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viernes, 4 de diciembre de 2020

Entre moscas y ranas anda el juego


Siempre había creído que las ranas eran una entelequia, no sólo por lo difícil que es verlas (ya saben que los anfibios se encuentran en regresión), sino por la cantidad de insectos que nos asolan. 
Si no teníamos bastante con los veranos llenos de mosquitos y avispas, ahora aparecen las moscas cojoneras, una plaga que ha regresado con mayor virulencia durante las últimas semanas. No sólo se arriman al calor de mis clases (con las ventanas abiertas a todas horas, ustedes verán…), sino que también parecen haber sufrido unas cuantas mutaciones que las hace resistentes a las inclemencias meteorológicas e insecticidas varios.
Háganse a la idea: en unos años, moscas hasta en Navidad, a menos que haya una explosión de ranas, sapos y tritones y se las zampen en un santiamén. Pero hasta llegar ese día, sólo nos queda cantar y soñar, que como plan del viernes es inmejorable. 

Callaba la mosca 
callaba, callaba 
por miedo a la araña 
que sube a la hoja 
que cuelga en la rama. 
De pronto y repente 
se puso a cantar 
y vino el ratón 
y la hizo callar. 

La araña se asusta 
se acaba la fiesta: 
-Esto no me gusta 
me voy a marchar. 

Callaba, callaba, 
¿quién, quién?, 
el ratón a la araña 
la araña a la mosca 
la mosca a la rana 
que estaba jugando 
debajo del agua. 
Callaba, callaba 
mirando una nube 
que baja que baja 
que sube que sube. 

Pedro Villar Sánchez. 
En: Las ranas saben cantar
Ilustraciones de Tesa González. 
2020. España: Libre Albedrío.





viernes, 9 de enero de 2015

Me suena a sol de tarde la niebla de la mañana


Algo pasa en mi ventana que, tras las heladas de la noche y la capa de escarcha que cubre las macetas, veo los rayos de sol abrirse paso entre la niebla, como si el sonido tranquilo de la tierra, un rumor con olor a tarde en calma, a dulce flauta, se metiera de puntillas, con mucho sigilo, en mi casa, y siento que, a pesar de las semanas que restan, llegará la primavera con una sonrisa temprana…

Una flauta dulce,
junto a la ventana,
roba una sonrisa
todas las mañanas
a una linda niña
con piel de manzana,
rostro de azucena
y ojillos de calma.

Quiere que la escuche.
Que juegue en la playa.
Que nunca se pierda.
Que nunca se vaya.

Y la flauta dulce,
junto a la ventana,
sabe que la niña
oye sus baladas
y que se emociona
sin decirle nada.

Antonio García Teijeiro.
En: Queda la música.
Ilustraciones Tesa González.
2013. Villaobispo de las Regueras (León): Amigos de papel.