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domingo, 29 de octubre de 2023

Domingo monstruoso (y felino)


Aunque ya saben que los gatos no son lo mío, no he podido resistirme a traerles este libro circular en estos días que sirven de antesala a los faustos de ultratumba. Un álbum con mucha rima que tiene a un felino y una buena caterva de monstruos desastrosos como protagonistas. A modo de retahíla sumativa (¿o debería decir "restativa"?), los autores se han lucido con una historieta que, con estructura de sketch, le da mucha alegría y humor a esto de lo terrorífico. ¡Disfrútenlo y cojan ideas para sus disfraces!


Siete monstruos y un gato
salen a pasear un rato.

Nos quieren dar un buen susto
y así quedarse muy a gusto.

Pero el fantasma escucha el viento
y tiembla con desconcierto.

Alarmado, va corriendo
a coserse sus remiendos.

De los siete monstruos solo quedan seis.
Contadlos, y ya veréis.

El día está gris oscuro y tenebroso.
Pero el sol sale intenso y luminoso.

Los rayos espantan al vampiro,
que hasta se asusta del brillo de su colmillo.

De los siete monstruos solo quedan cinco
y uno se prepara para dar un brinco.

[…]

Rafa Ordóñez.
Siete monstruos y un gato.
Ilustraciones de Christian Inaraja.
2023. Pontevedra: Kalandraka.



domingo, 20 de noviembre de 2022

Defectos o virtudes, ¿de qué está hecha la infancia?


Me dice el móvil, ese artilugio tan inteligente, que hoy toca celebrar el Día del niño y la infancia. Aunque yo lo hago todos los días en pellejo propio o ajeno, me voy a sumar a los faustos hablando de críos y sus cosas, una de las principales temáticas de la literatura infantil, género que nos ocupa a los monstruos.
A pesar de esa desinfantilización de la infancia que está ocurriendo hoy día en ciertas sociedades y de la que he hablado en artículos como este, los chiquillos siempre tienen un algo que me vuelve loco: hacer y decir lo que les dé la real gana. No viven llenos de prejuicios ni convenciones sociales (cada vez tienen más, pero esperemos que el ejemplo adulto no cunda tan rápido) y suelen tener una perspectiva muy personal de todo lo que sucede a su alrededor.


Su capacidad de mirar para otro lado y darle la vuelta a la tortilla es inimaginable. En cierto modo me recuerdan a los viejos pero con menos malicia (alguna tienen, pero son inexpertos y eso se tiene que notar). Sus asociaciones de ideas son maravillosas y logran estimular el cerebro de cualquiera que se interponga entre la realidad y su cosmovisión.
Clarividentes, desinhibidos y frescos. Da igual su procedencia o el estrato social al que pertenezcan, las criaturas siempre encuentran una manera muy sui generis de justificar un discurso descarado o sin pies ni cabeza.


Pero claro, no a todo el mundo le parece adecuado... “No digas eso” “No hagas eso” “No pienses eso” son algunas de las frases que más repiten padres y maestros. La mayor parte de las veces lo que digan o hagan nos parece defectuoso y alocado, pero en el fondo, es igualmente razonable al de cualquier adulto. Eso no quiere decir que sea válido (¿Quién decide eso?), sino que las convenciones quieren menospreciarlo e invisibilizarlo.
Y para homenajear a todos esos pequeños deslenguados, hoy les traigo cinco libros que celebran las perspectivas infantiles y las guardan entre sus páginas, no solo para hacer las delicias de los lectores, sino para recordarle a los adultos que los defectos pueden transformarse en virtudes.


El primer título que traigo a esta pequeña miscelánea es Singular, un álbum de Susana Rosique que ha publicado por la editorial Narval y ya va por su segunda edición.


Como bien sabéis, en los hormigueros reinan el orden y el trabajo. Todas las hormigas siguen las instrucciones y curran sin cesar. Bueno, todas no, hay una hormiga que de vez en cuando se sale por la tangente y disfruta de las cosas hermosas que encuentra por el camino, algo que no gusta al resto. Un día hay un gran problema en el hormiguero y será precisamente ella, con su capacidad de observación y su ingenio, quien hallará la solución.


Con mucho collage digital, el uso de pictogramas y una narrativa muy secuencial que hace honor a la vida ordenada de estos himenópteros, tenemos un libro con un discurso libertino y esperanzador donde las voces infantiles resuenan una y otra vez. Hay una escena que siempre me arranca una sonrisa triunfanl, ¿adivinan cúal es?


En No a todas las niñas les gusta el rosa, David Pintor nos da su peculiar perspectiva sobre los estereotipos de género utilizando para ello su voz y la de su hija Nara -su mayor inspiración en esta etapa creativa-, para aupar el único libro de esta tanda en el que el adulto minimiza esos "defectos" infantiles que tan poco gustan.


Echando mano de clichés como el color rosa, los peinados bonitos, el uso de maquillaje o los juguetes dirigidos a las niñas, hace una crítica humorística utilizando una clara disyuntiva entre texto e imágenes, un recurso que redobla el doble sentido y nos hace pensar de lo lindo.


Sin discursitos buenistas y un estilo muy característico, el autor gallego apela a la elegancia para abrir un melón que lleno de detalles hermosos donde el cariño entre un padre y su hija es el verdadero leitmotiv de una narración basada en preguntas y respuestas que son el pan de cada día para muchas familias.


El tercer libro de esta tanda es de Juan Arjona y Christian Inaraja. Todos mis defectos, un álbum editado por Libre Albedrío se sumerge también en el modus vivendi de un chaval que, según todos los adultos que lo rodean, está lleno de defectos.


Es muy desordenado, tarda horas en darse un baño, le echa la culpa a su hermana de cualquier trastada, hace muecas en mitad de clase o no se cansa de escuchar en mismo cuento una y otra vez. Sin embargo, él, con la inocencia que suele caracterizar a la infancia y una nota de humor, sabe sacarle jugo a cualquier situación.


Sencillo y directo, el texto de Juan Arjona, juega en primera persona con las diversidad tipográfica y el extrañamiento, un recurso que nos hace esbozar una amplia sonrisa y al mismo tiempo ayuda a posicionarnos en el papel del protagonista. Sobre las ilustraciones decir que son coloristas, complementan al texto, ahondan en los detales y, sobre todo, ayudan a ese juego de alternancia dialógica que nos propone esta simpática propuesta editorial.


El penúltimo título de esta serie es Feliza, un pequeño álbum de Mo Gutierrez Serna y la editorial Thule.


Feliza es una enana muy maja que tiene un montón de virtudes. Bueno… al menos, eso piensa ella, porque a tenor de lo que dice o hace, podríamos decir lo contrario. Objetiva o subjetivamente está claro que es una niña y que, por ahora, se conforma con serlo, que al fin y al cabo, es lo mejor que puede hacer.


Disyunciones textuales (no es lo mismo lo que piensa que lo que verbaliza), vaivenes tipográficos (¡Me encanta el dinamismo!) e ilustraciones minimalistas (¡Lo que se puede decir con unas manchas de color...!) donde el tamaño relativo importa, nos embeben de esa inocencia tan característica de la infancia que todos necesitamos para sobrevivir a cualquier etapa de la vida.


Para terminar hay que echar mano de Shinsuke Yoshitake y Mis razones, un libro-álbum que acaba de publicar Pastel de luna, una de sus editoriales de cabecera en España, y que, como no podía ser de otra forma, está lleno de fantasía y buen humor infantiles.


Como en el libro de Arjona e Inaraja, el japonés echa mano de los defectos que tiene el niño protagonista, a ojos de los adultos (sobre todo de su madre). En este caso, el crío, echa mano de un sinfín de razones tan inverosímiles, como absurdas, para justificar comportamientos como hurgarse la nariz, morderse las uñas o saltar en la cama.


Con sus diagramas explicativos, imágenes secuenciales, repeticiones de concepto o perspectivas cinematográficas, Yoshitake da un giro de 180 grados a la perspectiva y nos habla de disparar rayos de felicidad a los demás, comunicarse con los topos que habitan el subsuelo o domar sillas. Ahora toca saber las tuyas.
Merece la pena darse un paseo por sus páginas y disfrutar con la inventiva de este niño que, transforma sus defectos en virtudes, algo con lo que siempre comulgo desde esta condición de niño-monstruo que la naturaleza me ha dado.

sábado, 15 de enero de 2022

De lápices, gomas y otros matrimonios perfectos


Mis alumnos tienen una aversión horrible hacia el lápiz y la goma. No entiendo muy bien el porqué, ya que son los mayores aliados a la hora de equivocarse, algo con lo que los jóvenes han de convivir a todas horas. Será un tema de reafirmación personal (la tinta es menos lábil y su huella se hace permanente), será que están creciendo y ya no son los niños que cometían errores, será una cuestión de diligencia, pues eso de usar varios utensilios, además de parsimonia, va en contra del tiempo. Sea lo que sea, no lo entiendo, que yo me paso el día con la tiza y el borrador, otro matrimonio perfecto.


Un lápiz de dibujar
y una goma de borrar
se montaron una boda
a la penúltima moda.

Él se encasquetó un sombrero
de perfecto mosquetero
y ella se calzó un zapato
que la hizo sufrir un rato.

Él dibujo un gran banquete
con fricandó al cacahuete
y ella borró un pedacito
para ponerle arroz frito.

Al llegar por fin la fiesta,
él fue el director de orquesta,
y ella borró un tambor
que le causaba pavor.

Después de bailar un trecho,
él no cabía en el lecho
y lo tuvo que alargar
como un día sin jugar.

Y cuando ella se acostaba,
vio que el culo le sobraba
y hubo que borrar un canto
para liberarlo un tanto.

Él soñó el castillo aquel
donde el rey era como él,
y ella le borró el palacio
para hacerse más espacio.

Miquel Desclot.
La boda del lápiz y la goma.
En: ¡A que sí!
Ilustraciones de Christian Inaraja.
2021. Pontevedra: Kalandraka.


lunes, 11 de enero de 2021

Buscando culpables


A cuenta del COVID, hay que buscar un culpable. Y no ha habido pocos… Los chinos, bien en sus laboratorios militares, bien por consumir murciélagos, el calentamiento global (o eso nos dijo Greta), los niños (por guarros, por inconscientes, por juguetones), los italianos (nada mejor que echarle la culpa al vecino), o Trump, que hasta hace unos días ha sido el comodín perfecto. 
A cuenta de Filomena, hay que buscar un culpable. Que si los ingleses por haber consumado el Brexit y haberse adueñado del anticiclón de las Azores. Que si el calentamiento global (a este paso va a tomar el testigo de Trump). No nos olvidemos de la Ayuso, que ha contratado a unos chinos para que provoquen el temporal. Y por qué no, la Pedroche, esa gran culpable que necesitaba hacer yoga desnuda en mitad de su jardín nevado. 


La cosa es que en este país eso de tirar balones fuera se nos da de maravilla… Si la luz sube un 27%, la culpa es del consumidor que no se fija en lo que contrata (total, unos eurillos arriba, unos eurillos abajo, ¡qué más da!). Si el aeropuerto de Barajas se paraliza durante 48 horas porque no hay suficientes quitanieves, la culpa es de Aznar (otro como Trump). 


Aunque mi teoría sobre por qué esto está enquistado en la sociedad española se las trae, se la voy a contar. Todo se resume en el catolicismo, esa religión que lleva siglos lacerándonos por pecadores. Y acabamos tan hartos de culpa y expiaciones que cargamos con el muerto al primero que pasa. Da igual que sea en mi casa, en la tuya, en el colegio, en el ayuntamiento o en Cataluña, lo suyo es que la penitencia la lleve otro, que lo único que queremos es subir al cielo con el expediente limpio como una patena. Eso sí, sentido crítico, cero patatero.


Llego así a uno de esos títulos con los que da gusto empezar la semana. Porque te trae muchas vivencias cercanas a la cabeza. Porque te partes de risa trasladando su historia a tu día a día. Se busca culpable es un álbum de Fran Pintadera y Christian Inaraja (editorial Libre Albedrío) que nos cuenta la historia del señor Ponte, un tipo con muy malas pulgas que se encuentra un pelo en la sopa. Como se podrán imaginar, monta en cólera y pide explicaciones a todo quisqui. Acude la camarera, después el cocinero, la frutera, el hortelano… ¡Menos mal que tras mucho investigar aparece el culpable! 


Con un tono muy distendido y recordando a las retahílas poéticas por su fórmula repetitiva y acumulativa, no se pueden perder un libro que tiene mucho de detectivesco. Acompañado de unas ilustraciones coloristas y desenfadadas (¡Atención a las guardas!), seguro que les da pie a jugar con sus hijos, nietos o alumnos, y descubrir el color, la longitud y la forma de su pelo, algo muy necesario para no llevarnos una sorpresa con eso de advertir la paja en el ojo ajeno aunque no veamos la viga en el nuestro.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Nosotros y los demás



Que cada uno somos de nuestro padre y madre lo tenemos muy claro. Tanto que muchos lo utilizan como excusa para hacer lo que les viene en gana. Somos muy variopintos, muy diferentes. Sí. Pero, ¿es eso suficiente para justificar nuestros comportamientos? Unas veces pienso que sí, otras que no, y las menos que da igual, porque nada cambiará apelemos unas veces al sentido común, otras al respeto, y las más a la libertad.


No es fácil convivir, aguantar al resto de seres humanos. Solemos pensar en nosotros mismos porque cada uno (con)vive con sus circunstancias aunque estas se llamen Rosarito o Alfonsito (Todo muy orteguiano, para que luego digan que no filosofamos). Los altos no quieren sillas bajas y los bajos no llegan a las estanterías más altas. Los gordos sueñan con butacas de tren más amplias y los escuchimizados con rellenar las mangas de esa camisa de Zara. Las del pelo rizado se pasan el día con las planchas y las morenas con las mechas rubias a cuestas. Mi padre quiere usar ropa amplia y mi madre que sea fácil limpiar las ventanas. A la Gema le gusta el Atiko, a la Pili el Velouria, al Pedro que no le mareen y a mí, disfrutar…


Con tantos deseos y pareceres es muy difícil ponerse de acuerdo (Nunca llueve a gusto de todos), más todavía cuando uno no sabe quién es. Sí, sí, como lo oyen. Hay gente que se pasa el día a la gresca porque no es consciente de  sí mismo (yo sé que soy algo impertinente y deslenguado) y, queramos o no, nuestras relaciones sociales pasan por conocernos, porque si no lo hacemos serán los demás quienes nos hinchen a empujones y puntapiés, recordándonos que no estamos solos y (no) sabemos qué queremos.


Y así llego a Cándido y los demás, un libro de Fran Pintadera y Christian Inaraja que ganó el último Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados convocado por la editorial Kalandraka. En él tenemos a nuestro protagonista (cualquiera de nosotros), Cándido, un hombre que, a pesar de ser especial, se diluye entre la gente. Que tiene sus miedos respecto a los demás pero también unos cuantos anhelos. Ser y seguir siendo. Ser y cambiar, para bien o para mal. Aunque no todo es tan complejo, siempre hay cosas que compartir. “Román, ¿siempre?...” Sólo tienen que leer el libro y dar con la respuesta.