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miércoles, 15 de diciembre de 2010

De calificaciones


A pesar de lucir una esbelta figura y usar una talla 40 en lo que a pantalones se refiere, no puedo evitar el paso del tiempo. Lo peor de todo no son las canas, las arrugas o la celulitis (de esto último no padezco, aviso), sino la paternidad, en mi caso ajena, claro está… Los que no tenemos hijos los matamos a palos, y los que los tienen, mutan en seres verdaderamente insufribles. Tengo bien aprendida la lección de que, de los hijos de otros, mejor no hablar, aunque hoy haré una salvedad para ensañarme con el cariño paterno-filial.
No me gusta generalizar (¿o sí?) pero se podría decir que los padres (occidentales) de hoy día son meras comadronas asustadizas a cargo de parapléjicos llorones que les trepanan hasta el fondo de pensiones. Tanto es el afán de supervivencia de los nenes de ahora que son capaces de metabolizar hasta la tarjeta de crédito, aunque, como dice una compañera de trabajo, anciana, sabia y madre: sin duda, los peores en este asunto somos los padres…
Hay amores paternos de toca índole, desde el padre que trata a sus hijos como logros empresariales (El kick-boxing no entra dentro de los proyectos que he ideado para mi hijo), aquellos que vomitan sus frustraciones en los vástagos (Comentario1: ¿Has visto lo que hace el nene con siete meses? Apunta las maneras de Cristiano Ronaldo ¡Mañana mismo le compro unas botas de fútbol!; Comentario 2: Mi chiquilla tiene veintitrés meses y lleva tocando el violín desde los trece, ¡será una gran directora de orquesta!) o los que dirigen con mano firme el futuro de éstos (¿Quién me lo iba a decir? Tras diecisiete profesores particulares, el colegio público, los maristas, una universidad pública, tres privadas y la de favores que hemos pedido para colocarlo, ¡el hijoputa se hace jipi!), pero los que más odio son aquellos que acuden muy indignados a pedir calificaciones más elevadas para su hijo/a porque, según ellos, su reconocimiento académico pasa por haber ganado en todos los juegos de la Play Station® incluido el FIFA 2010, por lucir mejor que nadie las botas katiuskas o por pasear al perro todas las mañanas. ¡A mí! ¡Al que no recibió de sus profesores más que la nota merecida, bien fuese un tres, un cinco o un ocho!
Para terminar con una nota jocosa, recomiendo a todos esos padres que olvidan que los maestros calificamos del cero al diez (pese a quien pese hay que asignar una nota), el último y práctico libro-ingenio de Marion Bataille, 10, una retahíla de pop-up que nos permite subir y bajar en la escala de calificaciones sin mucha dificultad.

jueves, 10 de julio de 2008

Regalos

Regalar nunca está de más, sobre todo cuando encuentras aquello que puede originar cierta sorpresa e ilusión.
No nos engañemos, regalar es fácil, lo verdaderamente difícil es dar con un buen regalo, por este motivo, uno es partidario de regalar sólo cuando hallas el objeto que anime a la ilusión.
Muchos creerán que estas fechas de sosiego y descanso no son muy propicias para estar regalando, sino más bien para estar gastando la paga extraordinaria en otros menesteres más egoístas, como puede ser aparcar el cuerpo en una soberbia tumbona, untarse hasta el duodeno de pringue con olor a zanahoria o pillando unos súbitos mareos a lomos de cualquier crucero transmediterráneo. Yo soy de esos pocos que regalan en estas fechas, será por expurgar el espíritu y hacerlo rebosar de pensamientos menos grises que los que he tenido en pasados días (¡maldita oposición…!), así que, ayer, sin comerlo ni beberlo, dí con dos estupendos regalos, y hoy, de buena mañana, los he entregado a sus dueños (siempre he pensado que los buenos regalos ya tienen propietario, son como los perros perdidos que los encuentra un amigo).
El primer regalo a sido para Rosa, la que sueña, y qué mejor regalo que El sueño de Pablo, de Antonio Ventura y Pablo Auladell (Editorial Los cuatro azules), donde los sueños alcanzables y la realidad se cogen de la mano en las palabras de un niño que se enfrenta al mundo adulto desde una perspectiva sencilla que aupa sus deseos más inmediatos.
El segundo regalo lo he encontrado para Amparo, que le encantan todas las letras del abecedario: ABC3D de Marion Bataille –Editorial Kókinos-. Para ella este recorrido por el alfabeto en forma de libro álbum desplegable de pequeño formato y renovados aires, donde la “A” se escapa del papel y la “S” gira sin parar buscando una nueva forma de enseñar la magia de las letras, verdaderos ladrillos de la palabra.