viernes, 27 de marzo de 2026

Sensibilidad acústica


He de reconocer que tengo un chorro de voz, algo que me viene de perlas en el ámbito profesional. Por un lado, mis alumnos pueden escucharme desde cualquier rincón del aula a la hora de tomar apuntes y no es necesario que utilice micrófonos ni otros artilugios. Y por otro, cuando me enfado, el estruendo puede ser terrible. Con una voz, se quedan de una pieza, sobre todo si los pillo con alguna fechoría entre manos.
No les voy a negar que la cosa también tenga su lado negativo, sobre todo cuando me topo con personas que sufren hiperacusia, gente demasiado sensible a la potencia de los sonidos.




No me tigres que lloro,
y no quiero llorar.
Mira, está venado,
vayamos a jugar.

Cuando tú me tigras,
mis orejas pato.
Tampoco te miro,
que paso un mal rato.

Aunque esté venado,
ya no quiero jaguar,
ahora das miedo
y no sé qué pensar.

Te me haces loba
dentro, en la garganta.
Me voy a la cama,
me tapa la manta.

[…]

Nanen.
No me tigres.
Ilustraciones de la autora.
2026. Barcelona: A buen paso.

viernes, 20 de marzo de 2026

La magia del balcón


Mi espacio favorito de la casa es la terraza. Si bien es cierto que no es demasiado grande, tiene las dimensiones perfectas para albergar una mesita de acero y un par de sillones de mimbre que viven rodeados de todas las plantas que voy recogiendo en mis viajes (Ea… tengo esa manía…). Así, cuando llega el buen tiempo, puedo disfrutar del sol y la luna durante momentos fugaces. A veces, cuando las paredes se te echan encima, solo tienes que girar el picaporte y respirar hondo. 


Mucha gente prefiere acristalar balcones y terrazas para poner otra nueva barrera al polvo, no hay suficientes con puertas y ventanas. Pero yo estoy la mar de contento con mi propia atalaya en la que me siento vigía del pequeño universo que me rodea. Es lo que tiene disfrutar del exterior desde una parcela interior.

Una jungla pequeña
intenta escapar de casa.
¡La plaza está tan cerca!
La libertad se intuye.
Casi se puede tocar
a través de los barrotes.
Petunias, yedras, geranios,
tres pulgones,
dos orugas
y yo.
Observando la fuente,
un señor que pasea
y unos perros que juegan
desde el balcón.

M. Carmen Aznar.
Cárcel con vistas.
En: En casa.
Ilustraciones de Raquel Catalina.
2026. Barcelona: Akiara.


lunes, 16 de marzo de 2026

Una nueva vida


Si son de los que van de un lado para otro, seguramente se habrán percatado de la cantidad de edificios que, debido a la burbuja inmobiliaria de los primeros 2000 y la posterior crisis económica, se quedaron en el limbo. Ahora que la vivienda escasea, se asoma una pregunta muy recurrente: ¿Por qué narices nadie los termina y se ponen en uso?


Como todo en este país, la respuesta no es fácil pues hay demasiados factores que entran en juego. El primero es que muchos promotores quebraron antes de terminar sus obras y estas pasaron a manos de bancos (véase el llamado SAREB), sociedades inmobiliarias o diferentes administraciones.
El segundo es que, teniendo en cuenta que la propiedad de estas construcciones es un auténtico rompecabezas, existen numerosas dificultades jurídicas, financieras y de gestión que hacen muy lento el proceso de movilización de esos activos. Es decir, puede existir físicamente un edificio, pero no hay una persona o empresa con capacidad y voluntad de coger las riendas para finalizarlo.
La tercera cuestión es que, con el paso de los años, acabar lo que se empezó hace veinticinco no es rentable. El aumento del precio de los materiales y la mano de obra, las posibles reparaciones de los deterioros, el nuevo coste de licencias o las cargas hipotecarias pueden encarecerlo todo. Vamos, que el promotor pierda más que gane no tiene sentido económico (N.B.: Sí, sale más barato derribarlas).
El número cuatro es una cuestión meramente burocrática: que la edificación haya quedado fuera de ordenación. Si bien es cierto que es un problema minoritario, hay ocasiones en las que estas construcciones no pueden terminarse porque las necesidades de los municipios han cambiado. Por ejemplo, donde antes había proyectadas 82 viviendas, ahora solo caben 41 o toca hacer un parque.
Por último, hay que hablar de un par de paradojas a la española: a) muchas veces, estas edificaciones están donde no hace falta vivienda, léase Villanueva de Alcardete o Chinchilla de Montearagón en vez de Palma de Mallorca o Málaga y b) la gran cantidad de suelo bloqueado que hay en España para su especulación a lo largo del tiempo (estará disponible cuando políticos y empresarios puedan sacar tajada).


Entonces, ¿hay solución a este entuerto? Claro que la hay, pero como yo no estoy asalariado por ningún poderoso, prefiero ser romántico y rendirme al libro de hoy. Y es que La casa, el álbum de NiñoCactus y Celia Sacido que ha publicado Cuento de Luz, tiene mucho que decir al respecto.
El argumento es sencillo. Una casa acaba de ser construida y una familia comienza a habitarla. Los días se suceden y sus paredes conservan los momentos que allí se van sucediendo. Cada día que pasa, se transforma en un lugar cálido y acogedor, pero por desgracia, un incendio acaba con ella, sus habitantes han de buscar otra morada y ahí queda, yerma y vacía. Sin embargo, nada es para siempre y el calor y los recuerdos comenzarán a deslizarse por sus rendijas…


Con un texto certero y muy poético, este libro recoge la tradición de los cuentos románticos y me trae a la memoria narraciones como La tetera o La bujía y la vela de Andersen que ensalzan, no solo la vida de los objetos, sino que construyen una personalidad en torno a ellos que sirve de reflejo para el propio lector. Acompañado de ilustraciones en técnica mixta donde los tonos medios de las aguadas, la secuenciación cinematográfica de los diferentes planos y los elementos peritextuales son los protagonistas, tenemos una historia muy sentimental que ahonda en lo esperanzador del tiempo.
Por último, dos cosas. 1) Si quieren hacer de la lectura una experiencia coral, les voy a recomendar dos títulos por los que extender el discurso que nos regala este álbum. El primero es Abandonada en la colina, de Nanen García Contreras y el segundo es La residencia de los dioses, una aventura de Astérix que pueden encontrar en cualquier biblioteca. 2) Del mismo modo, este libro queda enmarcado en la temática de segundas oportunidades, una de la que tienen otros ejemplos en este enlace, este otro y aquí.

viernes, 13 de marzo de 2026

Nocturno. Siempre nocturno.


Estoy harto del concepto del tardeo. Yo que siempre he sido ave nocturna tengo que exprimir todas mis energías durante la tarde del sábado por culpa de amigos viejunos y padres hastiados. No sea que no puedan levantarse al día siguiente para cuidar a la prole o sufran durante tres días consecutivos la temida resaca. ¡Estamos buenos!


Donde estén la nocturnidad y la alevosía, que se quiten la cháchara y el bailoteo vespertino. Que digo yo que un ratico de puesta de sol está más que agradable, pero a este paso, uno no puede confundirse entre la multitud.

He salido
a buscar la noche.
Dejo que me cubra
Y que me descubra.
Que lo apague todo
Y que encienda un grito
intermitente,
insistente,
permanente,
entre las estrellas.
Chispas del brasero
sin medida
que me abriga
a millones de años luz
de mi mirada
nebulosa.

El chotacabras
emite su consigna
eterna
y la eleva
como una plegaria.
O quizás
como una brisa de risas
que nace
de un antiguo chiste
que los dioses
de todo lo que existe
escriben
en la sombra del cielo,
en mi anhelo
y en mi asombro.

Alex Nogués.
He salido a buscar la noche.
En: Volátil.
Ilustraciones de Elena Monpó.
2026. Barcelona: Akiara Books.


jueves, 12 de marzo de 2026

Un país de ladrones


Yo no sé cuántas veces he oído eso de que España es un país de ladrones y hoy, en un alarde de autocrítica, me he puesto a reflexionar sobre el tema. He aquí mis divagaciones.
Aunque generalizar es una estupidez, todos sabemos que la clase media y baja abunda entre los 47 millones de almas que habitamos la piel de toro. La mayor parte de nosotros nacimos y moriremos pobres. Quizá no de solemnidad, pero sí de espíritu, que para eso somos muy barrocos. Es lo que tiene una sociedad conformista, cainita y vividora (léanse entre líneas Italia, Grecia y el Mediterráneo). Si a todo eso unimos el adjetivo “ignorante”, concluiremos que no, que no somos pobres, somos miserables.


Esto, junto a una Guerra Civil que muchos se han empeñado en prolongar casi noventa años (la división siempre ayuda para creerte mejor que el de al lado), han hecho de nosotros una sociedad en la que se premia al pícaro y se sanciona al tributante. Por listo, por simpático, por guapo. La cuestión es sobrevivir y si es a costa de los demás, mejor que mejor.
Añade al batido una pizca de religión y… ¡cacao maravillao! Pedigüeños de portón, curas manejantes, beatas criticonas, señoritos recién confesados… Galdós, siempre Galdós. Incluso cien años después, sigue dando en el clavo con Menina y Doña Paca. Todo quisqui quiere ser alguien, sobre todo si no puede serlo. Aunque sea robando. Mejor que matando, una consigna que llevamos a gala en este suelo de católicos y pecadores.


Carteristas, curanderos, empresarios o incluso, presidentes del gobierno. Que si el Dioni, que si el electricista de la Catedral de Santiago, los que desvalijaron a José Luis Moreno, Ábalos, Bárcenas y Begoña Gómez. Hay cacos para todos los gustos y clases sociales. A unos no hay quien los pille y a otros, al instante. También los hay finos y muy torpes. Esos me gustan mucho. Que estamos en España y el chiste es necesario.
Esto nos lleva hasta Joaquín Camp y El robo, un álbum que publicó Fondo de Cultura Económica hace un tiempo y que refleja estupendamente la torpeza con la que suelen actuar las bandas de ladrones poco organizadas. La historia nos cuenta las peripecias de tres cacos que deciden desvalijar la caja fuerte de un banco. Aunque el plan es sencillo (excavar un túnel) y cuentan con el asesoramiento de los mejores especialistas, se les hace difícil llegar hasta ella. Aparecen en mitad de un sinfín de lugares, pero en el banco, ni por asomo. ¿Conseguirán dar con él?


Con ese humor blanco tan característico en la obra de este autor argentino afincado en España, se abre ante nosotros una obra bien simpática que puede resultar muy cercana a todo tipo de público. Mientras los más ancianos del lugar se acordarán de Los ladrones somos gente honrada, los pequeños lectores disfrutarán con la ineptitud de los protagonistas para orientarse en el subsuelo.


Me encantan esos contextos surrealistas que abren nuevas puertas ficcionales. Y es que un ring de pressing catch, una escena peliculera o un concierto sinfónico son algunas de las posibilidades en las que el lector puede desbordar sus propias ideas. Si a todo esto añadimos un final con mucho contrapunto discursivo (decepción y consuelo siempre van unidas), podemos afirmar que lo que nos roban estos ladronzuelos es el corazón.

martes, 10 de marzo de 2026

Los secretos de la brujería


Hace un par de años, refugiado en ese remanso de paz que son los libros, me topé con uno titulado Brujas, de una tal Adela Muñoz (editorial Debate) y, aunque me quedé a medias (ya saben, de repente, surgen nuevos títulos y el deseo nos puede) todo lo que leí me pareció bastante interesante para desmitificar ciertas ideas.


Según el planteamiento de la autora, España y Portugal fueron los países de Europa donde menos se castigó a las brujas por parte de la Inquisición durante la Edad Media. Mientras que en Alemania, Polonia o Francia se ejecutaron a más de 30.000 personas, en España se contabilizaron apenas 500. Esto se debió en gran medida a las investigaciones que realizaban los inquisidores, unas figuras que, a pesar de ser demonizadas en nuestro tiempo anticlerical, practicaban la objetividad y la cordura.
Esto se deja entrever en la figura de Alonso de Salazar y Frías, persona sobre la que recayó la investigación del auto de fe contra las brujas de Zugarramurdi. Este hombre concluyó que ni brujas ni aquelarres. Las seis personas que perdieron la vida en la hoguera confesaron haber participado en esas prácticas por librarse de las penas de cárcel.


Y es que, aunque, por lo general, la brujería se relacionaba con curanderas que practicaban la medicina natural y realizaban encuentros para intercambiar conocimientos, muchas de las personas ejecutadas eran acusadas por sus propios vecinos que, viendo perder sus cosechas o fallecer a sus hijos, buscaban una explicación cercana a esas desgracias. Meras supersticiones para exorcizar el dolor y la envidia. Lo de toda la vida…
Lo peor de todo es que no hace falta remontarse a los siglos XV o XVIII. Hoy en día, las brujas siguen perseguidas y castigadas en numerosos países de Centroamérica, la India, Indonesia o el África subsahariana, lugares donde la mentalidad mágico-religiosa todavía sigue muy arraigada. Tanto es así, que en la segunda mitad del siglo XX han sido asesinadas por brujería más personas que en Europa en toda la Edad Moderna.


Y para quitarle hierro al asunto, traigo a esta bitácora La bruja en la torre, el segundo título de Las tres hermanas, la trilogía más personal de Júlia Sardà que acaba de publicar Blackie Books. Si en La reina en la cueva, la protagonista era Franca, en este nuevo libro le toca a Carmela. Su hermana mayor ha hecho nuevos amigos y Tomasina todavía es muy pequeña. Se siente sola y decide irse de paseo mientras juega a Caminar Hasta No Poder Más. Así, llega hasta una torre donde vive una bruja que le descubrirá los secretos de la profesión, una hecha a la medida para Carmela. Seguro que también nos sirven a nosotros…


La bruja en la torre es toda una defensa de esa forma de vida que transita entre el mito y la realidad desde una perspectiva tan mágica como infantil. Un viaje de crecimiento personal que transcurre entre la infancia y la primera adolescencia de una protagonista incomprendida por ese ecosistema familiar que forman sus hermanas mayor y menor. Es lo que tienen los medianos…, hay que buscarse las habichuelas.


Como en el título anterior, Sardà se embebe de todas esas referencias a las que suele recurrir como los detalles que Ivan Bilibin y otros artistas del art noveau desarrollan en sus ilustraciones o lo anacrónico de los juguetes y la decoración. Al mismo tiempo, también nos deja asomarnos a nuevas miradas en las que resuenan los volúmenes y las sombras de Giorgio Di Chirico, los juegos de perspectiva de Escher o los espacios inquietantes de Wyeth. Y si esto les sabe a poco, disfruten de los guiños a Chancho-Pancho de Sendak, la presencia de El aprendiz de brujo de Goethe o de escenas que bien podrían incluirse en las películas del estudio Ghibli.

domingo, 8 de marzo de 2026

Celebrando el Día de la Mujer con Beatrix Potter


8 de marzo y las mujeres han salido a las calles un tanto divididas. Como el resto de seres humanos e independientemente del sexo que comparten, puede haber disparidad de opiniones. A quien se eche las manos a la cabeza, le diré que esto no es nuevo. Desde que los movimientos feministas comenzaron en el siglo XIX, han existido diferentes líneas de pensamiento y discrepancias. Como ejemplo, se me ocurre mencionar las diferencias que surgieron en torno al sufragio femenino.


Ahí es, precisamente, donde entra en juego la figura de Beatrix Potter. Y es que según la investigación realizada por Linda Lear, una de las biógrafas de la autora inglesa, Potter no apoyó a la corriente sufragista femenina en Gran Bretaña. A pesar de su éxito como escritora, científica y empresaria en una sociedad dominada por los hombres, la creadora de Peter Rabbit tenía una visión muy negativa de las sufragistas, refiriéndose en ocasiones a este movimiento como "tonto” y “absurdo".


Ahora bien, ¿eso es suficiente para que, como ocurre hoy en día, se la tachara de traidora o machista? Rotundamente, no. Simplemente y como sucede con muchas otras figuras de la época (N.B.: No se olviden de Victoria Kent o Margarita Nelken, mujeres de claras convicciones socialistas que también se posicionaron en contra del voto femenino), Beatrix Potter tuvo una vida moldeada por una serie de circunstancias que probablemente hoy sean difícilmente asimilables por esa masa tan ignorante y obcecada en lo superficial. Veamos un par…


Como apunta Theresa C. Dintino, muchas escritoras victorianas y/o eduardianas como Beatrix Potter, Mary Wollstonecraft (sí, la madre de Mary W. Shelley) o la novelista Elizabeth Gaskell, pertenecían a la iglesia unitaria, un movimiento protestante que desarrolló a partir de 1830 una teoría feminista que abogaba por la igualdad de los sexos basándose en una visión racional de Dios y la humanidad en la que tanto hombres como mujeres poseen la misma capacidad de razonamiento y desarrollo moral. ¿Qué más necesitaban teniendo al Altísimo de su lado? ¿Al estado?


Por otro lado, y aunque ella nunca se definió como “conservadora” o “liberal”, defendió actitudes que bien pueden relacionarse con este ideario político, léanse el desprecio de la mayoría de los valores sociales victorianos, como señala el crítico Humphrey Carpenter, o el apoyo al modo de vida más tradicional, como prueban todas las granjas de su propiedad o las cartas que en 1916 escribió al rotativo The Times, destacando el papel de las mujeres rurales durante la guerra, las llamadas land girls, todo un ejemplo de independencia económica femenina.


Y así, con el ejemplo de una mujer de bandera, celebro este día tomando como excusa que Blackie Books acaba de publicar los dos primeros títulos de su colección de cuentos. Y es que recuperar El cuento de Jeremías Pescador y El sastre de Gloucester en esta edición que tanto hizo por los niños (recuerden que la Potter se empeñó que fueran de ese tamaño para adecuarse a las manos de los pequeños de la casa) es todo un regalo. No solo por el formato, sino por preservar la obra de una mujer que entendió a sus lectores, ensalzó la naturaleza en cada una de sus escenas y muchas cosas más.
Lo dicho, disfruten de esta colección que lleva en las librerías casi 125 años. Ahí es nada. Lo esperable de una autora difícilmente encasillable…

viernes, 6 de marzo de 2026

¡Nada como una buena cama!


No sé ustedes, pero yo tengo un problema con las camas. Y es que a cierta edad, uno ya no puede dormir en cualquier sitio. Que si las lumbares, que si las cervicales... Si das con una cama demasiado mullida, malo. Si es demasiado dura, también. Vuelta hacia un lado, vuelta hacia el otro. Boca arriba, boca abajo... Lo peor viene cuando llega la hora de levantarse. No tienes que llamar a una grúa de milagro.
Las mejores camas son las intermedias. Semiduras, semiblandas. Ni muy altas ni muy bajas. Que no se te salgan los pies y que puedas abrir los brazos. ¡Una cama perfecta, vaya!

Hay Camas de muchos tamaños:
Camas dobles e individuales,
Camas plegables y cunas,
Camas nido y matrimoniales.

La mayoría son Camas
para dormir o descansar,
pero las mejores Camas
sirven también para disfrutar.

¿Para qué solo una Camita
acogedora y abrigada
donde pasar la noche
con la luz apagada?

Mejor
una Cama para Pescar,
una Cama para Gatos,
una Cama para que Trapecistas
muestren sus garabatos.

La Cama que más conviene
(y con esto no termino)
es aquella que navega
como un raudo Submarino.

Que atraviesa el agua
verde y cristalina
ondeando plateada
como una sardina.

Sylvia Plath.
El libro de las camas.
Ilustraciones de Cindy Wume.
2026. Barcelona: Libros del Zorro Rojo.


lunes, 2 de marzo de 2026

Jardines muy personales



Aunque enero y febrero nos han regalado agua a manta (los que vivimos en un clima subdesértico estamos embobados), ya veremos si no llega demasiado pronto el verano y achicharra los brotes verdes ipso facto. Que teniendo en cuenta lo loco que anda el clima últimamente, es lo más probable.
No obstante, hasta que esto ocurra, disfrutemos del verdear de los campos, las yemas reventonas y las semillas germinando. En un par de semanas aparecerán las primeras flores engalanando los parterres, se abrirán camino nuevos colores y todo cambiará su aspecto. Despuntarán tulipanes, jacintos, peonías, narcisos y lirios. Almendros, ciruelos, melocotoneros y albaricoqueros se vestirán de rosa y blanco.


Incluso nosotros nos avivaremos. Saldremos de nuestras cuevas y escondrijos. Para disfrutar del sol, de otros como nosotros, encontrarnos con los amigos e incluso con el amor. Es curioso como la naturaleza sigue su camino dentro y afuera. Baja el interruptor y un millón de sensaciones se agolpan en nuestro interior.
Nos preguntamos y nos respondemos, como los pájaros en su vuelo. Vivarachos como ratones y hacendosos como las hormigas. Nos enredamos en nuestros pensamientos y nos liberamos de esa hojarasca que se quedó adherida. También hurgamos en los demás. Abonamos el futuro mientras regamos el presente. ¿Y el pasado? A la primavera no le trae cuenta.


Y así, nos adentramos en Un jardín propio, el álbum de Marta Ardite y Alicia Varela (Babulinka) que nos invita a acompañar a una niña en su paseo intimista por un lugar de recreo muy particular. Y es que el sendero vital de la protagonista es, como el de cualquier otro lector, un cúmulo de ideas y reflexiones que lanza sin ninguna cautela. Acompañada por un lapicero y una rana garabateada, la cría se cuestiona, baraja posibilidades y va forjando un pensamiento embebido de existencialismo.


Además, gracias a metáforas visuales y un lenguaje poético, el trabajo de las autoras se complementa para lanzarnos mensajes con mucho sabor. Como ese trazo que divide la página horizontalmente y a través del que Alicia Varela define dos mundos, uno subterráneo y otro aéreo, por los que deambula la acción. Quizá reflejos, quizá no. Lo que está claro es que uno y otro se complementan, como el cielo y la tierra, como el yin y el yan.


Una obra muy enriquecida en la que, además de hacer referencia a la Wood Wide Web, aprovechan para homenajear las obras de grandes artistas del siglo XX. Picasso, Mondrian, Calder, Matisse, Kandinsky, Pollock, Hopper, Klimt, O’Keeffe, Delaunay, Lamorisse, Rothko, Magritte o Klee se entremezclan con las ilustraciones de Varela gracias a composiciones que permiten la interacción entre unos elementos y otros. Sin olvidar a Virginia Wolf y Una habitación propia, este libro tiene muchas aristas por las que desbordarse, sobre todo, para los lectores competentes.