Los monstruos de habla española estamos de enhorabuena porque por fin se recuperan en nuestra lengua Las aventuras de Archibaldo el koala, la conocida serie de álbumes infantiles de Paul Cox. Muchos años después de que la editorial mallorquina José J. de Olañeta, las publicara por primera vez en nuestra lengua, Libros del Zorro Rojo acaba de publicar el primer volumen (esperemos que sigan con los siguientes).
Titulado El enigma eucalipto, este primer episodio de la serie, además de presentarnos a todos y cada uno de los 25 koalas y los 25 tejones que protagonizan estas aventuras un tanto corales en una isla en mitad del Pacífico, nos cuenta el primer caso de este detective. Los campos de eucaliptos que rodean la ciudad están siendo diezmados y la supervivencia de sus habitantes está en peligro. Quizá sea el clima, los cuidados o las plagas. Los koalas intentan en vano salvar las plantaciones. Pero Archibaldo, ese héroe que siempre está liado aclarando los extraños sucesos que acontecen, se esconde en mitad de la noche y descubre que los responsables de sus preocupaciones son ¡sus vecinos los tejones! ¿Conseguirán los koalas frenar sus tropelías? ¿Regresará la paz a la isla?
Como en muchos otros títulos que he traído a este cuaderno de bitácora, Paul Cox disfruta con su humor absurdo y un surrealismo manifiesto. Chicles con sabor a eucalipto y guerras a sartenazos nos hacen reír, pero también nos obligan a replantearnos situaciones de la vida cotidiana que siempre tienen su reflejo en la LIJ de calidad.
En lo que a formato se refiere, también toca hablar de las dimensiones de unos libros que pretenden ser un homenaje al Babar de Brunhoff. El tono tostado del papel, la composición de dobles páginas que combinan elementos del cómic y el álbum ilustrado, las tintas limitadas o una tipografía caligráfica nos retrotraen a las series narrativas del siglo pasado (¿Ven a Sapo y Sepo de Lobel o el Crictor de Tomi Ungerer?). Por eso es tan importante no pasar por alto ningún componente del objeto-libro, incluyendo esa doble página desplegable que tanta importancia tiene en este episodio.
Da gusto perderse en los detalles que el autor incluye en cada ilustración. Leer el menú del restaurante, contar uno a uno los habitantes de la isla, disfrutar con la caracterización de los personajes (eso de los oficios vuelve loco a cualquier chiquillo), explorar la cartografía del lugar, aprender a contar hasta el número 50, conocer el rubicesto (J. K. Rowling no ha sido la única que ha inventado un deporte) o contemplar códices antiguos, son algunas de las propuestas de este libro desbordante.
Por último y sin ánimo de conflictos, me encantaría conocer el/los motivo/s que han llevado a Julia Osuna, la traductora de gran parte de las obras que se están recuperando de este autor francés, a tomar ciertas decisiones, empezando por el título del libro y terminando por el nombre original de la isla donde sucede la acción, lo que más me ha chirriado. Tanto la primera edición española, como el resto de ediciones que conozco (inglés, alemán o italiano), mantienen Rastepap como denominación de la isla, mientras que en esta se puede leer Kokotetetonga. Primero, porque en la traducción ya hay bastantes elementos sobre los que aplicar la elocuencia y la cosecha propia por necesidad, véanse los nombres de los personajes (un trabajo impecable, ya que ha hecho justicia a los primigenios, no como sucedía en la edición anterior). Segundo, porque no comprendo esa desmesurada intervención sobre un nombre propio tan importante que, por muy sonoro y simpático que les resulte a los lectores, rompe el marco de lectura en una obra que consta de varios volúmenes que pretenden una continuidad temporal. ¿Licencia semántica? ¿Ganas de trascender? ¿Caprichos aleatorios? ¿Divertimento inocente? ¿Torpeza editorial? Enigmas de la LIJ.






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