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domingo, 30 de abril de 2023

Sobrevolando las nubes

Cúmulos, cúmulonimbos, nimboestratos y estratocúmulos. Sigo en las nubes, un lugar que, a pesar de las alturas, me resulta muy relajante. Las hay pequeñas y grandes, de esas que llegan a pesar mil toneladas y alcanzar los trescientos mil litros de agua. Blancas como el algodón o grises como la ceniza, son las encargadas de reflejar la luz del sol o atrapar el calor que emana la tierra. Pero lo que mejor hacen es dibujar alba y ocaso. El anuncio del tiempo, la voz del cielo.

¡Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!

¡Vendo cirros morados
y rosas, las alboradas,
los crepúsculos dorados!

¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero!

¡Vendo la nieve, la llama
y el canto del pregonero!

Rafael Alberti.
Pregón.
En: 12 poemas de Rafael Alberti.
Ilustraciones de Elena Ferrándiz.
2023. Vigo: Kalandraka.


viernes, 11 de junio de 2010

De bodas y bailes


Les aviso que este fin de semana asisto a una boda de postín (¡con la que está cayendo!), de esas de pamela y chaqué, cosa fina teniendo en cuenta el pelaje de los invitados, a cada cual más garrulo y chabacano…
(Suspiro) ¡Siempre nos quedará París…! O en su defecto “Vinos El Gordo” (aprovecho para hacer la cuña publicitaria pertinente), que bien valen una buena misa, o en su defecto, una juerga…. En cualquier caso, intentaremos pasarlo como arrabaleros, eso sí, caracterizados de personajes elegantes, al son de cualquier bailecito de bodas como este:

Por el Totoral,
bailan las totoras
del ceremonial.

Al tuturleo
que las totorea,
baila el benteveo
con su bentevea.

¿Quién vio a picofeo
tan pavo real,
entre las totoras,
por el Totoral?

Clavel ni alhelí,
nunca al rondaflor
vieron tan señor
como al benteví.
Cola color sí,
color no, al ojal,
entre las totoras,
por el Totoral.

Benteveo, bien,
al tuturulú,
chicoleas tú
con tu ten con ten.
¿Quién picará a quién,
al punto final,
entre las totoras,
por el Totoral?

Por el Totoral
bailan las totoras
del matrimonial.

Rafael Alberti.
Bailecito de bodas.
En: Rafael Alberti para niños.
Edición de Mª Asunción Mateo.
Ilustraciones del autor.
2000. Madrid: Ediciones de la Torre.

P. S.: Y si no me leen el lunes, ya saben el motivo… ¡Buen fin de semana!

viernes, 9 de octubre de 2009

Festejando


Y en las vísperas de la celebración de la Hispanidad (supongo que también se festejará la lengua española, casi el único nexo de unión entre nosotros...), los loores a la Pilarica, patrona y musa de las jotas de estilo del Bajo y Alto Aragón, las felicitaciones a las Pilares y el puente soleado que se avecina, les dejo con versos de fiesta de la mano de Rafael Alberti.

El ave-verde cantaba
-paralelepípedo
paralelepípedo
paralelepípedo-
El ave-verde cantaba
volando en un velocípedo

Paralelamente
la recta disparada por el puente

Los polígonos alborozados
copulaban al son de los triángulos

Y el vals de los cilindros
por el ruedo nevado de la circunferencia

Calado el cucurucho
voltereteaban los conos

El cubo
sumergía la fiesta en el semicírculo panzudo

Rafael Alberti.
Fiesta.
En: Poemas anteriores a Marinero en tierra,
Apéndice de Canciones del Alto Valle del Aniene
,
1972. Buenos Aires: Losada.

martes, 14 de octubre de 2008

Adiós...


Hace poco tiempo que sé del fallecimiento de Ana Pelegrín. Estudiosa de la narración oral en sus más variadas vertientes, Ana Pelegrín, fue una incansable defensora de esta tradición oral, verdadero pilar sobre el que descansa la Literatura moderna, y más concretamente la Literatura Infantil, que viajó por varios países de habla hispana para compilar cuentos, retahílas, poemas, versos, canciones y otros juegos verbales, que complementaran y cimentaran la tradición lingüística tan valiosa que reside en la memoria colectiva de los hablantes. Tras este brevísimo obituario, sólo me queda darle las gracias. Para ello, dos poemas elegidos por la propia Ana para la antología poética Raíz de amor (Alfaguara):

ESTO ES AMOR…
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
Huir el rostro al claro desengaño,
beber vino por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
Creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor: quién lo probó lo sabe.
Lope de Vega
ELEGÍA
La niña rosa, sentada.
Sobre su falda
como una flor,
abierto, un atlas.
¡Cómo la miraba yo
viajar desde mi balcón!
Su dedo –blanco velero-
desde las Islas Canarias
iba a morir al Mar Negro.
¡Cómo la miraba yo
morir, desde mi balcón!
La niña –rosa sentada-.
Sobre su falda,
como una flor,
cerrado, un atlas.
Por el mar de la tarde
van las nubes llorando
un archipiélago de sangre.

Rafael Alberti

viernes, 18 de julio de 2008

Málaga, Alberti y el mar




Después de unas vacaciones (creo que merecidas), he regresado a este espacio un tanto subversivo (como toda la Literatura Infantil...) y, como no podía ser menos en esta época veraniega, mi vuelta tiene cierto aire marino, costero, con sabor a moraga y espeto de sardinas, salitre y jazmín... A todo eso me sabe Málaga, además de a otras muchas cosas menos sabrosas, claro está...
Este gusto malagueño que se me ha adherido al paladar, ha sido algo especial, con un poder casi aperitivo de una nueva etapa que deshojar. Los viajes son así: sinuosos, inesperados, escondidos... como cualquier camino trazado al azar que hace y deshace tu propio sino. Durante el viaje aprendes de la senda, de los demás y de uno mismo. Somos pupilos de un mundo infinito: cada tropiezo es un paso, y cada piedra, el camino; un recorrido del que aprendemos.
Y si me preguntan sobre Málaga diré que en ella he aprendido sobre corrientes marinas, de corazones dolidos, de epitafios antiguos, he recorrido Francia desde sus costas fenicias y he hilado cientos de sonrisas llenas de sol.
Y haciendo gala de la figura estilística de ese lenguaje acuñado en tierras malacitanas, la hipérbole descriptiva, remito a las palabras de Rafael Alberti para, en un intento de pasión folclórica, agradecer este viaje, prefacio de los que vendrán.

El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá?