedó más que claro son las tremendas ganas de figurar de algunos y la poca dignidad de otros, costados ambos de una política absurda y clasista. Y así, como si de una pintura abstracta se tratara, la cámara alta nos regala la misma imagen, legislatura tras legislatura: políticos dedicándose todo tipo de agasajos y caricias que, en vez de redundar sobre la patria, ese concepto que tanto odian los de dentro y tanto aman los de fuera, envilecen sus mismas almas.
Para patriotismo el de los hijos de la Gran Bretaña, hombres y mujeres que reparten orgullo nacional a manos llenas, no sólo en lo que se refiere a política, belicismo o ciencia, sino también en literatura y otras artes, leamos museísticas o musicales. Como ejemplo tomemos su LIJ… No hartos de producir ediciones limitadas -para regalar o limpiarse el ojahio- de sus libros para niños, son capaces de adaptarlos al cine o el teatro, hecho que queda reflejado en los más de ocho musicales inspirados en literatura infantil inglesa que llegué a contar en las vallas publicitarias de espectáculos navideños. Y no crean que les hablo de títulos clásicos, no, sino de otros mucho más modernos como El muñeco de nieve de Raymond Briggs un álbum ilustrado con solera y calidad, o la Matilda de Roald Dahl, suficientemente conocida en el mundo de las letras infantiles.
Gestos como estos, aunque sobrados de chovinismo, hacen grande a una nación, la aúpan y crean un sentimiento unido y solidario que empuja a mantener viva una cultura y, de paso, otras parcelas de la vida, porque, sólo aquel que ama el pedazo del mundo que pisa, es capaz de extender ese sentimiento a otros confines de este vasto planeta.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Muñecos de nieve en pleno "cambio climático"


Este invierno, de frío tiene más bien poco, nada, me atrevería a decir… ¡Con lo deseoso que estaba el aquí presente por sentirse cual personaje de Juana Spiri en estas sierras olvidadas! Y es que aquí, frío hace, desmienten los lugareños, otra cosa es sentirlo.
Según dicen, esto del cambio climático es una jodienda. Últimamente, se utiliza mucho este vocablo para designar un cúmulo de circunstancias climatológicas acontecidas en los últimos veinte años. Que si el hielo de los polos se encuentra en clara regresión, que si las sequías de unas zonas del Globo contrastan con las lluvias torrenciales de otros lugares, que si el Monzón se retrasa o la primavera se adelanta…, todos estos y muchos más parecen casi designios divinos de que nuestra estirpe llega a su fin. Si no fuese por lo babosos, ignorantes y carroñeros que resultan muchos de nuestros gobernantes, pensaríamos que los nuevos gurús que median la salvación de la Humanidad, son ellos y no otros. Me entra un súbito salpullido cuando escucho ciertas estupideces categóricas sobre lo mal que está la madre Natura. Esas hordas abominables de ecologistas de medio palo con sus consignas dogmáticas que aburren hasta a las piedras, los mítines urdidos por pseudos-científicos, por lacayos del poder, por huestes de mentes putrefactas con intereses capitalistas bajo la manga y un largo etcétera de morralla humana que es mejor no mentar.
Es cierto que la climatología del Globo cambia, y que se aprecia un cierto aumento de la temperatura global del orbe. La geosfera, la biosfera, la atmósfera y otros elementos constituyen un supersistema denominado Ecosfera (o Gaia, según Lovelock). Ese sistema gigantesco, provisto de materia y energía, ha sufrido a lo largo de su existencia, numerosas modificaciones respecto a su funcionamiento. Se conocen épocas terrestres en las que las grandes crisis climáticas han repercutido enormemente sobre la Vida del planeta, de ahí esta preocupación en el ámbito científico por lo que pueda suceder en el momento presente si estas condiciones cambian de forma tan drástica como en el pasado. Lo que no hace el científico es dictaminar que toda causa de estas modificaciones actuales está relacionada con el Hombre. Verdad es que el Hombre ha repercutido sobre el medio que alberga su existencia, pero la Ciencia desconoce qué parte de culpa tiene la mano de la condición humana sobre estos cambios que se están sucediendo, por lo que, si la prevención es nuestra mejor aliada, el conocimiento debe ser nuestra mejor arma. Así que les conmino a que detesten a todos esos charlatanes que por recaudar militantes para sus sucias tretas, nos tratan como meros pecadores en busca de un paraíso perdido. ¡Para que luego hablen del clero!


Así que, hasta ver como nuestra especie es aniquilada de la faz de la Tierra por la misma mano –no divina- que la creo , disfrutemos de un excelente álbum ilustrado invernal que, a modo de cómic, sin palabras y ciertos toques de imaginación, hace las delicias del lector que descubra las correrías nivales de sus protagonistas. 


El muñeco de nieve de Raymond Briggs, un título descatalogado que ha vuelto a nuestras manos gracias a la editorial EntreDos, cabalga entre la realidad y el mundo de los sueños de una manera muy sutil. Todo empieza cuando un muñeco de nieve cobra vida y, tomando la mano de su creador, un niño pelirrojo (que ya incluí en esta selección de personajes de pelo color de zanahoria) sobrevuelan la zona descubriendo nuevas perspectivas en mitad de la noche.
Excelentemente secuenciado por el autor de otras obras necesarias como Papa Noel o Ethel y Ernest, esta historia sobre una amistad desbordada gracias a la imaginación, además de muy invernal (¿Conocen esta selección sobre la nieve en los álbumes ilustrados?), es una buena oportunidad para abrir la puerta de la novela gráfica a todo tipo de lectores.