Hace
años, cuando la niebla empezaba a rebosar y la noche oscurecía el
parque, los chavales buscábamos refugio en las calles y, bajo la luz
de las farolas y entre las risas de la niñez, buscábamos unas
pesetas en los bolsillos para amenizar lo que quedaba de la tarde de
otoño con pipas y golosinas del kiosko. Y vivir.
Lo pensó toda la tarde
y lo pensó en el
recreo,
en el autobús del
cole,
mientras se lavaba el
pelo...
Se lo preguntó a su
madre,
a la abuela ¡y hasta
el perro!
¡Guau!, respondió el
muy relisto
¡Bien, le contestó el
abuelo.
Y ¡toma!, añadió la
abuela
mientras le daba dos
euros.
Mamá le dio dos
abrazos.
Papá tiró de su oreja
y le confesó un
secreto:
-Yo a mamá la
conquisté
con un solo caramelo.
Era de esos de palito
con un corazón
latiendo.
¡Como ya tenía de
todo
marchó al kiosco
corriendo!
María Rosa Serdio.
Corazón de caramelo.
En: Bolso de niebla.
Ilustraciones de Julio
Antonio Blasco.
2015.
Avilés: Pintar-Pintar.

