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miércoles, 9 de octubre de 2013

De mascotas exóticas


A tenor de libros para niños repletos de mascotas y seres de compañía, regreso, aparcando esta vez a canes y felinos, con uno de mis temas favoritos, ese que lleva por título “el zoológico casero”… Y antes de despotricar, y aunque les extrañe, les recuerdo que el aquí firmante es biólogo de formación…, bastante irónico y recalcitrante, eso sí, pero también serio y academicista, algo que juega a mi favor cuando de animales trata el juego.
Bajo esa estúpida costumbre que ha quedado instaurada en los países del primer mundo, de coleccionar bajo un mismo techo los seres animados de la más dispar procedencia, queda también reflejada la consabida omnipotencia humana, esa que jode a todo bicho viviente, a excepción de ratas, moscas y cucarachas (ya nos podría haber dado por comérnoslas..).
Fuente de enriquecimiento para muchos veterinarios (después de pasarse la vida estudiando, es lógico que quieran echarse algo a la boca), los mamíferos exóticos, los reptiles ojipláticos, las sierpes kilométricas, los arácnidos descontrolados o los psitácidos deslenguados, son una carga ligera para muchos conciudadanos, esos que, criados entre bocinazos y asfalto, añoran la peligrosa (y extinta) jungla, donde más de uno moriría de un zarpazo. A todo esto y siendo conscientes de que destetan y arrancan de brazos y picos maternos a estos indefensos entes, sus “dueños” se purgan la culpa adquiriendo toneladas de Royal Canin® para estas hermosas criaturas, mientras ellos pasan las noches a base de sopa de sobre… ¡Menos mal que yo prefiero las gallináceas -desplumadas y en pepitoria-¡
En fin, que a la fuerza, ahorcan, no es ninguna novedad, sobre todo si se trata de huskies siberianos en pleno Écija, monos encadenados o camaleones burgaleses. La cuestión es matarlos, aunque sean los mejores amigos del hombre. Otra de nuestras impertinencias (como si no tuviéramos bastantes…) que me dejan temblando.



Y para sacarles una nota de humor ante tanta crueldad manifiesta, les traigo Mi boa Bob, de Randy Siegel y Serge Bloch (editorial Juventud), una agradable historia de un ofidio muy leído que, además de vocabulario, regala a su joven y cariñoso dueño una gran lección: no hay animales tontos, sino humanos poco inteligentes.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Albumes ilustrados para adultos / Picture books for adults


Si el pasado lunes hablábamos de novelas adultas con trasfondo infantil, hoy le llega el turno a los álbumes ilustrados para adultos, otra realidad que ha originado más de una discusión en este apasionado mundo lijero virtual.
Son muchos los autores e ilustradores hoy consagrados que otrora alcanzaron la fama y las superventas con libro-álbumes de cierta complejidad, un  pelaje este que llama la atención no de los pequeños lectores, sino de sus acaudalados progenitores. Quizá este hecho tiene relación con las estudiadas campañas de publicidad y otras estrategias de compra-venta de las firmas editoriales, una primera razón que hace elegir al padre en vez de al niño.


El segundo motivo para que álbumes como El árbol rojo, de Shaun Tan, El hilo de la vida, de Davide Cali y Serge Bloch, o Noche de tormenta, de Michèle Lemieux, tengan un éxito arrollador, se debe al tratamiento de emociones complejas. Si no me creen sólo tienen que abrir uno de estos libros e interiorizar todas las propuestas sentimentales que nos ofrecen, dando así buena cuenta de que son un viaje iniciático, de mayor o menor recorrido, a través del cual pueden descubrir unas sensaciones que, por mucho que algunos estudiosos de este tipo de literatura se quieran empeñar, un niño difícilmente puede experimentar sin haberlas descubierto previamente, una cosa que, sin lugar a dudas, necesita tiempo y madurez.
No hay dos sin tres y, a mi juicio, la tercera de las razones es la infantilización del mundo adulto. Por todos es sabido que en los países occidentales, la llamada adolescencia, ese tramo de la vida en el que convergen la niñez y la vida adulta, está viéndose prolongada por diversos factores que no voy a entrar a enumerar. Los hombres y mujeres del primer mundo crecen más despacio que el resto, sufren con más facilidad y se resisten a hacerle frente al quehacer diario, un hecho que necesita de ansiolíticos, psicólogos y álbumes ilustrados terapeúticos que armonicen anhelos personales y realidad tangible.
Por último y sin menoscabo de las anteriores, hay que destacar el valor de la imagen. Este mundo nuestro se está volviendo muy perezoso, un lento caminar que aúpa a este tipo de libros donde las ilustraciones hablan en un solo vistazo, añaden valor al texto y agradan al subconsciente, premisas que erigen a la televisión e internet como las vías de comunicación del tercer milenio.
Seguramente muchos de ustedes podrán añadir otros motivos que den explicación a este fenómeno y que pueden añadir en sus comentarios a esta entrada. Mientras lo hacen les dejo con Libros de un extraño árbol, una nueva editorial que partiendo de una idea como la que he desglosado aquí hoy, publica libros ilustrados para adultos, siendo el primero de sus títulos Por qué y para qué llueve, una propuesta de Miguel Cerro, editor jefe e ilustrador.

On Monday, I talked about adult novels with childhood background, today it is the turn of picture books for adults, another reality that has caused more than a discussion in this passionate Children’s literature virtual world.
Many today authors and illustrators that once achieved fame with book-selling picture books of some complexity, a feature for wealthy parents, not for young readers. Perhaps this fact is related to the studied advertising and other sales strategies of publishing firms, a first reason for choosing parent instead of children.


The second reason why albums like The Red Tree, by Shaun Tan, I Cant’t Wait of Life, by Davide Cali and Serge Bloch, or Stormy Night, by Michèle Lemieux, have an overwhelming success is due to the treatment of complex emotions. If you do not believe me, just have to open one of these books and internalize all sentimental proposals that they provide, giving a good account of that are some initiatory trips, of varying route, through which you can discover feelings that a child may experience difficulty without having previously discovered something, no doubt, that takes time and maturity.


Never two without three, in my opinion, the third reason is the infantilization of the adult world. Everyone knows that in first world countries, adolescence, this stage of life in which converge childhood and adult life, is being viewed long by various factors. The men and women of the first world grow more slowly than the rest, suffer more easily and cannot resist daily work, a fact that needs of anxiolytics, psychologists and therapeutic picture books that harmonize personal desires and tangible reality.
Finally, and without prejudice to the above, we must highlight the value of the image. Our world is getting very lazy, slow walk to extol these books where illustrations speak at a glance, add value to the text and please the subconscious, premises that erected to television and the Internet as third millennium mass media.

Many of you may add comments and other reasons to give explanation to this phenomenon.Meanwhile I leave you with Libros de un extraño árbol, a new editorial that is based on today ideas: publishing picture books for adults. The first of its titles, Por qué y para qué llueve, a Miguel Cerro proposal.

lunes, 20 de mayo de 2013

Caer en brazos de Morfeo



Con los elevados niveles de antihistamínicos que acarrea mi sangre, el trasnochar de este fin de semana y una agenda excesivamente apretada (¿quién me iba a decir que la vida en un pueblo tan alejado de toda civilización iba a terminar siendo tan activa?... Al final y como siempre, todo depende de la actitud de uno mismo…), mi agotamiento ha llegado a cotas desconocidas… Supongo que la vejez también será un detonante de la lenta recuperación que sufro tras una buena farra -los años no pasan en balde… Seguida de una tarde de manta y película, y una plácida noche de ronquidos y profundo descanso, ha llegado la mañana, una en la que el sueño ha sido la tónica. Y no he debido ser el único que se ha dejado la energía en estos días de ¿descanso?, a juzgar por las ojeras y cara hinchadas de mis alumnos, esos jóvenes que invierten las más de cuarenta y ocho horas que forman el fin de semana, en un tiempo de ocio y locura descomunal.
Lo mejor de todo viene cuando, como una orquesta sinfónica, empezamos una melodía algo asonante de bostezos y legañas. Cuando uno abre la boca, otro se despereza, cuando aquel se retuerce en la silla, aquel otro deja caer el cansancio sobre el pupitre. Dos bostezos más y alguna lágrima soñolienta. Un panorama no muy alentador que se repite cada lunes… Lo peor de todo es que, en vez de ánimo, esa retroalimentación nos hace sentirnos con más y más pereza, hasta el punto de caer rendidos sobre alguna superficie horizontal.
Para ser conscientes de la gran tarea que supone hacer frente a no sucumbir al sueño cuando los demás te regalan un bostezo tras otro no hay mejor ejercicio que leer Te desafío a no bostezar, con texto de Hélène Boudreau e ilustraciones de Serge Bloch (Barbara Fiore Editora), un álbum ilustrado algo humorístico y sencillito, que recoge nuestra debilidad para caer en los brazos de Morfeo, ese dios de la noche que nos renueva, nos llena de vitalidad y da recogimiento.

martes, 20 de enero de 2009

Entre enemigos anda el juego



Ya saben ustedes que un servidor evita, a toda a costa, pronunciarse sobre cualquier hecho en el que intervenga la política y que, si lo hago, prefiero que prime mi (subrayo este pronombre) sentido común. Hoy, rompiendo la tónica y porque el asunto me facilita la presentación de un libro, voy a explicar mis ideas sobre cierto tema de actualidad un tanto escabroso, por lo que les pido sean lo más comprensibles posible y respeten mi opinión.


Hace un par de semanas, saltaba la liebre (de nuevo) en Oriente Medio, me refiero al conflicto palestino-israelí, hecho que, además de suponer la muerte de seres humanos, ha abierto de nuevo una serie de brechas entre ambos pueblos. Por si no fuera poco, también constituye un duro golpe a la estabilidad internacional (diplomacia llaman a lo que yo denomino lucha de intereses). Pero lo más sucio que ha surgido a raíz de un tema como este, tan indeseable como desafortunado, es el tratamiento que, ciertos sectores de nuestro país, están dando del mismo.


Estoy más que harto (créanme) de tanta manipulación mediática y política sobre ciertos temas, por los que, supuestamente, luchan ciertos colectivos de diferente orientación, para escindir y dividir a la población de una Europa y España que debería estar unida para hacer frente a ciertas complicaciones con las que nos acecha el futuro próximo. Si además de esto, vemos cómo simpatizantes del apoyo a ciertas causas, se aborregan, cuestión que queda patente tras oír las mismas consignas que esgrimen todos ellos a modo de eco de los nuevos gurús del “buenismo” y el "fascismo", pues apaga y vámonos.


Y a lo que voy, mucho se ahorrarían los unos, los otros y los de más allá (o sea, nosotros, los españoles) si leyésemos. Y puesto que algunos no están por la labor de disfrutar con los Episodios nacionales o El Quijote, les recomiendo una obra que se lee en un santiamén y que, además, ilustra de un modo sencillo todo lo que recoge. El enemigo, de Davide Cali y Serge Bloch (autores de El hilo de la vida), es una apuesta por el entendimiento, por el individualismo frente el “borreguismo”, por el sentido común y por otra serie de valores y realidades, que a más de uno no le vendrían nada mal. Y para despedirme, unas líneas de este magnífico álbum-ilustrado…

No puedo ser yo el primero en abandonar la guerra, porque entonces él me mataría. Tiene que ser él quien abandone la guerra primero, y yo, en ese caso, no volvería a dispararle. Porque yo sí que soy un hombre. Si él mirase las estrellas, comprendería. Se comprenden muchas cosas mirando las estrellas.

martes, 24 de junio de 2008

De hilos, vidas y bodas




Odio los grandes eventos sociales. Todo lo que tenga que ver con lentejuelas, champán barato, ínfulas aromáticas, besos insulsos varios, sonrisas de quita y pon y compromisos sin fuste, no está hecho para mí. Será que reniego de este mundo absurdo o que quizá lo comprenda… No puedo evitar el esbozo de una sonrisa cuando recuerdo esas bodas de todo a cien que se gastan en estos tiempos: bodorrios, bodrios y borrachos (por no hablar de boato, bochorno y botulismo, también presentes en asuntos de este tipo).
Mi última boda (como asistente, claro está... uno no puede permitirse vaciarse la buchaca en pro de semejante fanatismo social) aconteció en el agosto pasado. De índole familiar y con muchos invitados (dato importantísimo, créame), fue una reunión sin desperdicio. Me recordó a un teatrillo de colegio, de esos de cartón piedra, dueño de lo absurdo y la comedia, donde habitan personajes de lo más peculiar: el perro y el lobo feroz, la abuelita y los cinco cerditos… Polichinelas, títeres y marionetas trabajando en el espectáculo circense más descabellado que he visto. En fin: anecdótico, dejémoslo ahí.
También denotaré algo más: es de agradecer el estar invitado a semejante fatuidad pero lo verdaderamente sorprendente es que, los que se unen, pretenden que contribuyas a ese… eterno amor, con un presente (N. B.: algunos se conforman con darte la noche y no exprimirte la billetera, todo un detalle). Y si hay que regalar, se regala. Unas veces regalo dosis de humor (muy necesarias para la vida en común), otras, contracciones musculares (también útiles en ciertas ocasiones… y posturas) y las menos, palabras.
Esta vez tocaron palabras. Las palabras de Davide Cali y Serge Bloch en El hilo de la vida. Las creí apropiadas para la ocasión. Palabras sinceras, pequeñas, vitales, realistas y cotidianas. Palabras enlazadas por una hebra de lana roja que frunce y borda los avatares de la vida. Palabras como “beso”, “pastel”, “carta”, “ella” y “perdón”, palabras que encontramos tras las páginas de nuestro transcurrir.
¿Quién se atreve a decir que no es un verdadero regalo?