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viernes, 13 de noviembre de 2020

Hablando de LIJ con... Juan Senís


Juan Senís, además de profesor de universidad, ha hecho sus pinitos como autor de libros infantiles y es el alma mater de Dulce Pepinillo, uno de esos reductos en los que habita la poesía infantil en forma de reseñas personales y concienzudas, dos razones de peso para estar en esta sesión de mesa camilla en la que entresacamos opiniones variopintas sobre la llamada LIJ. ¡Empezamos, que en este día de libros y librerías toca una entrevista a golpe de belleza! 
Román Belmonte (R.B.): Conociendo su dilatado currículum vitae me sorprende que haya aterrizado en este género tan minoritario ¿Qué lleva a Juan Senís a la poesía infantil? 
Juan Senís (J.S.): No lo sé muy bien, pero es verdad que, desde que me dedico a dar clase de LIJ a tiempo completo y a investigar sobre ello, he ido creando un camino personal que me llevó a la poesía quizás por dos razones. La primera, que es un género muy desatendido desde el punto de vista crítico y, por lo tanto, un lugar donde se podía llenar un hueco (eso es lo que pretendía con el blog, por ejemplo). Y la segunda, el hecho de que se trate de un género bastante conservador en el que se repiten una serie de patrones en diversas tradiciones (no lo digo yo solo, por cierto) me hace sentir curiosidad por conocer esas dinámicas y explorar las razones de ello. Y, en fin, en general me parece un género fascinante por lo que tiene de difícil y de contradictorio. 


R.B.: Prosa o verso, verso u oración, métrica o estética… Yo siempre me hago un lío: ¿a qué pijo llamamos poesía? 
J.S.: Ja, ja, ja. Bueno, aquí uno podría ponerse un poco relativista, posmoderno y posestructuralista porque le saliera del pijo (que al final somos todos un poco de las tres cosas, como hijos de nuestro tiempo) y soltar una boutade del tipo: poesía es todo aquello que la gente llama poesía. Pero no. Déjame que me ponga un poco sublime y académico (solo un poco) y use un término que me gusta utilizar porque creo que es revelador: repertorio. El repertorio es el conjunto de reglas y convenciones que rigen el funcionamiento de un género literario en un momento dado de la historia. Esas reglas y convenciones van cambiando con los tiempos, claro está, pero siempre hay algo que permanece… Hoy en día, por ejemplo, la poesía no tiene por qué tener rima (la gran revolución poética de los últimos dos siglos la relegó), pero sí tiene ritmo; también hay poesía escrita en prosa, hay poesía más bien poco estética… El abanico es amplio. Y ahora aún más. Pero, si me preguntas qué es lo que distingue la poesía de otros géneros, yo diría que una especial tensión en el lenguaje que se manifiesta de muchas formas y, sobre todo, una manera peculiar de decir la realidad que traduce a su vez un modo original de ver la realidad. Es en ese viaje entre el ojo y el verbo donde reside la poesía. Yo les digo a mis alumnas muchas veces que, para decir las cosas como todo el mundo, mejor no escribir ni narrar. Pues eso es la literatura, y la poesía es donde se manifiesta todo esto de forma más extrema. 


R.B.: ¿Y tú de quién eres? ¿Retórica o estética? 
J.S.: Bueno, yo soy de las dos… Esto es como decir a quién quieres más, a mamá o a papá, ¿no? Aquí caemos un poco en esas dicotomías falsas del fondo y la forma. Si por retórica te refieres a la textura del lenguaje, al ritmo, por ejemplo, y por estética a la parte más conceptual e imaginista de la poesía, yo suelo preferir una poesía más estética que retórica, porque muchas veces con la retórica se tiende al formulismo y a la puerilidad. Pero al final creo que la separación es un constructo teórico más bien abstracto. 
R.B.: Ñoña, simple, inofensiva… Si la literatura infantil en general ya recibe todos estos apelativos, la poesía infantil es el género más denostado. Dígale algo a todos esos capullos que le restan solera… 
J.S.: Les diría que se han quedado en la superficie de las cosas y que no se han molestado en ir un poco más allá. Pero esta es una acusación con la que lidiamos cada día quienes nos dedicamos a la LIJ. También les diría que en algunos casos tienen razón, porque se publica mucha poesía que se puede calificar con esos tres adjetivos y que no aporta nada de nada ni al género ni a los lectores. Pero eso siempre ha sido así. En novela también se publican cosas muy malas y nadie se rasga las vestiduras por ello. Mala literatura ha habido siempre, para adultos y para niños, como mal arte, mala comida, ropa mala… Peor es que hubiera mala praxis médica o mala ingeniería de puentes y caminos. En la literatura, al fin y al cabo, siempre hay algo de juego serio y necesario, afortunadamente. 


R.B.: En guarderías y jardines de infancia todavía escucho a los niños cantando coplillas de siempre o jugando con adivinanzas y retahílas, ¿por qué cuando crecemos, abandonamos el plano de lo lúdico y lo colectivo y relacionamos la belleza de las palabras con lo serio y lo íntimo? 
J.S.: No sé muy bien por qué, pero yo creo que se produce un desplazamiento ceremonial… en el sentido de que la poesía deja de tener una función, deja de relacionarse con ceremonias nuestras del día a día, como sí ocurre en la infancia, al tiempo que el lector en formación empieza a tener contacto con otra poesía, más lírica y sobre todo escrita, que suele encontrar en los libros de texto y que suele leer en el aula. Ahí hay una fractura muy clara, que es difícil de atajar, sobre todo por la manera en que se "trabaja" (horrible palabra, que entrecomillo a propósito) la poesía en el aula, como detallaré más adelante. 
R.B.: A su juicio, ¿a qué se debe la invisibilidad de la poesía en general? 
J.S.: Otra pregunta difícil… Bueno, hay varios factores, como siempre. Por un lado, está el tema escolar que he apuntado antes: generalmente la poesía se lee en un ambiente encorsetado y además encorsetada ella misma en medio de todo tipo de actividades y ejercicios. No se pide al alumnado que lea poesía para identificarse, para construir una identidad, para que el poema resuene dentro de ellos mismos, sino para que localice las figuras, mida los versos, etc. Eso es un horror, y el horror está en las aulas… aunque no en todas, claro está. Si en esas aulas, además, quien está al mando no es lector o lectora de poesía, el desastre está ya consolidado. 


R.B.: Suscribo sus palabras. No obstante parece que los jóvenes se pirran por los poetas que florecen en Instagram ¿Qué opina de este fenómeno? ¿Están devolviendo las redes sociales cierto estatus social a la poesía? 
J.S.: Es un fenómeno complejo y del que no tengo una opinión muy formada. Pero es indudable que, en medio de lo que ahora Baricco llama la crisis del mediador y de los nuevos paradigmas de lectura, se ha producido un fenómeno por el cual la poesía ha adquirido gran visibilidad a través de las redes. Se trata de un tipo de poesía más bien poco poética (por decirlo así), pero que tiene mucho éxito porque plantea un desahogo directo y algo pueril, dicho sea de paso, pero que conecta en fondo y en medio (las redes) con los jóvenes lectores. No pasa nada. Es poesía comercial, como hay novela comercial, y está bien que sea así. Pero tal vez deberíamos reflexionar y preguntarnos si el éxito de este tipo de poesía – en general de una calidad más que dudosa, y a la que se apuntan a veces hasta triunfitas y triunfitos con la colaboración de un coach literario (sic) que viene a ser el negro de la vida – no es síntoma del fracaso de la escuela como mediadora poética y educadora literaria, como hablaba antes. Ahí lo dejo. 


R.B.: Siempre que hablo de poesía infantil recuerdo aquel sketch cómico de Martes y Trece parodiando a Gloria Fuertes donde la rima consonante era el santo y seña de la mofa. ¿Crees que la poesía infantil se encuentra más sujeta a la rima consonante que la dirigida a los adultos? ¿A crees que se debe? 
J.S.: Lo creo firmemente y lucho por eliminar esa lacra desde mi modesta posición. A ver, la poesía infantil es, como digo yo a veces, una Arcadia, y como tal, inmovilista y un poco anticuada, porque al final la escriben los adultos y por lo tanto plasma la visión que los adultos tienen de la infancia y (más importante aún) de lo infantil. Toda obra para niños lo hace, dibuja un lector modelo infantil que es al mismo tiempo un retrato de la visión de la infancia que existe en una época determinada. Si los adultos creemos firmemente que los niños solo reaccionan positivamente ante cierto tipo de poesía (con ritmo, con rima, etc.) y no ante otros tipos, lo normal es que acaben escribiendo ese tipo de poesía, y lo mismo pasa con los editores que publican ese tipo de poesía. Pero eso es lo mismo que darles a los niños de comer siempre chucherías y el puñetero menú infantil de los restaurantes (una idea que odio). Sin exponerlos a nuevas experiencias poéticas (o culinarias, o de lo que sea) no conoceremos su respuesta lectora. Por eso, tal vez esta predominancia de la rima y todo eso sea un síntoma más de esta etapa de la historia en que la niñez está sobreprotegida y, en cierto modo, confinada, lo cual es una paradoja si luego ponemos en manos de los niños un móvil a los diez años y pueden ver porno, ¿no? La poesía sin rima es mala, pero el porno, no. 
R.B.: ¿Tiene esto que ver con que la poesía dirigida a los niños haya tardado más en adaptarse al verso libre que la poesía adulta? 
J.S.: Tiene mucho que ver con lo que he dicho en la pregunta anterior. A falta de estudios concluyentes (aunque he leído hace poco algunas investigaciones al respecto que arrojan algo de luz), creo que tiene que ver con varios factores. Primero, esa idea tan extendida de que es lo que les gusta a los niños… Vale, sí, les gusta, como les gustan las chucherías, y no les damos eso todo el rato. Segundo, ciertas inercias establecidas del sistema literario ligadas a la repetición de clichés que funcionan. Y, tercero, en general el desconocimiento de ciertos mediadores de lo que ha sido la poesía en los últimos siglos y decenios. Es una combinación compleja, como siempre, pero ahí apunto algunas causas. 


R.B.: ¿Quiénes a su juicio han revolucionado el panorama de la poesía infantil en español? 
J.S.: Aun a riesgo de ser reductor, y de meterme en un jardín considerable, creo que la gran revolución de la poesía infantil en español viene del otro lado del Atlántico. Es solo una intuición, pero que comparto, por ejemplo, con una autora que me gusta mucho y con la que tengo una relación epistolar, Cecilia Pisos, que llegó a las mismas conclusiones que yo… Tampoco hablaría de revolución (es ambiciosa la palabra) en un terreno como este, pero sí que desde el otro lado parecen haber normalizado la relación de la poesía infantil con el verso libre, que es un paso adelante considerable. Al margen de la revolución, hay autores que me gustan… Por ejemplo, María José Ferrada ha logrado crear una voz y un mundo propios que es muy personal y casi intransferible, aunque haya ya una senda que ha inaugurado y por la que transitan otros autores y, sobre todo, autoras. La misma Cecilia Pisos, ya mencionada, es una gran escritora para niños (es argentina). En Italia, recomiendo seguir a Silvia Vecchini, que es una maravilla de autora (su poesía no está traducida al español, creo). Y luego, más que autores, hay libros que son hitos y que van más allá de lo obvio… Podemos hablar mañana de ellos, si te parece bien, pero hablar de revolución me parece un poco desproporcionado. 


R.B.: Sobre el formato en que se presenta la poesía infantil actual creo que el álbum tiene mucho que decir. ¿Qué opinas sobre la poesía ilustrada? 
J.S.: Yo creo que el álbum ha fagocitado en cierto modo la LIJ: su influencia en los últimos años no tiene parangón, y eso incluye la poesía. Ahora mismo, el álbum poético es una de las manifestaciones quizás más interesantes del mercado literario infantil (y no infantil). Pero ante todo hay que hacerse una pregunta: ¿por qué, para qué ilustrar poesía? ¿Qué sentido tiene? Yo me lo pregunto ante cada edición ilustrada de poemas para niños o adultos, porque ilustrar para redundar en el contenido del texto, y no para ampliarlo o desafiarlo, no tiene demasiado sentido. En cualquier caso, ahora hay una corriente favorable a este formato, aunque no todo sea bueno dentro de él. Lo que sí es llamativo es el auge de las ediciones de poesía ilustrada para adultos, que tiene que ver, claro está, con la supervivencia del libro en papel como objeto estético. Está por estudiar este fenómeno, y no descarto dedicarme a ello en el futuro. 


R.B.: Para despedirnos (por hoy, que ya sabes que mañana nos volvemos a ver en la sección Café con monstruos del Instagram de los monstruos) ¿A qué juega Juan Senís? ¿Cuál/es es/son su/s plato/s favorito/s? ¿Y sus libros favoritos? 
J.S.: Yo juego al tenis, cuando puedo, y juego a gustar al personal en general, porque me puede la seducción de todo tipo, como a cualquier tímido. Entre mis platos favoritos están la tortilla de patatas (yo cenaría eso hasta en Navidad, no te digo más), el arroz de cualquier manera (aunque una buena paella es un placer enorme) y todas las legumbres. Ya ves que soy un poco castizo, pero es que me parece un poco hortera eso de hacerte el cosmopolita a través de la comida (perdón). Y mis libros favoritos… Otra pregunta difícil, pero, en fin, podría decirte, así, a bote pronto, la poesía de Emily Dickinson (que es una suerte de milagro lingüístico y conceptual), Proust (que he leído entera la Recherche, en francés, y ya de paso fardo un poco, ja ja), autoras como Willa Cather o Natalia Ginzburg, que están fuera del canon porque narran centrándose más en universos domésticos (como si eso no fuera vida de verdad) … Y Mujercitas, porque fue el libro que me hizo lector… o lectora, quién sabe. Pero, en general, cualquier libro que renueve mi mirada… y da igual que sea para niños o para adultos, al final, que sea poesía o novela. Sin eso, no hay literatura. No existe. Al final, todos queremos que nos cuenten la misma historia de siempre con otras palabras, ¿no? Para burlar la muerte y estar entretenidos e iluminados. No hay más.

Está entrevista continuó en el espacio que los monstruos tienen en Instagram para profundizar sobre títulos y autores de poesía infantil, así como en otras cuestiones de la poesía infantil más actual. Pueden acceder al vídeo AQUÍ o a través del IGTV de la citada plataforma.


Juan Senís (Oviedo, 1975) es doctor en Filología Hispánica y Licenciado en Filología Hispánica e Historia del Arte por la Universidad de Castilla-La Mancha. Asimismo, obtuvo un Diplôme d’études approfondies en la Universidad Paul Valéry / Montpellier III. Ha publicado la monografía Mujeres escritores y mitos artísticos en la España contemporánea (Pliegos) y los álbumes ilustrados Geno (OQO) y Un viaje nunca visto (La Fragatina), así como diversos trabajos en revistas y libros colectivos. Actualmente es profesor en la Universidad de Zaragoza y mantiene el blog sobre poesía infantil Dulce Pepinillo.


viernes, 17 de mayo de 2019

Tengo el corazón contento



Hoy es viernes y el Román estaba bien contento hasta que ha pillado a varios jetas copiando. Tampoco es que me haya inmutado. Ya saben lo que hay conmigo. Facilidades, todas pero, jetas, ninguno. Yo seré un fresco, pero también honrado, y eso de adelantar por la derecha a otros que juegan limpio, no va conmigo. Así que no me den palmas por rumba u otro palo guerrero, que me conozco y no quiero…
Corramos un estúpido velo, que por fin llegó el fin de semana y toca tener el corazón contento y no ha lugar para caras largas ni otras formas de berrinche.



Félix Corazoncontento,
carpintero de talento,
es un genuino tesoro,
tiene un carácter de oro:
muy pacífico y paciente,
considerado y atento
con toda clase de gente.
¿Su secreto? Yo os lo cuento
con la palabra concreta:
como se agarra ravietas
con uve, que es más bajita,
a nadie irrita
y no hay resentimiento.
A causa de un error
de ortografía
con todos vive en paz
y en armonía.

Gianni Rodari.
En: De la A a la Z.
Ilustraciones de Chiara Armellini.
2018. Tres Cantos (Madrid): Loqueleo Santillana.



jueves, 21 de marzo de 2019

¡Feliz Día de la Poesía!



Si ayer nos tocaba felicidad, hoy nos toca primavera y poesía (Admitámoslo, en un hecho cultural basado en redes sociales, sin efémerides ni hashtag no somos nadie). Si bien es cierto que todos los días necesitamos versos y poesía (que no toda tiene que ver con la rima), no está de más que dediquemos una jornada a este género. Pero, ¿es un género, o la poesía empapa todo lo literario? La palabra poesía tiene una etimología griega y se podría traducir como “creación”, que en nuestra lengua (y en otras muchas) hace referencia a la manifestación de la belleza mediante el uso de la palabra.


Los griegos, esos que aportaron tanto a la cultura occidental definían tres tipos de poesía, la lírica, que se acompañaba de música, la dramática, que hacía referencia al teatro, y la épica, con un sentido más narrativo. De estos tres tipos la que más ha trascendido es la lírica ya que su tratamiento ha quedado extendido a la musicalidad de la propia palabra, es por ello que casi siempre utilizamos el término “poema” para referirnos a una composición verbal con musicalidad y cadencia. No obstante no debemos olvidar que la palabra siempre puede utilizarse para alcanzar u ofrecer una experiencia estética (nadie sabe dónde y en qué ingredientes se encuentra el germen del artista).


A partir de este punto todo se complica y no seré yo quien me meta en camisas de once varas con tipos, subtipos, escuelas, mensajes explícitos e implícitos, construcciones, dodecasílabos, alejandrinos, sonetos, tipos de rimas y discursos poéticos, pero sí me gustaría en defender la poesía una vez más como una de las mejores formas para desarrollar el gusto por la palabra, por la lectura. Pues bien son conocidas las bonanzas de la poesía para sembrar en los llamados prelectores teniendo en cuenta que el desarrollo del oído tiene lugar de manera más temprana que el de la vista.


Las palabras, la voz, tienen su propia cadencia y la adquisición y el enriquecimiento del lenguaje pasa necesariamente por ellas. Generosa en emociones, expresiones, ritmos y entonaciones, la poesía se abre camino desde la cuna con las nanas y continúa conforme crecemos ofreciéndonos parcelas donde lo poético convive con acciones, enseñanzas, aspectos lúdicos u otras muchas artes.
Repetir como papagayos, inventar nuevas fórmulas rítmicas, crear nuestros propios poemas, ayuda a reconocer la palabra como un patrimonio común y a desarrollar un sinfín de destrezas más como la creatividad, la imaginación, la escritura, la comunicación, la psicomotricidad o la afectividad.


Sin más teoría ni dilación, les dejo con bastante de poesía infantil y juvenil, que es lo que hay AQUÍ.


Nota: las poéticas ilustraciones que acompañan a esta entrada son propiedad de Gabriel Pacheco.

viernes, 25 de enero de 2019

De frío y lana



Parece que el frío arrecia. El mar se agita, algunos campos se han cubierto de nieve y circula un viento que rasca bien los riñones. Así que, esperando que arribe un febrero más suave, toca abrigarse. Un jersey gordito, gorro (sombrero para los elegantes), un par de guantes, botas altas, algunos hasta leotardos, un cortavientos y la bufanda que no falte. Lo bueno del asunto es que las materias primas han cambiado. Que antes con tantas capas de lana, por poco moríamos sepultados… 

- Ovejita, dame lana.
- ¿Para qué quieres mi lana?
- Para hacerme un jersey
y estar siempre calentito.
Si me tapo la barriga
un buen catarro me evito.

- Ovejita, dame lana.
- ¿Para qué quieres mi lana?
- Para hacer un lindo gorro
que resguarde mi cabeza.
No tendré frío en el pelo
ni tampoco en las orejas.

[…]

Isabel Minhós Martins.
En: Ovejita, dame lana.
Ilustraciones de Yara Kono.
Traducción de Xosé Ballesteros.
2019. Vigo: Kalandraka.


viernes, 18 de enero de 2019

De célebres escritores y cambios animales



Uno de los espacios de Londres que más me llama la atención es la Poet’s Corner de la Abadía de Westminster. Se trata de un espaco en la nave sur del templo de la iglesia anglicana dedicado a honrar la memoria de todos aquellos que han contribuido a engrandecer la cultura, sobre todo de corte humanístico, inglesa. De entre todos los homenajes allí presentes, son dos los que, como buen lector, me han interesado, concretamente las tumbas (no sólo hay enterramientos, también placas, bajorrelieves o bustos) de Charles Dickens y Rudyard Kipling. Lo del primero es una cuestión de admiración (ya saben que es uno de mis  favoritos) y lo del segundo tiene más que ver con los monstruos, pues es de admirar que un escritor que logró fama con sus novelas y relatos infantiles este sepultado aquí (Y ojo, porque a mi juicio, el honor es para reyes y princesas y no viceversa).
Es cierto que Kipling fue un autor muy prolífico, tanto de textos periodísticos y ensayos, como de relatos y novelas dirigidas a los adultos, pero nada sería de él si los niños no se hubieran fijado en obras como los Libros de la Selva, Kim, Puck de la colina Pook (del que por cierto vamos necesitando alguna buena edición) o Cuentos de así fue, parte del libro que nos acompaña hoy gracias a la última edición en castellano de Blackie Books.
Se podrían decir muchas cosas sobre este título… Por ejemplo que es un libro que nació al amparo de El segundo libro de la selva, concretamente del cuento Cómo empezó el miedo, en la escena en la que Mowgli escucha el cuento de cómo el tigre obtuvo sus rayas. También podríamos hacer alusión a que fueron ideados para darle las buenas noches a su primogénita Josephine, antes de que esta muriera de pulmonía a la temprana edad de 6 años. O que la primera edición (1902) estaba acompañada de las ilustraciones del propio autor (la edición de hoy cuenta con las de la reconocida artista catalana Marta Altés). Pero lo mejor es dejarles con parte de una de las cinco historias rimadas y remasterizadas por Elli Woollard (son 13 en la versión original) que narran la transformación de algunos animales hasta el aspecto que nos presentan hoy día. ¡Disfrútenlas!

Hoy voy a contaros por qué una Ballena
no puede tragarse a un marino
ni cruzar los mares con la tripa llena
como hace un modesto pingüino.

Creedme, la historia merece la pena…

Un gran animal de apetito brutal,
eso era la enorme Ballena,
y tenía un hambre tan descomunal
que nunca esperaba a la cena.

“¡Qué rica dorada! –decía encantada-,
¡que hermoso, ese atún tan lustroso!”.
Ni estando saciada cambiaba por nada
un solo bocado sabroso.

Cuando amanecía, solía engullir
treinta bacalaos de una vez.
Hasta que un buen día se le oyó decir:
“¡Aquí ya no queda… ni un pez!”.
[…]

Rudyard Kipling.
Así fue como a la Ballena le encogió el gaznate.
En: Cuentos de así fue.
Adaptación de Elli Woollard.
Traducción de Miguel Azaola.
Ilustraciones de Marta Altés.
2018. Barcelona: Blackie Books.



viernes, 11 de enero de 2019

Libros que abrigan


Parece que el frío nos abraza un invierno más y los ánimos andan un poco gélidos. No sé si tendrá que ver con la vuelta al cole (creía que iba a resultar mucho más dura), la cuesta de Enero, la post-euforia navideña o la operación bikini, pero el caso es que denoto cierto apalancamiento durante estos primeros días de enero. Mi globo sonda particular (como no podía ser de otra forma) está hecho de libros bonitos que, como el de hoy (delicioso simbolismo en formas y colores básicos), nos  ofrecen su abrigo. Volvamos a lo cálido de la niñez y demos paso a los versos que con sabor a Oriente nos trae el invierno.

La nube blanca estaba en el cielo gris.

Tenía frío, mucho frío.

La nube se fue a buscar
una cama donde dormir.

El frío dejó al árbol desnudo.

La nube se acostó sobre el árbol.

Y juntos empezaron a soñar…
El invierno ya está aquí.

empezaron a soñar…
                        El invierno ya está aquí.                           

Imapla (Inma Pla).
El árbol soñador. Romance de invierno.
En: Cuatro romances. Otoño, invierno, primavera, verano.
2018. A buen paso: España.



martes, 5 de junio de 2018

Lecciones perrunas



No sé si los chavales de antes teníamos más capacidad de sacrificio para lograr nuestros objetivos (pueden llamarlos sueños), pero lo que está claro es que sabíamos usar la ayuda que otros nos prestaban para hacerle frente a la adversidad. 
Padres, maestros, compañeros, amigos... Tardes de biblioteca compartidas, lecturas en familia, discusiones cotidianas sobre temas de actualidad... Quizá ya no existan o quizá ya no les prestemos la misma atención. Eso es lo que me dice el entrañable e inspirador libro de hoy, día en el que evalúo a mis 127 alumnos con una pizca de tristeza.

[…]

Así, de esta manera,
la joven Lebrela
con su capa roja,
patines de ruedas,
con todas sus fuerzas,
un cuento querido,
las gafas de sol,
con tres bendiciones
y una canción,
la herida de piedra,
colgante de estrella,
con dos bocadillos,
con la lengua fuera
y un par de alas
en el corazón,
la joven Lebrela
llegó la primera.

[…]

Julia Jiménez
En: Lebrela.
Ilustraciones de Mònica Solsona.
2018. Barcelona: Sd.Edicions.



viernes, 27 de abril de 2018

Viéndole las orejas al verano...



¿Quién nos iba a decir que el paso de la primavera al verano era cuestión de días? O al menos eso es lo que cuenta mi armario, que no sabe si ofrecerme una de manga larga u otra de manga corta... El caso es que habrá que disfrutar las temperaturas casi estivales antes de que se vuelva a torcer el carro, que visto lo visto, puede que la climatología salga por peteneras en el próximo mes de mayo. ¡Y disfruten del puente! ¡Que bien vale un descanso!

Le he visto
al verano
su sed
en las macetas.
Me he tatuado a boli
un ancla
y un delfín.
He saludado al dinosaurio
en la hierba,
tomando el sol,
seguía allí.
He encontrado
restos de un corazón
en la pared,
y el trozo de un mapa
y la fecha que indica:
“Usted está
aquí”.

Marga Tojo.
Estación Lago.
En: Cara de velocidad.
Ilustraciones de María Hergueta.
2018. Pontevedra: Kalandraka.


viernes, 20 de abril de 2018

Libros exquisitos que marcan un punto y aparte.



A veces te topas con libros tan hermosos que crees enloquecer. No sólo porque los versos son como el agua, clara a veces, otras calmada, quizás juguetona, o puede que templada. También te gusta como se mueven sus páginas tachonadas de la risa dulce, del viento ágil. Te fijas al mismo tiempo en el sol de su portada, en el día que en su guarda empieza y la tarde que se pone en la contraguarda. Y con todo y su música, crees volar como los pájaros que allá, en el infinito, puntean el mundo una y otra vez.

¿Qué es eso que llamamos
tan simplemente un punto?

Del universo entero
es un planeta,
un pequeño tornillo en
la bicicleta.

En la playa es un solo
grano de arena,
mar adentro es el lomo
de una ballena.

Muy de cerca, una hormiga
con su alimento,
lejos, un elefante
en movimiento.

Desde abajo ¿es un globo
que busca el cielo
o un avión que en el aire
remonta el vuelo?

A la mesa es un hoyo
en el salero,
calle abajo es un calvo
sin su sombrero.

En mi frente, está claro
es un lunar,
y es un signo en el verso
al terminar.

Felipe Munita.
Un punto.
En: Diez pájaros en mi ventana.
Ilustraciones de Raquel Echenique.
2017. Caracas: Ekaré.




viernes, 13 de abril de 2018

¿Libertad? ¿Fraternidad?... ¡Posverdad!



Antes se llamaba mentira, ahora posverdad. El caso es que, llámese como se llame, sigue siendo el mejor arma para dejar en entredicho a cualquiera que estire un poco el cuello. Políticos, directores, compañeros de trabajo, vecinos, familiares... nadie está exento de ver manipulados sus hechos y palabras en pro de otros más avispados que dejan a la altura del betún a cualquiera que intente hacerles sombra. Se lo dice este bocazas servidor, víctima de mamporreros piojosos y otros carroñeros arribistas... Así que cuidadito con lo que dicen o hacen ¡No se crean nada de los que predican libertad y fraternidad! Siempre son los mismos puntillosos quienes empiezan a tirar de una costura mal cosida y acaban sacándonos los colores, en loor de su propia gloria, que es la que al fin y al cabo les importa...

Candombe de las tortugas,
candombe ya va a empezar,
tortugueando, tortugueando
¡cuánto tardan en llegar!
Desde la blanca bahía
con grandes mochilas van,
llevan su casita a cuestas
sin prisa al caminar.

La tortuguita joven
se la llama Libertad.
A la tortuga abuela
le dicen Fraternidad.
Hace ya bastante tiempo,
casi no recuerdo ya,
van buscando un camino
que no pueden encontrar.

[…]

Maryta Berenguer.
Candombe de las tortugas.
En: ¡Esto que te cuento no es un cuento!
Ilustraciones de Miranda Rivadeneira.
2015. Buenos Aires: Kirikoketa.