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lunes, 19 de mayo de 2025

Celebrities


Siempre que escucho la palabra “celebrities” me viene a la cabeza un Joaquín Reyes caracterizado de Robert Smith bailando en Muchachada Nui la de la palmera. Y la verdad es que no estaban equivocados del todo mis paisanos cuando se descojonaban del famoseo noventero. Si la cosa tenía usía entonces, me gustaría verlos ahora con toda esa materia prima que nos ofrecen instagramers y tiktokers. Un filón para el humor manchego.
Al menos, los personajes mediáticos de hace un par de décadas tenían cierta enjundia. Cantaban, escribían, diseñaban, pintaban o, al menos, lucían un apellido rimbombante. Sin embargo, ahora cuentan miserias personales, venden productos de belleza, lucen la ropa del prêt-à-porter barato o paren como conejas, toda una fantasía de la que Ernesto Sevilla y cía. sacarían petróleo, o en su defecto, cemento armado.


Las pantallas (sobre todo las portátiles, porque cada día que pasa, la gente va menos al cine) han cambiado la forma en la que miramos y valoramos a la gente (Soy conocido hasta yo por el simple hecho de leer… ¿Qué triste, no?). Y es que si algo nos han enseñado las redes sociales es que ya no hace falta lucir ideas, solo basta con ser un buen comunicador. Algo que siempre ha venido bien, sobre todo si tenías un buen currículum vitae. Y si tienes la suerte de nacer guapo ¡ni te cuento!
Y así nos va… Si la de cultura de masas está gobernada por personajillos de tres al cuarto, de la alta cultura mejor ni hablamos. Luego vendrán los llantos y el crujir de dientes, más todavía cuando ese público que vive hipnotizado gracias a estupideces inertes suplique a los poderosos el vivir maniatados.


Y con esta pequeña reflexión, llego hasta Caricaturas y frases inolvidables, un libro de David Pintor publicado por la editorial alicantina Degomagom que recoge un total de ciento quince imágenes de algunos de los artistas, pensadores y científicos más eminentes de los últimos tiempos acompañadas de alguna de sus frases célebres.


Desde Valle Inclán hasta Thoreau, pasando por Toulousse-Latrec, Nina Simone o Valentina Tereshkova. El artista gallego reúne las ilustraciones que creó durante muchos años para la revista Leer y tiene a bien añadir sentencias y aforismos de su autoría, que no solo pretenden poner de relevancia la clarividencia y humanismo de todos ellos, sino completar esos retratos que, desde el respeto y abandonando la sátira y lo grotesco, ensalzan el genio y figura de todos ellos. Un álbum de buen formato que conjuga lo recopilatorio con lo informativo (de ahí que lo haya añadido a ESTA SELECCIÓN) y al que yo hubiera añadido un pequeño apéndice con biografías mínimas sobre cada personaje para hacerlo todavía más redondo.


Espacios mínimos para la reflexión y el disfrute que no vienen mal a nadie. Sobre todo cuando lees cosas como “La felicidad constante es la curiosidad”, “Mientras más vivo, más creo en la sencillez”, “Soy un simple accidente; ¿por qué tomármelo todo tan en serio?”. Pero, sin duda, mi favorita es “Lee y conducirás, no leas y serás conducido”. ¿Qué no saben de quién es? Pues ya están tardando en hacerse con un ejemplar y averiguarlo.

martes, 29 de abril de 2025

A la luz de la vela


Si lo de ayer le resultó anecdótico a mis alumnos, a los que peinamos canas se nos intuyó revelador. No solo por la vulnerabilidad de una sociedad ensimismada que descubrió las flaquezas de esa vida fácil que nos prometen los avances, sino también por el regreso a un pasado no muy lejano en el que sí sabíamos distinguir lo básico de lo secundario.
La dependencia de la electricidad se ha vuelto un castigo para Occidente. Volcado en la tecnología y bajo el yugo de las compañías energéticas, las grandes corporaciones que controlan las formas de comunicación (entre iguales, que las de masas siempre las han manipulado), el transporte e incluso la alimentación, el ciudadano ha perdido su autonomía y su capacidad de respuesta. Sí, no hay nada más vulnerable que un ser humano dependiente.
Por eso, los gobiernos temen a los decididos y autosuficientes. A los que saben encender un fuego y trabajar la tierra, a los que conocen los frutos silvestres y destripar un conejo. Sin embargo, nos venden una libertad basada en la banca digital (¡Billetes, nene, billetes!), la inteligencia artificial (¿Acaso sabe freírse un huevo?), los coches eléctricos (Todavía no hay vehículo que iguale a mis piernas) y hasta los zapatos de plástico (Todo muy verde, pero ¿vestimos petróleo y quemamos pieles?). Mentira. No hay nada más libre que un hombre que no tiene miedo a la luz de las estrellas.
Ciberataques, teorías conspiratorias, fenómenos atmosféricos, guerras encubiertas, una Europa debilitada… Cualquier planteamiento era factible, pero al final, tenía que ver con el descontrol que suponen las renovables, unas fuentes que provocan picos enormes de producción energética (¿Recuerdan cómo corría la brisa y brillaba el sol ayer?) que descompensaron enormemente la oferta y la demanda de una red eléctrica con fallos estructurales. Tomen buena nota de lo acontecido porque, según los expertos, el de ayer no será el primer y último apagón.


No obstante, yo prefiero quedarme con el encanto del momento, pensando en los vecinos que pasaron la tarde en los parques comiendo pipas y esas familias que se reunieron en torno a la noche y contaron historias como las que se disfrutaban antaño. Incluso vi la cara de mi madre iluminada por una vela. La misma que, en los cortes de luz que tanto abundaban en los primeros años ochenta, intentaba buscar chascarrillos con los que entretenernos cuando todo se quedaba a oscuras, la televisión era un objeto inútil y solo quedábamos los unos para los otros. Todo era más bonito que este tiempo en el que deambulamos vacíos y rotos.
Para la próxima, además de candiles, linternas, pilas alcalinas, transistor en mano y un camping gas, lean un cuento de Andersen que siempre me ha parecido bastante inspirador para nuestra realidad más actual. La bujía y la vela se centra en la historia de estos dos objetos. Uno de origen humilde, otro encargado de iluminar los salones más fastuosos. Mientras la vela servía a una costurera viuda con tres hijos pequeños, la bujía contemplaba el baile que había organizado la condesa. Pero ¿hay alguna luz que se iguale al brillo que aparece en los ojos de los niños?
Sutil y delicado, Andersen regresa a sus metáforas de la vida cotidiana para crear una parábola donde las diferencias en la idiosincrasia son la forma de acercarse a lo moral con mucha plasticidad, cosa que siempre agradecemos los monstruos.

miércoles, 8 de enero de 2025

Aprendiendo de LIJ. Obras de referencia y consulta. 3ª Parte.


La Navidad, y esta con mucha más razón, se presta a los vicios. Si a eso añadimos la inactividad laboral que disfrutamos los docentes, además de dedicarnos a menesteres tan gustosos como la gastronomía o las reuniones sociales, el aquí firmante puede consumir más lectura. 
Lo cierto es que estas vacaciones han sido bastante productivas en este quehacer, pues tenía una buena pila de libros divulgativos y ensayos sobre cuestiones relacionadas con la literatura infantil y la lectura que quería considerar. Sí, me ha cundido mucho. Por eso, he aquí este puñado de reseñas presentadas por orden alfabético que espero les sirvan de utilidad a la hora de valorar obras teóricas de este mundo monstruoso.
Ni que decir tiene que si están aquí, es porque todas me han gustado en mayor o menor medida, pues a esta relación de títulos debería añadir otros dos que me han parecido infumables. A decir verdad y siguiendo mis propias normas deontológicas, prefiero omitir que hablar mal del trabajo de otros, pues al fin y al cabo, eso, el trabajo, siempre conlleva una respetable inversión de tiempo que no siempre fructifica a gusto de todos (léase mi caso). No obstante, lo importante es participar y darle vueltas a los engranajes de los libros para niños, que es de lo que nos ocupamos los monstruos.



María Isabel Borda Crespo (coord.), Aurora Gavino, Carmen Niño, María Isabel Borda y Rocío Antón. Ilustraciones de Pilar Ríos. El álbum ilustrado: pasen y lean. Los cuentos con palabras e imágenes. Pirámide. Siguiendo la línea de obras como álbum(es) de Sophie Van Der Linden, este monográfico se adentra en el universo del álbum desde diferentes puntos de vista. Especialistas, mediadoras y lectoras urden un libro dividido en cinco apartados, que aborda temas como la definición del libro-álbum, su estructura o sus tipologías.
Alternando cuestiones técnicas sobre el formato o los recursos narrativos, su relación con las competencias educativas, experiencias individuales, colectivas y académicas, las autoras de este manual a todo color ensalzan el valor que supone este tipo de libros en diferentes contextos y situaciones. Recursos electrónicos (¡Mencionan este blog! ¡Qué alegría!), una amplísima bibliografía (les confieso que me he topado con muchos libros desconocidos) y un enfoque multidisciplinar muy útil, hacen de este libro una necesidad para cualquier especialista y mediador. Además de entender los mecanismos que se utilizan en este tipo de literatura gráfica, conocerá obras clásicas y de renombre para llenar sus estanterías (lo que voy a hacer yo) o enseñárselas a otros.
Recomendadísimo a todos los padres, maestros y bibliotecarios que quieran una primera toma de contacto con el universo teórico-práctico de este género.



Paula Bravo López. Yo leo. Descubre el poder de la lectura y cómo fomentarla desde la infancia. Autoedición. Aunque este librito no ha sido escrito por una experta en la materia, me alegra leer a Paula Bravo, madre y licenciada en Traducción e Interpretación que nos brinda su experiencia como mediadora en el seno de su propia familia.
En un manual muy bien traído nos explica técnicas muy sencillas para llamar la atención de los pequeños de la casa hacia los libros y así ponerlos en valor dentro de un contexto esencial en la mediación lectora. Cómo relacionar la escritura con la lectura, qué tipos de libros podemos encontrar en una librería, un anexo donde recoge sus imprescindibles o el capítulo dedicado a sortear la omnipresencia de las pantallas, son los puntos fuertes de este libro de recetas lectoras.
Me gusta porque no hay nada de pretencioso en él. Es honesto y se deja a un lado los fuegos artificiales que muchos intentan vendernos en otras publicaciones de este tipo. Una propuesta muy recomendable para padres que no saben cómo inculcar la lectura, tras la que se esconde el trabajo y dedicación de una persona como tú y como yo.



Ana Garralón. Las incursoras. Las afueras. Llegamos a uno de esos libros que, lejos de abrir un debate feminista (si eso es lo que esperaban, olvídense), pone nombre y apellidos a la gran cantidad de mujeres que han contribuido a engrandecer el universo de la LIJ desde diferentes parcelas.
Autoras, bibliotecarias, recopiladoras, ilustradoras, editoras… La Garralón se interna en los recovecos de la historia para contarnos la vida y obra de Mary Norton (a quien hace un guiño en el título de este estupendo ensayo), hablar de la singularidad de Ursula Nordstrom, recordar la labor poética de Gabriela Mistral, Carmen Conde o María Elena Walsh, ensalzar el nombre de investigadoras de LIJ como Bettina Hürlimann, Virginia Haviland o Carmen Bravo-Villasante, y dedicar un capítulo a todas las fotógrafas que crearon historias infantiles utilizando sus instantáneas.
Bien escrito y muy cercano (se lee de un tirón), este libro que cabe en un bolsillo (ideal para llevarlo de viaje) llena un vacío documental sobre una realidad que los enteraos y especialistas en libros para niños sabemos desde hace mucho tiempo: el gran papel que muchas féminas de toda condición social han desempeñado en la literatura para niños.



Daniel Goldin. Los días y los libros. Kalandraka. Con el subtítulo Divagaciones en torno a la hospitalidad de la lectura, la editorial gallega recupera uno de los primeros libros de este editor y bibliotecario mexicano archiconocido en el universo de la LIJ hispanoamericana.
Construido a base de diferentes conferencias y artículos, este ensayo trata temas muy interesantes desde perspectivas algo controvertidas, sobre todo para todos aquellos que se acercan a los libros infantiles con esa condescendencia que amalgama buenismo y utilitarismo. Los libros de su niñez, la mirada literaria desde la paternidad, reflexiones en torno al concepto de infancia y su evolución histórica o la relación entre lo multikulti y la lectura, son algunas de las cuestiones que se abordan en él.
Por si no fuera poco, Goldin incluye en esta nueva edición un capítulo titulado Reverdecer o fenecer. Una perspectiva procesual de la LIJ y sus dilemas, hoy. Esta quizá sea para mí la parte más interesante, ya que en ella tiene la oportunidad de opinar de las realidades, paradojas y sinsentidos que vive actualmente el universo de los libros para críos, una suerte de prospectiva que el autor se encarga de diseccionar con prosa sesuda y elocuente no apta para lectores lineales.



Guadalupe Jover. Un mundo por leer. Educación, adolescentes y literatura. Octaedro. Había oído el nombre de esta mujer en varias ocasiones durante el último curso y me decidí a leer su ensayo más conocido.
Ya saben ustedes que, en lo que a enseñanza literaria en educación secundaria se refiere, soy bastante crítico y creo firmemente que debería orientarse en otro sentido. Es aquí donde entra en juego una de las mayores defensoras de los itinerarios lectores, esa suerte de caminos por los que transitar lo literario desde un prisma que combina clásicos y nuevas tendencias.
Con un discurso nada enrevesado, la profesora nos invita a unir la lectura, el mundo real y las experiencias compartidas en sus llamadas constelaciones de lectura (si tienen curiosidad, la imagen de cabecera de este post simboliza una). Estas creaciones contribuyen, no solo a enseñar literatura, sino que ayudan a ensalzar las palabras como un vehículo del que participan los miedos, inquietudes y sueños de unos adolescentes que, a pesar de los cambios generacionales, siguen en sus trece. Pero para eso, señores, los docentes tienen que leer, no solo las lecturas de ese corpus curricular, sino atreverse con muchos otros que, tildados frecuentemente de literatura comercial, establecen sinergias con los primeros. Profesores ¡échenle un ojo!



Felipe Munita. Yo, mediador(a). Mediación y formación de lectores. Octaedro. Tenía muchas ganas de pillar este libro en el que, el poeta y doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura, nos dibuja un panorama muy sugerente sobre la labor del mediador de lectura desde dos perspectivas: la promoción lectora y la enseñanza literaria. Aunque pueden parecernos muy cercanas, suelen excluirse con frecuencia. ¿Por qué? Porque generalmente, la mediación lectora suele echar mano de muchos fuegos de artificio, mientras que la didáctica de la lengua y la literatura necesita del ejercicio reflexivo, cosa que se olvida con frecuencia entre docentes y bibliotecarios, máximos exponentes en esta labor.
Lejos de abandonarnos a nuestra suerte, Munita nos regala una serie de directrices y propuestas que, desde su propia experiencia o la de otros, surten efecto entre los críos a la hora de inculcar esa lectura del disfrute con la que se nos llena la boca. Bitácoras de lectura, conversaciones en torno al Zorro de Brooks y Wild, juegos poéticos que invitan a la disección o novelas que se convierten en proyectos integradores son algunas de sus recetas.
Si bien es cierto que el autor hace gala de ese lenguaje inclusivo que tanto me empalaga, el contenido es muy necesario, ya que pone en tela de juicio una serie de prácticas en torno a la lectura que estamos acostumbradísimos a ver en escuelas e institutos. Pegar, colorear y recortar, tres verbos que hacen reflexionar al chileno sobre cómo debe ser el encuentro entre libros y lectores.



Michèle Petit. Los libros y la belleza. Somos animales poéticos. Kalandraka. Con prólogo de Daniel Goldin (el de tres libros más arriba), este libro se revela (¿o se rebela?) como un ensayo poético sobre la belleza: la que habita los libros y la que los rodea. Dos tipos de belleza que se complementan y que la especialista en LIJ y socióloga francesa ensalza mientras desgrana una serie de experiencias reales desarrolladas en diferentes ámbitos como la escuela o instituciones sociales.
Michéle Petit vuelve a poner en valor la humanización de la lectura desde el punto estético en un librito que se articula gracias a varias de sus conferencias que ha impartido entre 2015 y 2020. Como en otras obras (véanse Leer el mundo o Lecturas: del espacio íntimo al espacio de la lectura), ensalza el impacto de los libros y la lectura sobre personas que sufren todo tipo de miserias, como los migrantes, los habitantes de zonas despobladas, los refugiados o los pobres de solemnidad. Más concretamente, Petit nos habla de la palabra como legado, del valor cultural del lenguaje o del vínculo perdido y recuperado. También de la capacidad evocadora de las palabras, de la descriptiva y sus sinergias, de esos paisajes imaginarios que nos recuerdan a los propios. Tampoco se olvida de las bibliotecas ni de la dichosa pandemia.
Si bien es cierto que a veces me suena un tanto utópica, se agradece esa mirada alentadora sobre el valor de la lectura en tiempos revueltos. Y menos mal, porque los que nos dedicamos a la mediación lectora, muchas veces necesitamos de este tipo de arengas para seguir remando.
Lleno de referencias y muy ameno, es de esos libros que uno puede releer con facilidad para insuflarse una pizca de esperanza lectora y llenarse de preguntas sobre las que reflexionar.

jueves, 21 de noviembre de 2024

Cuentos de nueva factura


Como ya os conté AQUÍ hace un par de temporadas, una de las razones por las que al álbum también se le llama cuento es porque su típico formato (32 páginas encuadernadas a la italiana en cartoné) es idóneo para este tipo de creación literaria. Por esa razón, muchas de las creaciones que encontramos hoy día en este soporte se asimilan a esa estructura. Por ello y durante esta semana tan cuentera, he decidido hacer una pequeña miscelánea de todos aquellos libros que, tomando como ejemplo este tipo de relatos, se abren camino en las librerías con historias de nueva hornada que tienen ese sabor de antaño.


El primero de estos libros es Acuerdo bajo las estrellas, un álbum de Susana Rosique publicado por Cuento de luz que se sirve de su técnica mixta (estampados e ilustración digital) y las realidades naturales (animales diurnos y animales nocturnos) para crear una pequeña fábula con cierta vis ecologista.


Hace muchos años, el bosque lo llenaba todo, pero poco a poco, se ha ido haciendo más pequeño debido al ser humano, sus cultivos y sus ciudades. Con tan poco espacio, la convivencia entre los animales cada vez es peor, ya que los recursos escasean y se estorban unos a otros. Como la cosa no puede seguir así, deciden nombrar un comité de emergencia que propone una solución: repartir el tiempo de uso del espacio en vez de compartirlo físicamente. ¿Conseguirán solucionar el problema?


Con esta fábula que aboga por la resolución de conflictos de manera civilizada, la autora nos presenta una historia que aborda temas muy humanos como el diálogo, la empatía y la solidaridad, pilares sobre los que descansa toda convivencia. Así, el tejón, el zorro, negocian y se adaptan a las necesidades ajenas para alcanzar el equilibrio dentro del ecosistema. Ideal para leer ante cualquier asamblea de vecinos.


Llegamos a El pájaro de las mentiras de Msuswa P. Mabena y Dale Blankenaar (Ekaré). Con un sabor muy étnico, este cuento que parece haber salido de las hogueras que todavía llenan el continente africano (se lo digo por experiencia propia), nos cuenta la historia de Makambacha, un niño que se siente solo porque sus hermanas no quieren jugar con él. Un día, se topa con un pájaro travieso que no escatima en manipular la verdad a su antojo para salirse con la suya. Al principio es divertido, pero después, las situaciones terminan complicándose.



Con un formato clásico y pedagógico (no se olviden del Pinocho de Collodi), la historia de Msuswa P. Mabena bebe de esa magia tan animal (Me encanta que las hermanas sepan hablar con las abejas) que se interna en cualquier producción africana, más todavía si está acompañada por las ilustraciones de Dale Blankenaar. Figuras sencillas, colores planos y contrastes vibrantes, recuerdan a las composiciones geométricas del tradicional ndebele sudafricano.


El tercer título es La promesa de Lena, un libro de Nanen (García Contreras) publicado por Bookolia, su ya editorial de cabecera. La obra narra la historia de Lena, una niña que, ante la tardanza de la llegada de la primavera, decide coger camino y manta (nunca mejor dicho) para hablar con la montaña. Esta tiene que cambiar la nieve que cubre sus laderas por los prados llenos de flores. Pero Lena no regresa y la gente del pueblo comienza a preocuparse. ¿Habrá quedado atrapada allí? ¿Tendrán que rescatarla?


El relato se inspira en rituales ancestrales europeos que celebran el final del invierno y el inicio de la primavera, como los joaldunak en Navarra, los zafarrones en León, los kukeri en Bulgaria o los busójárás en Hungría. Unos rituales que, en la misma línea que el carnaval, incluyen máscaras y ruidos para ahuyentar al invierno y dejar entrever la nueva estación.


Sencilla pero muy colorista, esta historia que parece inspirarse en los pueblos eurasiáticos (¿Han visto esas cabañas cubiertas de pieles? ¿Sus adornos geométricos?). Del mismo modo que se interna en el valor de la tradición, la autora se atreve con composiciones simétricas (Fíjense en las escenas de la ventana. En el adentro y en el afuera) y una paleta de color tan agradable como una historia donde los seres humanos y la naturaleza entran en diálogo gracias a la metáfora.


Tomando como hilo conductor una fantasía ilustrada, la autora E. K. Mosley nos regala La última perra estelar (editorial Corimbo), un álbum que bebe de las antiguas recopilaciones con constan de un hilo conductor sobre el que se van desarrollando historias secundarias a modo de cuentos (léanse los clásicos Las mil y una noches o El asno de oro de Apuleyo).


La protagonista de este libro se pregunta si habrá otras como ella en algún lugar del cosmos. ¿Lo ha soñado o es realidad? Movida por un golpe del destino, aterriza en nuestro mundo con su corona de estrellas hecha añicos. Y así empieza una aventura muy existencialista en la que una mariposa nocturna, un cuervo, una rana y un tigre se convierten en sus compañeros de viaje en busca de un lugar en el que existir y una comunidad en la que sentirse queridos.


Con referencias a la mitología griega (¿Ven a Caronte reencarnado en esa rana?), este relato lleno de matices que serpentea por la obra de autores como Rudyard Kipling o Hayao Miyazaki, despliega un universo muy imaginativo donde los detalles, las composiciones o el color, recuerdan a los maestros del art nouveau como Alphonse Mucha o Ivan Bilibin, en cuyas obras aparecen muchas referencias al mundo natural.


Una delicada parábola sobre las paradojas del viaje, los testimonios personales y la amistad en forma de álbum preciosista plagado de metáforas.


El penúltimo libro de esta tanda corre a cargo de Sebastià Serra y lleva por título El cuento que nunca acaba. Publicado por Algar, además de la opera prima de este autor e ilustrador, se encuadra dentro de esos cuentos que, como una matrioska, va añadiendo intrahistorias que, además de enriquecer una trama muy alocada, permite aunar en un mismo libro elementos que abundan en los cuentos de toda la vida.


Todo empieza con una princesa con jaqueca, una bruja resfriada y una poción mágica adulterada por un moco. Caballeros andantes, magia, poder,… Ningún ingrediente escapa a esta historia surrealista en la que cabelleras descontroladas, ogros ignorantes y niños perspicaces se unen en pro de la risa y el entretenimiento creando una historia circular.


Con ilustraciones digitales donde las composiciones pensadas y los tonos medios son protagonistas, este álbum con reminiscencias de la Strega Nona de Tomie DePaola (uno, espaguetis y el otro, pelambrera aunque sin aprendiz de por medio), trae mucha frescura sin demasiada pedagogía ni aditivos buenistas a esto de los cuentos mutantes que tanto han hecho por la LIJ en las últimas décadas.


Terminamos con los Cuentos diminutos de Joseph Coelho. Editado en español por Océano Travesía, este recopilatorio cuenta con el trabajo de un buen puñado de ilustradores del panorama internacional entre los que destacan Alex T. Smith, Shaun Tan, Mariachiara Di Giorgio o nuestra Jùlia Sardá.


Así, en este volumen se recogen un total de veinte mini-relatos ilustrados. Cada uno se resume en diez palabras acompañadas por una imagen (o quizá al revés), una idea que no es nueva, algo que podemos ver tras leer, por ejemplo, Los misterios del Sr. Burdick de Chris Van Allsburg. Historias sobre mundos submarinos, hámsters demoníacos, osos en el espacio exterior y portales a lugares desconocidos se desbordan en la imaginación del lector-expectador, que utiliza la imagen para contextualizar la historia y las palabras para desbordar su creatividad.


De aspecto entelado y con mucho dinamismo, no solo nos propone un ejercicio de literatura creativa (algo que siempre se echa de menos cuando los autores vomitan sus intenciones a las criaturas lectoras), sino que apuesta por un libro a veintiuna manos para configurar un espacio de estilos muy diverso en el que perderse de vez en cuando.


miércoles, 8 de febrero de 2023

El infinito de Kvĕta



Si tenemos en cuenta que dedico esta semana a títulos clásicos de los que nunca antes había hablado y que desde todos los lugares monstruosos celebramos la figura de Kvĕta Pacovská tras su fallecimiento el pasado lunes, he creído conveniente detenerme en uno de los libros más especiales de esta artista que han sido publicados en nuestro país.
Incluido en la categoría de libros de artista o libros-objeto, este álbum de gran formato publicado por Kalandraka dentro de su sello Faktoría K de libros en el año 2008 supuso una alegría para muchos de nosotros ya que daba una visión mucho más compleja y perspicaz de lo que a priori se piensa que son los álbumes.


Se trata de un libro que, a pesar de tener una temática supuestamente limitada y muy infantil (números y letras), nos hace ver que cualquier motivo es capaz de desbordarse gracias a una mirada donde conviven el arte y la poética gracias a la perspicacia que ofrece el tiempo.
La materialidad del libro está muy presente en esta obra gracias a la encuadernación (cosida), el formato (grande, cuadrado), papel estucado de elevado gramaje, una camisa de plástico transparente, piezas en relieve tanto en la tapa como en la contratapa, contrastes de todo tipo, troqueles y pestañas móviles, elementos pop-up o materiales reflectantes que simulan espejos.


Pacovska tampoco olvida la funcionalidad del juego ni quiénes son sus últimos interlocutores, los niños. Les tiende la mano en este viaje a través de grafemas y fonemas que, además de invitar al conocimiento, cultivan su propio ideario tachonado de personajes que recuerdan a tentetiesos y títeres centroeuropeos, a hipopótamos y rinocerontes, a felinos y señoras respetables.



Aunque todos sus libros tienen mucho arte y merecen una mirada detenida, este alude a la legibilidad de la imagen, no solo del pequeño lector, sino de cualquiera que se atreva a pasar sus páginas sin presuposiciones, prejuicios o complejos. Interactivo y dinámico, este enorme collage propone diferentes lecturas independientes, diagonales o alternas que se alejan de la funcionalidad clásica a pesar de presentarse en forma de libro.
Lo que en apariencia es caótico, en realidad está pensado para el disfrute, romper el marco de lectura y permitir al lector-espectador ir hacia delante o hacia atrás, asomarse, esconderse o proyectar sombras chinescas, pero siempre salir triunfante de un punto de partida donde la extrañeza es cautivadora.


Esperando que alguna editorial se atreva a publicar Couleurs du jour (Editions des grandes personnes) y Un livre pour toi (Seuil), dos libros-acordeón en los que también merece la pena navegar, nos despedimos hasta entonces, infinita Kvĕta.

lunes, 16 de enero de 2023

Que queden los recuerdos



Recordar es importante, sobre todo para el ser humano. Aunque muchos desearíamos olvidarnos de todo, otros piensan que los recuerdos son un bálsamo. Pero, ¿qué son los recuerdos?
Los recuerdos son ideas que se forman a partir de experiencias, se almacenan en el sistema nervioso y se pueden recuperar. El conjunto de todas esas ideas es lo que llamamos memoria.
La biología define dos tipos de memoria, la memoria a corto plazo (nuestra agenda diaria, un número de teléfono o el estribillo de una canción) y la memoria a largo plazo (recuerdos de niñez o conducir un automóvil). Ambas son procesos muy intrincados en los que intervienen diferentes áreas del sistema nervioso central y de los que queda mucho por conocer.


Sabemos que los recuerdos son ideas complejas en las que intervienen las imágenes, los olores, los sonidos o las emociones. También sabemos que recordamos mejor sin estrés o cansancio, ya que el sueño es uno de los procesos que fija la memoria.
Al contrario de lo que opina mucha gente, los recuerdos no se suelen perder, sino que se almacenan de diferente manera, esto hace que unos se recuperen más fácilmente que otros. Esa es la razón por la que ciertos estímulos (un olor característico, por ejemplo) nos hacen recordar de manera repentina episodios que creíamos olvidados.
Además, recordar depende en gran parte del dónde y del cómo nos sentimos. Por eso cuando visitamos un lugar por segunda vez, solemos experimentar recuerdos que se relacionan con el mismo sitio en el pasado, un hecho que tienen muy en cuenta los médicos a la hora de tratar a aquellas personas que sufren amnesia o pérdida de memoria.


Por todas estas cuestiones y muchas más, me ha encantado Tortuga, el álbum de Ángela Cuartas y Dipacho que ha publicado hace poco la editorial Tres Tigres Tristes. Aunque me hubiera gustado reservarlo para más adelante, tocaba hablar ya de este librito sincero y con un mensaje que cala hondo.
A este un nieto le gustaría hablarnos de su abuelo pero no se acuerda de él, solo de las tortugas. De cómo caminan, de su cabeza, su caparazón, de su piel y de su tamaño. Ni rastro del abuelo. Qué raro… ¿Qué despiste será este?


Con formato vertical, esta narración se construye sobre un texto hilvanado con oraciones breves y unas ilustraciones de composiciones sobrias y elegantes donde la disposición de las figuras y el texto son clave en la elaboración del discurso.
Fondos en blanco y negro ayudan a contar una historia oscura pero a la vez luminosa, con los ojos abiertos y también cerrados, que miran a las tortugas y también a la imagen olvidada de ese abuelo perdido.
Y las tortugas, montones de tortugas que redundan y reverberan en la memoria, un elemento que, bien en imágenes, bien en palabras, es esencial a la hora de entender que da igual cómo se guarden los recuerdos, lo importante es que queden.

jueves, 12 de enero de 2023

Dicotomías (in)necesarias


Estamos hechos a base de dicotomías. Esa palabra de origen griego que se refiere a parejas de conceptos complementarios. Nos debatimos entre lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro, izquierda o derecha, arriba y abajo. Opuestos y, parece ser que también, excluyentes, nos abocan a la disensión, una especie de fe que desde tiempos inmemoriales ha tenido a la humanidad muy entretenida.
Muchos lo achacan al maniqueísmo, esa doctrina religiosa cuya esencia está basada en comprender la existencia de dos principios creadores en conflicto constante: el bien y el mal, una idea ha regido el mundo, no solo en el plano teológico, sino en el político y social.


El Real Madrid contra el Barça, McDonald’s o Burger King, Pepsi versus Coca-Cola, Visa o Mastercard, Apple o Microsoft… Hasta con el vino montamos una guerra ¿Rueda o Verdejo? ¿Rioja o Ribera del Duero? Menos mal que Galerías Preciados quebró y dejó sin competencia a El Corte Inglés, que si no… Cada vez es mayor esta división, una especie de constante desacuerdo que ha calado tan fuerte que puede incluso abocarnos a la más absoluta soledad.
Lo más curioso de todo es que en la lógica tradicional, también se refiere a la ley que establece que ninguna proposición puede ser verdadera y falsa al mismo tiempo. Por lo tanto, esa visión maniquea de la vida nos soluciona más bien poco. Así que déjense de rollos y disfruten de carnívoros y veganos, de


Las polacas Anna Paszkiewicz y Kasia Walentynowic nos traen gracias a la editorial Thule dos libros basados en parejas de conceptos complementarios: Algo y nada y Ayer y mañana.
En el primero tenemos la historia de Algo y Nada, dos personajes representados con acierto, cuya historia gira en torno al lenguaje utilizado por los seres humanos. Mientras que Algo suena constantemente, no sucede lo mismo con Nada. Hasta que un día un niño tiene un accidente en el parque y Nada pasa a ser la protagonista.


En el segundo, las autoras abordan el pasado y el futuro utilizando una pequeña discusión entre Ayer y Mañana, unos personajes que nos inspiran y nos desbordan de recuerdos, no solo infantiles, sino de todo tipo, y de paso presentan diferentes acepciones sobre el eterno concepto del tiempo.


Si bien es cierto que estos libros tratan ideas complejas, no lo hacen desde una posición informativa ni teórica, sino que se valen de la ficción para recrear historias que ayuden a elaborarlas, comprenderlas y valorarlas (dato importante que los aleja de la no ficción) desde un punto de vista muy personal.


Sobre las ilustraciones decir que no es muy común encontrar por estos lares imágenes realizadas con rotuladores de colores, una técnica que, además de ser muy llamativa por su enorme contraste visual y embelesar al espectador infantil, en esta ocasión también me recuerda a la tradición del este europeo donde la iconografía, las figuras y el colorido se funde en un todo.
Con unas composiciones nada casuales y alto contenido metafórico, ahondan en un discurso polifacético que reverbera en multitud de lectores gracias una poética tranquila, pellizcos de humor, un poco de surrealismo, y juegos de perspectiva sin muchas pretensiones.