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sábado, 21 de enero de 2023

¡Menudo infierno!


En cierta ocasión, tras una sesión del grupo de lectura que organicé con unos alumnos, empezamos a charlar sobre el concepto de infierno. Salieron a la luz ideas muy vagas y otras más profundas, unas versaban sobre la religión y las menos se relacionaban con la filosofía.
 Era curioso como una idea tan plural había sido absorbida por la teología, sobre todo porque la sociedad lo había permitido. Entonces se me ocurrió hablar de los infiernos particulares, de los deseos insatisfechos, de lo moral, de los pecados, la penitencia y la absolución, del bien y del mal. La cosa fue in crescendo, se puso candente. Pero sonó la campana y allí se quedó. 
Hoy  recupero aquel recuerdo para hablar de la idea de infierno que recoge Dante Alighieri en La divina comedia y que Esperanza Ortega y Cintia Martín han adaptado en forma de álbum. 
A modo de acordeón, este cuento-poema, además de jugar con el formato, nos aproxima a una de las obras clave del renacimiento al mismo tiempo que nos sumerge en multitud de detalles que nos amplían la mirada hacia el universo del Hades.


[…]

“Habrás de bajar antes –me dijo- hasta el infierno,
donde los malos hechos por fin son castigados,
tras un juicio final que se hace a los muertos.
Verás allí a envidiosos, criminales, avaros,
ladrones, mentirosos…, y a quienes por dinero
venden a los amigos o ayudan a malvados”.

Allí encontré a Caronte, que desde una a otra orilla
en la noche su nave conducía en silencio,
sin decirle a ninguno adónde dirigía
la barca que guiaba con sus dos remos negros.
y solamente yo conservaba la vida
entre los que cruzaban el reino de los muertos.

Torbellinos de piedras producían heridas
profundas en la piel de los desnudos cuerpos,
relámpagos atroces en la noche lucían
mientras en el abismo resonaban los truenos,
alaridos de rabia y gritos de agonía
surgían de un tumulto cercado por el fuego.

[…]

Esperanza Ortega.
El maravilloso viaje de Dante.
Ilustraciones de Cintia Martín.
2022. Valladolid: Ediciones Tralarí y Ayuntamiento de Valladolid.



viernes, 20 de noviembre de 2020

Churumbeles pandémicos


Aunque se habla mucho del virus, no sabemos hasta qué punto esta suerte de agente patógeno habrá alterado la natalidad en nuestro país. Mientras Amazon nos avisa del aumento en la venta de artículos para bebés durante el segundo semestre del año (las compras de carritos o  cunas han aumentado entre un 39 y un 45%), otros guardamos cierta cautela a la hora de hablar de un baby-boom a finales de año. 
Sí, sabemos que muchos han cogido con entusiasmo el confinamiento (sobre todo al principio, que la gente tragaba, dormía y f.... de lo lindo), pero habrá que esperar las cifras oficiales para saber si este mundo se llenará de “pandemials” (así de ocurrentes son los anglo-hablantes a la hora de colocar sambenitos), pues si bien es cierto que la cosa empezó con ganas, viendo cómo se las gastaban los hijos que ya estaban en este mundo (¡Qué útiles son los maestros, maño!), los respectivos cónyuges, la economía y los servicios sanitarios, muchos no tardarían en echarse atrás (¿quiere decir esto que en febrero y marzo la cosa bajara con estrépito?). 
No obstante eso de tener un churumbel siempre se traduce en alegría (casi siempre, que cuando llegan las noches en vela, tela) y hay que acompañar los ratos con algo de poesía, que si no se disfruta del embarazo, mucho menos del parto. Así que aquí les dejo con un librito tan simpático, como delicado, para cualquiera que se atreva a conocer los pormenores más humanos de la gestación. 

                                Séptimo mes

Papa no dice nada 

Yo doy una patada, 
mamá se pega un susto, 
papá no dice nada. 

¿Qué profesión tendrá? 
-se pregunta mamá- 
¿Artista? 
¿Dentista? 
¿Taxista? 
¿Flautista 
quizás? 
Si fuera futbolista… 
Eso dice mamá 
y en su imaginación 
me ve como un balón. 

Papá no dice nada, 
más doy otra patada 
y papá grita ¡Gooool! 

Esperanza Ortega 
En: ¿Qué pasó en aquellos nueve meses? 
Ilustraciones de Ana Suárez. 
2020. Barcelona: A Buen Paso.


martes, 14 de enero de 2020

De secretos, vocales y otros divertimentos


Hemos dejado atrás 2019. Comienza la rutina, la cuesta de enero se hace cada vez más empinada, y aquí sigo yo, dando guerra. A pesar de estos males menores, también tenemos algún incentivo… Que si las rebajas (cada vez peores, por cierto), que si la operación biquini (¡Que den comienzo los juegos del hambre!), o que celebrremos algunas efemérides literarias (Gianni Rodari, Miguel Delibes, Isaac Asimov, Ray Bradbury o el Barón de Münchhausen, entre otros).
Por lo que a mi respecta, intuyo que no me voy a aburrir… En el trabajo me hincharán a reuniones inútiles (que no falten de cara a la galería). En lo familiar no nos faltarán temas de discusión y alguna que otra alegría. Los amigos, ídem de lo mismo (me voy a tener que poner en modo celestino o ciertas necesidades se transformarán en conflicto). Y lo demás, como siempre: cagar y envolver.


Menos mal que me dejé unos cuantos títulos con los que entretenerme durante este mes de enero (hay que aprovechar la merma de novedades y dejar florecer algunos libros que se publicaron los meses pasados) porque si no, puedo salir loco. Por ello y sin más preámbulos, centrémonos.
Como ya estamos en la escuela he creído conveniente empezar con lo último de Ediciones Tralarí, un proyecto de autoedición abanderado por Cintia Martín, Consuelo Digón y Nuria de la Iglesia. Esta vez nos presentan El secreto de las vocales, una serie de libros de Esperanza Ortega y Cintia Martín que invita al juego, la sorpresa y la lectura. Partiendo de las vocales como denominador común, esta colección de seis libros integrados en un pequeño estuche, combinan la rima, las cancioncillas infantiles, la imaginería de los cuentos populares y los elementos del pop-up.


En primer lugar estos libros están habitados por brujas, hadas, lobos, dragones, duendes o reyes. Unos seres de cuento encargados de presentarnos las vocales. Me encantan estos aciertos metaliterarios, no sólo porque imprimen cercanía a las obras infantiles, sino porque ayudan a padres y docentes en el proceso de alfabetización de los pequeños. Si añadimos que a la vez que evocan, reinventan y enriquecen estas historias que están grabadas en nuestro niño interior, con un poco de suerte la hebra se puede estirar hasta el infinito y más allá. ¡La imaginación al poder!


En segundo lugar estos cinco secretos y su epílogo se recrean en situaciones cercanas al día a día de los críos. Los medios de transporte, la hora de irse a la cama, los títeres, o las situaciones escatológicas dan un toque de desenfado a estas pequeñas narraciones donde los juegos de palabras y las rimas se hacen patentes. Vueltas y más vueltas a la lengua. Para un lado y para otro, todo suma -incluso las erratas y algún pequeño fallo (pormenores de la autoedición que también tienen su encanto)-.




Por último, les diré que aes, íes o úes están muy bien acompañadas en estos libros donde las ilustraciones son un regalo. Empezando porque los grafemas forman parte de ellas (este alarde tipográfico me ha encantado, no sólo como referencia a los mirones infantiles, sino como recurso estético de primer orden), pasando por las letras tridimensionales que sorprenden al visitante, y terminando por una enriquecida edición (¡Hasta elementos infográficos! ¡Qué maravilla!), puedo decirles que no deben perdérselos.


Y con esto, un estornudo y una tarta de melocotón que tengo en el horno, me despido hasta otro nuevo viaje, que enero bien lo vale.