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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Regalos para los más pequeños


Durante los próximos días seguro que se devanarán los sesos preguntándose qué carajo les van a regalar a sus seres queridos esta Navidad… y se repetirá la misma escena de siempre… “A mamá la arreglamos con un frasco de colonia, a papá una corbata no le viene mal, a la parienta cualquier trapillo, al hijo adolescente le endosamos algún videojuego, y ¿al pequeño de la casa…? ¿Qué le regalamos al mengajo…? Tiene muchos puzles, muñecos y peluches de todo tipo, juegos didácticos a porrón… ¡Qué dilema!”
Y yo les digo: es hora que se decanten por un libro para primeros lectores, con pocas páginas, ilustraciones de líneas sencillas y poco texto. Que sea resistente a los golpes, a los mordiscos, a las babas y a las peleas. Vamos, lo que se llama un “boardbook”. Con ellos el nene podrá aprender cuestiones básicas de su entorno, los nombres de las cosas que le rodean y que le son familiares, los números o las letras.
¡Anímense a visitar una librería! ¡Adquieran un par de libritos de esta pequeña selección e introduzcan a los futuros lectores en este gran mundo que son los libros infantiles! No se lo piensen y ¡al ataque!


WIEHLE, Katryn. 2014. Mi pequeño jardín / Mi pequeño bosque. Editorial Lóguez.


CARLE, Eric. 2014. Colección Mi primer libro de…Números, Formas, Colores y Palabras-. Editorial Kókinos.


 MIURA, Taro. 2014. Colección Vehículos de Trabajo -¡Hop!, ¡Yo me encargo! y ¿Llegará?-. Ediciones La Fragatina.


RUBIO, Antonio y VILLÁN, Óscar. 2014 (Reimpresión). Colección De la cuna a la luna (Duros) –Luna, Cinco, Cocodrilo y Miau-. Editorial Kalandraka. 


jueves, 4 de febrero de 2010

Viajes


No me agrada la filosofía de los trotamundos de hoy en día, sobre todo si son de esos que piensan que al no enganchar un Concorde®, es como si no se moviesen del bar de la esquina. ¡Cómo han cambiado los cabezos! En la década de los ochenta, irse de Valdepeñas a Torremolinos era lo más parecido a una turné desde Copacabana hasta Miami, y ahora, con tanta tontería de altos vuelos y tanta pulserita-de-coctel-al-canto, todo lo que no sea vacunarse contra la malaria o sobrevivir a una elefantiasis, se nos figura una castaña pilonga. 

Lo suyo es irse a pasarlas canutas, dejarse las cervicales en honor de una mochila prestada (o heredada que es peor) y arrimarse a cualquier chambao para dedicarse un pestañazo, pero no… Todavía recuerdo aquellos deliciosos manjares de cuando me dio por viajar en la lozana juventud: tortillas francesas a base de claras, páprika de la Bohemia checa o garbanzos portugueses…, es decir, nada comparado con lo que se lleva ahora: las cenas típicas pakistaníes (¿y el “fresisuís” del badulake?), la cena de gala(midad) del capitán o el ritual de iniciación sexual del Sudán. Pero bueno, los que “semos probes”, todavía nos podemos conformar con limpiarnos la baba mientras disfrutamos de los hoteles del catálogo, las secciones viajeras de la prensa dominical o con las anécdotas de aquel que se fue a Madagascar a comer gorgojos con gabardina. Al final diré como mi madre, que pa’ viajar, los libros…


Menos mal que en los últimos días he dado con un libro álbum de kilométrico alcance. Tokio, de Taro Miura (Editorial Media Vaca), es un excelente libro de viajes, sobre todo si tenemos en cuenta que no todos podemos ir a Japón (cosa que me encantaría… queda muy snob y aporta un toque de distinción a las reuniones de tutores del primer curso de la E.S.O….) y que son Mito, una niña bien lista, y unos animales la mar de salaos, quienes nos cuentan las curiosidades de esta enorme ciudad del Imperio del Crisantemo.