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viernes, 13 de febrero de 2026

¡Bienvenido sea el carnaval!


Mañana comienzan las carnestolendas y a mí, que me gusta mucho un disfraz, me apetece recomendarles dos libros para adultos (¡Que los monstruos leemos de todo!) en el mismo post. En primer lugar, quiero animarles a leer uno por el que siento predilección. Se trata de El Carnaval: análisis histórico-cultural, un estudio muy concienzudo de Julio Caro Baroja (vamos, una verdadera tesis doctoral que le ocupó más de treinta años investigando) sobre los orígenes de una festividad que se relaciona con ritos ancestrales y que ha ido amoldándose con el paso de los siglos a otras realidades, sobre todo religiosas, como la abstinencia pre-pasional.


Sin embargo, lejos de todas esas connotaciones cristianas que facciones y partidos políticos le dan a esta celebración, esta obra ensalza la desmedida, la inversión de papeles, la sátira, el simbolismo del exceso a través de la gula, la carnalidad y el despojo de las convenciones sociales que, tomando como excusa esa lucha entre Don Carnal y Doña Cuaresma, llevamos a cabo en numerosos lugares de Europa, sobre todo el sur del continente. Crímenes, fechorías, encuentros prohibidos…, el carnaval es así. Y si no, que se lo digan a Shylock, el mercader de Venecia...

LAUNCELOT.- Y han conspirado juntos…; no quiero deciros que veréis una mascarada, pero si la veis no fue entonces baldío el que mi nariz sangrara el último lunes de Pascua, a las seis de la mañana, que caía este año el mismo día que el Miércoles de Ceniza de hace cuatro años por la tarde.
SHYLOCK.- ¡Cómo! ¿Hay máscaras? Escúchame bien, Jessica. Cierra con cerrojo mis puertas, y cuando escuches el tambor o el silbido ridículo del pífano de cuello encorvado, no te encarames a las ventanas, ni alargues tu cabeza sobre la vía pública para embobarte ante los payasos cristianos de pintados semblantes, sino, al contrario, tapa los oídos de mi casa, quiero decir mis ventanas; no dejes entrar en mi severa morada los ruidos inútiles de la disipación. Por el báculo de Jacob juro que no tengo ninguna gana de festejar hoy; sin embargo, iré. Andad delante, bribón; decid que voy a llegar.

William Shakespeare.
El mercader de Venecia.
Acto II Escena 5.
1967. Madrid: Austral.

martes, 25 de noviembre de 2025

Pequeño panorama de teatro infantil y juvenil en España (y una reflexión necesaria)


El otro día hablaba Llanos Campos y yo escuchaba atentamente. La actriz, dramaturga y escritora de teatro y narrativa infantil nos deleitaba con su intervención en las Jornadas Binomio Fantástico, dos días llenos de ponencias y experiencias en torno a la lectura y las bibliotecas.



Mi paisana venía diciendo que, cuando uno lee una obra de teatro, en realidad desconoce qué se esconde tras cada papel, tiene muy pocos referentes. Única y exclusivamente la voz de cada personaje y las pistas que se desprenden en su discurso. No hay que averiguar lo que dice, sino cómo lo dice. Toda una suerte de matices que dependen de nuestra propia interpretación.
Contaba Llanos que este ejercicio, no solo era una forma de sumergirnos en los personajes, sino una forma de explorarnos a nosotros mismos. Pues si bien es cierto que cuando ponemos en marcha un drama o una comedia realizamos una actividad lúdica, la vida tiene mucho de interpretación y debemos saber nuestro propio papel en cada contexto y también el que llevan a cabo los demás.


De esta idea se desprende que antaño el verbo “representar” se utilizase mucho, ya que, en un contexto social, los sistemas de creencias y valores, las llamadas convenciones, funcionan como guías en la forma de actuar diaria. Por lo tanto, aquellos que no sepan interpretar estos signos, no sabrán comportarse adecuadamente en sus respectivos ámbitos.
Imaginemos que un adolescente acude a una cena con los padres de su novia y confunde la simpatía con el descaro (les puedo asegurar que la inmensa mayoría no distinguen la diferencia entre una y otra) y se permite la licencia de contarles todas las hazañas que lleva a cabo durante las noches del fin de semana. Pensemos en otra dirección. Un profesor que es el responsable de un grupo de alumnos durante un viaje escolar y se dedica a instruirles hora tras hora y día tras día sobre geografía, historia y arte. ¿Cuál de los dos ha sabido representar su papel? Espero sus respuestas.


Además de deleitarnos con sus experiencias y algún que otro chascarrillo, la autora de El tesoro de Barracuda nos alentó a participar del teatro con nuestros alumnos, pues los beneficios eran bastante claros. Tras su exposición vinieron las preguntas, entre las que sonó una muy insistente que solicitaba nombres de dramaturgos que, como ella, se crearan para la infancia en la actualidad.


Como a ella no se le ocurrieron, aquí entra en escena un servidor que, como buen prescriptor, intentará suplir las carencias en lo que al corpus de este tipo de LIJ se refiere (Nota: en la medida de lo posible, porque como bien dijo la Campos, obras de teatro infantiles hay pocas publicadas, ya que no tienen interés comercial)¡Allá voy!


El primer lugar les invito a que se pasen por la página web de ASSITEJ-ESPAÑA Asociación de Teatro para la Infancia y la Juventud. En ella encontrarán mucho material relacionado con esta disciplina artística. Entre todo lo que ofrece, me resulta muy interesantes su librería, en la que tenemos dos colecciones necesarias. Por un lado está la Colección Teatro, una serie de obras dirigidas a la infancia y la juventud de voces consagradas y noveles en el panorama nacional. Obras de Carmen Martín Gaite, Luis Matilla, Itziar Pascual, Paula Carballeira, Jordi Sierra i Fabra, Paco Romeu, Nieves Rodriguez Rodríguez o Lola Fernádez de Sevilla.



Por otro tenemos su Colección Ensayo, que merece un ojo clínico de todos aquellos estudiosos que quieran indagar en algunos temas que no solo envuelven al teatro infantil, sino en general a la LIJ.


Por último, no se deben olvidar de su biblioteca virtual que, en colaboración con la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes nos ofrecen casi media centena de obras dirigidas al público infantil que han sido descatalogadas y que merece la pena conocer. Creaciones de Juan Cervera, Alberto Miralles o Fernando Almena. La mayoría se pueden descargar en formato PDF, bien para realizar su lectura dramatizada o representarlas a todo trapo.



Una de las editoriales especializadas en este género dentro de nuestras fronteras es Editorial Antígona. Con varias colecciones que amalgaman teatro infantil, teatro educativo, teatro juvenil, pequeñas obras, autores españoles o foráneos, incluso teatro bilingüe. Merece la pena darse un paseo por su web y ver qué propuesta se adecua a nuestros intereses.


Algo parecido pasa con Ñaque Editorial, un proyecto especializado en el teatro, en su pedagogía, su técnica y su literatura. En su catálogo tienen dos obras dirigidas al público infantil, Teatrillo Pillo y Utopía, y muchos más títulos que se refieren a la técnica y desarrollo de las artes escénicas.



Si no conocen las obras de teatro que se incluye en Sopa de Libros Teatro, la colección estrella de la editorial Anaya, ya están entrando en su página. Clasificados por edades, encontrarán publicados los textos ganadores del Premio SGAE de Teatro Infantil que cada año convoca la Fundación SGAE en colaboración con esta editorial. Cada libro cuenta con una introducción, argumento y personajes, así como sugerencias para la dramatización de la obra en el aula.



Lo mismo sucede en la editorial SM. Bicheen en su web y descubrirán un extenso listado de obras creadas para la representación divididas en tres categorías: de 3 a 5 años, de 6 a 9 años y otra de teatro juvenil.



Loqueleo Santillana también hace lo propio con un buen puñado de obras teatrales infantiles que, con tono distendido, buscan acercar a los más pequeños a este universo, y unas cuantas obras clásicas que se adaptan a los jóvenes y sus lecturas obligatorias en el marco de la educación secundaria.



También se me ocurre Calcetín Teatro, el proyecto que la editorial Algar ha desarrollado para acercar obras de teatro clásicas a los más jóvenes gracias a adaptaciones realizadas por los propios autores o dramaturgos con cierto renombre dentro de este ámbito.




Por último, en formato libro-álbum se me ocurre La bruja Piruja, una obrita en verso de Carlos Blanco Sánchez y Daniel Montero Galán dirigida a los primeros lectores y publicada por Amigos de papel. También, las dos propuestas de adaptación teatral que recoge Mar Benegas en su tándem Cómo abrió Don Nicador el gran circo volador y Don Nicanor no fue rey ni emperador, ilustrados por Ximo Abadía y publicados por Tres Tigres Tristes. Tampoco se me olvida La vida es juego, una fiesta de entremeses del Siglo de Oro de Jorge Padín e ilustrada por Borja Ramos que editó hace poco Kalandraka. Y en el apartado de no ficción, un pequeño manual de Juanca Alegre titulado Un juego teatral que ha ilustrado Merce Gali y publicado Parramón.



¡No me digan que con esto no tienen suficiente teatro! Y si se acuerdan de algo que deba incluir, ¡díganmelo! 

viernes, 23 de febrero de 2024

El juego de la vida


TODOS: ¡Roar, roar!

LUCAS: ¿Quién es aquel monstruo fiero
                que nació de padre y madre,
                le parió una madre sola
                y de muchas madres nace?
SOLE: Aquí es hombre, allí mujer,
            aquí niña, allí gigante,
            aquí habla, allí está mudo,
            aquí sucio, allí elegante.

GRACIA: Ya se rompe en mil pedazos,
                  ya está entero en un instante,
                  ya está vivo, ya está muerto,
                  ya es de piedra, ya es de carne.

LUCAS: Es más pesado que el plomo
                y más ligero que el aire.

PEDRO: Sin alas sube a los cielos.

GRACIA: Y de allí al momento cae.

PEDRO: Es un montón de mentiras,

GRACIA: Sus mentiras son verdades.

PEDRO: Observa cuantos engaños
                en esta persona caben.

GRACIA: O lo ahorcan por ladrón,
                  o lo eligen como alcalde,
                  o lo quieren por señor
                  y llega a ser importante.

SOLE: Aquí está en España ahora
            y al momento viaja a Marte,
            está en la India o en Roma,
            en la China o en Levante.

LUCAS: ¿Quién sabe la adivinanza?

PEDRO: Pues que sepa el que no la sabe…

GRACIA: … que la respuesta es sencilla.

SOLE: En este escenario cabe.


Jorge Padín.
Versión de Loa del comediante de Lope de Vega.
En: La vida es juego. Fiesta de entremeses del Siglo de Oro.
Ilustraciones de Borja Ramos.
2023. Pontevedra: Kalandraka.



viernes, 19 de febrero de 2016

Hablando de LIJ con... Llanos Campos


Román Belmonte: Como los albaceteños estamos orgullosos de serlo, qué mejor que invitar a este espacio a una paisana; y si además es una monstrua (menos mal que me paso las dicotomías de género por el forro...), ¡mejor que mejor! ¿Te has encomendado a la Virgen de los Llanos antes de esta entrevista o te ha bastado con bailarte una seguidiya?
Llanos Campos: Soy manchega valiente. Y bailar, bailo a diario; es lo que tenemos la gente sin vergüenza.
R.B.: Sabrás que hoy te van a leer desde toda España, Argentina, Chile, Venezuela, Alemania, Francia, Estados Unidos de América o Inglaterra... Así que, recién nombrada embajadora de Albacete y La Mancha por el mundo, dales a todos estos monstruos unas cuantas razones para que nos visiten...
LL.C.: Antes que darles razones, les preguntaría ¡PORQUÉ NO LO HAN HECHO YA! Castilla-La Mancha tiene historia, castillos, parajes naturales fabulosos…Pero de todo eso ya tienen casi todos ellos. Lo importante de verdad somos nosotros, los manchegos. Yo tuve que salir de Albacete para darme cuenta de que no todo el mundo -casi nadie en realidad- tiene nuestra retranca, nuestro humor negrísimo y bruto, y nuestra apabullante hospitalidad. Eso es lo mejor. Que vengan que se van a enterar…
R.B.: Chispas es un chico templado, decidido, cerebral, curioso, irónico, impulsivo, con buen humor y gracejo... ¿Qué y cuánto tiene de manchego el protagonista de El tesoro de Barracuda?
LL.C.: Pues todo eso y más. Creo que una de las bazas de la historia es que me han salido unos piratas caribo-manchegos muy «salaos».
R.B.: A ver cuando te marcas un guiño y me dedicas un personaje... (Guiño) Que lo mío también tiene chicha... (Risas)
LL.C.: Date por «homeajeao» como paisano. Aunque, espera… Román es un buen nombre para un… Estoy escribiendo la tercera parte. No lo descartes… Román… Sí, me gusta.


R.B.: A pesar de que muchos se sorprendieron cuando una desconocida ganó el premio Barco de Vapor en 2014, más de 25000 ejemplares vendidos en España y prometedoras ediciones en otras lenguas, son el aval de esta sencilla, honesta, divertida y redonda historia de piratas que ya tiene secuela. ¿Por qué la mayoría de los autores de LIJ se empeñan en rizar el rizo cuando, al final, los niños demandan las historias de siempre? ¿No suena un tanto pretencioso?
LL.C.: Puede que sí. Yo creo que lo que ocurre es que a veces los autores, buscando la publicación o el éxito, imitan lo que «se lleva» o lo que «parece que funciona». Pienso que uno no debería ponerse a escribir si no tiene algo que contar. No cómo, si no qué. Y las cosas que nos importan a todos (niños y adultos) no han variado tanto. Por eso hay obras de Sófocles, de Shakespeare o Cervantes que suenan a hoy mismo.
R.B.: Hace unos años vi lo que había tras las bambalinas de la LIJ y créeme si te digo que me quedé boquiabierto con la vulgaridad que ostentaban ciertos profesionales del sector... Confiésame algo: ¿Algún envidioso te ha llamado “advenediza” a la jeta? ¿Son muchos los que se han subido a tu carro cuando, antes del éxito, no existías? ¿Qué cuesta la fama?
LL.C.: A la jeta no, aunque tal vez sí parecían pensarlo. Pero esto ocurre en todos los ámbitos. Yo vengo del teatro, y en todas partes (creo que más en ámbitos que tienen que ver con la creación, algo peligrosísimo para el ego) cuecen habas. Y también: hay gente que ni me cogía el teléfono y ahora, de repente, me piden hacerse una foto conmigo. A mí me da risa, porque ni antes era tan mala, ni ahora soy tan importante. Lo bueno de esto es que ya me ha pillado mayor y todas estas cosas (las buenas y las malas) ni me hunden ni me inflan. En cuanto a la fama, pues lo bueno de la literatura (y del teatro) es que la fama es limitada. No me considero famosa.
R.B.: Me apena sobremanera que Júlia Sardá haya dejado de darle vida a sus personajes porque muchos lectores los imaginábamos así... Creo que ese tándem, en parte, ha sido responsable del maravilloso viaje que empezó su libro hace un par de años. Dimes y diretes aparte, ¿crees que el negocio de la Literatura, en general, y la LIJ, en particular, va en detrimento de los lectores, de los niños, en ciertas ocasiones?
LL.C.: Lo de Julia ha sido una pena, pero entiendo que ella tuvo una oferta por lo visto importantísima por parte de una gran editorial francesa, y según ella no podía hacer las dos cosas bien. Desde SM negociaron con ella hasta la saciedad, pero no pudo ser. En cuanto al negocio editorial, pues lo cierto es que no lo conozco lo suficiente como para hablar con propiedad. Está claro que la industria (toda), desde el momento que se engrasa con beneficios seguramente deja atrás otras cosas.


R.B.: ¿De dónde le viene a Llanos Campos la afición por la literatura infantil, por escribir para otros como usted? ¿Qué te inspira? ¿Dónde escribes?... Cuéntame tu viaje hacia el lugar donde viven los monstruos.
LL.C.: Una de las primeras personas a las que regalé El tesoro de Barracuda una vez lo recibí impreso fue a mi profesora de EGB, Alicia. Ella fue la primera que se dio cuenta de que me gustaba escribir. Creo que las pistas eran claras: ella nos mandaba una redacción de una página… y yo aparecía con ocho. Ella fue la primera que me animó, que me presentó a algunos concursos y me orientó al escribir. Después, mi pasión por el teatro me llevó a escribir obras para mi compañía y para otras. Como te contaba antes, yo me pongo a escribir cuando tengo algo que decir. A veces esto sale de una frase que escucho, de una película, de algo que veo en la calle. Por ejemplo, escribí una obra de teatro para adultos (Por el ojo de la cerradura) después de ver Bowling for Columbine de Moore, sobre una masacre perpetrada por dos estudiantes en su instituto. En un momento, alguien decía «Esto no empezó esta mañana; acabó». Y yo quise contar el previo, lo que lleva a estos niños a suicidarse o a coger un subfusil y acabar con decenas de chavales. Luego lo aderezo con mis propias experiencias (soy un archivo andante de anécdotas); entonces empieza lo bueno, porque a mí me chifla escribir. Primero doy larguísimos paseos enhebrando la historia en mi cabeza. Luego me siento a escribir, y entonces viene la etapa de «loca con espasmos», donde, de repente y sin previo aviso, hablo sola o doy palmas (en la cola del Mercadona, en el bus o en un velorio) porque acabo de encontrar el giro exacto que no encontraba. Escribo sola y con música, eso siempre.
R.B.: A continuación te dejo un hueco para que comiences una historia, ¿te atreves al reto?
LL.C.: ¡Uy lo que me ha dichoooo! ¡Ahí va!:
«Tenía la boca seca. ¿Cuánto había dormido…? El sol le daba de pleno. ¿No cerró anoche la persiana? ¡Ahivá, los deberes! Tenía que acabar el trabajo de sociales. Oye, ¿por qué le dolían los pies? Se incorporó despacio. Notaba el pelo pegajoso. La cama estaba… ¿llena de arena…? Un momento, no era su cama. Cuando se puso en pie, apareció de repente en medio de un camino entre maizales. Llevaba puestas una botas de goma y un disfraz de conejo. ¿Do… dónde narices estaba? ¿Qué había pasado? «Piensa, piensa…» Lo último que recordaba era que había ido al dentista con su padre… ¡Su padre! «Papá -llamó- ¡Papá!» Y una voz respondió entre los maizales: «¡Carlos!¡Ya voy! ¡No intentes quitarte las orejas!»


R.B.: Mucha gente no sabe que, desde hace muchos años, Llanos Campos se dedica al teatro, sobre todo al infantil. Por ello creo que es una ocasión inmejorable para que una profesional del teatro orientado a los niños nos hable un poco de este género invisible. ¿Por qué se publican tan pocas obras de teatro para pequeños lectores?
LL.C.: ¡Ay, que voy a tener que darte la razón sobre el negocio y la literatura! Pues el caso es que yo empecé a escribir obras para niños precisamente por la falta de títulos que me pareciesen interesantes. Luego lo hice parte del trabajo, con improvisaciones para llegar al texto que más de una vez me metieron en problemas, pero siempre terminaba siendo un trabajo muy enriquecedor. Estoy intentando publicar estos textos, pero no es fácil. Las editoriales no ven rentables las obras dramáticas, porque (resumiendo) se fotocopian y por ello se venden pocos ejemplares, pero hay formas de hacerlas más interesante según mi propia experiencia. Yo tengo escritas obras para niños y obras para que las representen niños (que no es lo mismo, claro), y también para adultos, pero el teatro interesa poco al sector editorial por lo visto. Aunque espero equivocarme y poder publicarlas algún día.


R.B.: Defiende el teatro para niños. ¡El megáfono es tuyo!
LL.C.: El teatro es un arma muy poderosa. Cuando asistes a una representación que de veras te «toca», no hay sensación parecida. Ninguna, créeme. Es algo vivo, que ocurre justo ahí, delante de tus ojos. Y es irrepetible; aunque la veas mil veces, jamás será exactamente igual. Los sentimientos que despierta (cuando lo hace, que no es siempre, claro) son primarios y reales. A mí me gusta decir que el teatro es la mentira más hermosa: el público sabe que va ver algo que es mentira, el actor sabe que es mentira… y sin embargo lo que se crea en la sala es absolutamente verdad. Los niños, con su sensibilidad sin domar, son los espectadores perfectos; nada de cortesía ni de aplaudir todo el tiempo que el reparto salga a saludar. Si no les gusta, lo notarás al instante. Y si has conseguido atraparles, no hay mejor público que ese. El teatro enseña el poder de la palabra, de la imaginación, hace que creas sin dudar que una caja de cartón es un avión o un elefante, que te hace sufrir por naufragios en una moqueta y ver pájaros donde solo hay sonido. En un mundo en el que todo se hace real digitalmente, esto es inestimable. Para niños, para adultos, da igual.
R.B.: Yo fui al 4 (N.B.: los institutos de Albacete siempre se han nombrado por números) y recuerdo entre alegría y nostalgia la gran afición por el teatro clásico y contemporáneo que respirábamos en los pasillos de los centros educativos, el certamen que aglutinaba a todos aquellos grupos amateur en el auditorio municipal, o a todos aquellos compañeros de pupitre que dejaron un (supuesto) futuro prometedor para vivir de la interpretación. ¿Es el teatro escolar la gran piedra angular que sustenta un género que tanto tiene que ver con el amor por la palabra?
LL.C.: ¡Yo también fui al 4! ¡Lo inauguré, en realidad! Yo trabajé como monitor de teatro durante unos años y fue muy enriquecedor. Creo que esas experiencias enriquecen tantas facetas de la formación de un niño (psicomotricidad, lectura comprensiva, autoestima, oratoria, etc, etc) que debería ser una asignatura más, como parece ser que se ha hecho en Chile. Puede que eso despierte la vocación actoral en algunos niños, pero si no es así,como mínimo crea nuevos espectadores y les acerca al arte en general.
R.B.: Como estoy tan poco puesto en estas lides y soy bastante enterao, enróllate y recomiéndame algo de teatro infantil de última hornada...
LL.C.: Por mi trabajo, ahora mismo estoy más familiarizada con el teatro infantil de compañías que crean sus propias obras y textos. Sin salir de Albacete, hay muchas compañías que están trabajando mucho y bien, y creando maravillas. Gente como Patricia Charcos, que está trabajando en teatro y música para niños, o como Rosa Díaz (también albaceteña) que desde Granada se pasea con su compañía La Rous por medio mundo encandilando a niños y mayores con sus trabajos.


R.B.: Jugar, comer y leer son algunas de mis pasiones, así que, para despedirte, me veo en la obligación de preguntarte por tus juegos, platos y lecturas favoritas.
LL.C.: Pues me gusta jugar con mis sobrinas a casi todo, cuanto más loco mejor. Y comer… la pasta me pierde (así me luce la base sedente). En cuanto a la lectura, me enganchan las obras que me desconciertan, que me sorprenden y que me cuentan historias inesperadas. Por eso me encantan García Márquez o Borges. E incluso las que relatan historias que parecen las de siempre, pero tan bien contadas que parecen nuevas (como Tolkien o Auster).


Llanos Campos (Albacete, 1963), aunque comenzó a estudiar Psicología en la Universidad de Granada, se decidió finalmente por estudiar el ciclo de interpretación en la Escuela Municipal de Teatro de su ciudad natal. Una vez finalizado, empieza su andadura profesional por varias compañías de teatro de nuestro país (Teatro Fénix) o extranjeras (Johannes Vardar). Más tarde se anima a crear sus primeros textos teatrales dirigidos a niños y adultos para compañías como Teatro de Malta, Teatro Capitano o Diábolo Compañía de Partes, junto a la cual desarrolla una versión del Quijote protagonizada por marionetas. Finalmente decide fundar la Compañía Falsaría de Indias y desarrollar espectáculos como SoloLeo, Los sueños de Valentina, El viaje increíble de Juanito (todos ellos infantiles), Por el ojo de la cerradura o Ciento volando (para adultos), con los que ha obtenido varios galardones. En el 2014, ganó el Premio Barco de Vapor con El tesoro de Barracuda, un inmejorable debut en el mundo de la Literatura Infantil.

lunes, 5 de marzo de 2012

Amor en vez de polémica


A lo largo de este fin de semana que nos anuncia una seca primavera -ni a tiros llueve-, he tenido tiempo para pensar en las causas que habrán diezmado los comentarios de este espacio durante los últimos meses… Apuntaba una seguidora que, con total seguridad, se debía a la escasez de polémica… Si bien es cierto que un servidor es bastante mordaz y sabe tocar la fibra sensible de todo aquel incauto que visite estos lares, hace semanas decidí centrarme en la LIJ y dejar apartadas todas las referencias políticas e incandescentes que tanto me gustan, por dos razones que a continuación les argumento.
La primera tiene que ver con la libertad de expresión… A veces no caigo en la cuenta de que muchos de ustedes pueden verse ofendidos con mis palabras, cosa que denoto cuando recibo algún grito malsonante que me hace empalidecer y encomendar mi alma pecadora al Altísimo, no sea que dé con mis huesos en el purgatorio o, lo que es peor, en el patíbulo, sitio muy frecuentado estos días de agitación popular y política, donde un sectarismo efervescente se adueña de todos los círculos sociales, léanse plaza de abastos o clubes de lectura.
En segundo lugar, decir quiero: ¡Mama, quiero ser como el resto de sitios lijeros!... Mientras todos los que vuelcan sus reseñas y noticias de LIJ en la blogesfera ven aumentar sus seguidores y participantes, un servidor se ve relegado a un segundo plano debido a su ¿criticismo?, ¿falta de sensibilidad?... Llámenlo como quieran pero observo que, cuánto más cera se reparte sobre las chepas de autores, ilustradores o editores, más visible es uno, una cuestión de reciprocidad que se acentúa cuando los contenidos se acompañan de clichés, premios varios, temas manidos y cultura de izquierdas (ahora es cuando suena esa de “Los Chichos”… “Libre, libre, quiero ser. Quiero ser, quiero ser libre…”).
Así que, olvidando la polémica que otrora me caracterizó (ja, ja, ja), les dejo con Romeo y Julieta, esa pizca de amor que viene de la mano del enorme Shakespeare y la emergente editorial Casals. Una historia eterna que nos evade de la cola del paro y del poco empleo que se esta creando pese al optimismo de los que llegan y la alegría de los que se van… ¡Manda huevos que siempre paguen los mismos!

lunes, 8 de septiembre de 2008

Antígona y la educación de los ciudadanos


No suelo dedicarme a la lectura del género teatral… Excepto algunas obras de Shakespeare, Calderón de la Barca y Cervantes, no he leído demasiado, entre otros motivos porque se me hace algo difícil la comprensión de una obra que esta escrita para ser espectador más que lector (lo sé, soy un lector mediocre…). Pero esta semana, siguiendo una sugerencia de Luis Daniel González, toda una autoridad en lo que a LIJ se refiere, he hecho una excepción por el género y me he leído un drama, un señor drama, y comulgo con su opinión de que, Antígona (1), de Sófocles, uno de los dramaturgos clásicos griegos, es una obra más que vigente, ya que trata del enfrentamiento de los valores personales, la libertad individual, las creencias, el valor de los sentimientos y la figura de la familia, contra el poder del estado, la autoridad y el paternalismo de los gobiernos. También recomienda González su lectura como un punto de partida, como origen de una reflexión sobre la nueva asignatura que se ha enmarcado en la Educación Secundaria de nuestro país, “Educación para la Ciudadanía”, a lo que yo añado que, no sólo debe ser una lectura que incite al profesorado o al público en general a preguntarse sobre la adecuación de esta materia dentro del contexto educativo, sino una lectura obligada dentro de la misma para todo aquel alumno que la curse, si es que lo que pretenden las autoridades es formar ciudadanos, claro está… cosa que dudo.
Y para finalizar, una adenda: ¿es una necesidad educativa de primera magnitud crear y reglar una asignatura que dogmatice, que se interne en los principios del individuo? Es evidente que necesitamos nuevas estrategias que hagan frente a los cambios sociales, pero de ahí a que tenga que ser la Escuela la última responsable de hacer frente a esta realidad de propiedad comunitaria, va un trecho… Por no hablar del empeño del Estado en guiarnos como ovejas por linde... Pero en fin, habrá que aguantar que las autoridades intenten dirigir hasta “el rincón más íntimo del alma” (2), que no es poco.

(1) En: Tragedias. 1986. Sófocles. Editorial Gredos: Madrid. ISBN 84-249-0099-5
(2) De: El hereje. 1998. Miguel Delibes. Ediciones Destino: Barcelona. Col. Áncora y delfín. Vol. 827. ISBN 84-233-3036-2.