Mostrando entradas con la etiqueta Aquiles Nazoa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aquiles Nazoa. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de noviembre de 2015

Conscientes de nuestros defectos...


A pesar de que muchos rayan el límite de la perfección (o al menos de eso se intentan convencer..., ¡pobres necios!) otros nos dedicamos a ser naturalmente imperfectos, un ejercicio diario y necesario que nos pone en estado de alerta sobre nuestras carencias y nos ayuda a mejorar en la medida de lo posible. Probablemente se trata de un vicio personal (¡tantos tengo!), pero creo que los españoles debemos abandonar esa manía absurda de creernos el culo del mundo, primar la meritocracia sobre las medallas de hojalata que algunos lucen en la solapa (echen mano de cualquier periódico de provincias y podrán constatar la cantidad de meapilas mediocres que usan estos medios para darse pábulo), y educar a las nuevas generaciones en la sana costumbre de la humildad y la vergüenza positiva. Una difícil tarea cuando pasa por confiar en los padres de hoy día; esos que no escatiman en elogios con sus hijos (¡Qué espabilao es mi nene! ¡Un hacha! Maneja el móvil como nadie, ¡con dos añicos que tiene!), o que prefieren tratarlos como seres intelectualmente superiores (sobre todo para buscar porno gratis en la red) aunque inválidos a la hora de buscar oficio, piso o novia (ríanse, ríanse, pero conozco más de una que busca nuera para su criaturica)... En fin..., ejerzamos la autocrítica y convivamos con nuestros defectos, sin olvidar reírnos de ellos.

De no ser por sus defectos,
que los hacen imperfectos,
multitud de animalitos
pudieran ser muy bonitos.
Si no fuera que recula,
muy linda fuera la mula.
Si no fuera por el pico,
muy lindo fuera el perico.
Si no pareciera gafa,
fuera linda la jirafa.
Si no fueran tan ingratos,
qué lindos fueran los gatos.
Si no fuera tan oscuro,
qué lindo fuera el zamuro.
La gallineta, qué hermosa
si no fuera tan pavosa.
Qué bello fuera el marrano
si renunciara al pantano.
[...]

Aquiles Nazoa.
Poemas de animales.
Ilustraciones de Emilio Urberuaga.
2015. Madrid: SM.

lunes, 27 de diciembre de 2010

De villancicos


Cuanto más lee uno, menos aguanta las simplezas de esta fauna ibérica que le rodea. Topicazos y programaciones televisivas navideñas (¿el baño, por favor?) a un lado, durante estos días hay que tener un par para no seccionarse la yugular ante todo tipo de afirmaciones insustanciales... Podría contarles desde las más simples a las más fantasmagóricas, pero por su bien he decidido ceñirme a la de esa progre (vieja, beata y blanda: añado) que se alegraba categóricamente de que por fin a sus nietos no les enseñen villancicos en la escuela. Paradojas repugnantes que constatan que lo más “in” del momento es atentar contra la tradición. ¡Cuánto caché da olvidarse del aguinaldo (aguilandos en otros lugares)! Es preferible invertir la mísera paga extra de este año (quien la haya cobrado, claro…) en El Corte Inglés, que reunirse en torno a una botella de mistela y turrones de todo tipo para pasar la tarde cantando villancicos.
Pero como lo mío es joder a todos estos seres del inframundo, hoy les mando dos canciones navideñas, la una en formato visual http://www.dailymotion.com/video/x2m5pw_flamenco-la-macanita-villancico_music y la otra en forma de poesía (pónganle música), muy similares en contenido... Y sí: es más sencillo disfrutar de estos días, que refunfuñar a regañadientes esa frase que tanto oigo últimamente: “Odio la navidad”.

De su esposo en compañía,
soñolienta y fatigada,
por ver si les dan posada
toca en las puertas María.

Él le dice: -Esposa mía,
ten calma, vamos a ver…
Nos abrirán al saber
que te encuentras en estado
y un lecho busca prestado
tu Niño para nacer.

Pues tiembla la virgen bella,
él se quita en el camino
su paltocito de lino
para ofrecérselo a ella.

-Vaya mi linda doncella
con este manto abrigada-
dice con gracia forzada
mientras siente las diabluras
que hace el frío en las roturas
de su franela rayada.

[…]


Aquiles Nazoa.
Retabillo de Navidad.
Ilustraciones de Ana Palmero Cáceres.
2007. Caracas: Ekaré.