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viernes, 28 de junio de 2024

La casa sin barrer...


En este Día del Orgullo las redes están que arden gracias a las polémicas suscitadas en diversos consistorios de nuestro país a la hora de exhibir o no la bandera arcoíris (que por cierto, cada vez cuenta con más colores y terminará siendo un trapo negro con muy poco que decir).
Lejos de dimes y diretes, soflamas electorales y dardos envenenados que, desde todas las facciones, se lanzan en una suerte virtual de patio de vecinos, me gustaría llamar la atención sobre su apropiación indebida. Y es que parece ser que esta señera puede ser utilizada por ciertos partidos políticos para lo que quieran, mientras que otros tienen prohibido acercarse a ella pase lo que pase. Si la exhiben, malo, si la omiten, peor.


No es que yo tenga demasiado interés en las cuitas de poder que fachas y progres se traen entre manos a costa de la llamada “comunidad LGTBIQ+”, pero con tanta efervescencia, unos y otros se delatan en sus intenciones mientras gran parte de la sociedad empieza a tomar nota de los intereses creados y la falta de tolerancia que se respira desde cualquier frente.
Lo peor de todo es que en mitad del meollo tenemos al currito del pueblo que no sale del armario por miedo al qué dirán, la niña trans que recibe todo tipo de insultos en el patio del colegio o esa futbolista que oculta su orientación sexual para medrar en un deporte donde mandan los hombres. A mí, sinceramente, lo que me produce es pena a pesar de toda esa psicología afirmativa que atesta las redes sociales.


Lo de intentar ganar votos a costa de la libertad sexual es sencillamente asqueroso. Que si pink washing, que si cultura de la cancelación, que si damnatio memoriae, que si lobbies ¡Qué aburrimiento! ¡Entre unos y otros, la casa sin barrer! Prefiero los mensajes que habitan libros como los de hoy. Y es que La historia de Julia, la niña que tenía sombra de niño, un álbum con texto de Christian Bruel y Anne Galland, e ilustraciones de Anne Bozellec, es uno de esos libros que exploran la disforia sexual desde una perspectiva elegante y más que acertada.


Recuperado por la editorial entreDos en un nuevo formato (podemos encontrar el antiguo en El jinete azul), narra la historia de una niña un poco trasto, con una forma de ser un tanto diferente al resto y a la que sus padres están empeñados en cambiar. Quieren que se peine correctamente, que se vista con bonitos vestidos y que juegue con muñecas. Pero nada, su hija aduce constantemente que ella es como es. Le gusta jugar a los indios y vaqueros, se desliza por la barandilla de la escalera y prefiere disfrutar de ropa cómoda y un aspecto muy desenfadado.


Conforme pasamos las páginas nos damos cuenta de que la sombra proyectada por Julia se parece más a la silueta de un niño que a la de una niña, un secreto compartido con ese amigo de correrías que, en el fondo, la acepta tal y cómo es. Del mismo modo, la conjunción entre un texto sutil y delicado y unas ilustraciones realistas a plumilla, nos invitan a descubrir el problema complejo que se esconde en los deseos de la niña.

lunes, 28 de junio de 2021

Celebrar el amor (en cualquier parte)


28 de junio y un curso más, desde este lugar de monstruos, cruzamos el arcoiris para celebrar la diversidad sexual en un mundo tan complicado como el que habitamos y en el que a casi todos nos ofende casi todo.
En este día y dejando a un lado todas las polémicas que han suscitado las decisiones que algunos gobiernos, como el de Hungría, están tomando respecto al llamado colectivo, me gustaría dar una vuelta de tuerca a la situación que muchos homosexuales, lesbianas o personas transgénero viven en las provincias, en las zonas rurales, en los pequeños pueblos del interior, en esa España profunda que también es España.


Amigos, aunque no se lo crean, no todo es color de rosa en este país. Porque hay vida más allá de Chueca, del Eixample o de Ruzafa, esos barrios “gay-friendly” donde la normalidad roza la libertad. ¿Qué sucede con esos chavales que viven en silencio su sexualidad en las sociedades cerradas y herméticas de Soria, Teruel o Córdoba? Pues que tienen dos opciones: emigrar o luchar. No me vayan a decir que ambas son cómodas, pues ni lo uno, ni lo otro aportan nada a esa libertad sexual que tanto defienden los colectivos desde las grandes plazas.


Y se lo digo yo que vivo de primera mano la realidad. Se lo digo yo que veo como muchos sufren a diario. Se lo digo yo que he visto como más de uno tira la toalla e incluso pierde la vida. Porque precisamente el problema no es que no ondeen las banderas (porque también ondean, los políticos son así), sino que esas sociedades no recogen un mensaje que queda diluido por un modus vivendi diferente al urbanita, que se encuentra anclado a otras necesidades y sobre todo, a las mal entendidas tradiciones.


Ustedes me dirán que hay que impartir muchas charlas de concienciación, así como conceder ayudas para que estas personas huyan hacia delante, pero el problema es muy difícil porque los unos no quieren acudir a las charlas por verse señalados y a los otros les duele abandonar una tierra a la que están ligados a ella laboral y/o emocionalmente.
En parte creo que el quid de la cuestión está en la falta de acompañamiento familiar a la hora de gestionar la elección sexual. Muchas familias se debaten entre el ocultismo, la vergüenza y el proteccionismo, un verdadero cóctel molotov a la hora de dar el empujón necesario que muchos necesitan para quererse a sí mismos y ser felices a pesar de las mochilas.


Mientras piensan en ello y realizan sus aportaciones al debate, les dejo con el buen sabor de boca que la señora Jessica Love nos trae con La boda (editorial Kókinos), la secuela de Sirenas, un álbum que nos robó el corazón a muchos monstruos. En esta ocasión Julián y su abuela se van de boda. Las novias están radiantes, tanto o más que Marisol, la amiga de Julián. Durante la cena los dos amigos se escapan a jugar, pero Marisol se olvida de su vestido y…
Como hacía hace años, no les quiero decir mucho más. Solo me remito a una frase del libro: Una boda es una fiesta en la que se celebra el amor. Celebrémoslo pues.


martes, 26 de marzo de 2019

Nadando libre



El próximo lunes abre sus puertas Bologna Ragazzi, la feria de la LIJ por excelencia. La cita se acerca y cientos de editores, autores, distribuidores y demás monstruos hacen sus preparativos de viaje y negocios. Portfolios, tarjetas de visita, traducciones de andar por casa, expositores, catálogos, agendas repletas. Así la ciudad italiana, una de las perlas arquitectónicas del medievo, se llenará de gentes variopintas que desde cualquier parte del mundo intentarán abrirse un hueco -o hacerlo más grande- en el universo de los libros para niños y jóvenes.
Aunque podría haber acudido este año, me enteré tarde de dicha posibilidad y, como no tenía ganas de que me sangraran (que uno tiene facturas que pagar), deseché la opción. Sólo espero que me mantengan al corriente de todo lo que allí acontezca por los diversos canales de las redes sociales, sobre todo de los salseos que allí se pergeñen, que me hace mucha gracia cuando la élite cultural se pone al nivel del arrabal.


Dejando atrás las maldades (que luego me dicen de to’), me adentro en una nueva semana para hablar de cierta controversia en el marco de los Bologna Ragazzi Award, unos premios que siempre nos brindan alegrías y miserias. Como ya he dicho en otras ocasiones, estos premios nunca llueven a gusto de todos (es de esperar), pero sí es cierto que entre tanto despliegue gráfico (que veo muy bien) y menciones a casa y autores que resuenan a juego endogámico, me ha llamado mucho la atención encontrar un álbum como el que hoy traigo aquí.
Sirenas (Julian is a Mermaid, título de la versión inglesa que conocí este verano en Foyles) de Jessica Love, editado por Kókinos en España, es uno de esos libros en los que hay que detenerse. No sólo por  sus connotaciones emocionales o sociales, sino por el buen trabajo que ha hecho la autora en el tratamiento de una historia tan cotidiana como difícil.


A Julián le gustan las sirenas, sueña ser una de ellas, lo desea y mientras su abuela se asea, él aprovecha para hacerse un disfraz improvisado y sentirse como una. La mujer sale de la ducha y se encuentra el pastel. Es una escena violenta, llena de decepción, vergüenza y mil cosas más, que al final acaba por resolverse de un modo agradable.
Que tenga un final feliz y esperanzador (algo que me encanta) no debe enmascarar una cantidad de recursos artísticos de un álbum que desde un estilo clásico donde priman aguadas y gouache nos presenta una historia compleja.
Si empezamos por las guardas, tenemos dos escenas piscineras que enriquecen el relato tanto, que parece ser que sintetizan un mensaje final donde el reconocimiento a las abuelas se hace patente, pues son ellas, madres también pero desde una posición experimentada y ajena, quienes entienden mejor los conflictos internos de sus nietos abanderadas siempre por un amor sincero y despreocupado.


Si atendemos a las páginas que configuran el relato nos encontramos con escenas cotidianas y otras imaginadas que se ponen en conexión mediante elementos poco evidentes como son el collar que la abuela regala a Julián o el estampado del vestido de esta (¿Con qué otro personaje de la narración se relacionan? ¿Han dado con más de estos detalles? Pasen páginas hasta dar con ellos). Sobre la expresividad de los personajes hay que decir que está más que lograda, pues traslucen muchos de sus pensamientos y empatizan con un espectador que se siente bastante libre a la hora de interpretar lo que ocurre teniendo en cuenta la brevedad del texto.


Nunca hubiera esperado que Sirenas recibiera un reconocimiento como este, más que nada porque parece ser que últimamente estos galardones estaban copados por editoriales independientes que apuestan por libros menos mediáticos y más de autor. No sé si la elección habrá estado condicionada por la literatura de valores que tanto primó en los noventa o por ese supuesto empeño del mundo de la cultura en aupar las luchas de las minorías, pero me alegra ver cómo un libro honesto, delicado, equilibrado y bien pensado, entra aquí, en mi Selección de álbumes y libertad sexual, y salta sobre las olas. Como las sirenas que nadan en libertad.