martes, 8 de junio de 2021

Carambolas de la vida


Hemos empezado la temporada de evaluaciones y cuanto más repaso las notas de mis alumnos, más claro tengo que muchos de ellos han aprobado de carambola. Y no es para menos teniendo en cuenta que se arriesgan lo suyo. Son especialistas en jugársela.
Con estrategias o sin ellas, compran alguna papeleta para esta tómbola que es la vida, y esperan pacientemente el resultado. Salen a la pizarra sin haber hecho los ejercicios, se prestan a responder preguntas al tun-tun, hacen trabajos de última hora… La mayoría de las veces no suena la flauta –es lo que tienen las prisas y la falta de trabajo-, pero otras tienen la suerte de lado y algún que otro cinco les cae del cielo. Afortunados…


El azar es así, unas veces se gana y otras se pierde, lo importante es dejar que pase. Todavía hay gente que piensa que ahí, apoltronados en un sillón desguazado o sin explotar su lado amable, van a encontrar el trabajo de su vida o el príncipe azul de turno. No es imposible (que cosas peores he visto) pero sí bastante difícil.
De uvas a peras hay que darse empujoncitos y quedar a merced de la corriente. Y si además, esa pizca de suerte, va rodando por el camino como la bola de nieve, puede que se vaya haciendo más grande, hasta que al final nos encontremos con una avalancha de buena estrella.


Yo no es que sea el rey de la potra, que lo que tengo me ha costado lo mío, sobre todo un poquito de sudor y alguna lágrima, pero no voy a negar que, de vez en cuando, el destino y la casualidad me hayan regalado alguna que otra alegría… y tristeza. Porque bien pensado, siempre que hablamos de la buena suerte, lo hacemos en modo grandilocuente. Loterías, oposiciones, viajes, propiedades inmobiliarias o cestas de navidad, pero ¿y si nos quedarnos como estamos? ¿Acaso no es eso positivo?
Habrá que darle una vuelta a ciertos planteamientos, porque eso de la buena estrella tiene bastantes teclas, muchos frentes abiertos, y debemos mirarla con mucha cautela, sobre todo porque lo que para unos es un chollo, para otros no lo es tanto. Que la perspectiva también dice lo suyo en esto de las chiripas.


Por todo ello, en este martes veraniego, les recomiendo El lenguaje secreto de las piedras, un álbum escrito por Victoria Pérez Escrivá, ilustrado por mi querida Ester García, y publicado por Thule que nos habla precisamente de las carambolas que da la vida, de la capacidad que una simple piedra tiene para cambiar las cosas aunque no seamos capaces de verlo. Algo que les sucede a los protagonistas de este libro.
En plena naturaleza (Ester siempre la borda), la historia de un oso, un cazador y una urraca nos retrotrae a la fábula clásica donde, además de enseñanzas universales y atemporales, encontramos mucho ritmo (la parte central del texto me parece una delicia para repetirla hasta la saciedad en forma de retahíla) y bastante simpatía.
No se la pierdan y, en época de exámenes, léanla junto a niños, adolescentes, universitarios y opositores varios, porque la suerte es aprender que ganar no es siempre perder.



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