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lunes, 26 de mayo de 2025

La suerte de la fea...


"La suerte de la fea, la guapa la desea". Una frase que viene al pelo teniendo en cuenta cómo está el patio. Tanto es así, que el otro día, haciendo scrolling en Instagram, me apareció uno de esos entrenadores emocionales que defendía a un buenorro metido a llorón. El guaperas estaba siendo linchado por sus followers a cuenta de unas declaraciones en las que confesaba el descontento con su físico, pues a pesar de encuadrarse dentro de lo normativo, no se reconocía a sí mismo como el it-boy que era.


La fantasía no era pequeña y la encontré realmente sugerente, pues estas paradojas de la vida moderna me mantienen boquiabierto día tras día. La banalidad inunda las redes sociales y se desborda entre una chusma cada día más estúpida. Gente que rellena su vida inerte con fuegos de artificio y mucho confeti buscando la aprobación de sus iguales para no pegarse un tiro, mientras alardean de vulnerabilidad y falsa modestia. ¿En serio?
No me extraña que un tío del montón, pero con la cabeza bien amueblada se coma con patatas a este tipo de elementos cuya máxima es inspirar en los demás pena y admiración a partes iguales. Ante algo así es inevitable salir corriendo. Y quien no lo haga, que dios le pille confesado, porque acabar con un ególatra metido a donnadie puede causar una muerte lenta y agónica.


¿La legona o la fregona? Elige. Cualquiera podrá quitarte la tontería. Y si no, te la quito yo a golpe de lanzallamas, que eso de quemaros a lo bonzo da mucho gustirrinín. Además, yo soy más partidario de la gente que me hace reír. Normalitos, con alegría y buena conversación.  Me podrían encuadrar en diversexual o demisexual, que las amebas y las esponjas me inspiran más bien poco. Yo necesito charlar en igualdad. Y si lo que quieres son palmeros, practica el cante jondo, que yo no estoy dispuesto a acompañarte a ningún tablao.


Hablando de guapos de cara, llegamos a La bella Griselda de Isol, un librito que acaba de ser reeditado por la editorial Takatuka y hay que reseñarlo como merece. Para quien no conozca esta historia le diré que tiene como protagonista a Griselda, la doncella más guapa del reino. Su belleza no tiene parangón y hombre que la mira, hombre que acaba decapitado. Ella, orgullosa y divertida, cuelga de las paredes la testa de todos ellos a modo de ¿trofeo? Como ninguno le dura un asalto y lo que ella quiere es enamorarse, encuentra la forma: engatusar al chico más miope del lugar. Tras un breve noviazgo, el gachó tiene la misma suerte que el resto, pero la deja embarazada y…


Además de construir una alegoría evidente sobre los daños colaterales de la belleza, la importancia de la humildad o el poder de lo insignificante, la autora argentina crea un relato complejo donde caben otras interpretaciones, léanse la escala de prioridades que establece cada individuo, la incesante búsqueda de la maternidad y las consecuencias de esta. Un discurso con muchos rincones en los que hurgar, encontrar sorpresas y, sobre todo, simpatía, esa misma que triunfa ante tanta vanidad.


Pasiones extremas y amores imposibles en un álbum teñido de cobalto, oro y estampados digitales en el que luces y sombras, estampas diurnas y nocturnas, interiores palaciegos y exteriores medievales enmarcan una historia con guiños a Cenicienta o el jinete sin cabeza de la mitología irlandesa.


Sí. Isol le da una vuelta de tuerca a muchos cuentos tradicionales empezando por la portada, una en la que aparece la protagonista mirándose en un espejo… ¿Acaso no les recuerda a la malvada madrastra de Blancanieves? ¿La misma que pugnaba por el trono de la belleza con su hijastra? Es un buen punto de partida, pues, como veremos más tarde, Griselda quedará destronada por quien menos se lo espera. ¿Le importa? ¿Se enfurece? Fíjense bien en la expresión de su rostro. A mi juicio, parece más que satisfecha...

domingo, 19 de mayo de 2024

¡Malditos noviazgos!


El tiempo me ha enseñado que las parejas, por separado, mucho mejor. Mira que me lo decía un compañero de piso. “Compartir con unos novios es muy difícil porque hacen piña y siempre salen ganando”. Por aquel entonces, yo era joven e inexperto y no sabía qué decir, pero con el tiempo he ido madurando la idea de que las parejas tienen una idiosincrasia muy diferente a la de los que vivimos en soledad. Sobre todo, cuando no hay familia, que eso es otra cosa.
Están sumidos en un ecosistema que solo ellos entienden y con unas variables muy particulares (pónganles el nombre que quieran). Lo peor viene cuando juegan en equipo sin percatarse de que la vida es un deporte individual. Que por mucho que se empeñen, cada uno tiene sus circunstancias, y si te enganchas con una brida a otra persona, acabas despeñado en la derrota. Todo, en su justa medida.
Fíjense en este par de lagartos. Llorando por un anillo… ¡Habrase visto…!

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay, cómo lloran y lloran!
¡Ay!, ¡ay!, ¡cómo están llorando!

Federico García Lorca.
El lagarto está llorando.
En: Paisaje de un día.
Ilutraciones de Isol.
2024. Barcelona: Takatuka.


martes, 13 de junio de 2023

Universos paralelos


Últimamente me persiguen los mundos paralelos. Por h o por b, siempre doy con películas, series o libros que hablan de estos fenómenos supuestamente posibles. Y no es de extrañar teniendo en cuenta que, desde que Einstein y otros científicos se pusieron manos a la obra con la física cuántica, es más frecuente encontrar estos contextos en las producciones de ficción.
Según algunas teorías, el universo que habitamos pertenece al llamado multiverso, el conjunto de universos posibles. La definición de este concepto, como muchos otros, cambia de unos autores a otros, y el multiverso puede contener dimensiones paralelas o anidadas, simétricas o completamente aisladas. Todo depende de cómo se dispongan en él la materia y la energía, de cómo fluya el tiempo y se organice el espacio.


Fondo de Cultura Económica acaba de lanzar en nuestro país lo nuevo de la multipremiada Isol Misenta. La costura, que así se titula, nos habla de Lila y su mala cabeza. Pierde todo. Las llaves, los lápices o el paraguas. Pero está convencida de que todas esas cosas acaban en el lado de atrás, ese del que le ha hablado la abuela. Así empieza a ver agujeros por todos lados y decide poner fin a esta situación zurciéndolos. Sin embargo, sus costuras van a provocar un serio problema sobre el lado de afuera, el que habitan ella y toda la gente de su pueblo. ¿Podrá remediarlo?


Además de su ya clásica línea temblorosa, algunos recursos del cómic o la familia como contexto narrativo, Isol toma como escenario de este libro los bordados de un chal tradicional palestino, uno que fue creado para el proyecto “Palestinian Art History as Told by Everyday Objects”, desarrollado por el Palestinian Museum.
Isol juega con el derecho y el revés, con la trama y los hilos, con los juegos de perspectiva, para proponernos una fábula cotidiana llena de poesía, pero también de magia. Poniendo de manifiesto cómo algunas personas son capaces de ver la magia que se desborda por un mundo en el que corren linces de cinco patas o ratones de ojos brillantes.


Del mismo modo, ahonda en la relación que los niños tienen con los mayores, con sus historias. Cómo, partiendo de lo inverosímil, cualquier cosa puede tomar forma. Ese es el poder de la imaginación, el de cambiar el mundo con lo más insignificante, en este caso una aguja y un hilo.
También se zambulle en los conceptos causa y efecto, en la inocencia infantil, en su desconocimiento, en cómo la ignorancia puede cambiar el curso de las cosas, un recurso narrativo que la autora argentina rescata de los cuentos populares.


Como punto y final a esta reseña, les remito a la dedicatoria de un libro que también rinde tributo a la figura de su padre, recientemente fallecido, un habitante más de ese otro lado del que desconocemos su existencia y que en muchas ocasiones es un alivio más a nuestra naturaleza mortal.

miércoles, 9 de enero de 2019

¿Niños? ¡Vaya lata!



La navidad albaceteña se parece algo a la feria. Con abrigo y sin redondeles no paras de toparte con gente (des)conocida (es lo que tiene pasarse el día formando parte del mobiliario urbano…). Los unos están totalmente acabaos, las otras han alcanzado el éxito allende los mares, y aquí sigo yo, contemplando –y soportando- la pasarela.
No sé cuántas veces me han preguntado lo del Botox® y los injertos capilares (Me reía, claro… De los aduladores líbreme el Señor que de los envidiosos ya me libro yo), que si seguía aguantando niñatos (¡Y menos mal…! Lo malo sería que tuviera que aguantarlos a ellos…) y que si todavía no me había cansado de juergas (Hay gente que de tonta, ofende). Yo les dejaba que se explayaran, a modo de buen terapeuta, y luego, sopesando su tez cetrina y la profundidad de sus ojeras, hacía la pregunta estrella: “¿Y tus chiquillos, cómo los llevas?” Empalidecían de inmediato y, con la lengua contenida, torcían el morro con un gesto a camino entre la mueca y la sonrisa (que no falte).


Y es que el aquí maestro sabe de buena tinta lo que deparan los hijos. Empezando con la teta y terminando por la graduación, los vástagos dan muchismo’ quehacer. Que si no concilian el sueño, que si tienen terrores nocturnos, que si se estriñen, que si no les gusta la fruta, se orinan sin cesar, el chichón de la guardería, y sobre todo el “¡No te comas las uñas de los pies!”. Ver a los padres saliendo de quicio es una delicia, más todavía cuando terminan cediendo ante los chantajes de los mengajos (Aviso de que nos acercamos inexorablemente a la situación de los primeros 2000, cuando la crisis aún no había hecho aparición y los nenes se malcriaban solicos y sobreprotegidos).


Menos mal que todavía hay gente como Isol (Isol Misenta para los monstruos más duchos) que saben reírse de estas pequeñeces que minan la paciencia de padres primerizos. Y es que Imposible, su último título, editado por Fondo de Cultura Económica, es una parodia inmejorable que relaciona los pormenores de la crianza con la ignorancia de los progenitores. El argumento es bastante reconocible: una pareja anda harta de lo mal que se lo hace pasar su bebé día y noche, piensan que lo mejor es echar mano del esoterismo, y acuden a la consulta de una ¿hechicera? ¿pitonisa? para solucionarlo.
Aunque el resultado es bastante desternillante, les confieso que esta historia nos invita a pensar sobre muchas cosas serias que más de un padre o madre se debería plantear después del embarazo (me encanta esta conjunción).
¿Me escuchan, me sienten? ¡Un detalle inmejorable para todo tipo de progenitores! Yo que tengo cerca a muchos, creo que voy a comprar un capazo para adjuntarlos a la subsecuente tarjeta-regalo.



lunes, 30 de enero de 2017

Abecedarios necesarios


Cuando digo que el sábado estuvimos celebrando el cumpleaños del Pit, lo hago en sentido literal: mañana, tarde y noche. Un maratón a comer y beber (juerga que no disfrutas, juerga que no recuperas) en condiciones climáticas adversas (el viento nos cortaba el tegumento, pero nosotros, al lío) y con robo de móvil incorporado (¡Ojo avizor con carteristas y mangantes!).
Como se podrán imaginar, aquello dio para mucho (Lo he de confesar: nos va el jevimetal), y entre sorbo y sorbo, ¿de qué hablarán un funcionario de prisiones, una maestra de infantil y otra que vende tetas postizas? No se lo van a creer... ¡De abecedarios! Lo que oyen, a pesar de nuestras vidas bizarras, nos entretenemos con asuntos más sesudos.


Me sorprendió mucho enterarme de que en la etapa educativa de lo que en mi época llamábamos "pre-escolar", los alumnos no deben saber (por ley, ojo) lo que es eso de leer. Vamos, que algunos, con 5 años, no saben qué reza aquello de "Mi mamá me mima" (nunca mejor dicho). Corrientes pedagógicas y metodologías subversivas aparte, se ve que, al final y como siempre, depende del maestro, ese que puede poner toda la carne en el asador o refugiarse en la norma legislada.
Dice mi madre que yo aprendí a leer muy pronto, así que llegué a la escuela con los deberes hechos. Todo porque, según ella, la maestra de la guardería se emperraba en avanzar (¡Qué palabra tan bonita!), en darnos alas para poder volar. Por eso, cuando entro a un aula de colegio, me encanta ver las paredes llenas de las vocales en tamaño gigante, de sílabas fabricadas con los materiales más dispares y oraciones cortitas de todos los colores.
No obstante, entendiendo que la responsabilidad educativa es compartida entre docentes y padres, y habiéndome dejado en el cajón del olvido algunos abecedarios más que reseñables, los he sacado en este día por si algún padre se anima en esto de las letras, y afianza y aligera el proceso cognitivo de sus hijos... Así que, ¡ahí va este abanico!


El primero es el Abecedario a mano de Isol (2015, Fondo de Cultura Económica). Aunque tiene el formato clásico de álbum-abecedario (letras en mayúsculas y minúsculas en distinta tipografía y acompañadas de una imagen), su contenido es el propio divertimento de la autora que intenta establecer un diálogo con el lector. Se aleja de los clásicos sustantivos para adentrarse en adjetivos, verbos y expresiones con las que el niño puede indentificarse, preguntarse y responderse a sí mismo. Si esto fuera poco, Isol incluye elementos metaliterarios, disyunciones o complementación. Cada letra es una historia que podemos alargar con la imaginación. Divertido, poético y juguetón.




Hoy me siento de Madalena Moniz (2016, Pepa Montano). Es uno de esos libros bonitos que ha pasado muy desapercibido por haberse publicado a finales del año 2016, un periodo con mucha actividad que oculta tras la marabunta y deja en ese limbo lector a preciosas joyas visuales como esta. Madalena Moniz se decanta por la doble página para desarrollar su abecedario de adjetivos. Aunque algunos pueden tacharlo de emocionario (¡Qué moda más horrorosa!) es toda una suerte de imágenes evocadoras que permiten al lector descubrir por sí mismo sus rumores internos, deja a la libre interpretación toda una suerte de escenas de ida y vuelta entre el lector y la obra.



Abecedario. Abrir, bailar, comer y otras palabras importantes de Ruth Kaufman, Raquel Franco y Diego Bianki (2014, Pequeño Editor). Hace un par de años que se editó esta obra galardonada con el Bologna Ragazzi Award. Utiliza la página sencilla para presentar un abecedario construido a base de verbos que, acompañados por imágenes que ilustran cada uno de ellos, incorpora elementos descriptivos que van construyendo al mismo tiempo un álbum informativo bien pensado. De gran colorido y formas un tanto planas, es un libro inmejorable para niños dinámicos.




ABC-BOOK de Xabier Deneux (2016, Combel). Presentado en formato boardbook es un álbum muy bien pensado, no sólo porque incorpora multitud de troqueles que imprimen cierto dinamismo y una lectura “divertida”, sino porque presta atención al diseño gráfico (formas, relieves y colores planos) y propone mucha interacción visual y táctil. Aunque se limita a un tipo de palabra, los sustantivos, no lo hace así con el número y puede llegar a proponer varios por cada letra. Como todos los anteriores, tiene varios niveles lectores, y claro, eso añade valor al objeto libro.




Alfabeto de Sonia Delaunay (2011, Gustavo Gili). Por último quería enmendarme con este abecedario... Para mí es uno de los más hermosos que se han publicado en los últimos años, no sólo porque esta elaborado sobre las canciones y retahílas de nuestra infancia (plus añadido cuando pagamos por algo), sino por esa extraña pero hermosa conjunción entre ilustración de vanguardia (no olvidemos que la autora fue una de las mayores exponentes del simultaneísmo, un estilo basado en el contraste de colores) y la tradición oral. Letras bailarinas en un álbum genial.




Y si no tienen bastante con esta amplia oferta de alfabetos ilustrados, confíen en la imaginación de los enseñantes, esos que siguen bastante este espacio y se inspiran con los libros más variados. Porque guarderías, escuelas infantiles y colegios están llenos de verdaderos artistas que, con creatividad y pasión, abonan un terreno llamado futuro.

jueves, 14 de enero de 2016

De polémicas, madres y lactantes


En el circo (otrora congreso) de los diputados ya tenemos nuevo espectáculo. No teniendo bastante con fieras, domadores y payasos, siguen despuntando nuevas estrellas que brillan con luz propia en el firmamento político. Así pasa, que al final, a todos se les acaba viendo el pelaje... ¿Sus fines? Coronar el "candelabro" y untarse de mandanga (dejando ínfulas y ganas de figurar a un lado). Y en tanto, nosotros seguimos embelesados ante tanto glamour y pandereta, para olvidarnos de lo verdaderamente importante.
“A todos nos gusta hacer lo que nos sale del fandango” decían ayer dos compañeras de trabajo (madres ambas, muy votantes y comprometidas por la causa) “pero ni las aulas, ni los bares, ni el hemiciclo, son lugares para un lactante... Si quieres hacer el mono con tu hijo, ¡llévatelo al parque!” A lo que otras replicaban “ Bendita tu eres entre todas las mujeres, y bendito sea el fruto de tu voto, Miguel.” Y mientras, algún hijoputa seguía echando más madera a la estufa...


La verdad es que me interesan muy poco las lecciones que peperos, podemitas, sociatas, falangistas, ciutatanos, cuperos y coladores nos tienen que dar a los ignorantes (estas partidas de ping pong son muy poco instructivas y nada enriquecedoras cuando seguimos viviendo en un país pobre, económica y culturalmente hablando, porque a tontería no nos gana nadie). Llámenlo como quieran. Valentía, demagogia, feminismo, populismo o postureo son algunas de las denominaciones que se le ha dado al numerito de esta nueva demócrata en las redes sociales, pero para mí -que cada vez que veo un buitre de esta enjundia en la tele, la apago- no deja de ser otra vacilona, otra privilegiada.
Mientras ella se pasa las convenciones por el arco del triunfo y su “babysitter” pasea al vástago con faldones de cristianar (excentricidades aparte), otros miles de mujeres están jodidas y a merced de empresarios/as que, una vez han cobrado las subvenciones, las mandan al paro cuando vienen con un pan bajo el brazo. Sí, sí, cuéntenme que por lo menos ha hecho visible lo difícil que es ser mujer (aquí y en Madagascar), pero les replico que hacer denuncia social es muy fácil con todo tipo de prebendas (No me negarán que esta salvadora se lleva el canto de un duro con la infanta, La Obregón o La Panto...). Lo difícil es hacerlas cuando una madre está sujeta a la caja de un supermercado, una cadena de montaje o una máquina de coser, sin más prerrogativas que un par de ovarios.


Zanjando el tema y sin ningún antojo más (ya hay otros más caprichosos) sólo me queda recomendarles El menino, un libro de Isol Misenta (editorial Océano Travesía) que, dejando a un lado las polémicas, se interna con humor somero y sutil en los avatares de la maternidad, una que conlleva mucho sacrificio, resignación y, generalmente, felicidad.


sábado, 21 de junio de 2014

Mar...


Hace tiempo que no me acerco a la orilla del mar, a sentir la salpicadura de sus olas, la brisa fresca de su noche, el brillo de su blanca arena… Tampoco lo necesito… Será por los recuerdos de tu sonrisa mojada, de los carámbanos de sal que pendían de tus pestañas, y nuestros largos paseos por la bahía… Será porque, como los marineros de dulce marejada que fuimos, nos olvidamos a tiempo de la inmensidad traicionera que nos acechaba…

A la mar fui por naranjas,
cosa que la mar no tiene;
me dejaron mojadita
las olas que van y vienen.

Ay, mi dulce amor,
ese mar que ves, tan bello,
ay, mi dulce amor,
ese mar que ves tan bello, es un traidor.

Canción popular.
A la mar fui por naranjas.
Ilustraciones de Isol.
En: Bajo el hechizo de la luna.
VV.AA.
2006. Madrid: SM.


viernes, 14 de junio de 2013

Cambiando de pantuflas


¡Habrá que hacer un trasvase de indumentaria entre los armarios y proveerlos de mangas cortas, tirantes y sandalias que nos alivien y aligeren la pesada calima que supone el esperado verano! Nos quejábamos amargamente del frío invierno y el calor ha asomado con extrema virulencia, tanta, que nos ha pillado de improviso vistiendo bata, calcetines y pantuflas, en las que, a veces, se cobijan los perros…

Chiquilín es negro, ocre y amarillo.
Cuando llegó era tan pequeño
que cabía en mis pantuflas de perrito.

Ya no recuerda
que lo atropelló una camioneta
ni que lo pusimos en una caja
con abrigo y leche fresca.

Ahora es tan grande
que no cabe siquiera en su nombre
¡y cómo aúlla cuando pasan los bomberos
Soltando su sirena en la noche!

Jorge Luján.
En: Pantuflas de perrito.
Ilustraciones de Isol.
2013. Buenos Aires: Pequeño Editor.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Sentimientos contrariados


A mis alumnos de bachillerato del I.E.S. "Leonardo Da Vinci"

Pensamientos en voz alta: “Tengo acojonados a mis alumnos de bachillerato. Pobres… Tienen muchas razones para odiarme… Que si les explico demasiadas cosas, que si les obligo a entregarme trabajos faraónicos, que si eliminan la materia de los exámenes parciales con una calificación igual o superior a siete… Hay un motivo para todo esto: que aprendan lo máximo posible, que no sean ignorantes, el peor de los castigos... Sólo pueden llamarme de una forma, y para evitar que emerja de sus labios, me lo llamaré yo: soy un cabrón… ¿Por qué seré tan buen profesor?... Sonrío, no lo puedo evitar… Lo mejor de todo es que los chicos dan la talla y, aunque algunos de ellos tengan alma “revolucionaria” (mejor sería calificarla como “de quejicas”), logran salir triunfantes de las numerosas batallas a las que les obligo a enfrentarse. Son duros estos chavales… A pesar de todo creo que me adoran. El primer motivo es porque soy guapo, simpático y listo (ahora es cuando les toca reírse a ustedes… y a mí… Ja, ja, ja, ja), el segundo es porque les relato todo tipo de asuntos y se echan unas carcajadas a mi costa y el tercero es porque los llevo de viaje… A lo que yo me pregunto: ¿Es preferible ser el típico profesor o seguir con estas técnicas de amor-odio?”
Digan lo que digan, estos sentimientos encontrados son experimentados por cualquier ser humano -o divino-. Lo que está claro es que no somos tan autómatas y que, lejos de ser meros ingenios robóticos (cosa que están consiguiendo los medios de comunicación y otras lacras sociales), los seres humanos tenemos nuestro corazoncito que, a veces, se encuentra con dilemas poco deseables. ¡Que se lo digan a Petit, el monstruo! Este personaje, creado por la ilustradora argentina Isol, como cualquier otro representante de la especie Homo sapiens, tiene estas serias disputas interiores. Y, prefiriendo no desvelarles más aspectos de esta pequeña obra, Petit, el monstruo (les vuelvo a repetir el título por si su integración en la disquisición no les ha permitido reconocerlo), voy a ver si ideo alguna barrabasada científica para mis queridos alumnos de bachillerato.

miércoles, 28 de enero de 2009

Genética y literatura


Antes de empezar a temblar, se lo suplico, lean con dilatada calma las ideas que aquí recojo y, si es menester, echen mano de algún diccionario científico (que también los hay).
A modo de prefacio y pequeña disculpa les diré que, la madre natura, no contenta con dotarme de ciertos toques peculiares, sembró en el mismo socavón la inquietud por las áreas científicas y las lingüísticas, y aquí me tienen, un biólogo dando lecciones literarias, cuestión que se convierte en dos problemas para usted, querido lector. El primero está referido a la tendencia que presento para relacionar ambas disciplinas, la científica y la humanística, lo que se convierte en perjuicio para los lectores que desconocen ciertos términos de alguna de ellas. Y lo segundo es que también supone un agravio para su paciencia. Siento enormemente tamaña situación pero, antes de disculparme, apelo a su pasión por los libros para que sigan leyéndome en este trozo de la red. Así que, mil perdones.
Desde que leí Secreto de familia, de la estupenda Isol, decidí establecer una tregua entre la ciencia genética y mi persona. Esta animadversión nació unos años atrás, cuando cierto catedrático endiosado nos adoctrinaba (formar es otra cosa) sobre esta parcela del conocimiento, la relativa a genes, alelos, epistasias y mutaciones. Si añadimos que la genética no es nada sin la estadística, las probabilidades y otros engendros matemáticos, no es de extrañar que se abriera una profunda brecha entre este saber y el aquí escribiente. Separados durante un tiempo, fue un libro, el ya citado album-ilustrado, el que nos reunió, descubriendo así lo curioso de la ley de Hardy-Weinberg, lo bonito de la hipótesis de “un gen-un enzima” o la utilidad de los operones. Y es que la historia de una niña puercoespín acogida por una familia de osos tiene mucho fundamento, gracia y salero. Así que, ya saben, no desesperen si un día descubren que no son más que los hijos de sus padres.