Mostrando entradas con la etiqueta Kid's Lit. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kid's Lit. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de noviembre de 2025

Trabas vitales


Aunque los docentes aplicamos raseros que obligan a los alumnos a actuar en la misma línea, también de he decirles que no tratamos a todos por igual, sobre todo en lo que se refiere a lo académico. Para ello, los vamos clasificando conforme asoman las dificultades y vamos apuntando sus fortalezas y, casi siempre, debilidades.
De entre todas ellas, la que más se me hace cuesta arriba es la inseguridad. Mientras hay estudiantes que pecan de una confianza superlativa y creen andar sobre las aguas, otros exhiben una falta de aplomo absoluta. Y lo peor de todo es que trabajan como el que más, dedican muchas horas al estudio, pero siempre la cagan. Su capacidad de decisión es tan ínfima que terminan perdiendo un montón de puntos por el camino o, lo que es peor, suspendiendo todos los exámenes.


Hay profesores que lo achacan al nerviosismo, otros a la falta de atención, pero lo cierto es que este tipo de alumnos terminan agotados al no ver traducido su esfuerzo en unos resultados más satisfactorios. Aunque no lo crean, es bastante descorazonador observar cómo el ánimo de este tipo de alumnos queda diezmado por una causa ajena a sí mismos.
Ojala tuviéramos una varita mágica con la que cambiar la naturaleza de ciertas personas, pero lo cierto es que, en la mayoría de los casos, estos problemas pasan por la aceptación de la realidad y la mejora de sus habilidades en la medida de lo posible.


Como ejemplo, hoy les traigo la historia de Pececito, el personaje que protagoniza el álbum de Mamiko Shiotani que acaba de publicar la editorial madrileña Pastel de luna. 
Pececito es un animal acuático y no puede vivir en el medio aéreo. Por ese motivo, todas las mañanas se pone un traje especial que le permita acudir a la escuela. A Pececito le encanta la escuela. Le gusta aprender, jugar con sus amigos durante el recreo e incluso la hora de la comida. Lo único que odia Pececito son las clases de gimnasia. Hoy tocan las carreras de relevos y, por desgracia, Pececito se cae y se hace daño, un percance que le obliga irse a casa y empezar a odiar la escuela. ¿Logrará reponerse y regresar? ¿Encontrará una forma de mejorar su destreza?


Con un estilo característico donde los lápices de grafito y color son los protagonistas, la autora nos deleita con un universo a la japonesa donde los avances tecnológicos conviven en una sociedad formada por montones de especies animales. Aunque el librito (me encanta el tamaños y las proporciones), tiene cierta moralina, hay detalles, sobre todo textuales, que me resultan encantadores (¡Esas lágrimas perdidas en el agua me han robado el corazón!).



Esperando que esta editorial publique pronto otros de sus libros como El fantasma del desván e Historia de un huevo, solo me queda decirles que espero que aprendan a perderse en sus ilustraciones para disfrutar, no solo de las composiciones y ópticas tan estudiadas de la autora, sino del sinfín de detalles que recoge (el sombrerito sobre la pecera portátil, el hueco circular en el escritorio y las miradas fijas de los personajes son mis favoritos).

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Gracias amargas


España, un país tan visceral donde cualquier conflicto era susceptible de acabar en una juerga o llorando a lágrima viva, poco a poco se está convirtiendo en ese paraíso inerte que son los países nórdicos. Se nota que la impostura y los modales están calando hondo entre unas generaciones sin sangre en las venas a las que todo les importa un bledo.
Tan dóciles y educados, que han perdido la capacidad de obrar acorde a las circunstancias. Se contentan con la solidaridad y la beneficencia "¡Ay, qué buenos chicos, nos han salvado!" "Estaría bueno, ¡si están en el paro!" Todo es emotividad en unos jóvenes que, con alma misionera, pretenden cambiar el mundo a base de buenas maneras. Muchas gracias, mucho por favor y mucho perdón. No saben otra cosa. “Que dios se lo pague” rezan sus parches de la ropa. Y si no, ya lo pagará mi padre, que para eso está. También la Seguridad Social (si es que aguanta).


Todo esto viene por la DANA, claro está. La nueva excusa para expiar pecados, piensan. “Ya que los políticos, los meteorólogos y la confederación hidrográfica la han cagado, vamos a enfangarnos las manos y solucionar el entuerto, en vez de colgarlos” habrán cavilado. Craso error, pues estáis tan bien domados, que además de crédulos, os tienen de esclavos.
Y no es que yo esté criticando su arrojo y buen corazón, que ya quisieran muchos. Lo que digo es que, además de las muy nuestras nobleza baturra y caridad cristiana, podrían haberle echado cojones y darle su merecido a esos mequetrefes, miserables y cobardes que hay al mando. Y así, las gracias, en vez de amargas, hubieran sido dobles. Una por benditos y otra por libertarios.


Yo, incluso, hasta hubiera regalado unos cuantos ejemplares del libro de hoy, que lleva por título esa palabra que tanto hemos escuchado estos días. Y es que Gracias, uno de esos álbumes tan bien hechos a los que nos tiene acostumbrado Icinori, el tándem formado por Mayumi Otero y Raphael Urwiller, ha llegado a las librerías españolas de la mano de Ekaré.


En este libro de más de ciento setenta y cinco páginas, además de la palabra “gracias”, los autores realizan un ejercicio visual exquisito en el que entremezclan un sinfín de elementos. Empiezan dando las gracias al amarillo, el rojo y el azul (los tres colores sobre los que se basan todas sus obras) para dar la bienvenida a un nuevo día. El despertador, una cama, el amanecer o una toalla. Todo es susceptible de una palabra de agradecimiento de la protagonista en esta suerte de diccionario-imaginario narrativo.


Sí, amigos, porque a pesar de presentarnos elementos muy dispares, este par de artistas hilvanan una historia donde el surrealismo y la magia se cogen de la mano en unas ilustraciones que, complementando cada palabra (siempre en mayúsculas, para satisfacer las manías de los maestros), nos llevan por senderos insospechados. Del mismo modo, el texto baila al son de las imágenes, dibuja pequeños caligramas que nos invitan a pasar las páginas, recrearnos en las escenas, o incluso buscar nuevos significados.


Les invito a conocerlo, disfrutarlo y regalarlo a cualquier persona, independientemente de la edad. Espero que les den las gracias. Y si no, ya saben…

martes, 25 de junio de 2024

Aprovechar el verano


Por fin hemos cerrado el chiringuito y los nenes se han ido a su casa a pasar el estío. Yo no sé qué es peor, si la rutina escolar o el periodo vacacional. Al menos en los centros educativos, además de estar recogíos, aprenden a hacer cosas, quizá no demasiado útiles para la vida, pero al menos se entretienen, que cuando el perro no tiene nada que hacer, con el rabo mata moscas.
Y es que imagínense el percal… La mayoría de los padres trabajando. Los bien avenidos, intentarán cogerse las vacaciones al unísono, quince días a lo sumo. Los que estén divorciados, cada uno por su lado. El teenager que sea un poco inquieto, se buscará algún quehacer, actividades de todo tipo, echar una mano en el negocio familiar o incluso sacar una pelillas con algún trabajo de poca monta. Pero no sueñen, la inmensa mayoría de esta España despreocupada andará sin control alguno, acostándose a las tantas de la mañana y despertándose al mediodía. Puede que a alguno le dé por bajar un rato a la playa, visitar la piscina comunitaria o coger la bicicleta y perderse por algún camino, pero lo más factible es que se pasen el día en sus cuevas dándole al joystick o las redes sociales. Y así, día tras día, durante dos meses. Desolador.


En mis años de juventud, las vacaciones eran un periodo muy activo, y eso que mis padres no iban a la playa por cuestiones logísticas y me pasaba julio y agosto al solano manchego. Eso no era problema porque me apuntaba a un bombardeo. Cursillos de natación, talleres del centro joven, campamentos de verano, viajes cortitos o incluso alguna incursión lingüística. Mi madre nos animaba a hacer de todo e intentábamos llevar una rutina vacacional dentro de la lógica.
Nunca entenderé la dejadez veraniega a la española. Ni calor, ni leches. Se pueden hacer muchas cosas en los meses de verano. Desde jugar al voleibol hasta volar cometas, aprender chino mandarín o hacer un programa de radio. Y por qué no hablar de las tareas domésticas, las grandes olvidadas y que tanta falta hacen. Planchar, tender la ropa (se sorprenderían de la cantidad de gente que no sabe), freír un huevo, coser un botón o cambiar una bombilla son cuestiones muy necesarias en la vida cotidiana y ya va siendo hora de que las aprendamos y valoremos convenientemente. Para ello aquí les traigo Yo lo sé hacer. 1000 pasos para ser autónomo.


En este manual dirigido a niños entre 4 y 12 años, se nos plantean 155 tareas diarias que todo el mundo debería saber, una serie de conocimientos imprescindibles que se nos detallan paso a paso y vienen acompañados por fotos de Alain Laboile e ilustraciones de Hifumiyo.
Hacer una trenza, elegir la ropa que debemos ponernos en invierno o en verano, cómo montar en bicicleta, curarnos una herida, hacer la cama, envolver un regalo, lavar los platos o pelar la fruta. Un sinfín de actividades que están clasificadas en diferentes lugares como el cuarto de baño, la habitación, la cocina o el mundo exterior, para guiar a los más pequeños y sus padres (manda huevos que algunos sean tan inútiles).


Mientras lo leía, me he acordado de aquellos manuales fascistas de la Sección Femenina. He sonreído, pues es curioso el paralelismo de los distintos regímenes (cada época tiene los suyos) y las necesidades sociales.
Pues eso, que estoy esperando como agua de mayo el siguiente volumen, que espero que esté dedicado a los temas del decoro diario… Como sentarse en la mesa, cómo masticar la comida, cómo saludar correctamente, cómo dejar el móvil en silencio, cómo apagar los altavoces portátiles y una largo etcétera de normas comportamentales que parecen pasar desapercibidas por todas las generaciones actuales.

miércoles, 12 de junio de 2024

Ausencias paternas


Nadie puede decirme que las familias desestructuradas no son el comodín del público. Que has violado a tropecientas chicas. Familia desestructurada. Que sufres de alcoholismo o eres un ludópata. Familia desestructurada. Que tus calificaciones son paupérrimas. Familia desestructurada. Que eres alérgico al huevo y la lactosa. ¿Familia desestructurada?
Si bien es cierto que estamos en una época socialmente convulsa en la que divorcios, padres solteros, adultos super-ocupados y abundancia de caprichos son las bases de la vida familiar, también hay que apuntar a la deriva victimista que ha tomado esa denominación, toda una coartada para dar explicación a cualquier diatriba infanto-juvenil que se precie.


Si los niños no tienen ninguna responsabilidad en su comportamiento, son seres inocentes e inconscientes y actúan desde la más absoluta impunidad, los padres no se quedan atrás. A base de ansiolíticos, terapeutas y meditación ayurvédica, nos han colado esa de que ser padre es más complicado que ejercer de CEO en una auditora internacional y que los hijos son piezas de ingeniería extraterrestre. 
Menos mal que los que nos dedicamos a las criaturas sabemos de sobra cómo funciona el cotarro y confiamos en la capacidad de los chiquillos para sobrevivir ante tanto despropósito. Al final va a llevar razón un compañero con aquello de que da igual los que tengas, porque se crían solos o, al menos, se acostumbran a todo. Prueba de ello es el libro de hoy.


El hijo del astronauta es un álbum de Elena Val recién publicado por la editorial Ekaré en el que se nos cuenta la historia de un chaval al que conoce todo el barrio. Su padre es astronauta y hace mucho tiempo que no lo ve. Por eso se dedica a fantasear con su vuelta y con todo lo que harían juntos, como jugar con un balón enorme o sumergirse en mitad del océano.


Con una puesta en escena muy colorista y nocturna (la luna, la luna, siempre la luna) este álbum tiene un punto muy enigmático, ya que no sabríamos decir muy bien donde esta ese padre. Me despista su narrativa. Por un lado busco el detalle que me revele su paradero, pero por otro, pienso que no hay ni trampa ni cartón y realmente está en la estación espacial internacional prestando sus servicios durante una larga temporada.


Al mismo tiempo encontramos montones de detalles hermosos. La superficie de nuestro satélite se dibuja en la sopa que llena el plato, los columpios adoptan la forma de  un cohete, fotografías de astronautas que cubren las paredes y el pez, ese pez que el niño abraza en la portadilla… Todo un sinfín de referencias que nos hacen alunizar junto a su protagonista y nos trasladan a universo tan onírico como metafórico.


Un libro que indaga en los deseos de un hijo cuya figura paterna está ausente. ¿Habrá muerto? ¿Trabajará lejos? ¿Existirá? ¿Nos da igual? Simplemente es el interruptor que desata un discurso que ahonda en el poder de la imaginación, en esa capacidad homeostática de los niños, de darle la vuelta a una realidad que la mayor parte de las veces es dolorosa. O bueno... quizá el niño vive tan en la luna que el astronauta es él mismo. Todo es posible. Y eso me gusta.

lunes, 10 de junio de 2024

Depresión y esperanza


Generalmente asociamos las depresiones a momentos duros de la vida. Situaciones estresantes o traumas son asumidos como causas tradicionales de este trastorno mental caracterizado por un bajo estado anímico en el que la tristeza y los vaivenes comportamentales son sus principales síntomas.
Si bien es cierto que en muchos casos esto sucede así, estudios más recientes también apuntan a factores genéticos, biológicos y sociales. Y no es de extrañar, pues siempre hemos constatado que las mujeres o los miembros de la misma familia se han visto abocados a esta patología. Sin embargo, lo más peliagudo del asunto llega con el desarrollo de las sociedades posmodernas.
Divorcios, familias monoparentales, hijos descontrolados, compromisos laborales, avances médicos y tecnológicos, redes sociales… Nuestras vidas han dado un vuelco de trescientos sesenta grados y la brújula ha salido loca buscando el norte. Aspiraciones, deseos y frustraciones se nutren de una amalgama conceptual que nada tiene que ver con esa de antaño en la que todo era más lineal y fácil. El ser humano es el mismo, pero su forma de ver la realidad ha quedado distorsionada por una serie de teclas mucho más incontrolables.
¿Qué podemos hacer ante eso? Poner orden, mucho orden. ¿Cómo? Entender lo que sucede a nuestro alrededor es una tarea casi imposible, así que lo más fácil es tener claro el camino, priorizar, actuar con determinación y, sobre todo, hacer lo que más nos plazca. Está comprobado que bregar con la ingente cantidad de posibilidades que nos ofrece este sistema, es poco productivo y embrolla la vida más todavía.


Y tomando la directa, llego a uno de los álbumes más exquisitos de esta primavera gracias al buen hacer de la editorial Galimatazo. Bucear en verano, de Sara Stridsberg y Sara Lundberg, es uno de esos álbumes complejos que exploran lo intrincado de las relaciones humanas desde una perspectiva infantil muy sugerente. Colores vibrantes, personajes muy potentes y una narración en primera persona articulan una idea tan hermosa como extraña donde la familia, la amistad y los trastornos mentales son el hilo conductor.


El padre de Zoe se ha marchado y el tiempo trascurre hasta que ella y su madre van a visitarlo al psiquiátrico. Su padre no tiene ganas de vivir. Durante una partida de ajedrez conoce a Sabina, una mujer que padece un tipo de esquizofrenia. Un día, su padre les comunica que no quiere más visitas, pero Zoe, desoyendo sus palabras continua yendo a aquel lugar y entabla amistad con Sabina. Es verano y quiere cruzar el océano Pacífico a nado, así que juntas comienzan a entrenar…


Todo en este libro es cautivador, desde el texto a las ilustraciones. Aguadas que recuerdan al agua marina, un collar de perlas azules con gran simbología, guiños a ¿Escher?, a ¿Jimmy Liao?, una alternancia de planos que imprime acción y una portada sublime (es imposible no caer rendido a esas dos miradas) son algunos de los recursos narrativos que enriquecen una historia cruda pero llena de esperanza.

jueves, 16 de mayo de 2024

Todo un acierto


Acertar es una cosa muy difícil. Con la pareja, con los estudios, con los amigos, con la ropa, con los regalos, con el menú, con el hotel… Todos sabemos que cualquier decisión entraña un riesgo, pues el azar se interpone en nuestro camino y a veces erramos. No obstante, creo que cualquiera tiene la capacidad de sopesar pros y contras, de barajar diferentes escenarios y tomar el camino más plausible.
Aunque en la facultad me enseñaran que lo más probable tenía que pasar por el principio de parsimonia, es decir, lo más sencillo siempre nos lleva a lo más probable hasta que se demuestre lo contrario, yo barajo multitud de probabilidades, sobre todo cuando el asunto es bastante peliagudo y requiere cierto análisis.


Hay cosas en la vida que no necesitan muchas vueltas. Qué película nos vemos un domingo por la tarde, qué modelito me enfundo este martes o dónde vamos a echarnos la cerveza de los jueves no necesitan demasiada conjetura, que se nos va la mierda en pedos y al final se nos va la vida con tanto mareo.
Conforme esta la vida hay que entregarse a la estadística, hacer la cuenta de la vieja, darle brío al cubilete y tirar los dados sobre la mesa. Seguro que el momento nos sorprende con alguna alegría, que también tiene su mérito quedarse boquiabierto. No hay que buscarle tres pies al gato. Solo disfrutarlo.


Precisamente eso es lo que me ha pasado con un libro de Marianna Coppo que acaba de publicar la editorial valenciana Andana. Se llama El libro que te lee la mente y me tiene enamorado y casi atolondrado. Si has asistido alguna vez a un espectáculo de magia (o de mentalismo, como se llama ahora) sabrás que los magos muchas veces piden la participación del público ¿no? Pues en este número, tú eres el que le va a echar una mano a Lady Conejo, nuestra maga particular. Solo tienes que escoger -¡sin decírselo a nadie!- un personaje del patio de butacas. Un fantasma llamado Bu, un signo de interrogación, el señor Cuchara, Seta, Peludito, Diente de leche o Mano Izquierda, ¡da igual a quien elijas porque Lady Conejo te va a leer la mente y adivinarlo.


Seguramente muchos le habrán colgado el sambenito de libro-juego, pero ¿qué libro no juega contigo? Además del truco de magia, la Coppo despliega ante nosotros un elenco de personajes y criaturas absurdas e increíbles (¿Se han fijado en los pequeños ayudantes?) que invitan a la fantasía, a desbordar un universo particular, a preguntarnos qué pintan ahí o de dónde salen.


Basado en un antiguo manual de magia (o matemáticas, llámenlo como quieran) del siglo XVII, este libro nos invita al divertimento, pero también puede constituir un ejemplo maravilloso de cómo no siempre es necesario tenerlo todo atado para ser feliz. De hecho, la autora nos invita a ello, a que no paremos de pasar las páginas de este libro, a que seamos felices junto a esta coneja tan maja que siempre acierta.

martes, 9 de enero de 2024

Cambiar de opinión


Una de las cosas que caracteriza la vejez, mi vejez, es la capacidad para para cambiar de opinión. La juventud es osada, pero sobre todo terca. Cuando somos críos, adolescentes, nos cuesta bajarnos de la burra. Un pena o una alegría. Elija cada uno su prenda.
"Como no soy río, me vuelvo cuando quiero" decía la puñetera de mi abuela, que a pilla no le ganaba nadie, a pesar de ser analfabeta. Con el paso de los años, empiezo a darle la razón, pues no hay mucho de sabio en eso de empeñarse, sino más bien lo contrario. Adaptarse a los cambios, darle la vuelta a la tortilla, lo que en biología llamamos homeostasis.


Trae más cuenta no ser categórico y retroceder un paso, que mantenerse inamovible y recibir ostias como panes. Ahora soy mucho más silencioso y evito hacer públicas mis decisiones más firmes, por si alguna vez los planes se van al traste, que no tenga que desdecirme y dar buena cuenta de mi torpeza. Últimamente, callo y hago, que el silencio siempre es buen compañero y ayuda con prudencia a tomar la senda correcta.


El último safari, álbum ganador del último Premio Apila Primera Impresión, es una historia mínima en la que Hadi Baghdadi pone sobre la mesa los cambios de opinión fundamentados. Todo empieza con un cazador que acude con su furgoneta, su rifle y su perro en busca y captura de un guepardo. Sigue sus huellas, lo encuentra en mitad del bosque y se lanza a la carrera. Las aves siguen el espectáculo de cerca, un precipicio se abre ante ellos. ¿Logrará alcanzarlo?


En esta narración gráfica donde el texto se limita a las tres palabras del título y queda a merced del lector, el ilustrador iraní hace un elegante ejercicio expositivo que mantiene la tensión y el suspense hasta casi el final de la acción. Recordando a otros álbumes silentes de excelente factura como Los pájaros de Zullo y Albertine, el autor utiliza el factor sorpresa como antesala a su discurso animalista.


Elementos como las guardas a modo de prólogo y epílogo, el uso del acrílico como medio expresivo, recursos secuenciales muy bien elegidos y una óptica muy cinematográfica en la que se alternan diferentes tipos de planos, elevan una historia muy sencilla pero efectiva.

lunes, 8 de enero de 2024

Bendito invierno


Las carrascas están repletas de fruto y en mi memoria reverbera el refranero con eso que dice “Año de bellotas, nieve hasta las pelotas”. No sé yo si será para tanto, pues los meteorólogos cada vez andan más despistados, el frío no orea el embutido y el verano se extiende hasta meses insospechados.


- ¡La culpa de todo la tienen los rusos! ¡Están intentando descongelar el círculo polar ártico y hacerse con el tránsito de mercancías!
- Que no, que no…, que son las bases de la ONU, capaces de modificar las precipitaciones a base de aviones y productos químicos.
- ¡Qué exagerados sois! Esto lo estamos haciendo todos con nuestro consumo desmedido y el uso incontrolado de los carburantes…
- Eso nos quieren hacer creer con la religión 20-30, pero ¿acaso los gobernantes ponen cortapisas a Blackrock, Vanguard y sus imperios industriales?
- Pues esperaos a que empiece la Niña, que nos vamos a cagar…


Sea quien sea, cada vez hay menos invierno y más estiaje. Tendremos que confiar en las leyes de la termodinámica y esperar a que el sistema Tierra autoregule su entropía de una manera u otra, manque la especie humana muera en el intento y sean los pingüinos o los camellos los que dominen el reino animal.


Mientras tanto, nosotros seguiremos con la incertidumbre, esa constante tan humana que nos llena de optimismo o pesimismo dependiendo de la hora del día. Pero no se preocupen que, para amenizar la espera, aquí les traigo cuatro títulos a baja temperatura con los que disfrutar estos días de supuesto invierno y seguir con la estela que ya marqué con esta selección de álbumes nevados.


El primero es Oso de invierno, un álbum de Irène Schoch editado por Thule que nos cuenta la historia de un oso al que el otoño pilla desprevenido y, cuando se dirige a hibernar en su madriguera, se encuentra un aparcamiento en su lugar. Es así como este oso comienza a vagar por una ciudad. Primero por la biblioteca, después por el metro y por último en la calle. Es ahí donde irá encontrándose con mucha gente que le proporcionará algo de calor con el que pasar el crudo invierno.


Con un estilo potente y colorista, la autora nos arroja a una ficción muy real que, a pesar de ser protagonizada por animales, encuentra su camino en la denuncia social. El tema de los sintecho subyace a una supuesta historia basada en un fenómeno de la naturaleza. Del mismo modo, teje hilos invisibles que, como tentáculos nos atrapan en la amistad, la familia, el sentimiento de pertenencia o la superación personal.


También nos detenemos en El palacio de Silke, un libro de Uxue Juárez y Araiz Mesanza, publicado por A buen paso. Silke es una niña diferente a los demás y en la escuela nadie la entiende porque habla como las grullas. Esa es la razón por la que siempre decide perseguir a las ardillas y tomar el almuerzo con el zorro rojo o los gansos. Un día, la nieve empieza a caer y el resto de compañeros empiezan a lanzarle bolas de nieve y ella urde un plan para protegerse de sus ataques: construir un palacio muy especial.


Silke se erige como una heroína que, apartándose de sus propios miedos, logra crear una comunidad en torno a ella. Se arroja con valentía hacia sus propósitos y anima al resto a un esfuerzo conjunto que ayudará a romper estereotipos y prejuicios desde un prisma muy elegante donde los tonos medios y las aguadas construyen un ambiente lleno de calidez humana.


El tercer libro de esta pequeña lista es Cuando estés preocupado, una pequeña comedia de Sang-Keun Kim que acaba de publicar Pastel de Luna. El topo no tiene amigos, una realidad muy dura, sobre todo en invierno. Anda tan absorto en sus cosas, que no se percata del montón de nieve que ha cubierto su cabeza. Recordando las palabras de su abuela decide echar a rodar una bola de nieve y pronunciar en voz alta sus preocupaciones para que estas desaparezcan. ¿Lo conseguirá?


Con ilustraciones de tonos sutiles y delicados, y una narración con estructura de sketch, el autor logra una fábula muy simpática sobre la amistad donde los personajes utilizan como metáfora vinculante una bola de nieve que crece y crece. Sencillo pero encantador.


Terminamos con Un invierno equivocado, la fábula de Ida Vitale convertida en álbum gracias a las ilustraciones de María Fló y el buen hacer de la editorial Vegueta. Nodar es un pequeño territorio perdido en los mapas. Sus habitantes viven en armonía con lo que les rodea. Las montañas los protegen de los vientos, el río caudaloso riega sus árboles y los animales se comunican con ellos con trato recíproco. Pero un día el invierno, confundido por los artefactos humanos, aparece de repente en el lugar en forma de una gran nube negra. ¿Qué pasará? ¿Cómo sobrevivirán sus habitantes al frío repentino?


A caballo entre lo real y lo onírico, esta narración mágica y sutil, se adentra en la relación del hombre y su entorno desde un prisma conservacionista en el que los humanos comprenden la importancia del equilibrio con los ecosistemas. Cálidas y descriptivas, las ilustraciones ayudan a ese tono sosegado en el que se desarrollan los cuentos tradicionales, proveyendo al lector de un escenario por el que caminan las palabras.

jueves, 4 de enero de 2024

Nuevos propósitos


Un nuevo año se abre ante nosotros y montones de propósitos llenan las redes sociales. Que si las dietas, el gimnasio, coleccionar discos de vinilo, dejar de fumar, ir al cine todas las semanas, o leer un buen puñado de libros a lo largo de los próximos 365 días. Todo el mundo se plantea objetivos que muy pocos logran hacer realidad, más todavía si somos españoles y nos encanta procrastinar.
Y no es que yo tenga mucho en contra de esta cultura tan nacional, pero si nos comparamos con otros países, sobre todo los de tradición protestante, no tenemos nada que hacer. Primero porque son especialistas en carreras de fondo, y segundo porque tienen menos distracciones callejeras (clima y horas de sol son cruciales en eso de rascarse la barriga).


Lo peor de todo viene cuando alguien logra su meta contra viento y marea, y tiene que aguantar las mofas de algún cuñao, jeta o retrasado. El colmo del cainismo patrio y la envidia hispana que tanto mal hace a nuestro progreso como sociedad. Una faceta que todas las aves de rapiña que nos gobiernan promueven y utilizan en su propio favor.
Desde aquí les pido que respeten a sus iguales en sus retos, que los apoyen e incluso se unan a ellos u otros diferentes. Cuando alguien invierte sus esfuerzos en mejorar, cambiar o simplemente disfrutar de una faceta de su vida se acerca más a su propia realidad, identifica mejor sus fortalezas y potencialidades, explora espacios desconocidos y contribuye a un enriquecimiento personal y colectivo.


Así, con una perorata más propia de Mister Wonderful® que de un monstruo como yo (que tantas New Year's resolutions ha dejado por el camino) empiezo el 2024 con un librito muy agradable.
El libro del año, escrito por Joanne Ruelos Díaz, ilustrado por Annelies Draws y publicado por la editorial Tutifruti, recién fundada por Irene Álvarez Lata, una experta en esto de traernos a los estantes libros con mucho swing, nos presenta sus 365 ideas inolvidables para disfrutar durante todos los días del año sin necesidad de coger un avión, convertirse en astronauta o correr una maratón.


Un libro muy ilustrado lleno de actividades sencillas y cercanas que invitan al conocimiento de nuestro entorno, curiosidades para todos los público (¿Saben quiénes inventaron la pegatina, cuál es el día de los carteros, el del paraguas o el de los gaiteros? Entonces necesitas este libro) o aprender cosas nuevas, como por ejemplo adoptar un gato negro, perderse en un maizal, empaparse de cómo funcionan los molinos de viento, crear una lista de canciones o memorizar un poema.
Si has empezado el nuevo año con mucho aburrimiento, no lo dudes, este calendario ilustrado con forma de libro transforma cuestiones mínimas en toda una aventura, una forma muy saludable de darle un vuelco a tu vida diaria y sacarle el jugo a los días con una perspectiva muy amable y llena de buen rollico.