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viernes, 11 de diciembre de 2020

Sueños y caminos compartidos


Tras ESTA CHARLA con Juan Senís sobre poesía y haberme planteado la pregunta de qué opinaba sobre la poesía ilustrada, una que muchas veces parecía redundante sobre todo en el aspecto discursivo, me encontré de golpe y porrazo con esta antología de Antonio Machado, uno de mis favoritísimos, en la que se hace un recorrido de su obra en orden cronológico y acompañado de acuarelas de mi apreciada Leticia Ruifernández sobre los lugares en los que había desarrollado su actividad vital, y me acordé de la cuestión planteada. 
En principio, me pareció que el estilo figurativo de las ilustraciones poco tenía que aportar a los versos del maestro, sin embargo, cuando empecé a ahondar en el significado de palabras e imágenes vislumbre un viaje interior compartido pues este libro hacía las veces de diario de viaje, de cuaderno de apuntes pictóricos, no sólo porque la ilustradora había realizado casi todas las aguadas in situ, visitando cada una de las estaciones de ese via crucis poético, sino que traía una mirada renovada sobre paisajes, lugares y detalles. 


Quizá no puedo categorizar sobre la poesía ilustrada, pues tras este encuentro con Machado y Ruifernández hurgué en mi biblioteca y constaté que otras obras no merecen esta reflexión, pero sí puedo decir que las imágenes pueden abordar una experiencia lectora enriquecida desde un prisma personal que se vale de estilos y formatos variados para interpretar la voz de los versos o guiar al lector perdido. He aquí un ejemplo. 

Una tarde parda y fría 
de invierno. Los colegiales 
estudian. Monotonía 
de lluvia tras los cristales. 

Es la clase. En un cartel 
se representa a Caín 
fugitivo, y muerto Abel, 
junto a una mancha carmín. 

Con timbre sonoro y hueco 
truena el maestro, un anciano 
mal vestido, enjuto y seco, 
que lleva un libro en la mano. 

Y todo un corro infantil 
va cantando la lección; 
“mil veces ciento, cien mil; 
mil veces mil, un millón”. 

Una tarde parda y fría 
de invierno. Los colegiales 
estudian. Monotonía 
de lluvia tras los cristales. 

Antonio Machado. 
En: Yo voy soñando caminos
Ilustraciones de Leticia Ruifernández. 
Selección, introducción y notas de Antonio Rodríguez Almodóvar. 
Epílogo de Julio Llamazares. 
2020. Madrid: Nórdica Libros.


viernes, 7 de febrero de 2020

Salir volando



Creo que estoy a punto de explotar. A base de amigos impertinentes (más que yo, imagínense), compañeros de trabajo envidiosos y mediocres (a pesar de sus trapos de marca), y familiares llorones, de lo que más ganas tengo es de salir volando. No sé muy bien hacia dónde, pero el caso es que estaría bien un poquito de aire que me refresque las sienes. Frío, que de verano a destiempo ando algo harto. Lo malo es que, a menos que me implanten unas buenas alas, la cosa está difícil, pues eso de mantenerse en suspensión atmosférica no está hecho para cachos de carne. Tendré que gobernarme una montura a mi altura. Elegante, poética, fantástica y poderosa. Bien me valdría un pegaso, que últimamente se cotizan al alza…

Tournez, tournez, chevaux de bois.
Verlaine.
                                                                                        
Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera.

Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.

En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera!

Antonio Machado.
Pegasos, lindos pegasos.
En: 12 poemas de Antonio Machado.
Ilustraciones de Pablo Auladell.
2019. Vigo: Kalandraka.




viernes, 20 de noviembre de 2009

Caminar...


Destino… Una palabra que abunda en los cuentos… Cuentos castellanos, rusos, moldavos o kazajos, todos dan buena cuenta del destino como si de la única inercia que mueve el argumento se tratara. ¿Y dónde queda la voluntad de los personajes? Ahí está, en buen lugar, cuestión de la que doy fe… Si un protagonista no eligiese, no tomase decisiones correctas o erróneas (de todo nos pasa), el cuento, más que espejo, sería espejismo de la realidad, y ya no serviría de yesca con la que encender la lumbre en torno a la cual se escuchan las historias de los viejos. Esto que afirmo no implica que uno no crea en las casualidades. Creo en ellas firmemente, tanto, que a veces atento irresponsablemente contra mi propio corazón… pero en definitiva, la vida es un cúmulo de circunstancias, de casualidades muy hermosas (¡Sí, tú, sopetón malagueño!), de grises tropezones que, si no te levantan el ánimo, bien encienden la chispa de nuestra misma historia, y esa, déjenme que les diga, sí merece la pena de ser narrada.


II

Junto al agua negra.
Olor de mar y jazmines.
Noche malagueña.


XLIV

Todo pasa y todo queda,
Pero lo nuestro es pasar,
Pasar haciendo caminos,
Caminos sobre la mar.


Antonio Machado.
En: Antología poética.
1975. Madrid: Agrupación Nacional del Comercio del Libro.

miércoles, 8 de abril de 2009

Rezos populares


Pese a mi presunta aconfesionalidad, uno no puede negar el hecho de pertenecer a un país donde la religiosidad ha campado y campa a sus anchas desde sus comienzos. Y es que la iglesia ha sido casi su dueña: dueña del poder, del arte y hasta dueña de la literatura… Así que, para todos, católicos confesos, ateos, dudosos agnósticos y penitentes de varias oenegés, van los siguientes versos… Porque la palabra es un regalo para cualquiera.

¿Quién me presta una escalera
Para subir al madero
Para quitarle los clavos
A Jesús el nazareno?

Saeta popular
¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
Antonio Machado.
La saeta.
En: Antología poética.
1975. Madrid: Agrupación Nacional del Comercio del Libro.

jueves, 24 de abril de 2008

Centenarios y otras efemérides...


Ayer, durante la celebración del Día del Libro, decidí llevar a cabo una personal forma de festejar de esta fecha con una actividad de animación a la lectura basada en poemas de Antonio Machado...

El pasado año y en el transcurso de este 2008, se celebra una efeméride especial para el mundo de la literatura, sobre todo para los sorianos. Uno de los poetas españoles más universales, Antonio Machado, llegaba, hace 100 años, a Soria para ocupar la cátedra de francés del único instituto que existía en la ciudad a principios del siglo XX.

Versos inigualables surgieron de este encuentro, estrofas clave de la literatura española, una enorme huella que dejó en esa tierra sobria en el poeta sevillano, tan grande como la que dejó en nosotros, un importante legado que año a año se engrandece con el recuerdo de sus palabras.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar.