lunes, 28 de junio de 2021

Celebrar el amor (en cualquier parte)


28 de junio y un curso más, desde este lugar de monstruos, cruzamos el arcoiris para celebrar la diversidad sexual en un mundo tan complicado como el que habitamos y en el que a casi todos nos ofende casi todo.
En este día y dejando a un lado todas las polémicas que han suscitado las decisiones que algunos gobiernos, como el de Hungría, están tomando respecto al llamado colectivo, me gustaría dar una vuelta de tuerca a la situación que muchos homosexuales, lesbianas o personas transgénero viven en las provincias, en las zonas rurales, en los pequeños pueblos del interior, en esa España profunda que también es España.


Amigos, aunque no se lo crean, no todo es color de rosa en este país. Porque hay vida más allá de Chueca, del Eixample o de Ruzafa, esos barrios “gay-friendly” donde la normalidad roza la libertad. ¿Qué sucede con esos chavales que viven en silencio su sexualidad en las sociedades cerradas y herméticas de Soria, Teruel o Córdoba? Pues que tienen dos opciones: emigrar o luchar. No me vayan a decir que ambas son cómodas, pues ni lo uno, ni lo otro aportan nada a esa libertad sexual que tanto defienden los colectivos desde las grandes plazas.


Y se lo digo yo que vivo de primera mano la realidad. Se lo digo yo que veo como muchos sufren a diario. Se lo digo yo que he visto como más de uno tira la toalla e incluso pierde la vida. Porque precisamente el problema no es que no ondeen las banderas (porque también ondean, los políticos son así), sino que esas sociedades no recogen un mensaje que queda diluido por un modus vivendi diferente al urbanita, que se encuentra anclado a otras necesidades y sobre todo, a las mal entendidas tradiciones.


Ustedes me dirán que hay que impartir muchas charlas de concienciación, así como conceder ayudas para que estas personas huyan hacia delante, pero el problema es muy difícil porque los unos no quieren acudir a las charlas por verse señalados y a los otros les duele abandonar una tierra a la que están ligados a ella laboral y/o emocionalmente.
En parte creo que el quid de la cuestión está en la falta de acompañamiento familiar a la hora de gestionar la elección sexual. Muchas familias se debaten entre el ocultismo, la vergüenza y el proteccionismo, un verdadero cóctel molotov a la hora de dar el empujón necesario que muchos necesitan para quererse a sí mismos y ser felices a pesar de las mochilas.


Mientras piensan en ello y realizan sus aportaciones al debate, les dejo con el buen sabor de boca que la señora Jessica Love nos trae con La boda (editorial Kókinos), la secuela de Sirenas, un álbum que nos robó el corazón a muchos monstruos. En esta ocasión Julián y su abuela se van de boda. Las novias están radiantes, tanto o más que Marisol, la amiga de Julián. Durante la cena los dos amigos se escapan a jugar, pero Marisol se olvida de su vestido y…
Como hacía hace años, no les quiero decir mucho más. Solo me remito a una frase del libro: Una boda es una fiesta en la que se celebra el amor. Celebrémoslo pues.


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