Creo ser uno de los pocos castellanohablantes que puede
alardear de haber leído en lengua original el Tirant lo Blanch, esa obra cumbre de las letras catalanas (aunque
su autor fuese valenciano… que parece que jode), lo que me otorga cierta
licencia para hablar de la pantomima nacionalista que se ha desarrollado
durante este fin de semana… Mientras algunos deseamos romper las fronteras,
esas que nos aíslan en una parcela finita, otros predican la secesión como una
medida, no sólo demagógica, sino absolutamente necesaria, para pasar a la Historia
a modo de grandes gurús de la liberación (todos quieren ser Nelson Mandela…
¿qué le vamos a hacer?). Se ve que no han viajado hasta Bosnia-Herzegovina -cosa
que un servidor sí ha hecho- y han sufrido la de miseria que acarrea eso del “juntos,
pero no revueltos”… Lo más soez de todo es servirse de una crisis económica
(¡bendita excusa la de la pela!) para encolerizar a las masas contra una España
opresora (así nos llaman…), a la par que adelgazada (no hay ni pa’ pipas…). Lo
mejor sería ponerse a boicotear las manufacturas catalanas y mostrar mi
descontento ante tamaña tontería independentista, pero prefiero guardarme ese
cartucho para próximas ediciones de estulticia, que tonterías hacemos todos
para olvidarnos de lo realmente importante…
Y así, como los pájaros que llenan las páginas del último
álbum ilustrado galardonado con el Premio Compostela, Bandada, de David Daniel Álvarez Hernández y María Julia Díaz
Garrido (editorial Kalandraka), seguiremos dándole importancia a las cosas
vanas de la vida, llenando de ambiciones nuestro rincón más vanidoso,
olvidarnos de la sencillez del mundo, y hacer peligrar la supervivencia de los
sueños individuales que se alimentan de un esfuerzo compartido, ese que nunca
brota de nacionalismos, ni de otros cinismos.