Unos de los animales que más historias protagonizan en los libros infantiles son los murciélagos, algo que me resulta bastante curioso. ¿A qué se deberá? En mi opinión tiene que ver con tres características fundamentales.
En primer lugar hay que tener en cuenta que estos mamíferos son nocturnos. Como adoran la oscuridad y desarrollan la mayor parte de sus actividades tras la puesta de sol, generalmente se asocian con historias en las que brilla la luna, ululan los búhos y titilan las estrellas.
La segunda es que son de los pocos mamíferos capaces de volar. Mientras que conejos, caballos, erizos, perros y ardillas tienen un modus vivendi terrestre, los murciélagos son capaces de volar gracias a las membranas que conectan las largas falanges de sus dedos (de ahí viene el nombre científico de su familia: Chiroptera), así como la elevada densidad ósea de su esqueleto.
La tercera es la estrecha relación que estos animales guardan con Drácula, el personaje de la obra de Bram Stoker. Aunque este se basó en la hematofagia que presentan tres especies latinoamericanas de murciélagos, no es una característica definitoria en el resto de especies, pues se suelen alimentar de fruta e insectos en vez de la sangre de otros animales.
No obstante, me gustaría incluir otras peculiaridades de estos bichos, como que, por ejemplo que, representan casi una cuarta parte de todas las especies de mamíferos terrestres conocidas (alrededor de 1400), lo que quiere decir que es rara la zona del planeta en la que no existen estos seres vivos.
También hay que decir que realizan importantes labores ecológicas como la de controlar plagas (uno solo de estos bichos es capaz de engullir más de mil mosquitos en una hora), polinizar muchas plantas consumidas por el ser humano, como el ágave azul, el mango y el plátano, así como dispersar semillas.
Por último toca hablar de la ecolocalización superior, un mecanismo mediante el que los murciélagos pueden orientarse. Al igual que el sonar, emiten ultrasonidos (nosotros no podemos escucharlos) que rebotan en el entorno y regresan al murciélago en forma de eco. Es un sistema es tan preciso que pueden detectar un cabello humano en la más absoluta oscuridad. ¡Pero ojo! No crean que son ciegos, pues tienen una excelente visión adaptada a la oscuridad.
Y como no podía ser de otra manera, llegamos a un libro estupendo protagonizado por, no uno, sino tres de estos animales. Tres eran tres es un álbum de Pepe Maestro y Nerea Pérez que obtuvo el Premio Lazarillo en el año 2024 y que acaba de publicar Nórdica en su colección infantil.
Con una rima sencilla, los autores nos cuentan la historia de tres murciélagos, Abel, Noel y Manuel, que duermen plácidamente en la oscuridad, pero ¡ups!, alguien enciende la luz y les toca despertar muy asustados. ¿Quién ha sido? Pues ni más ni menos que tú, querido lector. Así que, te toca participar de este libro tan nocturno.
Con rima consonante y mucha simpatía, este libro se adentra en maravilloso mundo de la oscuridad gracias a un trío de personajes muy entrañables y montones de juegos visuales. Desde tapa y contratapa (abran el libro y fíjense en la imagen que forman juntas) hasta las velas de ese barco a la deriva o una luna dormida y sonriente, todos los elementos parecen estar perfectamente engranados para inspirar a los pequeños lectores con una propuesta para disfrutar en voz alta o en un momento de intimidad.
Gracias a esa voz cercana, un texto con aire de retahíla (¡El comienzo es delicioso!) y algún que otro ingrediente interactivo (apunten al espejo o a esa expresividad tan teatral de estos alados hermanos Marx), este libro no puede pasar desapercibido porque es una oda al entretenimiento más puro, que al fin y al cabo, es lo que tiene la buena literatura.




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