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viernes, 22 de mayo de 2026

De bolsillos y recuerdos


Mi sobrino parece una urraca. Si algo le llama la atención, ¡al bolsillo! Una piedra, una semilla, tres canicas, un tornillo, una pila de petaca, monedas de otro tiempo… Da igual lo que sea. Siempre encuentra una excusa para la colecta. Todo es necesario. Por si hay un apagón, para defenderse de los villanos, jugar en mitad del aburrimiento o reparar el motor de un avión. Lo peor de todo es que un día de estos se la van a caer los pantalones con tanto peso…


No me extrañaría nada que la autora del poemario de hoy se hubiera inspirado en él o en tantas otras criaturas que gustan del pillaje y el coleccionismo. Así pasa, que conforme leo sus versos, no paro de esbozar sonrisas de las que se guardan en la memoria. Una hebra de lana, un trozo de tiza, migas de pan, conchas marinas y hasta un polluelo. Poco a poco la vida se va llenando de momentos que ya no caben en tan poco espacio. La cometa que surca el cielo y la tormenta que ruge o la nieve que cubre la noche. Eso es la infancia: el vivero de nuestros recuerdos.

Guarda la niña en un bolsillo
un trozo de tiza
para escribir letras, palabras, números
en una pizarra o en las aceras.

Para dibujar.
para hacer marcas
en el camino de un juego
o un laberinto.

Para señalar
en el suelo de la calle
la puerta y las paredes
de una casa.

Para pintar una rayuela
y alcanzar a saltos
la casilla del cielo.

***

Lleva la niña dentro de un bolsillo
-quién sabe por qué-
una hebra de lana azul oscuro.

Quizá porque tiene el color de la noche en verano.
Quizá para atar con ella algún envoltorio.
O para hacer un intercambio:
te doy una hebra de lana si tú…
O para jugar a alguna cosa que se le ocurra.
O a lo mejor es solo por sentir su suavidad
al rozarla con las yemas de los dedos.

Isabel Cobo.
Tiza y Una hebra de lana.
En: Tesoros en los bolsillos.
Ilustraciones de Mar Azabal.
2026. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 1 de mayo de 2026

Pasiones y profesiones


Primero de mayo. Día del trabajo. “Arbeit macht frei”, rezaba aquella inscripción en algunos campos de concentración nazi. Pero se equivocaban, tanto en aquel contexto, como en el de hoy día. De libres nada, sino más bien esclavos y un poco más infelices, sobre todo si nuestro oficio se convierte en un desatino.
Algunos tenemos suerte porque nos encanta lo que hacemos para ganarnos el pan, pero otros lo sufren a diario como un castigo. No solo por obligación, sino también por elección. Es curioso cómo, a lo largo de todos estos años he venido constatando, muchos de mis alumnos, llenos de vida e ilusiones, frescos y joviales, se transforman en seres grises y hastiados. Se han ido contaminando poco a poco de esta forma de vida tan desalmada que va minando el espíritu.


Ahora que voy penando canas, empiezo a pensar que, aparte de nuestra naturaleza (no voy a negar que hay gente a la que le luce poco la vida) y nuestra buena o mala suerte, una de las hojas de ruta para mantenerse lozano y apasionado es despreciar las convenciones de un universo adulto que aboga por lo material, conformarse con lo posible (¿Para qué pensar en lo imposible? ¿Por qué desear lo ajeno?) y aprender a disfrutar de nuestra profesión. Quizá ese fue el secreto de Gianni Rodari, maestro de la LIJ que nunca permitió marchitarse…

A aquel niño le creció
una planta en la cabeza,
le brotaron flores blancas
que olían a primavera.

El niño también creció
y de joven su cabeza
lucía, en vez de cabellos,
una larga enredadera.

El joven se hizo mayor,
al sacudir su cabeza
caían frutas maduras,
ramas rotas y hojas secas.

Cuando aquel niño fue viejo,
una encina en su cabeza
cantaba llena de pájaros,
daba sombra y buena leña.

A aquel niño que vivió
floreciendo en primavera,
hondas raíces de sueños
le crecieron en la tierra.

Juan Carlos Martín Ramos.
Flores en la cabeza.
En: Rondas de Rodari.
Ilustraciones de Neus Caamaño.
2026. Pontevedra. Kalandraka.


viernes, 10 de abril de 2026

Serendipias que compartir


Siempre he pensado que mi labor como prescriptor de lectura, una subcategoría dentro de los llamados mediadores, es dar visibilidad a todos aquellos libros que merecen la pena dentro del panorama editorial, una tarea que no siempre es fácil.
Las distribuidoras, las editoriales, las librerías…, aunque piensen que yo soy omnipresente y estoy al corriente de todo lo que se publica, esto de cribar los catálogos es una odisea. Bucea por las páginas web, las redes sociales, echa mano de los premios y listados con cierta enjundia, visita salones del libro, ferias, librerías y biblioteca, solicita ejemplares de cortesía, afloja la cartera y luego lee, valora y escribe. Nadie sabe el tiempo y la energía que muchos invertimos en esto. Ahora la pregunta del millón: “¿Merece la pena, Román?” Muy poco. Ya se lo digo yo.


A veces te topas con libros como el de hoy. Libros que han pasado de puntillas por el mercado de novedades, que para ti suponen un hallazgo sin parangón y que quieres que todo el mundo lea, sin excepción. Más todavía si se trata de poesía infantil, el género más residual junto con el teatro.


Un álbum pequeño, colorista, sin pretensiones y que brilla en la oscuridad. Que toma por bandera la aritmética, que te enseña a contar. Hacia delante y hacia atrás. Versos sin rima, pero con mucha cadencia en los que se funde lo cotidiano y lo fantástico. Que juegan con las palabras, las imágenes, los números, las sumas, las restas y las ideas. Pero sobre todo se desborda, lacera el subconsciente y nos invita a imaginar ese bosque imaginario gracias a lo simbólico. Hay libros que te llenan y hay que compartirlos.

Un reptil + un arcoíris = un camaleón.
Un reptil + una llama = un dragón.
Una mujer + una aleta = una sirena.
Un hombre + un toro = un minotauro.

***

Un diente. Tres dientes. Un tridente.
Un diente. Cuatro dientes. Un rastrillo.
Un diente. Diez dientes. Una peineta.
Un diente. Tres mil dientes. Un tiburón.

***

Tres pasos. Diez pasos. Una caminata.
Dos vueltas. Diez vueltas. Un baile.
Un baile. Diez bailes. ¡Una fiesta!

Ángeles Quinteros.
En: De la rama al bosque.
Ilustraciones de Ángeles Vargas.
2025. Barcelona: Thule.


viernes, 20 de marzo de 2026

La magia del balcón


Mi espacio favorito de la casa es la terraza. Si bien es cierto que no es demasiado grande, tiene las dimensiones perfectas para albergar una mesita de acero y un par de sillones de mimbre que viven rodeados de todas las plantas que voy recogiendo en mis viajes (Ea… tengo esa manía…). Así, cuando llega el buen tiempo, puedo disfrutar del sol y la luna durante momentos fugaces. A veces, cuando las paredes se te echan encima, solo tienes que girar el picaporte y respirar hondo. 


Mucha gente prefiere acristalar balcones y terrazas para poner otra nueva barrera al polvo, no hay suficientes con puertas y ventanas. Pero yo estoy la mar de contento con mi propia atalaya en la que me siento vigía del pequeño universo que me rodea. Es lo que tiene disfrutar del exterior desde una parcela interior.

Una jungla pequeña
intenta escapar de casa.
¡La plaza está tan cerca!
La libertad se intuye.
Casi se puede tocar
a través de los barrotes.
Petunias, yedras, geranios,
tres pulgones,
dos orugas
y yo.
Observando la fuente,
un señor que pasea
y unos perros que juegan
desde el balcón.

M. Carmen Aznar.
Cárcel con vistas.
En: En casa.
Ilustraciones de Raquel Catalina.
2026. Barcelona: Akiara.


viernes, 13 de marzo de 2026

Nocturno. Siempre nocturno.


Estoy harto del concepto del tardeo. Yo que siempre he sido ave nocturna tengo que exprimir todas mis energías durante la tarde del sábado por culpa de amigos viejunos y padres hastiados. No sea que no puedan levantarse al día siguiente para cuidar a la prole o sufran durante tres días consecutivos la temida resaca. ¡Estamos buenos!


Donde estén la nocturnidad y la alevosía, que se quiten la cháchara y el bailoteo vespertino. Que digo yo que un ratico de puesta de sol está más que agradable, pero a este paso, uno no puede confundirse entre la multitud.

He salido
a buscar la noche.
Dejo que me cubra
Y que me descubra.
Que lo apague todo
Y que encienda un grito
intermitente,
insistente,
permanente,
entre las estrellas.
Chispas del brasero
sin medida
que me abriga
a millones de años luz
de mi mirada
nebulosa.

El chotacabras
emite su consigna
eterna
y la eleva
como una plegaria.
O quizás
como una brisa de risas
que nace
de un antiguo chiste
que los dioses
de todo lo que existe
escriben
en la sombra del cielo,
en mi anhelo
y en mi asombro.

Alex Nogués.
He salido a buscar la noche.
En: Volátil.
Ilustraciones de Elena Monpó.
2026. Barcelona: Akiara Books.


viernes, 6 de marzo de 2026

¡Nada como una buena cama!


No sé ustedes, pero yo tengo un problema con las camas. Y es que a cierta edad, uno ya no puede dormir en cualquier sitio. Que si las lumbares, que si las cervicales... Si das con una cama demasiado mullida, malo. Si es demasiado dura, también. Vuelta hacia un lado, vuelta hacia el otro. Boca arriba, boca abajo... Lo peor viene cuando llega la hora de levantarse. No tienes que llamar a una grúa de milagro.
Las mejores camas son las intermedias. Semiduras, semiblandas. Ni muy altas ni muy bajas. Que no se te salgan los pies y que puedas abrir los brazos. ¡Una cama perfecta, vaya!

Hay Camas de muchos tamaños:
Camas dobles e individuales,
Camas plegables y cunas,
Camas nido y matrimoniales.

La mayoría son Camas
para dormir o descansar,
pero las mejores Camas
sirven también para disfrutar.

¿Para qué solo una Camita
acogedora y abrigada
donde pasar la noche
con la luz apagada?

Mejor
una Cama para Pescar,
una Cama para Gatos,
una Cama para que Trapecistas
muestren sus garabatos.

La Cama que más conviene
(y con esto no termino)
es aquella que navega
como un raudo Submarino.

Que atraviesa el agua
verde y cristalina
ondeando plateada
como una sardina.

Sylvia Plath.
El libro de las camas.
Ilustraciones de Cindy Wume.
2026. Barcelona: Libros del Zorro Rojo.


viernes, 27 de febrero de 2026

Romance de la desidia paterna


A pesar del empeño que pone el mundo editorial para diseminar entre los chiquillos todas esas producciones literarias que, de una manera casi natural, han ido impregnando nuestra cultura, cada día que pasa, caen más en el olvido.
Y ahora me dirán que los críos de ahora no están para rima. Y yo les diré que tienen un morro que se lo pisan. La culpa de todo la tienen ustedes, pues las fórmulas poéticas no entran por los ojos, sino por el oído. Y si ustedes están tan ocupados con sus trabajos, sus teléfonos móviles, su crossfit y sus series de Netflix, ¿quiénes se las va a cantar a los chiquillos? No me vengan con hostias, que me tienen hasta las narices. La ignorancia de las criaturas no solo bebe del analfabetismo paterno, sino de su propia dejadez. Que los míos tampoco eran doctores en filología medieval, pero ya se encargaba mi padre de martillearnos con las cintas de Joaquín Díaz o Paco Ibáñez en casa o en el coche. Una solución más que aceptable.
Querer es poder. Y ustedes no quieren. Es lo único que tengo claro después de tantos años habitando esta morada monstruosa. Y si tienen una pizca de vergüenza, compren un libro como el de hoy y léanselo a sus chavales. No hay nada más miserable que privar a un hijo de lo posible. Que yo me voy a Valladolid a ver si olvido ese romance de la desidia paterna

Conde Niño por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está.
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el conde Niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!
Y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre,
juntos nos ha de enterrar.
Él murió a la medianoche,
ella, a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde,
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza,
de él, un fuerte gavilán;
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

Anónimo.
En: 12 romances.
Selección de Manuela Rodríguez y Antonio Rubio.
Ilustraciones de Fernando Vicente.
2026. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 27 de septiembre de 2024

La importancia del desayuno


El desayuno es la comida más importante del día. Que me lo digan a mí, que me pongo las botas a diario. Jamón serrano, tomate, aguacate, huevos fritos, leche, avena… No sé cómo mi peso sigue estable si me pongo como quiero. Y si da la casualidad que me topo con un buffet libre o un greasy cafe, la gente no da crédito al verme tragar tan de buena mañana.
De hecho, todavía no entiendo a quiénes son capaces de sobrevivir a una mañana de trajín con tan solo un café o un vaso de leche y cuatro galletas. Debería estar prohibido por ley desayunar de manera tan pobre. No es saludable. Mucho menos cuando hablas de niños y jóvenes, personas en pleno desarrollo que necesitan buena cantidad de nutrientes para correr, saltar, estudiar y hacerse vivos durante la jornada escolar.


Mi padre lo tenía muy claro: de casa no se sale sin un buen desayuno. Y aquí sigo, dándolo todo y animándoos a seguir el ejemplo con unos versos matutinos de Leire Bilbao, cuya obra está siendo traducida al castellano de manera exquisita por la editorial Kalandraka, con la inmejorable compañía de Maite Mutuberria y sus ilustraciones. ¡Que aproveche!

Y de sorbo en sorbo
bigote de leche.
Y de sorbo en sorbo
la barba de leche.
Y de sorbo en sorbo
un lago de leche
dentro de mi boca.
Que no se caiga
ni una sola gota.
La mala leche 
de mamá no se agota
tan de sorbo en sorbo
en el aire flota.

***

La cucharilla con el tazón
¡clin-clin-clon!
compone una canción.
¡Clin-clin-clon!
Hasta terminar el desayuno
nadie se levanta de la mesa.
Cuatro, tres, dos, uno…
¡Sacudamos la pereza!

Leire Bilbao.
En: Onomatopoemas y otros pequeños sonidos.
Ilustraciones de Maite Mutuberria.
2024. Kalandraka: Pontevedra.
 

viernes, 21 de junio de 2024

Hogares que son bosques


Se aventura el final de curso y toca darle una vuelta a la casa. Después del recogimiento de esos meses que han quedado atrás, empezamos a aventar nuestros hogares. Lavamos las cortinas y los edredones, quitamos el polvo, cambiamos la ropa de los armarios, sacamos brillo a los azulejos, guardamos los abrigos, limpiamos ventanas y persianas, abonamos las plantas y le damos una mano de pintura a manchas y desconchones. Una suerte de ritual que se repite cada año y nos prepara para el estiaje desde la frescura que se respira en una casa limpia y ordenada. Un espacio que, a modo de bosque umbroso, nos acoge en ese largo paréntesis que es el verano.


Ya llegará el otoño y caerán las hojas. Ya llegará el invierno con su manto blanco. Respiremos ahora en mitad de la calma, cojamos aliento para lo venidero. Detengámonos a escuchar el susurro de lo acontecido. Démonos un respiro. Reposemos sin recelo. Siempre tranquilos.

La flor de la maceta
dentro de casa, muy quieta.
Sueña cada mañana
con volver a ser montaña.

***

La partitura del verano
la teje la araña,
la interpretan chicharras,
los sapos y ranas,
la voz de los grillos
e intensas urracas.

Yo solo cierro los ojos
y escucho desde mi ventana:
teje la araña, teje
y la vida canta, canta.

Mar Benegas.
En: Para decir un bosque.
Fotografías de Ima Garmendia.
Ilustraciones de Laura Borràs.
2024. Barcelona: Yekibud.


viernes, 7 de junio de 2024

Profundo


Jondo procede de hondo. A veces me pierdo en lo jondo y otras en lo hondo. Quizá en la una encuentre más poesía, quizá en la otra me precipite de manera súbita. Una palabra que siempre acompaña al flamenco, ese arte que llevo disfrutando toda la vida gracias a mi padre. Quizá pueda hacerse extensivo a más parcelas de la vida, pues no todo habita la superficialidad y, en esa amalgama extraña de sentidos y sinsentidos, de palabras que pronunciamos y que quedan por pronunciar, de repente hallamos en la profundidad del abismo nuestro lado más monstruoso, más humano.

Lo hondo será mañana la zanja,
el hoyo, el barranco, el surco.

Será donde beban las raíces
en la tierra vieja.

Será la espesura del bosque,
la pisada en la nube.

Será donde perder pie en el río,
hundirse en la nieve recién caída.

Será el vértigo de lo negro.
Será una garganta.

Será un pozo donde mirarse a los ojos la luna
y las estrellas.

Isabel Cobo.
Lo hondo.
En: Mañana.
Ilustraciones de Raquel Marín.
2024. Pontevedra: Kalandraka.


sábado, 25 de mayo de 2024

Cambio de tercio poético


Hace unos días llegó a mis manos el libro ganador de la última convocatoria del premio de poesía infantil Ciudad de Orihuela, organizado por la concejalía de educación de esta localidad junto a la editorial Kalandraka, y he de admitir que me ha encantado.
Aunque muchos esperarían un libro de rima consonante donde los juegos de palabras, rimas y cadencias estén muy presentes, los monstruos tenemos que empezar a cambiar el chip sobre los poemarios dirigidos a un público que también evoluciona, necesita baños de realidad y demanda espíritu crítico.


Es así como aparece en escena un puñado de creaciones que se lanzan al refrigerio de este género esgrimiendo sutilezas y frescuras. Poesías que no quieren que las lean y otros golpes de humor, noticias y sucesos, alegatos sobre la contaminación ambiental, juegos infográficos, tipográficos y publicitarios... Si esto fuera poco para un poemario, esta edición le saca mucho más brillo añadiendo una serie de fotografías intervenidas a golpe de ilustración (¿o es al revés?), que operan en un sentido metafórico y caricaturesco.
Creo que la cosa va bien. Al menos, parece que los poemas para niños empiezan a parecerse al mundo en el que vivimos.

¿Tostado o quemado?

Las editoriales tienen un enorme horno
donde hacen sus libros,
pero no sé por qué esa manía de cocerlos de más.
Horas y horas me paso en las librerías buscando
un libro que esté poco hecho.
Nada que hacer.
Las letras todas negras,
todos los libros cocidos de más.

***

Lobo de cuento (Next Departures)

«Caperucita Roja»
CANCELADO

«Los tres cerditos»
CANCELADO

«Los siete cabritillos»
CON RETRASO

«Pedro y el lobo»
CANCELADO

«Tío Lobo»
CON RETRASO
CANCELADO
DELAYED

ATENCIÓN SEÑORES LOBOS, LAMENTAMOS INFORMARLES
NO HAY NINÚN CUENTO PREVISTO PARA ESTA NOCHE
PORQUE TODOS LOS NIÑOS
ESTÁN YA DORMIDOS.

Javier González.
En: Experto Excalador de Excaleras.
Ilustraciones de Lluïsot.
Fotografías de Flormujer.
2024. Pontevedra: Kalandraka.


domingo, 19 de mayo de 2024

¡Malditos noviazgos!


El tiempo me ha enseñado que las parejas, por separado, mucho mejor. Mira que me lo decía un compañero de piso. “Compartir con unos novios es muy difícil porque hacen piña y siempre salen ganando”. Por aquel entonces, yo era joven e inexperto y no sabía qué decir, pero con el tiempo he ido madurando la idea de que las parejas tienen una idiosincrasia muy diferente a la de los que vivimos en soledad. Sobre todo, cuando no hay familia, que eso es otra cosa.
Están sumidos en un ecosistema que solo ellos entienden y con unas variables muy particulares (pónganles el nombre que quieran). Lo peor viene cuando juegan en equipo sin percatarse de que la vida es un deporte individual. Que por mucho que se empeñen, cada uno tiene sus circunstancias, y si te enganchas con una brida a otra persona, acabas despeñado en la derrota. Todo, en su justa medida.
Fíjense en este par de lagartos. Llorando por un anillo… ¡Habrase visto…!

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay, cómo lloran y lloran!
¡Ay!, ¡ay!, ¡cómo están llorando!

Federico García Lorca.
El lagarto está llorando.
En: Paisaje de un día.
Ilutraciones de Isol.
2024. Barcelona: Takatuka.


miércoles, 1 de mayo de 2024

Frustrados por el trabajo


Se calcula que un treinta por ciento de los trabajadores españoles no están satisfechos con su ocupación. Mientras unos aducen falta de incentivos, otros expresan sus frustraciones tras darse de bruces con la elección incorrecta. 


A veces pienso que todo se resume en esas falsas expectativas que todos tenemos durante nuestros años escolares, cuando, sumidos en nuestros ideales y ansias de triunfar, nos encontramos con una realidad que poco tiene que ver con ese estrellato que promulgan las redes sociales. 
Dinero, viajes por medio mundo,  crecimiento personal, estabilidad, mucho tiempo libre... La mayor parte de los puestos de trabajo no tienen nada de eso. Todo lo contrario. Mal pagados, estáticos, aburridos, esclavistas, inestables... ¿y necesarios? Creo que nadie nos hacemos la pregunta correcta cuando se trata del tema laboral, pues el trabajo, además de permitirnos sobrevivir, dignifica y edifica. 


Pensarán que es una frase muy manida, pero sinceramente, y aunque a un servidor también le encante rascárselos a dos manos, en muchas ocasiones y gracias a mi trabajo, me siento útil para otros seres humanos, presto un servicio a los demás y permito en el avance de nuestra sociedad. Todo (o casi todo) trabajo es necesario, incluso los artistas de circo o los barrenderos. Y eso, ya es bastante

Cuando la noche extiende
su capuchón de estrellas,
el circo también cierra
lentamente sus párpados,
y los artistas sueñan
con playas, con delfines,
con barcos, con sirenas...
Y sueñan que caminan
por las calles estrechas
-entre el ruido y la gente-
de una ciudad cualquiera
y que compran entradas
para ver las proezas
que hacemos las personas
de a pie: el poeta,
la médica, el sastre,
el pastor, la maestra,
la lechera, el mecánico,
el albañil, la obrera
o aquel que con su escoba
va limpiando la acera.
Cuando la noche arranca,
el circo sueña y sueña.

David Hernández Sevillano.
Sueño de circo.
En: Días de circo.
Ilustraciones de Neus Caamaño.
2024. Madrid: Bookolia.



sábado, 20 de abril de 2024

¿Libertad? ¿Dónde?


Lo que más me gusta de este blog, es que puedo decir lo que me apetezca. No sin consecuencias, claro está, pues ya saben ustedes que, quien dice lo que no debe, oye lo que no quiere. Y yo no voy a ser menos. La independencia tiene esas cosas y uno tiene que sopesarlas previamente.
Hay gente que prefiere cerrar el pico y seguir medrando a la chita callando. Y otros que, opinando, nos ponemos la soga al cuello sin haber dicho tanto. Todo depende de nuestras convicciones y de lo dispuestos que estemos a limpiarnos el culo con ellas. También del tacto y las intenciones, pues a veces hablamos sin maldad, por mero divertimento, y la piel fina de los demás nos juzga sin piedad.
Por mi parte, odio la tibieza, a ese tipo de personas que juegan en todos los bandos. No te miran a la cara, dicen y se desdicen, corruptos y taimados, tan esclavos y abundantes... Prefiero mi canto aunque suene vulgar. Al menos trina en libertad.

Cuando una canción
sale de un pico,
de un hocico
o de una boca,
nadie puede sospechar
lo que ocurre
con sus notas.

Podrían pasar de puntillas,
invisibles,
como si tal cosa.
O podría suceder
que se vuelvan contagiosas.

Quién sabe qué decía
la canción del pájaro toc.
De lo que no hay duda
es que su canto
sobrevoló cada rincón.

Y es que,
si la tonada
es pura y verdadera,
no hay muro que la detenga,
ni rejas
ni barreras.

Fran Pintadera.
La canción que voló.
En: La canción del pájaro toc.
Ilustraciones de Anna Font.
2024. Barcelona: Akiara Books.


sábado, 6 de abril de 2024

El fin de la primavera


El bullir de esta época se ha apagado en mí. Ese vigor, la alegría que experimentaba todos los años, se han marchitando de golpe. Una sensación de desánimo se hace patente día tras día, y, lejos de transformarla en verano, otoño o invierno, llena ese jardín que es la vida con una honda tristeza. Hay algo en la enfermedad que desdibuja el presente. Como la calima o unas gafas sucias, no te deja ser tú, a pesar de desearlo con todas tus fuerzas. Y recuerdas los tiempos felices en los que todo era como tenía que ser: primavera.

Tu andar vacilante
se hizo firme,
poco a poco,
en el jardín.
Las briznas frescas
cosquilleaban, nerviosas,
las plantas nerviosas
de tus pies.
Y esos pies curiosos te acercaron
al arbusto de las muñecas,
al sembrado de las pinturas,
al matorral de las canciones,
al árbol alegre de las retahílas.
Otros jardineros
te tejieron bufandas,
te contaron historias,
te llevaron, de la mano,
a cada flor.

Les diste nombre a todas:
rosa, clavel,
poesía,
lavanda, azucena,
padre, abuela,
hierbabuena,
dalia, lirio,
amapola,
ruiseñor…

En primavera
brotaron, a centenas,
margaritas, comienzos
y despertares.

Y tus ojos, admirados,
los veían crecer.

M. Carmen Aznar.
En: El jardín que habitas.
Ilustraciones de Raquel Catalina.
2024. Barcelona: Akiara Books.


domingo, 17 de marzo de 2024

Rimas y tarimas


Música y poesía. Poesía y música. Parece que siempre van de la mano. Ritmo, cadencia y melodía. La una me lleva a la otra y viceversa. Quizá esa sea la razón por la que ambas me llevan de la mano y me dejo deleitar por las dos, sobre todo acústicamente. Y me explico… Cuando leo poesía, he de hacerlo en voz alta y valorarla con propiedad, pues aunque las palabras reverberan en mi seno, hay algo de mágico en ellas cuando se pronuncian en voz alta. Lo mismo me pasa con la letra de una canción, que por muy bonita que sea, necesito acompasarla con las notas y ver cuánto tiene de bonita, aunque sea bailando en mi tad de la verbena.


También sucede que, como las canciones, algunos poemas no te gustan al principio, pero, cuanto más los escuchas, más te acostumbras a su sonsonete, como una letanía lejana que, poco a poco, va formando parte de ti. Pero lo que más me llama la atención es que cada poema y cada canción tienen la huella del artista, una marca indeleble que puedes reconocer a pesar de los años, un toque, su firma. ¡Para que luego digan que rimas y tarimas no tienen nada que ver! 
Por eso no me extraña que García Teijeiro se haya envalentonado para emular a doce mujeres en forma de verso. Un extraño tributo que reverbera la impronta de cada una de ellas. 

Hay cinco nubes
sobre mi cama.
Una es de azúcar;
otra, una dama.
Una es de nieve;
otra, con rayas.

La más pequeña
es muy graciosa.
Flota en el viento
cual gaviota.

Son cinco nubes
que me acompañan.
Cuidan mi sueño.
No piden nada.

Antonio García Teijeiro.
… Para Beatriz Giménez de Ory.
En: Los ecos del viento.
Ilustraciones de Noemí Villamuza.
2024. Pontevedra: Kalandraka.


sábado, 9 de marzo de 2024

Serendipia poética


Es sábado y llueve afuera. Mientras tanto, una serendipia se abre camino en mi escritorio. Me colma de felicidad. A veces los libros son así. Geniales. Inesperados. Leo, leo y no me canso. Una suerte teniendo en cuenta que el mercado solo sabe ofrecernos productos banales y perecederos. Mucho compromiso y poca diversión. Me gustan las palabras, ver cómo juegan, cómo se retuercen. Menos intensas y más elásticas. Aire fresco es lo que necesito. Para eso te quiero, poesía.
Veintiocho creaciones que sobrevuelan la mesa mientras abro esa ventana que es este libro. No le está mal empleado el título. Que llegue pronto la primavera y, abierta de par en par, llene mi mundo del sabor de la brisa que borra todas las penas.

¿Y cómo sería
si por un día
fuera lógico…

que hubiera pingüirafas
con frac y largas gafas

y dos cocodrilantes
de trompas muy brillantes,

un trío de hipocruces
grandes, de pocas luces,

algunos dinogatos
comiendo de sus platos

y fueran visitantes
de un humanoológico?




Veo silencios que hablan
y no sé ni lo que dicen.
interpreto algunas pausas,
algunos andares libres.

Oigo que el verde anaranja
a pasos que ya no sigo
y, apoyado en la baranda,
mi andar se queda dormido.

Mientras se despierta un mundo
que leo largo y tendido,
espero a que alguien venga
antes que yo me haya ido.

Dani Espresate Romero.
En: Ventanas.
Ilustraciones de Marta Comín.
2024. Barcelona: A buen paso.