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sábado, 6 de abril de 2024

El fin de la primavera


El bullir de esta época se ha apagado en mí. Ese vigor, la alegría que experimentaba todos los años, se han marchitando de golpe. Una sensación de desánimo se hace patente día tras día, y, lejos de transformarla en verano, otoño o invierno, llena ese jardín que es la vida con una honda tristeza. Hay algo en la enfermedad que desdibuja el presente. Como la calima o unas gafas sucias, no te deja ser tú, a pesar de desearlo con todas tus fuerzas. Y recuerdas los tiempos felices en los que todo era como tenía que ser: primavera.

Tu andar vacilante
se hizo firme,
poco a poco,
en el jardín.
Las briznas frescas
cosquilleaban, nerviosas,
las plantas nerviosas
de tus pies.
Y esos pies curiosos te acercaron
al arbusto de las muñecas,
al sembrado de las pinturas,
al matorral de las canciones,
al árbol alegre de las retahílas.
Otros jardineros
te tejieron bufandas,
te contaron historias,
te llevaron, de la mano,
a cada flor.

Les diste nombre a todas:
rosa, clavel,
poesía,
lavanda, azucena,
padre, abuela,
hierbabuena,
dalia, lirio,
amapola,
ruiseñor…

En primavera
brotaron, a centenas,
margaritas, comienzos
y despertares.

Y tus ojos, admirados,
los veían crecer.

M. Carmen Aznar.
En: El jardín que habitas.
Ilustraciones de Raquel Catalina.
2024. Barcelona: Akiara Books.


domingo, 17 de marzo de 2024

Rimas y tarimas


Música y poesía. Poesía y música. Parece que siempre van de la mano. Ritmo, cadencia y melodía. La una me lleva a la otra y viceversa. Quizá esa sea la razón por la que ambas me llevan de la mano y me dejo deleitar por las dos, sobre todo acústicamente. Y me explico… Cuando leo poesía, he de hacerlo en voz alta y valorarla con propiedad, pues aunque las palabras reverberan en mi seno, hay algo de mágico en ellas cuando se pronuncian en voz alta. Lo mismo me pasa con la letra de una canción, que por muy bonita que sea, necesito acompasarla con las notas y ver cuánto tiene de bonita, aunque sea bailando en mi tad de la verbena.


También sucede que, como las canciones, algunos poemas no te gustan al principio, pero, cuanto más los escuchas, más te acostumbras a su sonsonete, como una letanía lejana que, poco a poco, va formando parte de ti. Pero lo que más me llama la atención es que cada poema y cada canción tienen la huella del artista, una marca indeleble que puedes reconocer a pesar de los años, un toque, su firma. ¡Para que luego digan que rimas y tarimas no tienen nada que ver! 
Por eso no me extraña que García Teijeiro se haya envalentonado para emular a doce mujeres en forma de verso. Un extraño tributo que reverbera la impronta de cada una de ellas. 

Hay cinco nubes
sobre mi cama.
Una es de azúcar;
otra, una dama.
Una es de nieve;
otra, con rayas.

La más pequeña
es muy graciosa.
Flota en el viento
cual gaviota.

Son cinco nubes
que me acompañan.
Cuidan mi sueño.
No piden nada.

Antonio García Teijeiro.
Para Beatriz Giménez de Ory.
En: Los ecos del viento.
Ilustraciones de Noemí Villamuza.
2024. Pontevedra: Kalandraka.


lunes, 8 de marzo de 2021

¿Lenguaje inclusivo en la Literatura Infantil?


Elenore Abbott

8 de marzo y mucho ruido por todos lados. No es que yo vea bien esto de las prohibiciones. De hecho, no estoy a favor de muchas de las medidas que giran en torno a lo pandémico, sobre todo porque observo que los políticos las aplican cuando quieren, véanse como ejemplo las elecciones catalanas. Y menos mal que en estos últimos rifi-rafes, opresores y oprimidos son los mismos, que si no... ¡ardía Troya!
Dejando de lado las paradojas a la española, un servidor se mete en harina y enciende la mecha de otro petardo, el lenguaje inclusivo en la Literatura Infantil, una caja de truenos que quiero abrir desde hace mucho tiempo. Sin entrar en el uso del género femenino en la retórica –véanse palabras como "teniente" o "alcaldesa"-, hoy me gustaría hablar de cómo otras expresiones del citado lenguaje trascienden y se incorporan en la LIJ para, de paso, hacerla infumable.


Ida Rentoul Outhwaite

En las últimas semanas he observado que bastantes libros infantiles incluyen muchas de las nuevas fórmulas que los políticos lanzan en sus consignas. ¿Es eso literatura? 
Si bien es cierto que la literatura es un reflejo del mundo en el que vivimos e incorpora nuevas voces que emergen de él, también lo es que el mundo real (que nada tiene que ver con los hemiciclos, aviso) omite este tipo de expresiones. Si no me creen, solo tienen que acudir a una de mis aulas y dar buena cuenta de que los alumnos no hablan de esa forma, e incluso, empiezan a detestarla (Vean aquí el doble filo de la cuestión...).
También es curioso que muchos afirmen que el lenguaje inclusivo ha nacido de la misma sociedad. Ejem... Les corrijo... Se le ha impuesto a la sociedad desde los núcleos de poder, los púlpitos mediáticos y las redes sociales. A los ciudadanos nos preocupan la trata de blancas, que una mujer pierda su puesto de trabajo por quedarse embarazada, o que cobre menos que su compañero. 
También podrían decirme que la lengua está viva y evoluciona, que tiene mucho de elástica y maleable, lo cual es cierto. Pero no se nos debe olvidar que una de las premisas del lenguaje es que debe permitir el entendimiento de una forma directa y correcta. Y por favor, no me vengan con que la RAE, esa institución obsoleta y patriarcal, ha dicho esto o lo otro... Ustedes pueden escribir como les salga del asunto, pero lo que no puede ser es que midan con distinto rasero unas normas u otras según les parezca. La Literatura Infantil puede y debe ser un vehículo de disfrute y conocimiento lingüístico, pero si quien la escribe no atiende a las reglas, luego no martilleen con el analfabetismo y el informe PISA. Que nos conocemos… 


Margaret Evans Price

En cierta ocasión, un "erudito" del universo de la LIJ se dedicó a comentar las faltas que yo cometía en los post de la cuenta que los monstruos tienen en Instagram. Me dio bastante la turra con los intertextos de las redes sociales y no-sé-cuantos-rollos-más. Mi sorpresa fue que, al acercarme a su cuenta, la encontré llena de “vosotros y vosotras”, de “miembros, miembras y miembres”. Y desde aquí le digo: ¿Desde cuándo los circunloquios enriquecen una lengua, cacho votante? 
En otra ocasión y en cierto libro informativo, llegué a contabilizar hasta 27 veces la expresión “niñas y niños”. Mira que el tema era bonito, pero el autor la cagó con tanta reverberación (al menos, conmigo). 
El principio de economía rige cualquier lengua, es decir, utilizar el menor número de estructuras lingüísticas posibles para dar la mayor cantidad de información. Por ello, desde la perspectiva lingüística, la redacción de cualquier texto en este tipo de lenguaje en el que abundan locuciones cansinas y grafemas impronunciables, resulta redundante, exagerado e inoperante. Denota una subordinación del contenido al continente con fines estratégicos, políticos e ideológicos, algo a lo que ya han apuntado figuras como María Teresa Andruetto. 


Elizabeth Shippen Green

Sí, queridos monstruos, el texto literario se rige por normas que ni yo ni otros "señoros" hemos escrito. Si ustedes pertenecen a esos profesionales de lo literario, deberían conocerlas. Y si no es así, aquí les dejo unas cuantas:
- En la literatura prima la función poética o estética que se consigue con el uso de elementos retóricos. Poco o nada tiene que ver con la función referencial que, por ejemplo, ostenta un discurso institucional. 
- Lo literario no se adscribe a un tiempo y un espacio, sino que debe ser comprensible y atemporal, así como estar por encima de modas y tendencias. 
- El mundo creado en lo literario, ese del que hablaba Rilke, es un todo en sí mismo, incluso si comunica algo sobre la realidad exterior. Eso sí, nunca está subordinado a ella.
- Lo literario se sirve de una voz, de una perspectiva narrativa que el escritor elige para contar su historia y que no coincide con su persona. Si el compromiso confunde narrador con autor y viceversa, ¿dónde queda la literatura? Como ya he dicho en entradas como ESTA, cuando un creador antepone un compromiso político al de su obra, esta se ve seriamente dañada.
Por todo lo anterior, señalo: si la literatura se atiborra de un lenguaje que no añade nada a lo estético o lo lingüístico, pero sí a la construcción de un discurso político, pasa a llamarse neolenguaje. No discutiré sobre si es lícito o no (cada cual puede hacer lo que le parezca), pero conmigo que no cuenten para darle vuelo a esos libros aliterarios.



Virginia Frances Sterrett

Y cuidao, porque la cosa no queda ahí. También tenemos a los editores. Si en este debate diferenciamos entre actores profesionales y no profesionales, y además presuponemos que los editores pertenecen al primer grupo, ¿acaso no deberíamos esperar que, como los escritores o los profesores de lengua, trataran lo literario desde un prisma científico y que no convirtieran sus publicaciones en panfletos y soflamas propagandísticas?
Me llama mucho la atención que ciertos editores permitan el lenguaje inclusivo teniendo en cuenta lo cansinos que se ponen con eso de evitar a toda costa el empalague textual. ¿Editores de Literatura Infantil que aborrecen las subordinadas y son capaces de mover cielo y tierra para que el autor las modifique en aras de la “comprensión lectora”, pero tragan con este tipo de desdobles y reiteraciones? Perplejo me hallo. Serán cosas del marketing, la publicidad o el comprador potencial..., porque no olvidemos que el “girl power” vende, y mucho.
Todavía me parece peor que algunas empresas del ramo nos vendan su mirada progresista cuando traducen El principito al lenguaje inclusivo. Es así como nació La principesa (un experimento verídico que habrá vendido lo suyo) y se pasaron por el forro la idea primigenia de Saint Exupery. ¿Hay que empercudir un librito con el que millones de criaturas han construido un discurso personal e intransferible independientemente de su género? ¿Acaso no hay montones de buenas novelas infantiles con mujeres como protagonistas a las que darles alas entre los lectores?


Jessie Marion King

Considero más interesante que los escritores busquen formas correctas, económicas y elegantes con las que dirigirse a todo tipo de lectores (que para eso dominan la lengua, ¿no?) y dejen de emular las soplapolleces que repiten esos analfabetos funcionales que ostentan el acta de diputado. Sí, se puede.
Aunque yo no esté muy a favor de ciertas modas, me parece mucho más productivo y efectivo llenar todas las librerías de biografías sobre mujeres importantes (un amigo LIJ-ero las llama “vidas de santas”), que atender a tontunas lingüísticas que el tiempo termina por borrar.
Por último, y a pesar de que muchos no caigan en la cuenta, aupar la LIJ también es apoyar a las mujeres, pues siempre ha sido una parcela muy femenina donde escritoras, ilustradoras, libreras, mediadoras y editoras trabajan por y para la cultura.
Más vale todo eso, que llenar las páginas de los libros infantiles de una propaganda intragable que sólo pretende complacer a los adultos desde un lenguaje inerte y ceremonioso que nada tiene de literario.


Bertha Lum

Quizá el lenguaje inclusivo sea necesario en una sociedad adulta que aplaude los caprichos de sus políticos o justifica las faltas de respeto para con otros iguales, pero en el universo infantil huele una vez más a doctrina y censura. Pues las falsas ideas que lo políticamente correcto inocula en las mentes infantiles, no sirven para hacerlos más libres, sino para que otros sigan apalancados en los sillones por los siglos de los siglos (amén).
La complacencia se ha convertido en la mejor estrategia para dividir a una sociedad cada vez más llena de ofendidos (a este paso todo quisqui va a necesitar un pronombre), y sin embargo, poco se habla de la igualdad real. No le meten mano a los salarios, ni a las oportunidades, ni a los puestos de responsabilidad. Se centran en la dialéctica, en distraernos, en aplacar conciencias, en gastarse el dinero de los contribuyentes y generar odio. En vez de aportar y conciliar, todo se resume en un lavado de cara virtual a costa del lenguaje, de las palabras.
Y al que se le ocurra decir que todo esto se debe a mi condición de hombre, le regalo mi vida. Que no va a llevar frío.

*    *    *
NOTA: Todas las imágenes que acompañan este post pertenecen a grandes autoras de la llamada época dorada de la ilustración. Harían bien en poner sus nombres en el buscador y disfrutar del trabajo de estas artistas.

viernes, 19 de octubre de 2018

Palabras de juventud



Maruja Mallo. 1979. "Homenaje a la Revista de Occidente". Collage.

Como ya va tocando un poquito de calma, me permito el lujo de terminar esta semana tan intensa con una de las recopilaciones de poesía más esperadas de los últimos meses. Y digo esperada porque en esta Antología poética de la Generación del 27 se incluyen los poemas de nueve “sinsombrero” (¿Recuerdan el monográfico que les dediqué a estas mujeres hace unos meses?). Comentada y anotada, e incluyendo una perspectiva didáctica, creo que es una muy buena edición para jóvenes que necesiten versos con los que ilustrar un mundo lleno de palabras…

Los alumnos guardan una palabra
latente y sin decirla, bien amada.
Redonda como un astro de esperanza.
Con olor de huertos y de costas.
Con anchura de campos y de vientos.

Cuando los muchachos la escriben,
por fin, en la pizarra, llena la clase,
destila mieles, risas, arrebatos.
Ellos gritan, alegran, se desbordan,
como pájaros crecidos en vuelo,
abriendo mundos, descolgando sueños.
Redentora palabra, alta estrella
en itinerario de dulces caminos.

Es la fórmula sin ciencia, sencilla,
resuelta, desatada
en vocación de holganza, optimismo, libertad:
Vacaciones.

María Cegarra.
Los alumnos…
Desvarío y fórmulas (1978).
En: Antología poética de la Generación del 27.
Selección de textos de Rafael Díaz.
2018. Madrid: Loqueleo-Santillana.



Aprende
del madero quemado,
de la hoja amarilla del árbol,
de la sed de la tierra,
de las arrugas del anciano.
Aprende
del quiebro del silencio,
de la sombra de la soledad,
de la mano extendida,
de la boca sin besos.
Aprende
de la mujer estéril
de la casa vacía,
del recuerdo inútil.
Sí, corazón
aprende
y deja de sufrir.

Josefina de la Torre.
Aprende…
Medida del tiempo (1989).
En: Antología poética de la Generación del 27.
Selección de textos de Rafael Díaz.
2018. Madrid: Loqueleo-Santillana.



jueves, 8 de marzo de 2018

Las Sinsombrero (o las mujeres de la Generación del 27) para niños



Desde que Marta Soto de la Biblioteca Telo (C.E.I.P. José Calvo Sotelo) le “echara mucha cara” (ese fue su punto de vista, no el mío, de hecho le estoy más que agradecido por todo lo que he aprendido) y me pidiera un post sobre las Sinsombrero, he estado hurgando en estanterías, hemerotecas y algunos lugares de la red para traerles el presente post que, aunque solo sea un acercamiento a este grupo de mujeres desde la perspectiva de la LIJ, creo que también es un reconocimiento a la tarea que, a pesar de las modas impuestas por Hollywood durante los últimos meses, han desarrollado mujeres luchadoras desde los albores de la sociedad occidental.


Maruja Mallo

Para entender el contexto que dio origen a un movimiento como este, hay que remontarse a una sociedad española modelada por la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y la Guerra Civil. Tras la pérdida de Cuba y las últimas colonias españolas, aflora la crisis social y económica que lleva aparejada cierto sentimiento antifeminista, uno al que se enfrenta un sector de la sociedad que, aupado por las corrientes europeístas que demandan un papel más activo y visible en las sociedades cosmopolitas, deja entrever movimientos como los de las primeras sufragistas, que piden una representación política para la mujer. Las mujeres han hecho frente a situaciones terribles como las que trae la Primera Guerra Mundial y están en pleno derecho de exigir una independencia de la sociedad masculina. Es así como las políticas María de Maeztu, Clara Campoamor o Victoria Kent, la escritora Zenobia Camprubí, o la maestra María de la O Lejárrega empiezan a visibilizar el cambio que más tarde, durante la Pre y Posguerra, se extendería a la esfera cultural de mano de las Sinsombrero, el grupo de intelectuales que nos ocupa en este monográfico.


Remedios Varo

Reciben este nombre una treintena de mujeres que cultivaron las artes y el pensamiento. Nacidas entre 1898 y 1914, fueron coetáneas de la llamada Generación del 27, un grupo de artistas y pensadores españoles, como Federico García Lorca, Rafael Alberti o Salvador Dalí, cuya influencia marcaría un antes y un después en la cultural española del siglo XX y al que también se pueden adscribir ellas. Aunque muchos las denominan "compañeras, amigas o parejas de", yo me decanto por obviar este hecho ya que todas tienen una personalidad y carácter independientes. De entre estas y por orden alfabético de apellido, destacarían los siguientes nombres propios:

Lili Alvárez (deportista y escritora; Roma, 1905 – Madrid, 1998)
Francisca Bartolozzi (ilustradora e historietista; Madrid, 1908 - Pamplona, 2004)
Consuelo Berges (escritora; Ucieda, Cantabria, 1899 – Madrid, 1988)
María Campo Alange (escritora y crítica de arte; Sevilla, 1902 – Madrid, 1986)
Luisa Carnés (escritora y periodista; Madrid, 1905 - México, 1964)
María Cegarra (química, profesora y poeta; La Unión, 1903 - Murcia, 1993)
Rosa Chacel (escritora; Valladolid, 1898 – Madrid, 1994)
Ernestina de Champourcin (poeta; Vitoria, 1905 – Madrid, 1999)
Carmen Conde (escritora y maestra; Cartagena, 1907 – Madrid, 1996)
Mercedes Formica (jurista y escritora; Cádiz, 1913 – Málaga, 2002)
Elena Fortún (escritora; Madrid, 1886 – Madrid, 1952)
Marga Gil-Roësset (escultora, ilustradora y poeta; Las Rozas, 1908- Madrid, 1932)
Carmen de Icaza (escritora; Madrid, 1899 – Madrid, 1979)
María Teresa León (poeta; Logrono, 1903 – Madrid, 1988)
Maruja Mallo (pintora; Viveiro, Lugo, 1902 – Madrid, 1995)
Margarita Mansó Robledo (pintora; Valladolid, 1908 – Madrid, 1960) 
Concha Méndez (escritora; Madrid, 1898 – México, 1986)
Julia Minguillón (pintora; Lugo, 1907 – Madrid, 1965)
Elisabeth Mulder (escritora y poeta: Barcelona, 1904 - Barcelona, 1987)
Margarita Nelken (escritora, crítica de arte y política; Madrid, 1894 – México, 1968)
Carlota O'Neill (escritora; Madrid 1905 – Caracas, 2000)
Lucía Sánchez Saornil (poeta; Madrid, 1895 – Valencia, 1960)
Angeles Santos (pintora; Portbou, 1911 – Madrid, 2013)
Delhy Tejero (pintora; Toro, Zamora, 1904 – Madrid, 1968)
Josefina de la Torre (poeta; Las Palmas de Gran Canaria, 1907 - Madrid, 2002)
Pilar de Valderrama (poeta; Madrid, 1989 - Madrid, 1979)
Remedios Varo (pintora; Anglés, Gerona, 1908 - México, 1963)
Rosario de Velasco (pintora; Madrid, 1904 – Barcelona, 1991)
María Zambrano (filósofa y pensadora; Vélez-Málaga, 1904 – Madrid, 1961)


Su sobrenombre les viene de una anécdota narrada por la pintora Maruja Mallo en la que, un día de los años 20, se encontraban en el centro de Madrid Federico García Lorca, Salvador Dalí, Margarita Mansó y ella, y decidieron pasear por la Puerta del Sol sin sombrero para dejar así fluir las ideas, lo que constituiría una alegoría a la libertad de pensamiento y una provocación que se saldaría con insultos y pedradas por parte de los que por allí pasaban. Este gesto fue adoptado por los intelectuales de la época como un acto de rebeldía a la opresión, de ruptura con los corsés e ideologías de la época, sobre todo en aquellas mujeres que querían alejarse de sus papeles de madres y esposas.


Rosario de Velasco

Si bien es cierto que la mayor parte de estas mujeres pertenecían a burguesía y la aristocracia, es decir, a clases sociales elevadas, a familias donde la cultura era una prioridad (evidentemente, el sustento era más fácil), dentro de las Sinsombrero podemos hablar de dos tipos de mujeres: aquellas que sí pudieron escapar del régimen franquista y las que no pudieron hacerlo por motivos familiares y/o económicos. Más se conoce de las primeras que de las segundas, evidentemente por el heroísmo que supone haber podido huir a otros países, generalmente europeos o de América latina, para regresar a nuestro país tras el exilio. En España quedaron las otras que, lejos de ser engullidas por las tretas de la dictadura, supieron reconvertirse y sobrevivir a la censura y otras lides que se guardaban para con los artistas.
Del primer grupo se sabe bastante, sobre todo porque algunos sectores de la política se han adueñado de ciertas figuras para ejemplificar una lucha que a veces poco tiene que ver con lo que defendieron estas mujeres. El segundo, a pesar de estar constituido por mujeres igualmente transgresoras y libres, ha sido todavía más olvidado ya que sufrir un cambio traumático a un régimen opresor y seguir publicando durante la dictadura, no está bien visto por el sentimiento más hipócrita de la esfera progre, relegándolas a un segundo plano (que en realidad es cuarto) por traidoras, supervivientes y mujeres.


Rosario de Velasco

Aunque la mayor parte de la producción artística de estas mujeres se desarrolló orientada hacia el mundo adulto, también hay ejemplos claros de obras dirigidas al público infantil, así como otras que también se pueden extrapolar a ese mundo de una manera clara.
Dentro de las autoras que dirigieron sus obras al público infantil tenemos bastantes, sobre todo las que crearon en su juventud pequeños relatos y cuentos, como Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre, pero son cuatro las que los vieron publicados: Marga Gil Roësset, Francisca Bartolozzi, Elena Fortún y Concha Méndez.


Marga Gil Roësset

Es cierto que la figura de Marga Gil Roësset siempre ha originado muchas conjeturas. Las controversias que suscitó una muerte prematura a consecuencia del desencanto y la impotencia, el profundo amor que sintió hacia Juan Ramón Jiménez, o esa belleza honda y salvaje que desprendía, darían para mucho, pero un servidor prefiere centrarse en sus facetas como artista de vanguardia y multidisciplinar.
Perteneciente a una familia culturalmente activa, ella y su hermana Consuelo fueron animadas por su madre desde la infancia a desarrollar sus capacidades creativas, una costumbre que generó tres libros de carácter infantil que bien merecen una parada.
El primero de ellos fue El niño de oro, un libro que sería publicado en 1920 y en el que Marga demuestra una sorprendente habilidad para la ilustración a pesar de su juventud. Escenas realizadas en tinta y dos colores, negro y amarillo, que beben de corrientes modernistas y que hacen ciertos guiños a los pre-rafaelitas, el realismo y el impresionismo, constituyen uno de los títulos que precederán a los primeros álbumes ilustrados de nuestro país (véase Mercé Llimona). Imágenes intensas, sugerentes, y a veces grotescas (en cierto modo me recuerdan a la de Egon Schiele), se reúnen en una obra dirigida a los niños, de la que hoy día sólo se pueden encontrar ediciones facsímiles, y que debería estudiarse en muchas escuelas de ilustración contemporáneas.




Después vería la luz Rose des Bois (1923) un nuevo cuento de hadas de corte clásico en el que Gil Roësset continua con el estilo del primero donde se puede observar un estilo más maduro y solemne, sobre todo en lo que a composición (muchas diagonales,) y técnica (más detalles) se refiere. Quizá no sea un estilo tan fresco y cercano como el de El niño de oro, pero para mi gusto sirve para aupar a Gil Roësset como una verdadera artista que construye un universo propio con gran personalidad.



Por último tenemos Canciones de niños (1932), un libro con música de su cuñado José María Franco, en el que la artista, meses antes de suicidarse a los 24 años, decide romper con las obras anteriores para introducir el color. Aguadas sutiles donde los tonos medios y relajados proporcionan una atmósfera más ligera y calmada llenan un libro quizá más próximo a lo que estamos acostumbrados hoy día en lo que a ilustración infantil se refiere. Lo anecdótico de este título viene cuando más tarde, en 1933, se edita un edición abreviada en Francia que según algunos estudiosos inspiraría a Antoine de Saint-Exupery a la hora de dar forma a las ilustraciones de El principito con las que hay un cierto parecido.




En segundo lugar y continuando con la ilustración, hay que hablar de Francisca Bartolozzi. Conocida como Piti o Pitti Bartolozzi, la hija del conocido historietista Salvador Bartolozzi estudió Bellas Artes en la Academia de San Fernando donde compartió pupitres con otras Sinsombrero como Remedios Varo o Delhy Tejero. 


Al finalizar sus estudios fue contratada para ilustrar los cuentos de la editorial Calleja. A partir de 1930 comenzaría a colaborar con Crónica en una sección escrita por Antonio Robles y Elena Fortún, creando personajes tan entrañables como Canito y su gato Peladilla, una serie que se haría muy famosa entre 1934 y 1937. Del mismo modo, participaría en Gente Menuda, el suplemento infantil del diario ABC, así como en la elaboración de las escenografías teatrales de las Misiones Pedagógicas.



Tras la Guerra Civil, Francis Bartolozzi se dedicó al arte mural, así como a realizar otros encargos entre los que destacaron los grabados para el Pabellón Español de la Exposición Universal de París de 1937. No obstante, siguió desarrollando su faceta más infantil ilustrando tiras cómicas como las Aventuras del capitán Trompeta y el marino Trompetín, Picatoste y el Negrito Chimenea, Aventuras y desventuras de Canito o Carolina y la perra Marcelina que aparecieron en periódicos como Pregón o Arriba España.


Ahora toca hablar de María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo o lo que es lo mismo, Elena Fortún, la madre de Celia, Cuchifritín, Lita y Lito, La Madrina, el mago Pirulo, Roenueces, el profesor Bismuto y otros muchos personajes que nacieron al calor de Gente Menuda, el suplemento infantil de Blanco y Negro (Diario ABC), donde ella comenzó a colaborar a partir de 1928. Aunque la fecha de su nacimiento no la incluiría de manera estricta entre las “sin sombrero” desarrolla su actividad profesional en la misma época y sufre los mismos avatares que el resto.



Otra de estas mujeres que realizó su pequeña incursión en el mundo de la Literatura Infantil fue Maruja Mallo gracias a las ilustraciones que elaboró para ilustrar una edición de los cuentos de hadas de Giambattista Basile publicada en 1935. 


Fue un encargo que José Bergamín, fundador de Ediciones del Árbol, le hizo para acompañar Las siete cortezas de tocino, el segundo volumen de este Pentameron traducido por Rafael Sánchez Mazas. Las imágenes eran sencillas y muy descriptivas. Se realizaron en tinta china y fueron coloreadas en rojo, azul y amarillo. Un dato curioso que daba buena cuenta de la extravagancia que se gastaba la artista gallega es que firmó este trabajo como Mary Mall, su nombre traducido al inglés. Hasta hace unos años se podía encontrar un facsímil en la editorial Renacimiento.



Seguramente es la escritora de todo este grupo cuya fama alcanzó cotas más elevadas, sobre todo debido a la gran aceptación que cosechó su serie Celia entre las niñas de la época, incluso durante el exilio de su autora. 
Compuesta por seis títulos publicados a partir de 1929 -Celia, lo que dice, Celia en el colegio, Celia y sus amigos, Celia novelista, Celia madrecita y Celia en la revolución- y ambientada en la época de la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República, la serie supo conectar con un público femenino de pre y posguerra que veía en su protagonista cierta vis de lo que sería una niña que en cierto modo transgredía las formas y los estereotipos de una época donde religión, clasismo y sexismo mandaban.


Cuestionaba el mundo adulto, era independiente y libre, una mujer del futuro (no del nuestro, sino del suyo, no olvidemos los anacronismos). Así mismo, en el último de los títulos de esta serie, Elena Fortún fue dura con el significado de una guerra civil como la nuestra, en la que puso en tela de juicio esa llamada “revolución” apelando así a un sentimiento pacifista, lo que pudo ser la causa de que este título permaneciera en la sombra hasta 1987 año en el que se publicó por primera vez... Quizá la Celia Gálvez de Montalbán de sus libros simplemente era lo que sería su autora más tarde, una mujer que tendría que enfrentarse a numerosos episodios dramáticos de una manera solitaria (ver su novela de carácter autobiográfico Oculto sendero).
Aparte de todo lo dicho de Elena Fortún hay que mencionar su compilación de entremeses de teatro escolar titulada Teatro para niños que destaca por integrar la psicología infantil en el ideario infantil de la época.


Ángeles Santos

Por último debemos hablar de Concha Méndez, uno de los pilares de este grupo de mujeres, no sólo porque es la encargada de difundir junto a su marido Manuel Altolaguirre la obra de la Generación del 27 desde su imprenta, sino por ser una de las autoras más prolíficas.
Aunque su obra poética es bastante conocida y de ella se pueden entresacar creaciones para el público infantil (de ello hablaremos después), es más que notable su producción teatral para niños entre las que destacan dos obras publicadas, El ángel cartero (1931) y El carbón y la rosa (1935), y dos inéditas, El pez engañado y Ha corrido una estrella escritas en 1933 y 1935 respectivamente, durante su estancia en Londres. Este hecho es más que importante porque desde los años 20 los renovadores de las artes escénicas, como el ilustrador y escenógrafo Salvador Bartolozzi (Pinocho y Chapete, Pipa y Pipo), empezaron a mirar hacia el teatro infantil como fuente de inspiración, no sólo por su ingenuidad, la frescura, el humor, y el uso del guiñol y las marionetas para acercarse al primitivismo del espectador, sino por el sentimiento crítico que ello podía generar.


Maruja Mallo

En El ángel cartero (en cuyo estreno contó con decorados de Maruja Mallo) Mendéz da forma a una versión modernizada de un auto de Reyes Magos: los monta en un avión para ir hasta Belén donde adorarán al Niño Jesús. Si además tenemos en cuenta que combina, tanto elementos de la tradición (alas, túnicas, oro, incienso y mirra), como contemporáneos (luz eléctrica, mecánicos, alpinistas o aviadores), y un lenguaje directo y sin artificios, la vanguardia está servida.


Por otro lado El carbón y la rosa, es una obra de gran carga poética y plástica, sencilla y lírica, profunda y, sobre todo, vitalista, en la que el amor entre dos protagonistas aparentemente diferentes acaba triunfando. Sin pretensiones de didactismo habría que destacar la conjunción entre folclore, simbolismo y creatividad para aupar la sensibilidad artística del espectador, del niño.


Maruja Mallo

Tras hablar de las obras dirigidas al público infantil, llega el turno de hablar de otras obras, fragmentos o poemas que, aunque fueran pergeñados para un público adulto, podrían extrapolarse perfectamente a un público infantil. Aunque esta selección dependería de quien la hiciera, sí podemos citar algunas obras completas como Versos y estampas y La isla de Josefina de la Torre, o Inquietudes, Surtidor y Canciones de mar y tierra de Concha Méndez, entre las que contamos con testimonios o versos de sus primeras etapas como autoras que hablan de la modernidad, de los ideales y de la universalidad de la infancia y la juventud, etapas de la vida que sirven como acicate para un posterior desarrollo intelectual. He aquí una serie de fragmentos que, acompañados de la obra pictórica y gráfica de otras mujeres de este movimiento, nos hablan de otras niñas, otras mujeres, de sí mismas.

Desde la esquina bajábamos al muro, corriendo, y saltábamos ligeras, unas tras otras, volviendo a subir y a saltar. Una voz de vez en cuando, gritaba: ¡cuidado; se van a hacer daño! Pero no hacíamos caso. Al saltar nos gustaba mucho ver flotar en el aire los encajes y los vuelos de los delantales como alas de mariposa.

Josefina de la Torre. 1927. Versos y estampas.


Ángeles Santos

Entre los atlas y los pupitres, qué firmes y gráciles son las niñas. Se confunden con las líneas azules, con los marecitos, como cabelleras, de las cartas geográficas.
Cada vez que decían una letra, ondulaba el coro. Yo señalaba la rosa de la a, el lirio fresco de la ele...
¿De qué isla, de qué árbol, de qué fuente crece este chorro de luceros que son los niños?

Carmen Conde. 1934. Júbilos.


Julia Minguillón

*     *     *

Danzarina de las nieves.
De los vientos mariposa.
Sobre una mar de blancor
vuela la patinadora,
y desciende las vertientes
como el claror de la Aurora.
El rumor de las alturas,
el rumor de las corrientes,
lleva en su falda plisada
hecha ritmos, hecha pliegues.

Vuela la patinadora
descendiendo las vertientes;
mariposa de los vientos,
danzarina de las nieves.

Concha Méndez. 1926. La patinadora. En: Inquietudes.


Delhy Tejero

*     *     *

La tarde tiene sueño
y se acuesta en la copa de los árboles.
Se le apagan los ojos
de mirar a la calle
donde el día ha colgado sus horas
incansable.
La tarde tiene sueño
y se duerme mecida por los árboles.
El viento se la lleva
oscilando su sueño en el aire.

Josefina de la Torre. 1930. La isla.


Delhy Tejero

*     *     *

Huele a sol y a resina.
crece el pino apuntando
a una meta celeste.

La mañana suspensa
en un jardín remoto,
una rosa perdida.
que perfuma el recuerdo.

¿Terminar el poema?
dejarlo tembloroso
como una rosa viva
pendiente de su sombra.
Aletea el silencio.
Alguien viene a buscarme
y huele a eternidad
solamente un minuto.

Ernestina de Champourcín. 1984. La pared transparente.


Maruja Mallo

Si bien este artículo pretende ser una introducción a la obra de unas mujeres que, desde espacios como la Residencia de señoritas de la Calle Fortuny (hoy día Fundación Ortega y Gasset) o el Lyceum Club Femenino con sede en la Casa de las Siete Chimeneas, defendieron el papel que la mujer debía desempeñar durante las décadas ulteriores, es sólo un punto y seguido para ensalzar y buscar el patrimonio que de ellas pueden heredar los niños y jóvenes de hoy día. En primer lugar, porque la mayor parte de la obra de estas mujeres no se comenzó a editar hasta finales del siglo XX (todavía hoy son bastante desconocidas para el público en general porque el acceso a sus obras se hace difícil). En segundo, por mérito propio, que es lo que hace grandes a mujeres y hombres de cualquier condición.
Les animo a que lean y admiren sus obras. En museos, en bibliotecas y en ferias del libro antiguo y de ocasión y seleccionen para sus hijos, sobrinos y alumnos, lecturas e imágenes, porque desde que en 1934 Gerardo Diego y Manuel Altolaguirre en su antología Poesía española contemporánea, incluyeran los poemas de Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcín y reconocieran así la valía de sus coetáneas, son pocos los ejemplos que selecciones poéticas que cuenten con ellas entre sus páginas o que se dediquen a su obra de manera exclusiva, menos todavía en las dirigidas a jóvenes y niños, de entre las que me gustaría destacar dos:
- Antología poética de la Generación del 27 de Loqueleo-Santillana publicada en este 2018 y la que más presencia tiene de la obra de estas mujeres (nueve en total) que se dirige a jóvenes y adultos.
Generación del 27 para niños y jóvenes de Ediciones de la Torre (2003) donde se incluyen poemas y fragmentos de Ernestina de Champourcín y Concha Méndez, y tiene un carácter más infantil.
También comentar que, atendiendo a sus biografías y en relación con los álbumes informativos infantiles, les animo a echar un vistazo a los títulos que sobre Maruja Mallo y María Zambrano ha publicado la editorial Hotel Papel.




Por último y deseando que les guste, les recomiendo disfrutar de esta plataforma que surgió a tenor del reportaje incluido en el programa Imprescindibles de La 2 de RTVE, al mismo tiempo que espero su opinión en los comentarios, que aporten nuevos datos y otros títulos a considerar, y que compartan este monográfico en las redes sociales. ¡Feliz día de lluvia!