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miércoles, 23 de abril de 2025

¡Feliz Día del Libro 2025!


Hoy es el Día del Libro y como mis obligaciones no paran de crecer (¿Qué habrás hecho en las vacaciones, so pingo?), tendré que echar mano de unos cuantos álbumes de última hornada donde los libros son los protagonistas para celebrarlo. Ya sé que no es muy original, pero la verdad es que la mayoría de ellos me han parecido una delicia y siempre he creído que no hay mejor homenaje hacia ese objeto que los monstruos veneramos que compartir nuestras lecturas con los demás, cosa que hago casi a diario desde que habito este lugar.


Empiezo con Ximo Abadía y su particular tributo al libro con Que nunca se acabe. Publicado por Litera este libro tiene un formato muy cuidado. Se presenta dentro de un estuche, una especie de caja sorpresa que, gracias a la imagen de la portada, anticipa el verdadero leitmotiv de la obra: ese libro rojo que se desliza por debajo.


Utilizando el negro y el rojo, el autor valenciano crea una historia mínima, una suerte poética que ensalza la pertenencia de un libro que bien puede ser el que tenemos en las manos. Así, con la intrahistoria, con lo metaliterario, juega con el lector-espectador a través de las imágenes y unas metáforas visuales en las que el libro aumenta de tamaño a cada golpe de página.


El libro nos acompaña a cada paso, en algunos de los momentos vitales más importantes, camina con nosotros, nos cobijamos en él y nos ayuda a crear nuestra personalidad. Tanto es así, que el libro es un símil de la vida humana, pues ¿acaso detrás de un libro no llega otro? ¿Detrás de nosotros no vienen nuestros hijos? Sutil y delicado.


Un diccionario con historia es la fábula que se han inventado Oliver Jeffers y Sam Winston para celebrar el diccionario, ese libro que últimamente está tan en desuso pero que tanto bien ha hecho a la humanidad.


Publicado por Andana, esta que me recuerda a otras como El libro en el libro en el libro de Müller, ¡Otra vez! de Gravett o incluso su Niña de los libros, juega con las palabras para crear una intrahistoria que bebe de la casualidad y el surrealismo más alocado para ensalzar el valor de un libro aparentemente aburrido.


Un aligátor, un dónut, un fantasma, la luna, una reina y una pastilla de jabón montan un circo de los más extravagante que pone patas arriba un diccionario que al final tiene que poner un poco de orden en sus páginas (o si no, no podrás encontrar nada en ellas). Mucho fotomontaje (la edición es impecable), tramas secundarias y mucho humor blanco para un libro que puede leer toda la familia (a los adultos les recomiendo que echen un ojo a las definiciones y si quieren siempre pueden echar una partida a cualquier juego de ficciones).


En la misma editorial nos encontramos con Los puentes de Tom Percival. un álbum que nos cuenta la historia de Mia, una niña que se siente más sola que la una porque sus padres se pasan el día trabajando. Vive es una especie de isla abandonada en mitad del océano desde la que no puede llegar a ninguna parte. De repente, un día se topa con un libro (Nota: ¿Por qué muchos de los libros que protagonizan estas historias son rojos?) y todo cambia. Ante ella se abre un mundo de posibilidades que, como puentes tendidos sobre el oleaje, le permiten vivir aventuras increíbles y conocer lugares nunca antes imaginados.



Con una línea mucho más introspectiva y relajada que los anteriores, el autor de Los invisibles, El río o El mar lo vio, vuelve a hacer gala de la técnica del collage digital recreando estampas bucólicas y sugerentes donde el poder de los libros es evidente gracias a una óptica llena de perspectivas donde podemos encontrar un pequeño guiño intergeneracional. ¿Se atreven a descubrirlo?


Siguiendo en esa línea de descubrimiento literario, nos encontramos con Clara y el hombre en la ventana, un libro de María Teresa Andruetto y Martina Trach que Limonero acaba de publicar en nuestro país. Utilizando una anécdota personal, la escritora argentina recrea una historia cotidiana ambientada en un entorno rural de otro tiempo.


Clara le lleva unas cosas al señor que vive en la casa grande. Nunca sale de allí, está encerrado desde hace mucho tiempo. Le pregunta a Clara si sabe leer. Al responder esta que sí, le hace entrega de un libro que devora mientras camina hacia su casa. ¿Qué le pasará al extraño vecino? ¿Por qué no habla con nadie fuera de esas cuatro paredes? Un desamor, un secreto y una serendipia se reúne a través de los libros. Coraje y amor son las dos palabras que llenan nuestra cabeza tras su lectura (y eso que la autora utiliza poquitas para darle forma a este libro).


Con unas ilustraciones donde las tintas medias y el ocre cobran mucho significado (¿Ven el polvo de las calles antiguas? ¿La casas de adobe que poblaban el pasado? ¿El color sepia de las fotos antiguas?), los grandes espacios se inundan de silencio y las secuencias animadas en la misma doble página se construye un libro que dan ganas de abrazar.


Llegamos a Leer no es un rollo. El título de este libro de Nils Freytag y Silke Schlichtmann en el que participan, entre otros, Kathrin Schärer, Axel Scheffler, Julie Völk. Olf K, Ute Krause, Paul Maar y Cornelia Funke, es toda una declaración de intenciones, no solo dirigida hacia la infancia, sino a todos los adultos que durante los últimos años han abandonado la lectura para dedicarse a otros menesteres más tecnológicos (como habrán podido darse cuenta viendo esa portada maravillosa).


Lo más florido de la literatura infantiles alemanas nos presenta una veintena de prejuicios ilustrados que justifican esa máxima que reza: la lectura es un rollo. Utilizando la disyunción como principal herramienta argumental, este libro invita a despojarse de todas esas preconcepciones que abundan en un mundo lleno de pantallas gracias al humor y la contradicción.


¿Quién dijo que leer es un rollo porque siempre se hace difícil empezar? ¿O que leer es un rollo porque nada existe en la realidad? Déjense de pamplinas. Este libro es una forma inmejorable de acercarse de nuevo a la lectura y aparcar las redes sociales, las series repetitivas y los vídeos insultos en pro de ese objeto que durante siglos nos ha entretenido como ninguno.


Mariajo Ilustrajo se sumerge en el beneficioso mundo de la lectura con Odio me encantan los libros gracias a Bindi Books. Llega el último día de clase y la maestra les dice a los alumnos la tarea para estas vacaciones: leer un libro. Si para mí no supondría ningún trastorno, para la protagonista de este libro es lo peor que le podía pasar porque odia los libros. Tras una visita a la biblioteca, al final se decide por un libro y…



Una historia sencilla y sin pretensiones donde la magia de los libros se hace patente con unos personajes muy sugerentes y una aventura que cambia del gris al technicolor conforme leemos. Recursos del cómic, una tipografía vectorizada y un guiño a la Alicia de Carrol hacen de esta historia un buen acicate para lectores que necesitan un chapuzón literario.


No podía faltar en esta mini-selección una librería, algo de lo que se han encargado Fran Nuño y Esther Peces. El protagonista de Mi librería y yo (editorial Iglú) quiere montar una librería cuando sea mayor. Disfruta tanto o más que las estanterías de su estantería, el anticipo de la que seguramente se haga realidad algún día. Además, el chiquillo tiene un ojo buenísimo para los clientes, se impacienta mientras pasa el primero, fantasea con qué libros pedirá y disfruta cuando estos se acercan a los libros.



Con ilustraciones donde las composiciones geométricas de los libros contrastan con las siluetas sinuosas de los personajes, Esther Peces acompaña el texto poético de un Fran Nuño que aboga por ensalzar una profesión tan romántica gracias a los sueños infantiles de un niño cualquiera. Sencillez e inocencia para un relato intimista y honesto.


Otro de los libros que me han gustado mucho es Adivina qué leo esta noche, un álbum de Carmen García Iglesias con una treintena de animales que nos comparten sus lecturas nocturnas. Una jirafa, un oso panda, un reno o un koala comentan algunas de las obras más conocidas de la Literatura Infantil y Juvenil, libros canónicos que todo el mundo debería conocer o intuir a base de las pistas que nos dan estos personajes.



Me recuerda a esas pequeñas reseñas que hacemos entre iguales cuando los monstruos nos encontramos en mitad de una librería o en una firma de libros. Hacemos nuestra particular valoración, desvelamos la trama y algunos detalles y nos vamos reconociendo en la experiencia lectora de otros. Una buena excusa para bucear en las estanterías o tomar ejemplo. Seguro que más de un padre puede ayudar a sus hijos a averiguar la treintena de títulos que, como El libro de la selva o El mago de Oz, leen estos bichos tan simpáticos.


Para terminar, les sugiero degustar Eres un lector/Eres un escritor de Christine Davernier y April Jones Prince. Publicado por Maeva hace un tiempo, este libro con dos caras, nos invita a conocer las dos facetas de un libro, la del lector y la del escritor, porque el uno sin el otro no son nada y el libro sin ellos no existiría.


Mientras los unos se pirran por una buena librería, otros prefieren visitar una biblioteca. Los hay que leen acompañados y los que leen solos. Algo parecido pasa con los que escriben. Viven, buscan sus propias historias y les dan forma. Unos se fijan en los demás y otros en su propia vida. Cada cual puede elegir un extremo para comenzar porque lo mejor de todo es que todos se encuentran en un mismo punto: el libro.


Y si quieren conocer más libros como estos, no se olviden de pasar por esta gran selección de libros con libros como protagonistas.

jueves, 23 de julio de 2020

¡Feliz Día del Libro veraniego!



Si piensan que me he alejado del mundanal ruido de los libros durante estos días, están más que equivocados. Libros y más libros, ese es mi sino. Si no los amontono caóticamente, los apilo con precisión milimétrica. También los recojo de la librería, de la oficina de correos o me los traen a casa. Les quito el polvo, los abrazo y, sobre todo, los leo. Sí, los libros son buena parte de una vida que se compone de una amalgama desconcertante de saberes y estares.


Señores, estoy loco por los libros, unos bichejos que buscan su propio espacio dentro del ecosistema que llamo “mi casa”, que lo invaden paulatinamente, con sigilo y sin demora. Establecen su hogar en esta o aquella estantería. Bien por orden alfabético, bien por su tamaño. El caso es que puedas encontrarlos (algo que no siempre sucede). Algunos dementes los tratan como mascotas propinándoles algún sobrenombre. “Mi favorito”, “Hilarante”, “El libro más triste de todos”…


Unas veces hacen el papel de animales de compañía, otras veces funcionan a modo de salvavidas, y las menos, como amigos. Incluso los hay hasta con alma de novi@ (que se lo digan a más de un@). Consiguen enternecerte cuando los miras ahí, apoyados sobre la mesita de noche cubiertos de migajas, calzando esa mesa que cojea, o a modo de pisapapeles. Los miras, te miran, los coges entre las manos, los acaricias y los abres.
A veces me planteo que pasará con todos mis libros cuando yo falte. Acabarán enmohecidos por el tiempo, en alguna estufa, inútiles en cierta biblioteca de barrio, o desperdigados por tiendas de segunda mano. Esté donde esté seguro que se me cae alguna lágrima, empiezo a llorar y perjurar, a cagarme en los desalmados que no han querido conservarlos... ¡Un momento! ¿Y si se hiciera realidad eso que dice Shinsuke Yoshitake en La curiosa librería? ¿Y si existieran los “guardianes del buen gusto”?...


¿Cómo? ¿Qué nunca han oído hablar de tal cosa? ¡No me puedo creer que no conozcan este libro delicioso! Pues les diré que es un álbum sensacional que acaba de ser publicado en nuestro país por la editorial Pastel de Luna, uno de esos regalos que debe hacerse hoy, Día del Libro (sí, que este año coronavírico hemos tenido dos, el de siempre y este 23 de julio), cualquier amante de estos engendros de la letra impresa.


Con la desbordante imaginación a la que nos tiene acostumbrados, el autor nipón hace acopio en esta obra de multitud de guiños a la religión del libro y las variopintas filias de sus adeptos. Desde cómo cultivar un árbol escritor, hasta la llamada bibliolápida, pasando por el robot de lectura, el libro luz de luna, o la biblioteca sumergida, las páginas de esta obra simpática que logra sacarnos mucha risa a los enamorados de la lectura (bien por ósmosis, bien por autocrítica), se llenan de todo tipo de cuestiones imposibles pero que a más de uno nos harían falta.
Lo dicho, ¡no lo dejen escapar! ¡Y feliz día!

martes, 4 de junio de 2019

La magia de la lectura



Tras un duro pero más que agradable puente (ya les avisé que me iba de tour por la costa malacitana), regreso al mundanal ruido de los monstruos para darle el puntapié definitivo a un curso que, además de libros, me ha traído muchas cosas.
Como no soy demasiado intenso pues últimamente me tomo la vida con bastante tranquilidad (a excepción de ciertos momentos, que encabronamiento y desidia también hay en el día a día), no encuentro las palabras que me ayuden a definirles los últimos meses. Momentos malos, también buenos, venturosos, indiferentes, necesarios o tristes. La vida es como un buen libro, difícil de resumir, pues están llenos de matices y reflejos variopintos.
Mientras pienso en ello se me vienen a la cabeza las típicas frases que todos los lectores hemos oído en algún momento, sentencias que relacionan los libros con la libertad, la sanación, la clarividencia o el desarrollo personal. Supongo que mientras lo hago también esbozo una sonrisa malvada, pues tanto positivismo tiene algo de miserable, de postureo pasajero que se ceba con la esfera cultural.


Dejo a un lado estas ideas (si no lo hago pueden rodar cabezas, la primera, la mía) y continuo con los buenos libros, que en este martes no hay cabida para dosis de impostura pero sí para preguntarse “¿Y qué es un mal libro?” El caso es que yo a veces me hago esta pregunta, sobre todo cuando algún colega LIJero pone a caer de un burro cierto título que no ha sido de su agrado, para respondérmela de la misma manera.
Por vez primera me voy a callar y les pediré sus respuestas. Que ya está bien de dárselo mascadito y salivado. A estas alturas les veo capaces de esto y mucho más. Entre tanto yo me dedicare a destripar libros que, como el de hoy se convierten en una oda a ese objeto. Empezaba a echar de menos este título de Sergio Ruzzier en las librerías españolas, teniendo en cuenta el éxito que había cosechado en el mundo anglosajón. Y es que ¡Qué libro más tonto!, editado por Liana Editorial, una casa de reciente creación, tiene mucho que decirnos a los amantes de la literatura (y por eso lo incluí en esta selección de álbumes sobre libros y lectores).


Protagonizado por un lector de álbumes ilustrados (sí, como nosotros) que no encuentra mucho acicate en las palabras, esas que forman sobre la guarda delantera un texto ilegible, esta historia simboliza el proceso del lector textual, de cómo esa falta de entendimiento entre libro y lector potencial se comienza a transformar a cada paso, a cada asociación de ideas, cada pasaje evocador. Es así como el diálogo entre el pato y su libro adquiere cuerpo y se desborda en la imaginación, impregnando su subconsciente y animándole a leer más libros como este, uno que se puede leer perfectamente en la guarda trasera.
Si esto fuera poco les diré que este libro me ha inspirado otras cosas, pues en cierto modo tiene que ver con todos nosotros, lectores más o menos experimentados, de las oportunidades que le concedemos a los libros, y al resultado. Seguramente les habrá pasado alguna vez… Han empezado un libro y lo han abandonado por imposible. Si después de un tiempo –meses o años- le han concedido una segunda vuelta (ya saben que a veces no las hay, están en su derecho), puede que se hayan encontrado con un libro nuevo, diferente, hermoso, digestivo. Y en ese momento nos damos cuenta que los libros, como la vida, tienen algo caleidoscópico, especial, extraño, en definitiva, algo mágico.


martes, 23 de abril de 2019

Libros en los libros, una selección



Hoy es 23 de Abril, el Día del Libro. Seguramente esperarán de mi parte una oda a este maravilloso objeto cultural que debemos ensalzar por encima de todas las producciones artísticas (sí, esto lo leí hace poco en un ensayo sobre la alta cultura), pero les voy a decir que estoy un poco hasta la coronilla de libros, más todavía si consideran que he invertido muchas horas de mis vacaciones en ordenar mi biblioteca personal, una que necesitaba una buena purga y otro tanto de orden. Así que, perdónenme si se horrorizan por alguna de mis aseveraciones. Tengan en cuenta que los libros (y el agua) me salen por las orejas y preferiría hablar de algo más banal.


Y terminando con mi queja matutina, aquí me hallo un año más, en esta cita por la exaltación del libro, ese objeto (in)deseable. Y advirtiendo que me faltaba una selección de aquellos libros-álbum que hablan de libros y lectores (bien o mal, que de todo hay), he creído conveniente reunirlos todos aquí, para de paso proporcionarles un recurso más para organizar los faustos que durante esta semana se llevarán a cabo en la mayor parte de librerías, bibliotecas y otros centros del orgullo librero. Los hay poéticos, canallas,  en los que su arquitectura es el hilo argumental, libros que cobran vida, que ubican las historias en librerías y bibliotecas, o que elevan a la categoría de obra de arte este objeto cotidiano.


Seguramente conozcan muchos de ellos, pues bien cierto es que algunos son joyitas que nos encanta difundir a los viciosos de la lectura. También convendrán en que unos les gustarán más que otros (ya saben que yo los prefiero canallas, divertidos o poéticos), pero teniendo en cuenta que hay tantos lectores como libros (¿o es al revés?), he querido condensarlos todos aquí para que cualquier pueda sacarle partido al tema.


Ya saben que, si me he olvidado de alguno, les agradeceré sobremanera que me escriban un mensaje a mis redes sociales (las tienen todas a mano derecha), a la dirección de correo-e dvlm.lij@gmail.com o lo comenten en esta misma entrada, y un servidor estará encantado de valorar la sugerencia y añadirla (recuerden que me he ceñido a libro-álbum y he dejado la ficción no ilustrada a un lado, así como los metaliterarios con personajes y obras cumbres de la LIJ, si no esta lista sería interminable).
Espero que la disfruten tanto como yo de hacerla. Y no se olviden de regalar libros que aunque a veces empachan, todo sea por sacarle brillo al intelecto... ¡Feliz día!



Barbara Lehman. El libro rojo. Libros del Zorro Rojo.



José Jorge Letria y André Letria. Si yo fuese un libro. Juventud.



Aliki. Como se hace un libro. Juventud.



Jesús Ortiz y Kike Ibáñez. Migue hace un libro. Milrazones.



Jörg Müller. El libro en el libro en el libro. Serres.



Kirsten Hall y Dasha Tolstikova. Mi amigo libro. Blackie Books.



Barney Salztberg y Fred Benaglia. Abraza este libro. Phaidon.



Murray McCain y John Alcorn. Libros. Gustavo Gili.



Emily Gravett. ¡Otra vez! Picarona.



Emily Gravett. Lobos. Castillo.



Taeeun Yun. El pez rojo. Faktoria K de Libros.



Oliver Jeffers. El increíble niño comelibros. Fondo de Cultura Económica.



David Wiesner. Free Fall. Harper Collins (en inglés pero merece la pena).



Oliver Jeffers y Sam Winston. La niña de los libros. Andana.



Lisa Aisato y Klaus Hagerup. La niña que salvó los libros. B de Block.



Philippe Brasseur. El pequeño libro rojo. Océano Travesía.



Jennifer Berne y Keith Bendir. Calvin no sabe volar. La historia de un pájaro ratón de biblioteca. Takatuka.



Emma Yarlett. Ñac-Ñac, el monstruo comelibros. Bruño.



Andy Lee y Heath McKenzie. No abras este libro. Cubilete.


Fabi Santiago. ¡Quita tus patas de mi libro! Cubilete.



David Ezra Stein. ¡No interrumpas Kika! Juventud.



Chris Conover. Un tesoro para compartir. Juventud.



Emily MacKenzie. ¡Se busca! Lili la liebre, ladrona de libros. Combel.



Sophie Benini Pietromarchi. El libro de los libros. Cómo se hace un libro. Thule.



Heather Heonson y David Small. La señora de los libros. Juventud.



Michelle Knudsen y Kevin Hawkes. León de biblioteca. Ekaré.



Mo Willems. ¡Estamos en un libro! Beascoa.



Jesse Klausmeier & Suzy Lee. Open This Little Book. Chronicle Books (no está editado en castellano pero Javier Carilla dixit...)



Jimmy Liao. Si no te gusta leer, no es culpa tuya ¿Leer o no leer? Ese es mi problema. Barbara Fiore. 



Shinsuke Yoshitake. La curiosa librería. Pastel de Luna.

 

Daniel Fehr & Maurizio A. C. Quarello. ¿Cómo se lee un libro? Océano Travesía.



Istvansch. El ratón más famoso. Libros-álbum del eclipse / Libros del Zorro Rojo.



Canizales. El mejor libro del mundo. Apila.



Gilles Bachelet. Un cuento que... Juventud.



Christian Voltz. El libro más genial que he leído... Océano Travesía.



Lisa Campbell Ernst. ¿Dónde está el libro de Clara? Juventud.



Lorenz Pauli y Kathrin Schärer. ¿¿¿Pippiloteca??? Una biblioteca maravillosa. Océano Travesía.



Jeanne Willis y Tony Ross. No solo un libro. Océano Travesía.



Richard Byrne. Este álbum se ha comido a mi perro. Cubilete.



Mar Benegas y Miriam Morales. Habla la palabra. La fabulosa historia de las letras, los libros y las bibliotecas. Milenio.



Fran Pintadera y David Guirao. Atilio. Libre Albedrío



Ana Alcolea y David Guirao. El maravilloso mundo de los libros. Anaya.






Caroline Derlatka y Sara Ugolotti. Cuando abres un libro. Picarona.



Lane Smith. ¡Es un libro! Océano Travesía.





Jan Campbell y Katie Harnett. La librería voladora de Franklin. Blume.



David Miles y Natalie Hoopes. El libro. Picarona.




Amy Hest y Lauren Castillo. El lector. Picarona.



Carolina Rabei. El cuento que quería ser leído. Maeva Young.





Polly Faber y Klas Fahlén. Envío urgente. Coco Books.



Lorenz Pauli y Miriam Zedelius. ¡Vaya, un libro! Takatuka.



 


Mariana Ruiz Johnson. El libro que Kibo escribió. Takatuta.












Rita Canas Mendes, Tiago y Nadia Albuquerque y Ruben Días. Soy un libro. Juventud.








Alex Nogués y Bea Enríquez. Este libro no es para ti. Takatuka. 



Isaac García Mainar y Furia. Este libro es para ti. Alba.



Marije y Ronald Tolman. El libro. Adriana Hidalgo.



Sergio Ruzzier. ¡Qué libro más tonto! Liana editorial.



Franziska Biermann. Al señor zorro le gustan los libros. Cuatro Azules.



Jim LaMarche y Dennis Haseley. El oso que amaba los libros. Juventud.



Katie Clemison. Otto, el oso de libro. Juventud.



Quint Buchholz. El libro de los libros. Nórdica Libros.



Anthony Browne. Me gustan los libros. Fondo de Cultura Económica.



Kate Bernheimer y Chris Seban. El libro que se sentía solo. Juventud.



Jacinto Benavente. El príncipe que todo lo aprendió en los libros. Juventud.



Manjusha Pawagi y Lenne Franson. La niña que odiaba los libros. Juventud.



Noé Carlain y Nicolas Duffaut. ¿Qué leen los animales antes de dormir? Juventud.



Brian Lies. Murciélagos de biblioteca. Juventud.



Chloé Legeay. ¿Para qué sirve un libro? Birabiro.



Jugho Lee. Paseo. Barbara Fiore.