Mañana comienzan las carnestolendas y a mí, que me gusta mucho un disfraz, me apetece recomendarles dos libros para adultos (¡Que los monstruos leemos de todo!) en el mismo post. En primer lugar, quiero animarles a leer uno por el que siento predilección. Se trata de El Carnaval: análisis histórico-cultural, un estudio muy concienzudo de Julio Caro Baroja (vamos, una verdadera tesis doctoral que le ocupó más de treinta años investigando) sobre los orígenes de una festividad que se relaciona con ritos ancestrales y que ha ido amoldándose con el paso de los siglos a otras realidades, sobre todo religiosas, como la abstinencia pre-pasional.
Sin embargo, lejos de todas esas connotaciones cristianas que facciones y partidos políticos le dan a esta celebración, esta obra ensalza la desmedida, la inversión de papeles, la sátira, el simbolismo del exceso a través de la gula, la carnalidad y el despojo de las convenciones sociales que, tomando como excusa esa lucha entre Don Carnal y Doña Cuaresma, llevamos a cabo en numerosos lugares de Europa, sobre todo el sur del continente. Crímenes, fechorías, encuentros prohibidos…, el carnaval es así. Y si no, que se lo digan a Shylock, el mercader de Venecia...
LAUNCELOT.- Y han conspirado juntos…; no quiero deciros que veréis una mascarada, pero si la veis no fue entonces baldío el que mi nariz sangrara el último lunes de Pascua, a las seis de la mañana, que caía este año el mismo día que el Miércoles de Ceniza de hace cuatro años por la tarde.
SHYLOCK.- ¡Cómo! ¿Hay máscaras? Escúchame bien, Jessica. Cierra con cerrojo mis puertas, y cuando escuches el tambor o el silbido ridículo del pífano de cuello encorvado, no te encarames a las ventanas, ni alargues tu cabeza sobre la vía pública para embobarte ante los payasos cristianos de pintados semblantes, sino, al contrario, tapa los oídos de mi casa, quiero decir mis ventanas; no dejes entrar en mi severa morada los ruidos inútiles de la disipación. Por el báculo de Jacob juro que no tengo ninguna gana de festejar hoy; sin embargo, iré. Andad delante, bribón; decid que voy a llegar.
William Shakespeare.
El mercader de Venecia.
Acto II Escena 5.
1967. Madrid: Austral.


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