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viernes, 17 de abril de 2026

Habitando entre sombras


El calendario se deshoja. Los días pasan y el sol se eleva. La temperatura sube y la tarde se alarga mientras las sombras se acortan. Proyectadas bajo las copas de los árboles se anuncian como refugio de la densa calima. Ese remanso en el que rendirse al cansancio vespertino. La sombra. Sinónimo de siesta, también de sobremesa. De abrigo y cobijo. De paz y tregua.


Hay sombras que ventean y otras que aventan. Sombras que titilan, que se esparcen y balancean. Las sombras adoptan mil formas. Las hay que amparan y otras que aterran. Incluso la sombra propia, que acompaña silenciosa, que cae en el olvido, que aparece de repente, que se va por sorpresa. Cuando la luz se alza en mitad del verano, sobre el cénit de las cosas.


No es de extrañar que les dediquen libros enteros, extensos poemas y muchas loas. He aquí uno de estos. Uno pequeño, que a modo de carpeta, la guarda con cariño durante el día y la noche. Se abre, se cierra y, entre las hojas, queda quieta o se despierta. Porque así son las sombras: juegan y juegan.

[…]

Se mete en la cama
si yo me constipo
y el pecho le brinca
si a mí me entra el hipo.

Mi sombra me sigue
vaya donde vaya,
sea un alto monte
o infinita playa.

Pero cuando duermo,
siento su figura
que ágil se escabulle
por la cerradura.

Oigo sus pisadas
lejos alejarse,
¿buscando otro niño
con quien fusionarse?

[…]

Nacho Rubio.
En: Mi sombra.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2026. Poio (Pontevedra): Pepa A Loba.

sábado, 18 de febrero de 2023

Las dobleces del carnaval


Hoy es carnaval y toca disfraz. Cualquier cosa vale. El clásico antifaz, una caja de cartón con cuatro agujeros, pintarse la cara de verde o liarse la manta a la cabeza. Todo sirve en este día que nos permite ser otros y disfrutar a base de fantasía y buen humor.
Es cierto que hay gente que se mete muy bien en el papel y les hace falta muy poco para hacernos creer que son trogloditas, vampiros o superhéroes. Otros, sin embargo, necesitamos más parafernalia para imbuirnos en ciertas personalidades.
Hay disfraces muy ingeniosos, también más normalitos, caseros, con todo lujo de detalles, espectaculares y alocados, pero lo que más importa es la esencia, ser capaz de sumergirse en diferentes personajes y hacer creer a los demás que, de repente, eres otro yo.


Disfraces acompañados de música, algarabía y mucho jolgorio. Eso es el carnaval, una celebración que nos permite alejarnos del día a día, desconectar, aparcar los miedos y hurgar en los deseos, exorcizar cuerpo y mente, y hallar un refugio más o menos momentáneo en el que deliberar con nuestros otros yos. Lejos de borracheras y canciones de moda, esta juerga, es otra cosa.


Y vestido de carnaval me adentro en una obra de Javier Sobrino y Rebeca Luciani que publicó hace tiempo la editorial La Galera (2008) y que habla precisamente de la magia que esconde el Carnaval, una fiesta que tanto celebramos en los países católicos.


A Ana no le gusta el carnaval. Máscaras y disfraces le dan pavor y quiere irse a casa. Todo cambia cuando uno de esos personajes callejeros le invita a vestir un antifaz y su perspectiva cambia. La ensoñación se despliega ante ella y el carnaval no volverá a ser un suplicio.


En este álbum a la francesa pero de lectura horizontal en el que el texto queda en la página superior y las ilustraciones en las inferiores, descubrimos una historia colorista que recuerda a otras celebraciones de América latina como el día de difuntos mexicano.
Una celebración poética sobre el descubrimiento y la sorpresa, sobre la valentía y la mirada. Dejarse llevar por la imaginación y, sobre todo, por la vida.


viernes, 6 de octubre de 2017

Calor otoñal


Parece que el veranillo de San Miguel ha pasado a ser veranazo, porque estas temperaturas recuerdan más a julio que a octubre. Si a ello le sumamos polvareda y estiaje, la cosa no pinta muy bien para incendios forestales ni hortelanos. Así que habrá que seguir mirando el cielo y esperar que caigan chaparrones, que a este paso acabaremos escuchando a los grillos cantando villancicos...

Grilli, grilli,
buen grillito,
serruchito
musical.
Trina el trino
cantarino
de tu cuerda
de cristal.

Chirri, chirri,
chirridito
palpitante
del violín.
Tu instrumento
riega el campo
de metálico
aserrín.

Gustavo Alfredo Jácome (Ecuador).
El canto del grillo.
En: Rurrú camarón. Antología de poetas latinoamericanos.
Selección y prólogo de Ana Garralón.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2017. Barcelona: Bambú (Editorial Casals).


viernes, 28 de abril de 2017

La primavera de las aves extintas


John Tenniel. Ilustración para Alicia en el País de las Maravillas.

La primavera está que trina, más todavía cuando colorines y verderones no paran de cruzarse en el camino. Se posan en los postes que lo bordean y sobre los brotes de las moreras. Ya se fueron los petirrojos y las pajaritas de las nieves dejando paso a las cigüeñas. Alas que baten el aire y dan vida al paisaje yermo del invierno. Me encantan los pájaros. Incluso en los días de lluvia, cuando los oyes pero no los ves. Esperemos que nunca se extingan. No se me ocurre pensar en un cielo sin aves...

No es dada, ni dede,
ni didi, ni dudu...
ES dodo.

Así:
como la nota musical primera
de la escalera:
do re mi fa sol la sí.
Dices do... ¡Y a repetir!

El dodo
era un pájaro algo bobo,
que no sabía volar,
aunque primo hermano fuera
de la plumada paloma mensajera.

Pero el dodo ya no es.
El dodo era.

Con ese nombre tan afortunado,
casi de duda, dedo, o dado,
le tocó, por azar, desaparecer,
y se extinguió.
¡Vaya usted a saber por qué!
(Igual que los dinosaurios...)

El dodo, ¡ay, qué pena!,
ya no es... Era.

Antonio Rubio.
Dodo (Raphus cucullatus). (N.B.: ¿Por qué habrán escrito los nombres científicos en mayúscula?)
En: Las alas del avecedario.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2017. Vigo: Faktoria K de Libros.


miércoles, 15 de junio de 2011

Llevar palabras al último rincón




Si el otro día auguraba cambios para otros, hoy notifico los que dentro de unos meses acontecerán en la vida de un servidor (eso me pasa por hablar…).
Como bien recoge nuestra carta magna, todo español, sea rico o pobre, de diestras o siniestras, tiene derecho a una educación (ya saben que hay varios tipos…), por lo que, allá donde vayan, aldeas invisibles, villas de rancio abolengo, pueblos chicos, capitales provincianas o gigantes urbes, encontrarán maestros dedicados a este menester: educar. Y así, el curso próximo –como mínimo- desempeñaré mi labor como docente en un pequeño pueblo minero llamado Almadén, por la mera razón de llenar cualquier rincón con palabras, con rimas, de sueños…



Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
hay que medir, pensar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.



Gabriel Celaya.
Educar.
En: Vivir es fácil. Antología.
Selección de Felipe Juaristi.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2011. Zaragoza: Edelvives.