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jueves, 9 de noviembre de 2023

2000 posts y 15 consejos para fomentar la lectura


Hoy cumplo 2000 posts en este espacio. 2000 notas, artículos, selecciones o monográficos. ¿Se imaginan la cantidad de horas que he pasado frente al ordenador? ¿Se imaginan la cantidad de libros que he tenido que leer, que diseccionar? ¿La de ideas que he tenido que hilvanar? ¿Las tontunas que he tenido que decir? Como mínimo 2000.
Haciendo una recapitulación de todo lo que he hablado en ellos, me he percatado de que nunca les he ofrecido unas píldoras para mediar en el proceso lector de esas criaturas (de 7, 17 y 77 años) que tienen alrededor. Pues eso es lo que voy a hacer hoy (si es que la agenda me deja…).


Tampoco voy a descubrir América, ni les voy a asegurar que aplicándolas vayamos a pasar de la nada al todo. Ya se lo digo yo. Lo verdaderamente interesante es que les echen un ojo y reflexionen sobre ellas para establecer un punto de partida dentro de su mediación lectora familiar, escolar o vital.
Nadie tiene la varita mágica para que otros seres humanos lean, pero sí tiene la llave para entreabrir la puerta de la lectura. Unos entrarán raudos y veloces, otros irán adentrándose paso a paso, y los de más allá (tan abundantes hoy día) la cerrarán de golpe. Pero está claro que alguien tiene que quitarle el cerrojo.
Aquí les dejo estos consejos (o tips, que es el anglicismo de moda). Quince consideraciones que habrán escuchado todos estos años pero que, de un modo u otro, ayudan a inocular el veneno de la lectura en gentes de toda calaña y condición. ¡Allá van!

1. Leer y escribir, hablar y escuchar. Los cuatro verbos forman parte de uno mismo: comunicar. Esto quiere decir que podemos establecer puentes y sinergias entre estos verbos de muy diversas maneras para auparlos mutuamente. Si además tenemos en cuenta que la comunicación también es plural (verbal, corporal o gráfica), las posibilidades de interacción se multiplican todavía más. Obras de teatro, talleres de escritura creativa, programas de radio, películas... ¡Pídanles ayuda con la lectura!

2. Periódicos, revistas, folletos publicitarios, manuales de funcionamiento… Las formas de la letra impresa son muy variadas y todas deben ser contempladas. El camino hacia la lectura comienza de manera instrumental pero puede terminar en otros planos más nutritivos.

3. Acostúmbrate a leer sobre el papel. Si bien es cierto que las pantallas son un soporte igualmente válido, no tienen las mismas características visuales, táctiles, sonoras, ni emotivas.

4. El libro tiene contenido, pero también es un continente. Forma, dimensiones, textura, color, olor, y hasta sabor. Un objeto viene definido, tanto por su uso, como por su materialidad. Ambas son complementarias y de ellas podemos extraer nuevas propiedades emergentes en pro de la lectura.

5. Lee en público y en privado. El ejemplo físico es igual de necesario que el intelectual. No vale decir que lees, cuando nadie te ve. La mentira también pulula entre los lectores farsantes y desacredita al resto de lectores honestos.


6. Crea expectativas frente a un libro, siempre y cuando no exageres su realidad. No intentes endiñarle a cualquiera con una piedra envuelta en un celofán. Duele todavía más. Tampoco destripes un libro por mero entusiasmo: tras un buen aperitivo siempre queremos más.

7. Establece rutinas y/o juegos agradables en torno a los libros. Te ayudarán a establecer asociaciones de ideas y el subconsciente relacionará esos momentos positivos en torno a los libros.

8. Dedica tiempo y espacio de calidad a la lectura. Muy poca gente puede leer en cualquier lugar y a cualquier hora. Cada lector tiene sus preferencias horarias y espaciales. Hacerlo en una biblioteca silenciosa, bajo el sol de la tarde, en el bullicioso parque o bajo las sábanas. Encuentra tu momento y tu lugar para hacerlo.

9. No utilices los libros como vehículo aleccionador. Quizá funcione en ciertos aspectos y en algunos lectores, pero no en otros. Si lo haces, unos cortarán su vínculo con ese libro, si no lo haces, dejarás que todos establezcan su propia hoja de ruta.

10. Habla de los libros desde tu experiencia. Si no lo haces, la impostura desatará la verdad. Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. P.D.: Y por favor, evita el tono afectado, burlesco o impostado.


11. También debes invitar a otros a dar su opinión sobre un libro leído, a compartir su experiencia. Muchas veces la timidez o la falta de locuacidad impiden a muchos lectores expresar las ideas generadas a través de la lectura. Ser paciente, plantear situaciones cercanas y crear vínculos afectivos y/o culturales, ayuda a exteriorizar e interiorizar lo leído.

12. Considerar el discurso de otros, no solo pone el tuyo en una perspectiva plural, sino que apuesta por las diferentes interpretaciones de un mismo libro, te descubre nuevas percepciones con las que comparar la tuya propia, y nos hace a todos partícipes de un logro común, una experiencia coral: mirarnos en un mismo espejo.

13. Si además esas opiniones se intercambian entre iguales, mucho mejor. Al compartir la experiencia con un grupo de gente afín, convierte a los lectores en aliados por la defensa de esa mirada conjunta y caleidoscópica.

14. La libertad es una condición fundamental para la lectura. Si bien es cierto que el verbo leer comienza con una obligación (como todo lo que necesita de esfuerzo), decidir, censurar, juzgar y criticar no tiene cabida en la continuidad y formación lectora. No olvides que cualquier deber acaba convirtiéndose en esclavitud. Sugerir, diversificar, seleccionar, ampliar y regalar son las acciones más deseables para que leer se convierta en afición, y para eso están los mediadores, las bibliotecas y las librerías.

15. Conecta la vida misma con la lectura. Esto es lo que llevo haciendo desde el post número 1 hasta este post número 2000. Si me sigues leyendo, por algo será…


(*) Todas las imágenes que acompañan a este post pertenecen a la ilustradora Andrea De Santis


viernes, 19 de junio de 2020

Hablando de LIJ con... Carolina Lesa Brown


Una vez que ha pasado el confinamiento, invitamos a otros monstruos para disfrutar de su compañía y, sobre todo, para charlar de lectura y libros infantiles. En este vienes casi veraniego nos visita Carolina Lesa Brown, todo un honor teniendo en cuenta lo mucho que conoce este ámbito monstruoso de la LIJ y sus valiosas reflexiones al respeto. ¡Muy atentos! 
Hay muchas formas de convertirse en monstruo (léase “adulto que ama los libros para niños”). Con la llegada de los hijos, con los estudios de magisterio o gracias a la bibliotecaria de turno. ¿Cómo fue su camino hacia la literatura infantil?
La lectura en la infancia. Cuando era pequeña, leer obras que luego podía compartir con mis amigas, hizo que quisiera participar del mundo literario. Con siete y ocho años todas éramos fans incondicionales de Elsa Bornemann, a la que llegué a escribirle. Así, tan chiquita. Al principio, quería ser escritora; pero cuando crecí —cito a un gran amigo— preferí evitarle a la humanidad ese trago y me convertí en editora. En Argentina, de donde soy, la lectura está muy ligada a procesos de cambio social, a la construcción de la ciudadanía. Por eso estudié comunicación, una carrera que me permitía observar la literatura, el lenguaje, desde el marco de las Ciencias Sociales y, a la vez, trabajar en proyectos sociales donde la literatura estuviera muy presente. Aunque todas las etapas de la vida pueden ser transformadoras, creo que la infancia, al depender íntegramente de los adultos, es mucho más vulnerable que las demás. Todas estas cuestiones alimentaron mi interés en la literatura infantil, sobre todo desde un punto de vista comunicacional, donde se tienen en cuenta conceptos como el poder y la legitimidad de determinados conceptos y relaciones. En definitiva, como campo de construcción de sentido.



Su blog es muy caleidoscópico. Vía de escape, cuaderno de campo, biblioteca, álbum de recuerdos… ¿Qué significa para usted Cuando te presento el mundo? (N.B.: Hagan "click" en el enlace y disfruten, lectores)
Para mí es un pequeño espacio en el que poder compartir experiencias de lectura, sobre todo, para las familias y los terapeutas. Me gusta pensar en él como un lugar que pone su granito de arena para repensar la literatura que ofrecemos, en especial, a los que tienen algún tipo de peculiaridad. En el fondo, lo que intento promover es la oportunidad que merecen los niños y niñas, más allá de su diagnóstico, a poder leer la misma literatura de calidad que ofrecemos a los demás. Si los viéramos como lectores o lectoras antes que como personas con discapacidad, la selección de libros cambiaría, porque supondría pensarlos como seres humanos con las mismas necesidades simbólicas de los demás.
Sin lugar a dudas el apartado, para mí “estrella”, de su blog es la sección Cartas, un espacio en el que se dirige a su hijo Bruno, un niño diagnosticado con TEA (trastorno del espectro autista), para hablar de las lecturas que más le gustan. ¿Por qué se decidió por el formato epistolar?
El género epistolar siempre me ha gustado por la intimidad que supone. También, por la capacidad de interpelación directa, a pesar de requerir de la distancia. Las cartas son tímidas y, a la vez, valientes; dan presencia en la ausencia, porque su tiempo de lectura, como el de los libros, es diferido. Este sistema de comunicación me recuerda al código que teníamos con Bruno cuando era pequeño. Muchas veces, al resultarle insoportable los estímulos sensoriales, no podías dirigirte a él de manera directa, mirándolo a los ojos o tocándole, por ejemplo. La comunicación de ambos tenía lugar a través de un tercer objeto, como los álbumes o un muñeco. Hoy, estos libros se han transformado en cartas.   



El autismo, el alzheimer, la libertad sexual, la pobreza o el racismo están cada vez más presentes en los personajes y argumentos de la LIJ. Esta visibilización se puede abordar desde diferentes puntos de vista: vis comercial, postureo,  diversidad, necesidad… ¿Qué opina usted al respecto?
Pienso que cada uno de los temas que mencionas merecen un análisis independiente, pues van ligados a la recepción y experiencia literaria de estos colectivos específicos. Más allá de lo ya sabido —la necesidad de docentes y familias de utilizarlo como recurso didáctico, y de todo lo que implica—, me gustaría mencionar la necesidad de crear materiales supuestamente inclusivos. Se da por hecho, que solo con mencionar un tema controvertido o tener un personaje con una determinada condición, es suficiente. El objetivo es una identificación simplista, basada en estereotipos, que poco recoge la complejidad de la realidad. Lo cierto, es que para que una sociedad sea inclusiva se necesitan, prioritariamente, políticas sociales, culturales y educativas, no libros de ficción. La responsabilidad de la literatura es crear buenas historias para que estas personas, que ya tienen una vida difícil, puedan participar en igualdad de condiciones, tal como afirma Yolanda Reyes “del derecho a ser sujeto del lenguaje: a transformarse y transformar el mundo y a ejercer las posibilidades que otorgan el pensamiento, la creatividad y la imaginación”. Por eso, desde mi punto de vista, si la intención es enviar un mensaje, es más más honesto, interesante e inteligente, publicar libros informativos, y no utilizar la ficción como disfraz. 
Por otra parte, en caso del autismo en concreto, he observado cómo a lo largo de estos años se han extrapolado algunas de sus características para dar forma, de manera natural, a la personalidad de ciertos personajes literarios. Rasgos como la dificultad social, la inquietud ante el contacto físico, el hecho de no mirar a los ojos, un interés muy específico y la falta de comprensión de las ironías. Personajes que pueden considerarse excéntricos y a la vez encajar dentro de ese espectro, como Newt Scamander de la serie Los animales fantásticos o Agamemnon White de Guardianes de fantasmas.



Últimamente, la presencia de la discapacidad en la LIJ se aborda desde el prisma de la discriminación positiva. ¿Acaso lo ofensivo no contribuye a lo literario?
La literatura y lo políticamente correcto nunca se llevaron bien. Sin embargo, la lectura y la subversión siempre hicieron un buen tándem; pero no porque el libro tuviera esa intención, sino porque la historia burbujeaba por sí misma. Lo ofensivo puede ser literario o no; pero en temas sensibles socialmente, si no está bien justificado dentro de la narrativa (personalidad de un personaje, necesidad de la trama) se traduce en pocas ventas o en una mala campaña contra el libro, que puede terminar en mala reputación para la editorial o incluso su retirada del mercado. No olvidemos que las editoriales son empresas con intereses económicos, y cada libro es una apuesta de ventas. De todas maneras, esto también tiene que ver con lo que hablábamos antes, impera una visión positiva porque se usan como recursos didácticos. Entre líneas, podemos hacer varias deducciones. La primera, es que el libro continúa siendo percibido como una voz de autoridad; la segunda, se sustenta en un concepto de comunicación unidireccional y unívoca, donde la persona es una tabula rasa que recibirá el mensaje tal y como fue concebido; la tercera, refiere a la idea de que los adultos deben tener todas las respuestas y, la cuarta, denota una falta de confianza en el diálogo como estrategia de construcción del conocimiento.
Este sitio está poblado de muchos monstruos que a veces se encuentran perdidos a la hora de ofrecer y sugerir lecturas a chicos como su hijo. ¿Existen ciertos criterios para ello o simplemente se trata de ensayo-error?
Yo creo que ninguna de las dos cosas es excluyente. Según el momento vital de cada uno, por ejemplo, la misma lectura puede ser un acierto o un error. Por supuesto que hay criterios de selección, con el que trabajamos editores y mediadores. Pero una familia no tiene por qué conocerlos. Por eso es tan importante la labor de orientación se hace con ellas desde las librerías, los centros culturales, las asociaciones y en la formación docente. Los niños y niñas deben elegir sus lecturas, y como adultos tenemos que acompañar esta elección desde la escucha y el respeto, interpretando sus gustos e intereses para saber qué ofrecer. Y este ofrecimiento debe contemplar, siempre, lecturas cada vez más complejas y sugerentes que hagan crecer la competencia lectora. Desde mi punto de vista, hay una falsa idea que afirma que leer es fácil y divertido. Yo la diría con la boca muy pequeña. Depende para quién y para qué edad. El proceso lector es, sobre todo en las primeras edades, difícil. Tal vez sería más importante decir que leer es complejo, cuesta, pero que merece la pena.



Cambiemos de tercio… ¿En qué se fija una editora de libros infantiles cuando ve un libro infantil?
Se fija en que, como decía Ana María Machado, haya merecido la pena talar un árbol para publicarlo. La historia debe tener el potencial suficiente para que, al trabajarlo sobre la mesa, todos los elementos narrativos funcionen como un engranaje. El objetivo final siempre es que el libro se adueñe de una parcela la biblioteca y no sea exiliado a un mercadillo de segunda mano.
Mercadillos y bibliotecas me han llevado hasta algo tan peliagudo como el canon. ¿Cree que es tan subjetivo como dicen?
Tal vez porque vengo de otra área o porque no tengo las suficientes herramientas teóricas, no termino de ver con claridad este tema.  Lo cierto, es que más que en una lista de autores u obras, prefiero pensar la LIJ como un campo en tensión, en el sentido de Pierre Bourdieu, e inscrito en él, una serie de obras y autores clásicos o de referencia, que pueden variar a lo largo del tiempo. Me parece más interesante observar la configuración de este campo, de sus reglas del juego, y cómo eso influye en la selección de obras y autores. Dicho esto, en lo que se rompe la dicotomía objetivo-subjetivo, creo que sí es necesario tener ciertas obras u autores de referencia. Si seguimos recomendando a Janosch o Arnold lobel, por ejemplo, es porque no hemos encontrado nada que los supere.



A su modo de ver las cosas, ¿qué características tiene el libro infantil perfecto?
Te confieso que como soy imperfecta, no me gustan las cosas perfectas. Como lectora, prefiero hablar de libros que permanecen. Y para permanecer, tiene que existir una historia que eche raíces en quien lee. Ahora bien, si me lo preguntas como editora, mi respuesta varía: el libro perfecto es aquel que respeta la armonía entre el sonido y el silencio lector, donde las palabras tienen una precisión matemática, las ilustraciones, si las hay, enriquecen el relato y, en su conjunto, se marca un ritmo de lectura que coincide con el ritmo de la historia. El formato, al mismo tiempo, colabora en la idea del libro y, muy importante, el concepto de lectura coincide plenamente con el catálogo. Pero sabemos que el libro perfecto no existe, ¡siempre habrá una errata con una innovadora estrategia de supervivencia!
Hablando de supervivencia, ¿la de un buen libro puede estar condicionada por el contexto? A veces tengo la sensación que buenas obras padecen de “obsolescencia programada”...
La supervivencia de un buen libro depende no solo del contexto sociohistórico, hay obras que en su momento pasaron sin pena ni gloria, como el Pentamerón de Giambattista Basile, y fueron rescatadas muchos años después. En la actualidad, a mi entender, debido a la superproducción editorial, la supervivencia de los libros depende de diferentes factores: la campaña de marketing, que el público lo convierta en un best seller y, para mí lo más importante, que libreros y libreras apuesten por ellos.
Las librerías son los agentes fundamentales de esta cadena.



Los “lectores perdidos”, esos jóvenes que leen durante la infancia pero que de repente se desligan de la lectura placentera, constituyen uno de mis temas favoritos. ¿Alguna sugerencia para traerlos de vuelta a los libros?
En primer lugar, creo que los momentos de no lectura son tan respetables como los de la lectura. A veces, es necesario alejarse, vivir otras experiencias, leer otras formas de arte, de cultura o transitar otros caminos. Y, aunque esto suene muy mal, hay muy buenas personas que no leen y otras nefastas que citan a Shakespeare. Dicho esto, como convenimos que es mejor leer que no hacerlo, yo partiría de escuchar a la no lectura. ¿Qué hace o provoca el abandono? ¿Cuánto hay de momento vital, de contexto socioeconómico u otras causas como la falta o el cierre de bibliotecas en un barrio, en un colegio? Por lo tanto, vería la causa para elaborar una estrategia más acertada.
Por otra parte, y más importante, creo que nos centramos en el abandono de narrativa, del objeto libro, pero esto no significa necesariamente la pérdida de lectura: hay muchos adolescentes que leen la prensa, otros cómics o novelas gráficas (género que no se suele tener en cuenta cuando se habla de lectura), y están los que consumen ficción digital, entre otros.  Ahora bien, si imaginamos un contexto cotidiano, siempre me ha funcionado compartir aquello que estoy leyendo. Hablar sobre mis lecturas de manera natural con jóvenes o niños/as. A veces, al crear dinámicas complejas, olvidamos algo esencial: situarnos de igual a igual para compartir historias y decir lo que hemos sentido al leerlas o escucharlas. Yo no siempre recomiendo libros; en ocasiones, me parece más oportuno un espectáculo de narración oral como re-acercamiento a la lectura.
¿Y dónde queda la paraliteratura? En cierta entrevista te escuché hablar de este punto tan interesante que no siempre es bien recibido…
Bueno, la verdad es que mi postura es muy poco ortodoxa… Y coincide con la de Peter Dickinson: la paraliteratura tiene, principalmente, dos funciones: la primera es socializadora. Permite crear una comunidad lectora entre iguales basada en el diálogo y el intercambio de libros. Como ha afirmado Aidan Chambers, este diálogo es muy importante para la promoción de la lectura, porque una de las grandes fuentes de lectura son las recomendaciones. El vínculo y las relaciones que se generan a través de los libros no es algo menor, porque crea pertenencia. Una vez, una buena amiga, coordinadora de diversos talleres de lectura me dijo: “más allá de la lectura, estos niños y niñas vienen para sentir que no están solos”. En segundo término —sigo con Peter Dickinson—, permite a los niños y niñas ganar confianza en estructuras sencillas para pasar a otras más complejas. En otras palabras, estoy a favor. La verdad es que no conozco a nadie que no tenga libros malos e inconfesables en su memoria lectora. El problema es cuando pasan a ser un gran porcentaje de la producción editorial o la línea principal de consumo.



Una cuestión que me crispa los nervios: ¿Vale cualquier libro?
Si entendí bien la pregunta, entonces te diría que sí: cualquiera puede encender un buen fuego o ser sustituto de papel higiénico durante la pandemia.  
Jajajaja… Esperaba una respuesta de este tipo…. A la hora de recomendar libros, ¿es más difícil desligarse de la faceta de madre o de la de editora?
Sin duda, me es imposible desligarme del lado editor. Mis hijos pueden tener gustos contingentes, varían con sus años y sus intereses. Pero hay libros que tienen más años que los tres juntos y constituyen una apuesta segura, u otros nuevos, que merecen un lugar en la mesita de noche. No todas las personas pueden comprarse libros todos los meses, por eso intento que el dinero sea invertido en una historia a la que se pueda volver.
Los monstruos generalmente nos quejamos de que los libros para niños son una parcela humanística muy desconocida, casi un reducto para cuatro locos. ¿Qué le falta al mundo de la literatura infantil para llegar al gran público?
En mi opinión, lo primero que falta en la LIJ es gente de diferentes áreas del conocimiento, que enriquezca las perspectivas y los debates. Especialistas en diferentes campos científicos y sociales que nos animen a pensar o introducir nuevas variables de análisis. El reducto de la literatura infantil no es solo pequeño, sino endogámico, y eso no es saludable para ningún campo de trabajo. Por eso, creo que la propuesta de Filosofía Visual de Wonder Ponder, la apertura hacia la ficción digital que promueve Lucas Ramada, por citar ejemplos actuales, fueron tan bien recibidas como en su momento lo fue la mirada antropológica de Michéle Petit.
Por otra parte, creo que tenemos un grave problema de comunicación con el público general: manejamos un discurso obvio y resabido, que no llega donde debería llegar o, al menos, no todo lo que quisiéramos. Si aún es frecuente oír, al entrar en una librería, alguien que juzga al libro porque está escrito en mayúsculas o minúsculas, nuestra labor necesita un replanteo importante. Estas situaciones dejan en evidencia que somos una gran minoría que se relaciona muy bien entre sí, pero que tiene una seria dificultad para pensar en otras estrategias o espacios de acercamiento a las familias, más allá de los tradicionales. ¿Tenemos suficiente presencia en los foros y grupos de crianza en las redes sociales? ¿Cuántas editoriales hacen llegar sus catálogos a otros lugares donde habita la infancia, como empresas de ocio y tiempo libre, centros de atención temprana o los gabinetes de psicología?



Estoy bastante de acuerdo con tu postura, es más, es una de las razones por las que me animé a abrir una pequeña sucursal de este sitio en Instagram, algo que, por otro lado, me granjeó críticas por una parte del sector LIJ-ero. Fue como si estuviera denigrando los libros infantiles. Me pareció una postura un tanto elitista por su parte. ¿Por qué cree que pasa esto?
No tengo suficiente información para decir si es elitista o no, pero sí creo que la lectura de la infancia y la adolescencia está, muchas veces, en círculos que no contemplamos: YouTube, Instagram, otras redes sociales. Si se han creado esos espacios es porque las personas no se han sentido identificadas o acogidas por otros más tradicionales. Han elegido otros medios y eso merece una pensada. Los jóvenes llevan años haciendo colas interminables en la Feria del Libro, por ejemplo, y —tal vez me falta información—,  pero hasta donde sé, nunca he visto que se promoviera un espacio para ellos, en los que reunirse y hablar de sus lecturas; en los que se escucharan sus demandas. La lectura es como la educación: tienes que partir del otro, para idear espacios de construcción y acercamiento. Si mal no recuerdo, Foucault decía que las prácticas sociales generan dominios del saber (objetos, conceptos, técnicas), que dan lugar a nuevas formas de conocimiento y, por lo tanto, a nuevos sujetos de la historia. Los jóvenes de hoy no son los de décadas atrás: ha cambiado su percepción, sus códigos y sus formas de actuar. Lo primero que tendríamos que hacer es abrir espacios de escucha si queremos llegar a ellos.
Como punto y aparte (que un servidor prefiere los “hasta luego”), tres vicios de monstruo... Tu juego preferido, algo de gastronomía y unos cuantos libros infantiles que te encanten.
Te cambio un poco la pregunta y te cuento tres vicios fundamentales:
Vicio nº 1: los juegos de mesa. Formo parte de la junta directiva de Ludiversia, una asociación familiar de juegos de mesa y de rol increíblemente fantástica.
Vicio nº 2: pintar miniaturas de juegos como el Zombicide (¡amo matar zombies!).
Vicio nº 3: el boxeo (aunque lo practico menos de lo que debería).   
Jajajaja… Espero que al menos comas y cumplas con los principios fundamentales de la termodinámica... (Risas). 

Está entrevista continuó en Instagram para profundizar sobre las experiencias de lectura de niños con espectro autista, así como otras en el ámbito de la salud mental. Pueden acceder a estos vídeos AQUÍ (parte 1) y AQUÍ (parte 2)



Nota: Todas las imágenes que acompañan la entrevista corresponden a algunos de los títulos favoritos de la entrevistada o a libros que ha leído últimamente y le han gustado mucho.

*   *   *


Carolina Lesa Brown es licenciada en Comunicación Social (UNLP), máster en Necesidades y Derechos de la Infancia (UAM) y máster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes (UAB). Ha trabajado en estudios creativos y en proyectos educativos en comunidades con riesgo social. Desde que llegó a España, desempeña diversas tareas de comunicación, edición, creación de contenidos y asesoramiento en el sector editorial e instituciones ligadas a la infancia. Es formadora de la Red de Bibliotecas para Pacientes y colabora con docentes y terapeutas para acercar la literatura a niños y niñas con necesidades educativas especiales, en particular con la condición del espectro autista. Es autora del blog Cuando te presento el mundo. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Educar la mirada hacia la lectura y la LIJ


Isabel Hojas

Desde que Salvia, la recolectora de rimas, hiciera un comentario en esta entrada refiriéndose a la importancia que la educación de la mirada LIJ tenía, empecé a preguntarme e indagar en el proceso que había ido formando mi propia mirada hacia la Literatura, en general, y la Literatura Infantil, en particular. Tras bastantes meses apuntando recuerdos e ideas al respecto me he propuesto resumir de manera más o menos organizada quiénes intervienen en mayor y menor medida en el desarrollo de estas capacidades, cómo lo hacen, cuál es el proceso tradicional para acercarse a la lectura, cómo se puede recuperar el gusto por ella, y qué futuro le espera.


Marla Fraaze

Educar a leer, leer para educar

Lo primero de todo es atender a la relación entre LIJ y educación... Y cuando digo "educación" no me refiero a esa tras la que se parapetan los políticos para justificar su adoctrinamiento y hacer lo que les plazca con los nuevos ignorantes, sino a algo más profundo. La educación tiene mucho que ver con todo lo que se refiere a las miradas, es decir a la opinión que se forma en cada uno de nosotros sobre lo que nos rodea desde la niñez. Por tanto, la educación, tomada como entidad global no sólo tiene que ver con los contenidos y preceptos que intenta inculcar la escuela, sino como un sinfín de instituciones más, léanse familia, amigos, el ámbito laboral o los medios de comunicación, que marcan la idiosincrasia particular del individuo. La educación embebe nuestra vida desde la cuna, y desde entonces, absorbemos como esponjas lo que nos apetece consciente o inconscientemente (no se equivoquen, los niños son mucho más libertinos que nosotros aunque intentemos encorsetarlos) para formar una mirada propia sobre la que basaremos nuestros juicios (que pueden ser de muy variada naturaleza, desde personales hasta culturales, políticos o médicos). Es por ello que la lectura debe formar parte de ese proceso educativo integral, no sólo como necesidad primaria educativa, sino como vehículo de aprendizaje que utilizaremos el resto de nuestra vida.


Jessie Willcox Smith

Familia y ejemplo

Son tres a mi parecer, los agentes que intervienen de manera activa en la educación de la mirada LIJ. En primer lugar tenemos a la familia, el actor, a mi juicio, más importante para desarrollar, no sólo una opinión crítica respecto a la LIJ, sino a la hora de inculcar el hábito lector en los niños/jóvenes, en reconocer el libro como objeto y artefacto, como vehículo y entidad. Padres, madres, hermanos, tíos o abuelos son los primeros responsables de sembrar el hábito de la lectura, primeramente ejemplificándolo y seguidamente, tutorizándolo y auditándolo. De nada vale poner ese disco rayado que suena “Nene lee, lee, lee...” si en esa casa no lee nadie, y tampoco me gusta esa cantinela de “Tu lee, lo que sea, pero lee.” Y así pasa, que algunos sólo leen periódicos deportivos o revistas de marujeo. Evidentemente, el origen, el nivel socio-económico, y sobre todo, el cultural de cada familia, estimulan o no esa inclinación por el mundo del libro (que es de lo que se trata principalmente, nunca de inculcar dogmas). 
Sí, queridas familias, la lectura catapulta nuestra imaginación, se comparten pareceres y objeciones, amplía el mundo, y nos proporciona más formación, más herramientas para realizar múltiples actividades o solucionar problemas, en definitiva, para subsistir. No se equivoquen: no creo que leer nos haga mejores personas (alguno me degollaría si dijera que muchos lectores son malos y retorcidos), ni más especiales; si acaso, más libres (Je,je... No sé porque se me vienen a la memoria ciertos libros sagrados o el mismísimo Mein Kampf... Así que lo de la libertad, también está difícil...).


Flavia Zorrilla Drago

La escuela y la competencia lectora

En segundo lugar tenemos la escuela, esa institución a la que pertenezco. Creo que los docentes, además de tener un gran peso en este equilibrio (a mi juicio somos el eje de la balanza), nos sentimos entre confusos y encorsetados. El desconcierto nos llega cuando pensamos que la mayor parte de responsabilidad en la tarea de crear lectores recae sobre nosotros, algo que no debería ser así, ya que el ámbito escolar debe formar, encauzar y ofrecer posibilidades a los alumnos para el desarrollo de la lectura, una vez que la semilla que deposita el ámbito familiar empieza a germinar. 
Si a lo anterior unimos la ingente cantidad de objetivos que se marcan desde el marco legislativo, ese que debería dejar a un lado el paternalismo y/o buenismo de estado para centrarse en otras luchas más importantes como es la formación del profesorado en materia de LIJ, la implicación de los docentes en lo que llamamos leer, ese verbo que no soporta el imperativo, es cada vez más difícil. 
Por otro lado y considerando la orientación pedagógica de la Literatura Infantil, debemos ser críticos con nuestros espejismos y dejar de mirar al libro por la carga de contenidos, valores o emociones que podamos enseñar con él. Esa visión maniquea de la vida (¿una reminiscencia del constructivismo?) no hace ningún bien a nuestros alumnos, ya que en parte crea cierta tendencia al odio visceral que muchos le tienen a la letra impresa. No obstante y respecto a la faceta académica o instrumentalizada de los libros, como manuales o libros de texto, libros que debemos englobar en la categoría de no ficción, no cabe discusión: su lugar es la escuela y están hechos para enseñar y aprender, y si aúpan la lectura placentera, mejor que mejor.
El último punto es denotar que los niños y adolescentes invierten una media de 5-6 horas al día en colegios e institutos, por lo que no hay que desdeñar el gran conocimiento que los docentes tienen sobre los gustos e inclinaciones de sus alumnos a la hora de leer, algo que parece ser obviado por muchos especialistas en LIJ que pregonan sin haber entrado en contacto jamás con éstos.


Andrés Meixide Gayoso

Bibliotecas o diversidad de lecturas

El tercer pilar sobre el que descansa la educación de la LIJ y la lectura son las bibliotecas (N.B.: A esto se debe seguramente que muchos planes de lectura diferencien la esfera cultural de la educativa, ese desdoble de recursos y empeños que no se comprende desde un punto de vista monetario -doble gasto-, pero sí quizás desde un prisma funcional). 
Construir bibliotecas es importante, pero más importante es abrirlas y darles vida. De nada nos sirve que una biblioteca se encuentre yerma, que no interactúe con sus usuarios a través de su fondo y sus trabajadores. Estoy harto de ver bibliotecas vacías -de público y novedades-, y de bibliotecarios que sólo se dedican a prestar y colocar libros. Esta una realidad que puede tener dos orígenes, por un lado la reducción del gasto gubernamental (está claro que la Cultura, entendida como bien común, se encuentra cada vez más desinflada), y por otro destacar (siento que justos paguen por pecadores) que son muchos los bibliotecarios “institucionalizados”. Personas que acuden al lugar de trabajo, desempeñan su papel dentro de la corrección y ¡nada más! 
Los bibliotecarios deben afianzar el gusto por los buenos libros, por desentrañar nuevas formas de mirar la literatura, por aupar géneros olvidados, por mostrar detalles escondidos, relacionar títulos aparentemente dispares, y ofrecer nuevas posibilidades y alternativas, una tarea que sólo se consigue siendo un gran lector y sembrando la pasión por los libros con cierta magia (no son necesarios fuegos de artificio pero sí tener capacidad comunicativa y de organización). A veces basta con hablar de libros, que no es poco...


Yuko Shimizu

Otros mediadores de lectura

A pesar de que familias, docentes y bibliotecarios establecen los cimientos para la educación en LIJ (siendo lectores todos ellos, ¡ojo!), no cabe menospreciar el papel que especialistas, libreros, editores, escritores, ilustradores y demás actores, desempeñan en esto de la mirada LIJ ya que deben tener muy claro para quien trabajan. 
Es muy distinto currar para echarse algo a la boca, a trabajar por pura advocación. Quizá lo primero sea tan lícito como lo segundo, pero eso de ganarse el sustento haciendo lo que te sale del fandango te llena (de libertad, amor propio, decepción o frustración... no todo es tan maravilloso), más todavía cuando estableces un contrato tácito aunque non scripto con lectores que buscan una experiencia estética a la altura. 
El editor deberá velar por el formato de sus libros, uno acorde con el producto ofrecido, seleccionar narraciones y poemas con valor literario, y preocuparse por dirigirlo adecuadamente al público; el escritor tiene uno de los mayores compromisos, el de pergeñar literatura notable sin subrogarse a los intereses creados; el ilustrador debe interpretar y complementar el lenguaje verbal con el artístico, elevar el suyo propio, todo ello sin olvidarse de la calidad; el librero tendrá que saber moverse entre la diversidad y los buenos libros, así como orientar adecuadamente en la compra; y el especialista deberá dejar sus prejuicios e inclinaciones para poder ofrecer una adecuada selección de libros que ayuden al crecimiento lector de quien siga sus indicaciones.


Karin Jurick

Todo lo que rodea a la lectura

El medio ambiente, el resto de estímulos que nos rodean, los menos controlables e irracionales, también tienen que ver con la LIJ y la lectura... Los individuos no vivimos aislados sino que estamos sujetos a una serie de factores: novios, amigos, conocidos, conversaciones que no nos incumben, los medios de comunicación (sobre todo televisión, páginas web, redes sociales, aplicaciones de mensajería instantánea), el cine, la cultura visual en la que podemos citar los videojuegos o la pintura, la música, el teatro, la religión, la ubicación geográfica, el sistema político, un trauma, algo chocante, la muerte de un familiar, los complejos ajenos o personales, los estereotipos e incluso los prejuicios, los iconos y los símbolos. Todo se encuentra relacionado y puede configurar el ecosistema de un lector competente y capaz.
Podemos citar el condicionamiento y repercusión que las películas de animación han tenido sobre la percepción de los libros ilustrados en el siglo XX, ejemplificada por la omnipresente factoría Disney®, una que marcó un antes y un después en la mirada que los niños han desarrollado frente a formas y líneas. Debemos señalar igualmente los movimientos y corrientes artísticas como fuente de inspiración y ejecución en las tendencias de ilustración (cada época tiene las suyas... abstracción, cubismo, figurativa, dadaísmo, expresionismo, impresionismo, cultura naíf, etc.), que modelan y acercan la mirada LIJ colectiva, algo que también ocurre con los diferentes géneros literarios (hay épocas más proclives a la novela de aventuras, el cuento de hadas o la poesía romántica). No tiene la misma mirada LIJ un niño que viva en Oriente Medio que otros de Vietnam o Inglaterra (sólo tienen que visitar cualquier feria de libro infantil de carácter internacional, exponerse a las diferentes ilustraciones y contarme qué les resulta más cercano), ni tampoco vivir en una sociedad occidental capitalista que hacerlo en los suburbios de Nairobi (¿Quiénes entenderán mejor El soldado de plomo de Jorg Müller? Seguramente el mensaje captado sea diametralmente opuesto).


Tom Gauld

El sesgo de la lectura

Protagonistas y secundarios configuran un inmejorable reparto en el que, como en todo lo que tiene que ver con lo humano y mundano, hay que denotar el sesgo, ese que inclina la balanza hacia uno y otro lado... No es lo mismo ser criado en el seno de una familia de corte intelectual o culturalmente activa que en otra donde primen los negocios, no es lo mismo tener un profesor que denote cierto gusto contemporáneo que otro que defienda a ultranza los clásicos, no tiene nada que ver que compremos los libros de nuestros hijos en la papelería del barrio o en una librería especializada, ni tampoco es lo mismo echar mano de una biblioteca doméstica que pulular dos tardes a la semana por las estanterías de la biblioteca pública.


Pawel Kuczynski

El camino de la mirada lectora

Sobre el proceso que sigue nuestra mirada LIJ a lo largo del tiempo, poco puedo decir en líneas particulares (no soy especialista en didáctica de la Literatura Infantil y Juvenil, y seguramente habrá otros más duchos en el tema), pero me atrevo a decir que no creo que esta deba ser lineal (¿a quién le gustan los túneles?), sino que debe tomar una forma arbustiva, tridimensional (yo lo asemejaría a una semiesfera) en la que uno pueda moverse hacia delante o hacia atrás, pero también pueda dar un paso lateralmente, es decir, en direcciones y sentidos variados.


Inés Vilpi

En líneas generales y concretando más, el proceso educativo tradicional hacia la LIJ podría ser el que sigue:
a) El primer vínculo debe partir de lo puramente verbal, de la oralidad. Juegos de palabras, nanas, retahílas y canciones de ida y vuelta para comenzar a instrumentalizar el lenguaje y fomentar la creación de un ideario particular.
b) A ello le seguiría la adquisición de destrezas en lecto-escritura (leer para escribir, escribir para leer), ejercicio que se afianza con la narración oral de cuentos y leyendas, tradicionales, clásicas y actuales, técnicas de animación lectora, la lectura en voz alta y el uso de otros lenguajes, como el musical o el artístico (aquí toma un papel importante el género del álbum ilustrado), que sirvan de apoyo a la contextualización de un amplio marco referencial, tanto propio (real o imaginado), como ajeno.
c) El lector continúa formándose y adquiere autonomía, es aquí cuando tenemos que proponer un amplio abanico de posibilidades. El lector necesita arriesgarse, experimentar, explorar, decidirse, elegir, triunfar y fracasar.
d) Es así como seleccionará y formará su ideario, tendencias y biblioteca mental particular, definiéndose finalmente como lector.


Geertje Grom

¿Cómo rescatar a los lectores perdidos?

Pese a que todo lo anterior es muy bonito y suena muy bien, nadie se plantea la elevada tasa de no lectores que hay entre los jóvenes, unos para los que muy pocos especialistas, estudiosos o mediadores han desarrollado estrategias con las que devolverlos a los libros. Los “lectores perdidos” (una denominación que acuñé hace tiempo), aquellos niños o adolescentes a quienes la lectura les importa una mierda tras haber adquirido las habilidades necesarias para llevarla a cabo, son el producto de múltiples causas que van desde el contexto familiar al llamado “fracaso escolar” (N.B.: Es curioso, pero los alumnos que chocan con el sistema educativo suelen aparcar también la lectura placentera), pasando por la escasez de estímulos y los cambios hormonales. Su mirada literaria es incluso más importante que la de los principiantes y deberíamos prestar atención a proyectos con los que, a modo de anzuelos, recuperarlos. Estos señuelos pasan por uno mismo (la madurez hace milagros) o echar mano de otros lenguajes, que van desde el puramente paraliterario (condensa mensajes igual de válidos pero más fácilmente alcanzables) al lenguaje gráfico (ya se está haciendo desde el libro ilustrado y las pantallas de los portátiles), el digital (no hablo del e-book...) o la misma interfaz de usuario (¡Qué bien me comunico con mi coche!). Sin duda esta es una realidad que, aunque a algunos les pone nerviosos, empieza a coger cuerpo en muchos planteamientos educativos (véanse los países nórdicos) y supongo que, con el tiempo, se abrirá hueco en ese camino que ha de recorrer la mirada LIJ.


Emma Ersek

Epílogo

Como colofón y esperando que estén de acuerdo, he de apuntar a que nadie tiene una receta infalible para conseguir una mirada LIJ “óptima”, “deseable” o “recomendable”. Está claro. Pero sí me aventuraría a decir que el niño o joven que se ve sumergido en un ambiente propicio y literariamente diverso, tiene más posibilidades que otro para desarrollar esa mirada literaria. Con ello no quiero decir que existan excepciones a tenor de un amigo curioso, una bibliotecaria comprometida por la causa, unos maestros chispeantes, o un padre y/o madre devoradores de libros (hay veces en las que creo en el puntualismo de Gould y Eldredge aplicado a estos derroteros lectores), pero sí he de confesarles que un servidor ha tenido la gran suerte de contar con todos ellos, y poder ver hoy los libros a través de sus ojos pero con mi mirada.


David Pintor