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martes, 28 de octubre de 2025

Blexbolex vs. Rosalía


Berghain de Rosalía. No sé si le han echado un ojo. Yo sí y concluyo que es una intentona exagerada de esas quimeras pop que tanto ahondan en la provocación. Que si lo sagrado, que si lo mundano, que si la Virgen María y la anunciación del Señor. Ella, ella y siempre ella. Comprando, fregando, planchando. Mozart para empezar y Björk para terminar. Le ha faltado invitar a Wagner y David Guetta en ese horror vacui que se ha marcado. La catalana, sin jamón, que a fin de cuentas, es de lo más insulso.
Cuando Madonna coleaba, el mundo era un lugar mejor. Cuando Mónica Naranjo se dejó el agua oxigenada y le dio por la lírica, lo hizo dignamente. Hasta Lady Gaga supo embutirse en sus John Galiano y no terminar desnucada. Al menos hacían lo mejor que sabían, no como esta empresaria metida a cantante que se ha sacado el revoltijo que tenía en las tripas y lo ha servido en bandeja de plata a ofendiditos, tullidos emocionales y aspirantes a culturetas.


Haciendo gala de esa espiritualidad casposa que rellena occidente, los que hace unos años pedían la cabeza del Papa, ahora toman el té con esta beata oportunista y practicante de la impostura contemporánea para darse golpes de pecho como mártires de vanguardia. Al menos Britney Spears y Mariah Carey no se dedicaban a las vidas de santas. Lo tenían claro: creyentes, pero a rebosar de miseria. Nena, si te humillas y te blanqueas, corres el riesgo de terminar como Katy Perry en una fiesta de mormones.
A mí, personalmente, la excentricidad siempre me ha parecido de un empobrecimiento creativo sin parangón, porque cuando la honestidad se recubre de esa pátina recurrente por la que tanta pobreza asoma, mejor retírate. Que a la larga, vivir cegado por tus pedos de colores suena a pataleta. Resumiendo: prefiero el "one hit wonder" sonando en bucle, a toda una vida dedicada a la mentira, ¡so’ pretenciosa!


Y desde esta sala de despiece en la que disfruto escuchando a Frank Ocean, Rusowsky o la Paquera de Jerez, me aferro a mis convicciones artísticas gracias a El tiempo del capitán Brett, lo último de Blexbolex (Libros del Zorro Rojo). Y es que este señor sí que sabe dar en el clavo sin tanto aspaviento.
En esta ocasión nos cuenta la historia de Hyéronimus, un chiquillo que por diversas circunstancias tiene que pasar un verano alejado de sus padres en casa de su tío Timothéus. Advertido por este y Mathilda, su sirvienta, de los peligros que entraña la ciudad, Hyéronimus se lo pasa todo por el forro y decide explorar calles, puertos y canales del lugar y, cómo no, acaba perdido. En esto que, como por arte de magia, aparece un barco pirata con una tripulación la mar de inquietante y liderada por el capitán que da nombre al libro. Hecho prisionero y obligado a participar en sus maldades, empieza una serie de aventuras en las que un secreto familiar es la clave.

La verdad que el libro da para mucho, pues utiliza referencias clásicas de la LIJ. El niño en su soledad, un tío con una vida desconocida y excéntrica, las historias de piratas y fantasmas, animales humanizados, el número 3 (tres encuentros y tres personajes) y un final que da para cavilar mucho. Todo se engrana a la perfección en las 176 páginas que lo componen y permite al lector disfrutar de un relato diferente y muy enriquecido, no solo gracias al lenguaje utilizado, sino a un discurso caleidoscópico en el que caben muchas interpretaciones.
Bernard Granger, verdadero nombre del autor, ahonda una vez más en la simbología para crear una atmosfera sugerente donde realidad y ficción se dan la mano gracias a misterios sin resolver. ¿Quién se esconde tras la máscara de la misteriosa niña que acompaña al capitán Brett? ¿Qué empeño tiene el dichoso capitán en coincidir con él? ¿Por qué Timotheus termina enloqueciendo tras la marcha de su sobrino? o ¿Cómo diantres sale volando una iglesia a modo de cohete? Son tantas las preguntas que se atisban en una lectura mitad juego mitad fantasía, que cualquiera se lo puede pasar en grande.


Y ahora, buceando en el significado profundo que me suscita esta narración pienso en voz alta que el capitán Brett no deja de ser un alter ego de Long John Silver, una reencarnación de ese espíritu travieso que aboga por la maldad, que reside en cada uno de nosotros y nos incita a trasgredir las reglas, a dejarnos llevar por nuestros deseos y abandonarnos a nuestra suerte más subversiva. Un tormento infantil que subyace en cada adulto y que, por arte de magia, puede despertar en cualquier momento por mucho que lo queramos controlar.
Si a todo esto unimos una cuidada puesta en escena que hace las delicias de los amantes del álbum, la novela gráfica y el objeto-libro, la cosa pinta muy bien. Una camisa con forma de mapa (un tanto indescifrable, como la vida misma), montones de referencias artísticas (me encantan los guiños a los edificios de Le Corbusier), una cubierta que simula esa bandera que tanto ondea entre las páginas, un papel de tacto apergaminado y crujiente, la tipografía enlazada y unas ilustraciones donde se intuye una técnica más clásica (lo suyo ya saben que es la serigrafía) construyen esta tarta deliciosa que deben saborear lentamente.

sábado, 25 de noviembre de 2023

Magia


Los que leemos libros para niños estamos acostumbrados a lidiar con la magia, pero ¿qué es la magia? Aunque la magia es un concepto muy amplio que tratan diferentes disciplinas como la teología, la filosofía o el ilusionismo, podemos definirla como la creencia en el poder sobrenatural para producir efectos que van más allá de las leyes de la naturaleza.
Este concepto deriva de la concepción primaria del mundo y de la existencia en la que prevalece una visión dramática de lo que nos rodea, en la que lo divino y demoníaco, el orden y el caos, el bien y el mal, se hallan en pugna constante y con una existencia ligada al hombre mismo.


Si bien es cierto que a muchos les parece una cuestión del pasado en el que la ignorancia era la mejor cualidad para blandir todo lo que girase en torno a lo sobrenatural, la magia es un concepto todavía vigente, no solo por culpa de esa naturaleza nuestra que intenta por todos medios hallar respuestas ante lo inexplicable, sino por una concepción vital tan sugerente como infantil.
Sí, la magia ha sufrido una honda transformación debido al avance de la ciencia y el conocimiento de los fenómenos naturales, pero no olvidemos que cada época tiene su propia magia, esa que depende de la época y el lugar que habitemos, y en esta, el occidente del siglo XXI, la necesidad de huida ante la realidad, la suspensión de la incredulidad y los avances científico-tecnológicos aportan un contexto diferente donde germinan nuevos conceptos mágicos.


No tuerzan el morro, la magia se basa sobre todo en la inverosimilitud de los sucesos y hay tanto de increíble en este mundo como en el del siglo XIII. ¿O acaso la inteligencia artificial no parece mágica? ¿Y las búsquedas autónomas de Google no son asombrosas? ¿O el manejo de la economía mundial mediante bienes inexistentes?


Y hablando de magia, acaba de publicarse en nuestro país Los magos, un álbum de Blexbolex, sobrenombre del artista francés Bernard Granger, (Libros del Zorro Rojo) y hay que celebrarlo con una reseña a su nivel. ¿No les parece?
Empecemos con el argumento… La casa parece estar deshabitada, pero un día, algo empieza a oírse en su interior. Son los tres magos que quedaron atrapados allí. Despiertan y toman diferentes caminos para divertirse a lo grande utilizando sus poderes sin ton ni son. Pero de repente aparece la Cazadora junto al Triturador, y la acción se convierte en una persecución llena de intriga que transita por jardines desconocidos, picos serrados y ciudades del futuro.


Con sus más de 180 páginas, esté híbrido entre el álbum y la novela gráfica se despliega ante nosotros con una narración para todos los públicos nada ortodoxa en la que entra un imaginario muy variado en el que es difícil encontrar referencias. como la princesa Mononoke de Miyazaki o el mago de Oz de Baum.


La cultura japonesa, el cómic de superhéroes de mediados del siglo XX, iconografía clásica (¿Ven a Artemisa?) y escenarios de videojuego se mezclan en esta historia que solo pretende entretener gracias a un agradable y ecléctico multiverso en el que se confunden todo tipo de magias.

martes, 15 de octubre de 2019

¡No quiero gatos!




En estos días de perros, gatos y tanta inconsciencia, me decanto por los gatos, una de las piedras angulares de mis fobias y que para otros supone el mayor de los placeres.
Los gatos están tan de moda. Les informo. Tanto que parece sonar a blasfemia decir “No los aguanto”. ¿Se extrañan? Les diré que esto es como la comida. A unos les gusta el tomate, a otros el pescado, los de más allá, alcachofas, y el del fondo se pirra por las alcaparras. Pues con estos felinos (¡Con lo que me gustan a mí las panteras y los linces!), ídem de lo mismo. ¿Por qué iba a ser diferente? ¿Porque ahora somos todos muy animalistas? ¿Porque la cadena televisiva de turno nos incita a desarrollar filias? El otro día me comentaba una colega que debería encontrarles el encanto, más que nada porque un buen influencer debe exhibirlos en sus redes. Cuanto más pequeños mejor, que despiertan mucha ternura, como las familias felices, las parejas resobonas y los paisajes brumosos.


No me gustan los gatos. Ni es malo ni bueno, simplemente es. Puedo entender que no comprendan las relaciones de ideas absurdas que algunos esgrimen para ir en contra de estas fobias (lo de las cuarentonas y los gatos, aunque me resulta divertido no tiene mucha ciencia), pero deben claudicar ante los alérgicos al pelo de estos o las embarazadas con riesgo de contagiarse de toxoplasmosis. Soy tan generoso que les dejaré disfrutar de todas las bonanzas de estos seres vivos, los más útiles a la hora de combatir las plagas de roedores.
Y así, con mucho humor (podría haber sido más caustico pero es innecesario: hay que convivir a pesar de las diferencias), llegamos a dos de los gatos con los que la editorial Libros del Zorro Rojo nos ha sorprendido este comienzo de curso (N.B.: Algún día tendríamos que ponernos a revisar esto de los gatos en la LIJ, que parece que tiene chicha).


Por un lado tenemos el Quiero un gato de Tony Ross, un clásico del 89 que ha sido reeditado por esta casa editorial y que se adentra en el mundo de los deseos infantiles y su capacidad para conseguirlos desde la terquedad y el humor, dos constantes en todo lo que rodea a las ocurrencias de los más pequeños. Mía quiere un gato y a sus padres les hace la misma gracia que a mí. Ella no se da por vencida, tiene mucho swing y sabe como montárselo para darles en las narices: si no hay gato, ella será el gato.



La cosa tiene un final bastante sorprendente ya que el autor, tan genial como siempre, le da la vuelta a la tortilla para hacernos ver lo cambiantes que somos y la elasticidad de nuestros deseos.


Por otro tenemos al Señor gato de Blexbolex (Libros del Zorro Rojo), una historia que se aleja de sus obras más críticas y emocionales, para retomar el buen humor de los clásicos. En este caso con un “gato con botas” remasterizado, se adentra en las historias del cine mudo, de los clásicos y de lo absurdo.


En el fondo este libro es como un pequeño escenario, una sainete que tiene mucho salero, sobre todo por la voz en off que imprime cierta teatralidad al asunto. También se podría tomar como un pequeño cortometraje en el que los fotogramas se suceden uno tras otro para narrarnos la historia de un gato bastante truhán y un conejo inocentón que se dedican al pillaje y los entuertos (¿No les recuerdan al Zorro y el Gato del Pinocho de Collodi?). Una serie de aventuras en las que los adultos salen mal parados (¿Subversivo? No, yo diría canalla) y cuyo final no se pueden perder pues te saca una sonrisa algo triunfal (¡Pero qué malo es ese gato, odo!).



miércoles, 13 de junio de 2018

Vacaciones o un tratado de emociones



Parece ser que entre hoy y mañana arribará el verano a nuestras tierras, y aunque me resista a cantar victoria (teniendo en cuenta el año que llevamos, cualquier prudencia es poca), ya voy teniendo ganetas de sol y aventuras. El estío se llena de bicicletas y caminos inexplorados, de percances con las olas, de volteretas en mitad de los prados, gente por conocer o riñas con los amigos de correrías. ¿Quién no ha tenido un amor playero? ¿Quién no ha enjugado las lágrimas de la despedida? No contesten todavía, porque seguro que el libro de hoy les inspira más emociones compartidas…


Antes de destripar el libro de hoy, una pequeña nota recordatoria... Desde un tiempo a esta parte, en el entorno de la LIJ se ha despertado cierto debate en torno a los libros de emociones, unos foros de discusión en los que un servidor, amante de las polémicas, ha ido metiendo el cuezo (aquí tienen este artículo y este otro). Entre otras cosas, he apuntado que, alejándonos de estos libros con cierta vis comercial, también podemos encontrar otros libros que, desde una experiencia más plena, literaria y  estéticamente hablando, nos lleven a buscar, identificar y sobre todo reproducir el amor, el odio, la envidia, la tristeza, la alegría, y toda esa suerte de sentimientos que se defienden desde la perspectiva de la llamada inteligencia emocional, tan de moda –y no por ello menos interesante- en los círculos educativos de última hornada. Y como me retracto poco, ya lo saben, he aquí un bello ejemplo.


Vacaciones, el último libro de Blexbolex (Bernard Granger para los conocidos) editado en nuestro país por Libros del Zorro Rojo, es un libro enorme a pesar de sus dimensiones (de tamaño parecido a su Romance y bastante más pequeño que sus Estaciones). Empezando por el argumento (las vacaciones que una niña disfruta junto a su abuelo en una casa de campo se ven truncadas por la llegada de un invitado muy especial, un pequeño elefante) y terminando por el papel de las páginas (me encanta esa delicada rugosidad), es un libro redondo.


En primer lugar, veamos algunos puntos interesantes en lo que a aspectos técnicos se refiere… Si en anteriores ocasiones el autor francés prefería alternar lenguaje verbal y gráfico en unos formatos cercanos a los imagiarios, esta vez se decanta por una historia sin palabras con tanta enjundia (les afirmo que en breve pasará a engrosar esta selección) que ha sido alabada por diferentes sectores de las narrativas gráficas como el del libro-álbum o la novela gráfica.


Sobre la selección de recursos estéticos y narrativos, podríamos destacar un par… Por ejemplo la elección de una paleta de color que fluctúa de la calidez a la agitación, y del día a la noche, toda una suerte de tintas medias que visualmente ya nos dicen mucho de lo que acontece y que nos ayudan a sumergirnos en esa atmósfera cargada de sensaciones personales. También debo apuntar a la composición de las páginas, una que el ilustrador lleva a cabo utilizando una superposición de viñetas con formas geométricas básicas (redondas, cuadradas o rectangulares) y sin pasillos/calles que las delimiten, que por un lado se pueden relacionar con la tradicional secuenciación temporal del cómic, pero por otro me transportan al recurso sobre el que se basa el Aquí de Richard McGuire.


En cuanto a su contenido y sin profundizar en el mensaje que se nos abre en cada página (les aviso de que hay mucha intensidad en esta historia íntima y bien hilada que se desborda en cada detalle), me centraré en tres cuestiones (a mi juicio, básicas) que articulan esta obra: lo fantástico, lo metafórico y lo emocional.
En lo que a la fantasía se refiere podemos decir que Vacaciones es un reflejo de cómo funciona la mente infantil, de cómo magnifica los acontecimientos, de cómo revisita los mundos surreales e idealistas y de cómo percibe un entorno que, pudiendo ser cotidiano, también está habitado por momentos y personajes que se escapan de lo racional. El niño crea este universo para entenderse mejor a sí mismo y todo lo que le rodea, para construir ideas válidas y competentes con las que crecer y sobrevivir.


En segundo lugar hay que hablar del autor y la metáfora… Es así como Bernard critica desde su posición de espectador, la xenofobia y la intolerancia entre iguales, porque aunque no lo parezca, este libro nos guarda una sorpresa final (¿Recuerdan de donde proceden los elefantes? Echen mano de Google... Y fíjense bien en ese personaje proboscídeo, porque en el algún punto del libro sufrirá un cambio...). Es así, como nos habla de los choques culturales, de cómo enriquecen y de cómo emergen los enfrentamientos entre las diferentes facciones. En este punto decir que me encantan el sueño revelador y lo coral de la fiesta de disfraces, en la que todos llevan máscaras de animales.



Por último hablaré del diálogo que el libro establece con nosotros mismos, los lectores. Los estados anímicos de los personajes, sus emociones, dialogan con la empatía del lector, somos capaces de identificarnos con ellos a pesar de las líneas sencillas que los definen, nos conmueven y nos hacen meditar sobre ello desde una perspectiva ajena y principalmente expositiva. No se sacrifican puntos de vista y la balanza va de un lado a otro alternativamente, posturas encontradas pero necesarias, se estira y se afloja para todo el elenco de actores que lo vertebran. Eso es lo que más me gusta: construir mi propio mensaje y dejarme de discursos manidos.

lunes, 3 de mayo de 2010

Palabras estacionales


Nos acercamos al peligroso mes de mayo, treinta y un días que desatan los rayos del sol (aunque los pronósticos no sean demasiado optimistas…), los niveles hormonales -los míos incluidos- y, con ello, el frenético ritmo de vida veraniego. Le pese a quien le pese.
Por lo pronto, he de “disfrutar” de este día festivo que me ha regalado el calendario escolar, y echar unas horas frente al tema de hoy, cuyo título les ahorro (¡Pufff!)… Atrás han quedado tres días de asueto bastante “especiales” en los que, entre otras cosas, me ha acontecido lo siguiente:
-He sido nombrado presidente de la comunidad de vecinos.
-Por fin he visto la sensación cinematográfica del cine español de la temporada pasada, Celda 211 (Breve crítica de cine: Podría ser mejor…).
-He asistido a una auténtica ceremonia de té japonesa (con sus pastelitos incluidos) en la localidad albaceteña de Motilleja y orquestada por mi maestra Momo Makino.
-He ejercitado la musculatura con buenas sesiones de natación y carrera.
-He cenado con la familia (aunque esto pueda parecer aburrido, no lo es en absoluto… así son las reuniones españolas…)
-He corregido un buen fajo de exámenes (¡Qué agradecidos van a estar mis alumnos!... O puede que no…).
- Y he desatado mi pasión por la acuarela.
Por lo que la semana que hoy comienza sólo me resta descansar (paradojas de una vida dedicada a los exabruptos culturales)… ¡Y pensar que todavía no ha llegado el verano!... Rezo y espero que todas las palabras recogidas por Blexbolex (pseudónimo de Bernard Granger) en el fantástico inventario de vocablos relacionados con las cuatro épocas del año y que ha publicado la editorial Kókinos bajo el título de Estaciones, no tengan que sucederse una tras otra, porque si no, la llevo clara con los exámenes que me esperan a finales de junio... En cualquier caso creo muy necesario recomendar este buen libro de páginas crujientes, coloridas y a rebosar de buenas palabras, a padres y maestros (sobre todo a los de Educación Infantil y primeros cursos de Educación Primaria), porque, no sólo lo utilizarán, sino porque también se sorprenderán de la cantidad de jovencísimos lectores que es capaz de atraer.