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viernes, 3 de marzo de 2017

Pedaleando entre almendros en flor


Aunque las bicicletas son para el verano parece que estos días pre-primaverales están animando a más de uno a acomodarse sobre el sillín (¡Mira que cuesta adaptar el culo a esta horma!) y empezar a pedalear. Pero ¡cuidado!, que todavía se puede encapotar el cielo y mojarnos en mitad del paseo entre los almendros en flor... No hay prisa, ya llegará el verano y silbaremos a la luz de las estrellas las canciones del ayer.

La bici sigue la cleta
por un ave siempre nida
y la trom suena su peta...
¡Qué canción tan perseguida!

El ferro sigue el carril
por el alti casi plano,
como el pere sigue al jil
y el otoño a su verano.

Detrás del hori va el zonte,
detrás del ele va el fante,
corren juntos por el monte
y a veces más adelante.

Allá se va el corazón
en aero plano plano
y con él va la canción
escrita en caste muy llano.
Eduardo Polo.
La bicicleta.
En: Chamario.
Ilustraciones de Arnal Ballester.
Prefacio de Eugenio Montejo.
2004. Ekaré: Caracas.


lunes, 7 de junio de 2010

Números y letras


No recuerdo si lo he comentado en alguna ocasión, pero como viene al hilo, lo cuento pese a arriesgarme al insoportable arte de la repetición. Giraba el año 2006 y yo andaba con él por parte de la geografía manchega defendiendo desde varias palestras la bonanza de los libros para participar en el proceso de enseñanza-aprendizaje de aquellas materias que no fueran las exclusivamente lingüísticas. Con detractores y seguidores desarrollé mi personal teoría de cómo las letras podían cooperar con la tecnología, la anatomía, la historia o las matemáticas (si alguien tiene interés en profundizar sobre el tema puede leer un artículo de mi autoría dedicado a este tema y publicado en el número 227 de la revista CLIJ)… La lástima del asunto es que, con esto de la innovación educativa, pasamos del desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación al plan de lectura, y de este a los ordenadores portátiles, y de ellos (y con toda seguridad) a la taza del váter que para eso se está deteriorando de modo irremediable la Educación… Los optimistas (como yo… ¡No se rían!) pensamos que esta crisis va a venir de perlas a esta sociedad del usar y tirar, y que si algo va a salir beneficiado y fortalecido serán las aulas (no se extrañen: por algo se empieza, aunque sea un pedo…).
Y para ir calentando motores (no sé para qué si el año que viene no va a ser necesaria la calefacción atendiendo al calor humano que van a emanar los cuerpos de nuestros alumnos que, como sardinas en lata, se agolparán en los pupitres, como antaño, cuando los grupos superaban la cuarentena) hoy les recomiendo un álbum ilustrado muy numérico y gracioso. Don Queharé, de Ruth Vilar y Arnal Ballester (editorial La Galera), aunque hace uso de recursos muy utilizados en la LIJ, por ejemplo el de la retahíla y la simetría textual, también se decanta por el sinsentido más absurdo para seguir la marcha de un cartero bastante peculiar y de paso, aprender a contar unos cuantos números -¡viva la interdisciplinariedad!-.
Tomen nota y cuenten, que con las rebajas de la nómina, más nos vale.