Mostrando entradas con la etiqueta Karla Kuskin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Karla Kuskin. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de noviembre de 2013

Vestirse para la ocasión


Yo, un gran defensor de la libertad de atuendo, me vi envuelto hace unos meses en cierto episodio desagradable que, definitivamente, me hizo sopesar la idea del “somos lo que vestimos”. Por ello, he aquí mi oda a la ropa…
En cierta ocasión y a consecuencia de una mordedura de avispa, acudí con mi padre, alérgico y de manera urgente, campestre y harapienta,  al centro de salud más cercano, donde uno de esos médicos ¿altruistas? (al menos, en ese barro se rebozaba el susodicho…), boicoteadores de la salud pública y con cara de cura, nos leyó la cartilla por indocumentados y guarros, mientras a mi progenitor le entraban los sudores de la muerte y la presión arterial disminuía a ritmos cadavéricos. Finalmente, con un poco de mala hostia y un esfingomanómetro, el susodicho, cagado a la pata abajo, se apiadó del pobre hortelano y todo quedó en susto (y enfado monumental).
La indumentaria, espejo del alma contemporáneo, nos ofrece todo tipo de bisbiseos y quebraderos de cabeza a tenor de la envidia de los compañeros de trabajo… ¿Saben aquel que “diu” que llego una profesora con un abrigo de Armani® a la sala de necios y conjuras para recoger unos libros y, a su salida, un corro de cacatúas vestidas de Desigual® la tacharon de elitista y derrochadora? ¿Y este otro que habla de un maestro de gimnasia que un día lavó el chándal, se colgó unos vaqueros y tres quinceañeras casi se matan por sus huesos?...
Noto con cierta frecuencia que soy más guapo con una camisa, un chaleco y un abrigo de paño, que cuando visto vaqueros y sudadera… ¿Será que estas prendas afectan a mi constitución mandibular, mi arco supraorbital o el color de mis ojos? Hasta donde yo sé, sólo me he duchado y cambiado de ropa… ¿No decían que aunque la mona se vista de seda, mona se queda? Pues estoy harto de constatar que cuantas más putas se empapelan de señoras, más tontos se quedan sin un duro…
Está claro que uno no se puede vestir con la ropa de su abuelo, luego llegan los llantos y el crujir de dientes por fracasos estrepitosos en lides reproductoras. ¡Deje a un lado los tonos cenicientos y los tejidos tristones! ¡Dé color y forma a sus curvas! ¡Explote su silueta! ¡Y a todo bicho viviente, arrime la cebolleta!



En fin, que si de calcetines, calzones, bragas, sujetadores, vestidos, trajes y corbatas hay que hablar no puedo más que recomendarles La filarmónica se viste, con texto de Karla Kuskin e ilustraciones de Marc Simont (Editorial Corimbo -siento las imágenes de la edición inglesa pero de la española pocas imágenes de calidad he encontrado), uno de los títulos que lucha por erigirse el más curioso e informativo de la temporada, ya que aúna higiene, ropa, información musical y humor en un vaivén de situaciones donde los casi ochenta componentes de una filarmónica son los protagonistas.