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miércoles, 23 de mayo de 2018

Un par de abecés



Como esta semana he decidido dedicarla a los álbumes para los más pequeños (pre-lectores y/o primeros lectores), se hace necesario prestarle atención a las letras, porque sin letras no hay palabras.
Muchos de ustedes, más todavía si se dedican a la docencia en las etapas de infantil y primaria, sabrán que hay montones de métodos para iniciarse en la lecto-escritura. Que si el fonético, que si el silábico, que si las palabras generadoras o los métodos globales, pero lo cierto es que todos beben de todos, y probablemente muchos de ustedes utilicen simultáneamente metodologías distintas entre las que destaca el método alfabético,  basado en conocer las letras del abecedario.


Fichas para colorear letras, para darles forma con papel de seda, materiales reciclados o plastilina. Un año tras otro. Pictogramas, tarjetas de asociación, juegos de pared, retahílas y canciones, aplicaciones para tablet o móviles… Una tarea muy necesaria para acercarse a la palabra, para conocer el lenguaje leído y escrito en diferentes edades (no hace falta que les hable de la normativa ni de las tendencias educativas imperantes y sus diferencias).
Yo les confieso que me encantan los abecedarios. He hecho mis propios alfabetos, para jugar con mis alumnos, como curiosidades descabelladas, para aprender, e incluso para que sean publicados (algo que supongo nunca sucederá… ¡Ea, es lo que hay!). También los he incluido en este lugar de monstruos -AQUÍ pueden encontrar unos cuantos-, a los que hay que sumar dos de los abecedarios que más me han gustado durante los últimos meses.


En primer lugar tenemos que hablar de Abecedario hecho con letras, un capricho de Carlos Rubio editado por Litera-Libros. En este alfabeto muy ortodoxo (o nada, si se mira desde la perspectiva de la LIJ clásica, ya que carece de ilustraciones), encontramos mayúsculas y minúsculas de diferentes morfologías (algo de lo que se encargan las disciplinas tipográficas) que tiene mucho intríngulis. En este viaje sin edad (¿acaso los abecedarios no tienen cierto aire atemporal?) por las 27 letras que constituyen el alfabeto, encontramos letras marginadas, otras acostadas, e incluso algunas practicando el coito (cada uno que haga lo que crea conveniente: censurar o explicar). El caso es que me ha gustado el concepto y lo veo un excelente regalo para aquellos que se pirren por el diseño sobre papel.



Por otro lado tenemos a Imapla y su Abecedario escondido (editorial Juventud y cuya portada aparece al principio del post), un libro que además de diseño tiene mucho juego. Para mí es un álbum infantil delicioso con muchísimo potencial, no sólo por su mismo contenido, sino porque ese contenido se puede extrapolar a otros contextos y ser fuente generatriz de muchas actividades que tomen como excusa las letras. Y es que el aspecto lúdico del mismo, ese juego de búsqueda que se establece entre letras y objetos representados/ citados en el texto, es un buen ejemplo de gamificación en el objeto libro. Un objeto que hay girar, voltear, mirar desde diferentes ángulos las ilustraciones que nos presenta Inma Pla para localizar este abecedario colorista y de líneas sencillas.



Ir a la luna en la A, ver como llueve desde la B, o adornar con una flor la E. Son pequeños textos que presentan escenas a doble página y con gran fuerza visual donde el contraste de colores y la composición tienen mucho que decir. Sin duda, mi favorito de este año. 


¿Y ustedes? ¿Qué opinan de ellos?

lunes, 11 de enero de 2016

Abecedarios olvidados y un recuerdo a David Bowie


¡Qué mal estoy llevando el comienzo de este año bisiesto! Lo cierto es que no ando muy estresado (hace tiempo que decidí dejar a un lado el histerismo para declararme un completo vividor), pero sí estoy metido en muchos fregaos que no me dan mucho asueto. Que si prepara exámenes de recuperación, corrígelos, viajes, date prisa con el temario, no te olvides de comprar leche, llama al técnico... Vamos, que ando con un poquito de jaleo pero nada que no se pueda llevar, que a estas alturas de la película no es poco (Ufff... ¡Menos mal que no tengo hijos...! Según dicen, es la mar de entretenido...).


Si un servidor lleva con algo de vértigo la cuesta de enero, peor la llevan mis alumnos que, aunque tengan que hacer poco, no se acuerdan de nada. Y cuando digo nada, es nada. No se acuerdan del tema anterior, tampoco de lo del pasado trimestre, ni de lo que estudiaron el año que dejamos atrás, y mucho menos de lo que vieron durante toda la primaria. Vamos que por no acordarse, no se acuerdan ni del número Phi (3,141652...)


Yo quiero pensar que es una mera pose para que no les dé la tabarra, que pase de ellos y siga con lo mío (así se evitan responderme)... En el fondo sé que todos los conocimientos que han ido adquiriendo y gestando dentro de su maleable cerebro, subyacen ahí (¿Soy un pobre iluso?). Otra cosa es que no sepan cómo extraer toda esa información (sobre todo en la adolescencia, que entran en una especie de letargo cognitivo)... No saben escarbar en el disco duro, entre todo lo que saben y lo que se les dice. Quizá sea porque no les interesa (pregúntales algo de la tele, del partido de ayer o de Justin Bieber... ¡Se saben hasta el último detalle!). Quizá también tenga que ver el tipo de relación que uno establece con ellos... Si eres un tirano malhumorado, probablemente vivirán acojonados por si el error llama a la puerta, otra cosa en que les des muchas posibilidades y les eches algún que otro cable, algo a veces más efectivo que echarles una bronca de tres pares de cojones por olvidar lo más obvio.


Entretanto, yo sigo recordándoles lo más básico, que va desde la tabla de multiplicar, pasando por la lista de los reyes godos (ja, ja, ja... es broma, no me la sé ni yo...), los ríos penínsulares, que las palabras agudas que terminan en “-on” llevan tilde en la o, o incluso el abecedario, algo la mar de últi cuando queremos buscar un libro en una biblioteca.... Hablando de alfabetos, aquí les traigo un trío de abecés que bien valen un vistazo. El primero es el Abececuentos al que Daniel Nesquens ha puesto palabras y Noemí Villamuza ilustraciones (publicado por Anaya), y que nos hace un recorrido, tanto por las letras del alfabeto, como por muchos de los personajes clásicos de la literatura infantil; una buena forma de recordar las letras. En segundo lugar tenemos el abecedario que Fermín Solís ha publicado con la editorial Libre Albedrío, y que lleva por título Los niños valientes. Se trata de un catálogo de niños muy atrevidos (y ordenados por orden alfabético) que, acompañando todo tipo de situaciones adversas, consiguen transmitir al lector cierto riesgo y aventura. Por último traigo un abecedario en inglés (últimamente estoy haciendo referencia a muchos títulos en esta lengua por el interés que suscita entre muchos padres y maestros que tienen como objetivo desarrollar una segunda lengua entre el griterío), concretamente los ABC's (son dos) de Charley Harper, un gusto para la vista que, además de presentarse en formato boardbook, tienen un diseño maravilloso.




Y como colofón a este lunes de olvidos, un recuerdo a la figura de David Bowie tras su fallecimiento (los grandes lo son incluso a la hora de morir). Les dejo con su Magic Dance de En el laberinto, una película de culto de Jim Henson basada en el álbum ilustrado de Maurice Sendak (El otro lado), que muchos guardaremos en nuestra retina de niños a pesar del paso del tiempo.