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jueves, 19 de enero de 2023

Las enfermedades en los libros infantiles


Hace unos años asistí a un curso de verano celebrado en la Facultad de Medicina titulado El cómic como herramienta de divulgación y comunicación científica. Allí que fui y me encontré con la sorpresa de que hay una cosa llamada medicina gráfica (Graphic Medicine en inglés) que se dedica a utilizar obras de cómic para explicar a todo tipo de público los pormenores de muchas enfermedades.
Si quieren saber más sobre este mundo de la medicina gráfica y las patografías, les recomiendo este artículo de María Blanca Mayor Serrano en Tebeosfera, ponente que formó parte de aquel curso. También informo a los interesados de que en España existe un grupo sobre medicina gráfica que desde hace años se dedica a reseñar y clasificar este tipo de material en diferentes páginas y blogs como ESTE.


Si bien es cierto que esta disciplina comenzó fijándose en el cómic médico o patografía, se puede extrapolar a otros géneros como el álbum. Teniendo en cuenta que, tanto el cómic, como el álbum se adscriben a las narrativas gráficas, unas donde texto, ilustración y secuenciación crean un discurso emergente que difiere de la narrativa clásica, las características que se refieren a la medicina gráfica se pueden extrapolar de un género a otro sin problemas, aunque con ciertas consideraciones.


En primer lugar hay que apuntar que la enfermedad abunda más en el álbum informativo de carácter monográfico y didáctico, que en los álbumes de ficción. Hay cierta reticencia dentro del sector a la hora de utilizar la enfermedad como argumento dentro de un género dirigido al público infantil. “No es apropiado ni conveniente presentar a la infancia las miserias que tiene la vida” pensarán. Otra evidencia más del proteccionismo que se respira en el universo de la LIJ desde hace décadas.
A mi parecer, esto es un doble error porque, mientras que el álbum informativo se elabora sobre elementos descriptivos, fisiológicos y sintomáticos, el de ficción se puede permitir indagar en las relaciones entre el enfermo y su entorno (léase familiares, amigos y sanitarios) o el estado físico y mental del paciente, su propio diálogo, sus sentimientos y sensaciones, para ensalzar el lado humano de la enfermedad y elaborar el discurso poético que refleje otras facetas.
Otra de las características que debemos considerar, es la estrecha relación que existe entre este tipo de álbumes y aquellos en los que la muerte es un hecho, sobre todo cuando nos damos cuenta de que en este tipo de álbumes abundan las personas mayores. Comparen la pequeña selección de hoy con este monográfico sobre la muerte y verán ciertas similitudes.
Por último, me gustaría llamar la atención sobre la condescendencia que suele ahondar en este tipo de producciones. Si me siguen con cierta frecuencia sabrán que odio esa faceta social de la LIJ que se construye desde el prisma buenista y políticamente correcto que tanto daño hace a lo literario. Una obra de ficción no es un libro de autoayuda que blandir ante los traumas, ni un arma terapéutica con la que solucionar problemas médicos. Abogo por presentar los problemas humanos desde una perspectiva honesta y fehaciente que prescinda de moralinas. Hay pocas cosas más humanas que considerar al otro como un igual y no como un ser desvalido e incapaz. 


A continuación presento algunos de los álbumes que tratan diferentes tipos de patologías y apunto con tres estrellas aquellos que me gustan en exceso. 
Del mismo modo, les sugiero visitar la selección bianual que hace el IBBY sobre este tipo de libros AQUÍ y AQUÍ, y  animo a las editoriales del ramo a ponerse en contacto con el grupo español de medicina gráfica para remitirles ejemplares de cortesía que valorar y catalogar, así como indicarles qué libros de su catálogo pueden ser susceptibles de incorporarse en sus, tan útiles, bases de datos.
¡Se me olvidaba! Si conocen más títulos de este tipo, inclúyalos en sus comentarios o envíenme un mensaje para que los incluya en este listado y completar así esta pequeña monografía que puede servir a muchos enfermos y familiares.


SÍNDROME DE DOWN


Mar Pavón y María Girón. El charco del rey Olaf. Tramuntana.



Gusti. Mallko y papá. Océano Travesía. [***]



Claude Helft y Madeleine Brunelet. Inés crece despacio. Serres.


SÍNDROME DE AMELIA


Fred Bernard y François Roca. Jesús Betz. Fondo de Cultura Económica.


CÁNCER


Marisa López Soria y Alejandro Galindo. El hijo de la amazona. Iglú.



L. Dwight Holden y Michael Chesworth. El mejor truco del abuelo. Fondo de Cultura Económica.



Irene Aparici Martín y Mónica Carretero. Mamá se va a la guerra. Cuento de Luz. 


ENFERMEDAD DE ALZHEIMER / DEMENCIA SENIL


Elena Val. Nubes en la cabeza. Akiara Books



Rolf Barth y Daniela Bunge. Mi otro abuelito. Lóguez.



Laia Massons y Zuzanna Celej. Mi abuelo pirata. Akiara Books.



Alaine Agirre y Ainara Azpiazu. Mi abuela es un niño, como yo. La topera.



Emilie Chazerand y Amandine Piu. La doble vida de Casilda. La Guarida.



Adeline Yzac y Éva Offredo. Señor Mayor. Silabario.[***]



Pablo Caracol. Me gustan los globos. Narval.



Arancha Ortiz y Javier Hernández. Como ella me enseño. Libros de ida y vuelta.[***]



Pepe Serrano y Álvaro Ortiz. Despistado. Anaya.



Iba Bezinovic-Haydon y Hana Tintor. Mi abuela no sabe quién soy. Malinc.


AUTISMO


David Gómez, Susana Peix y Carolina Luzón. Leo no es un extraterrestre. Libre Albedrío. [***]



Alaine Agirre y Maite Gurrutxaga. Martín. La topera. [***]



Ana Tortosa y Nicoletta Tomás. Mariluna. República Kukuludrú.



Lawrence Schimel y Juan Camilo Mayorga. ¡Qué suerte tengo! SM.



André Nevés. Tono. Diego Pun Ediciones.



Marco Berretoni Carrara y Chiara Carrer. Háblame. Kalandraka. [***]



Rose Robbins. Mi hermana y yo / ¡Hablar no se me da bien! Loqueleo Santillana-


DEPRESIÓN


Shaun Tan. El árbol rojo. Barbara Fiore. [***] 



Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen. Juul. Lóguez. [***]



Sara Stridsberg y Sara Lundberg. Bucear en verano. Galimatazo [***] (N.B.: También trata la demencia)


CEGUERA



Jimmy Liao. El sonido de los colores. Barbara Fiore. [***]



Ana Juan. Un milagro para Helen. Libros del Zorro Rojo. [***]



Ariel Andrés Almada y Sonja Wimmer. La niña que caminaba entre aromas. Cuento de luz.



Menena Cotín y Rosana Faria. El libro negro de los colores. Libros del zorro rojo. [***]


Gonzalo Moure y María Girón. Mi Lazarilla, mi capitán. Kalandraka (***)


PARAPLEJIA


Daniel Nesquens y Riki Blanco. Como pez en el agua. Thule. [***]


Fran Pintadera y Raquel Catalina. Ingrávida. Bookolia. [***]


Meritxell Martí y Xavier Salomó. Bajo las olas. Flamboyant. [***]


Marina Aguirre y Sara Casilda. En las patas de Fido. Pepa A Loba. 

sábado, 28 de marzo de 2020

¡Que viva la imaginación! Libros infantiles y aburrimiento




Ayer terminaron las primeras dos semanas de la larga cuarentena y los ánimos comienzan a minarse. Parece que ya hemos normalizado la situación, algo que queda patente en muchos de nuestros comportamientos. Cada vez son menos las llamadas de amigos y familiares para ver cómo vamos, se intuye menos entusiasmo en las propuestas de las redes sociales y empezamos a respirar cierta desidia y silencio en los supermercados. Es normal, empezamos a acostumbrarnos a una nueva vida que nos tiene atada a cuatro paredes en contra de nuestra voluntad y nuestras emociones y vivencias se hacen más asociales.
Mientras el tiempo nos aclara las respuestas que daremos individuos y sociedad a este confinamiento involuntario (aunque muchos hablan del “big brother” de Orwell y sus secuelas en forma de reality show, matizo que, a pesar de las similitudes, el contexto es otro), lo que más nos interesa es mantenernos apartados del influjo del aburrimiento, una sensación nada deseable para las semanas que nos quedan encerrados, pues puede acarrearnos muchos llantos, crisis existenciales y quebraderos de cabeza.
Es por ello que hoy les invito a un pequeño viaje por una serie de álbumes que toman como hilo argumental el aburrimiento para que de paso se animen a hacer cosas. Desde plantar las semillas de un limón, dedicarse al dibujo o la costura, e incluso leerse un libro son algunas de las ideas para disfrutar del tiempo de relax que nos ha “regalado” (entrecomillo para gambiteros) el dichoso COVID-19.
Si hay un sector de la población consciente de lo que supone aburrirse ese es sin duda los niños. El “Mamá, me aburro” es una constante en la vida de cualquier hogar con niños que gustan de estar activos durante el día. Además los adultos sabemos que es mejor mantenerlos enfrascados con alguna actividad antes que atenernos a las consecuencias de sus “brillantes” ideas.


En muchas ocasiones los mayores somos capaces de paliar dicha ociosidad, una situación de la que se hacen bastantes libros para niños, como por ejemplo Poka y Mina en el cine de Kitty Crowther (Cuatro Azules), en el que Mina empieza a aburrirse después de agotar sus ideas de entretenimiento y Poka decide llevarla por primera vez al cine.
Cualquier adulto podría pensar que este es el esquema más fácil en la vida real (los adultos siempre tratamos con mucha condescendencia a nuestros pequeños, ya que nosotros nos creemos más válidos), pero sin embargo, la literatura infantil nos dice otra cosa, pues en el cosmos de la literatura infantil no abunda mucho esta situación en la que padres o docentes marquen el ocio de los críos, sino que en la mayor parte de los álbumes que hoy presento en este breve monográfico, son los niños los verdaderos y decisivos actores de su entretenimiento formal.


En algunas historias es la figura del adulto la que incita a la autonomía lúdica del niño, algo que podemos observar en libros como Me abuuurro… de Claude K. Dubois (Blackie Little), ¡Me aburrooo! de Carmela Trujillo y Marta Sevilla (Combel) o Me aburro como un burro de Carmen Gil y Marta Gallo (Ramaraga). En los tres el progenitor o su abuelo (tercer título) insta a los pequeños a que encuentren nuevas formas con las que divertirse aunque el desenlace sea muy diferente. Mientras que en el primero se realiza una crítica al entretenimiento a base de dispositivos electrónicos (seguro que muchos de ustedes habrán pasado por lo mismo estos días) y la historias se resuelve con un vuelco escatológico, el segundo y tercero se centran en la defensa de lo que nos mantendrá ocupados en los siguientes párrafos: la imaginación como acicate para disfrutar del tiempo.




Mención aparte merece ¡Qué aburrimiento!, uno de los títulos de la colección protagonizada por Lobito y creada por Magali Clavelet (Flamboyant) donde el personaje se encuentra con un día de lluvia que va a echar por tierra sus expectativas del fin de semana. A pesar de que sus padres le han preparado todo tipo de actividades, él termina aburriéndose hasta que, por culpa de una araña, comienza a cuestionarse sobre lo cotidiano. Un libro cargado de humor que nos abre una puerta a la curiosidad desde el enfado y la inocencia.


Y es que en la mayor parte de estos libros son los propios niños quienes deben componérselas para hacerle frente a una situación de nulo disfrute, generalmente haciendo uso de su sola fantasía, un contexto en el que, inevitablemente, me viene a la cabeza la Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, pues, aburrida de ese libro sin dibujos decide perseguir a un conejo blanco que la transporta a un mundo onírico donde hay mucho que hacer.


Es así como resuena ese eco en obras como En el desván de Satoshi Kitamura (Fondo de Cultura Económica), Un gran día de nada de Beatrice Alemagna (Combel), Nina y Kike se aburren de Rocío Araya (Milrazones), A veces me aburro de Juan Arjona y Enrique Quevedo (Tres Tigres Tristes), La rebelión de los aburridos de José Carlos Andrés y Francesc Rovira (La fragatina) y ¡Qué aburrimiento! de Henrike Wilson (Lóguez). En todas ellas el mundo onírico infantil se abre camino entre las negras nubes del aburrimiento e ilumina a sus protagonistas en situaciones que van desde el descubrimiento del universo hasta una realidad amplificada.


En el primero, uno de mis álbumes favoritos, un niño con una tonelada de juguetes se aburre enormemente y descubre una escalera que lo lleva hasta el desván, un lugar maravilloso donde vivirá las más variopintas aventuras. No se pierdan el final porque la historia da un vuelco maravilloso gracias a una madre realista.


El de Beatrice Alemagna es para tirar cohetes, no solo por un estilo tan reconocible (el chubasquero naranja, las ópticas variadas, las formas un tanto grotescas, manchas de color...), sino por haber reunido en el plano discursivo toda una amalgama de temas como la soledad infantil, la inutilidad tecnológica, el poder de la aventura y la imaginación, la magia de la naturaleza. Todo se articula maravillosamente en pro de un álbum excelente.


En el tercero, Nina y Kike, los protagonistas, prueban todo tipo de fórmulas para rellenar su ocio. La cosa se pone cada vez más difícil hasta que de repente todo fluye según lo esperado y la sorpresa es mayúscula gracias a su enorme inventiva.



El tándem Arjona-Quevedo nos presenta una situación similar en el tercer título de esta categoría en el que el protagonista se entretiene poniendo caras. Cara de pato, cara de vaca, cara de ambulancia… Las personas ¿normales? tienen estas cosas en momentos de aburrimiento máximo.


En La rebelión de los aburridos, los autores apuestan por la lectura como vía de escape a esos momentos de aburrimiento. Una buena forma de sacar las historias que andan escondidas en las estanterías acompañados de una bruja bastante especial (¿Qué nombre es Permuta para una bruja?) y una araña que no podemos perder de vista.


El último título está protagonizado por un oso que se aburre mucho y no encuentra a nadie para jugar y pasarlo bien, todos están ocupados. Así que, harto, se tumba sobre el prado y deja que su mente viaje por otros derroteros. Me encantan las guardas, ¿y a ustedes?


Mención aparte merecen dos libros. Uno es Me aburro de Shinsuke Yoshitake (Pastel de Luna), un libro del que hablé no hace mucho y que sería algo así como una enciclopedia un tanto sui generis de lo que consiste el aburrimiento y sus diferentes formas. Recomendadísimo para paliar el aburrimiento a base de carcajadas.


El otro es el ¡Me aburro! de Marc Rosenthal (Faktoría K de Libros) un álbum que bebe de los elementos del cómic sin llegar a serlo y que le da una vuelta de tuerca al argumento clásico de este tipo de libros. El protagonista cree que su vida es aburrida porque no sabe mirar a su alrededor, perdiéndose de este modo un entorno que tiene muchas sorpresas que ofrecerle. Seguramente ustedes se sientan así estos días, así que tomen nota.



Y como no podía ser menos también existen álbumes donde los versos y la rima se transforman en un alegato al entretenimiento y dar puerta a tanta quietud y desidia. Entre estos contamos con Señor Aburrimiento, un libro de Pedro Mañas y David Sierra Listón (Libre Albedrío) en el que la imaginación también está muy presente a pesar de tener consecuencias poco deseadas –sobre todo para los padres del protagonista-. 


También podemos hablar de Celia se aburre, otra historia rimada, en este caso de Celia y Gloria Rico (Beascoa) en la que una niña descubrirá que la naturaleza, la curiosidad y la constancia, además de llenar ratos muertos, tiene su recompensa.



Para terminar con el álbum de ficción traigo Terriblemente aburrida, un libro de Raquel Bonita editado por Bookolia que nos habla del aburrimiento pero al mismo tiempo invita al espectador a jugar con la disyunción entre texto e imágenes. Y es que si lo que le ocurre a nuestro protagonista es aburrirse, a mí me gustaría estar aburrido a todas horas...



Sobre poemarios y otros engendros rimados llamo la atención sobre dos títulos, La ostra se aburre un álbum de Ana Luisa Ramírez y Artur Heras (Diálogo) donde las palabras y los animales marinos despiertan el afán por el entretenimiento y la musicalidad (hay CD musical), y ¡No se aburra! de Maité Dautant y Mateo Rivano (Cataplum), un clásico del anti-aburrimiento en América latina que desarrolla multitud de recursos de toda índole para que el lector disfrute.



Como ven hay bastantes libros que hablan de este tema en la LIJ. A todos ellos podríaos añadir otros muchos como El pequeño Edu no se aburre nunca, un libro para primeros lectores de Benni Lie (Juventud), ¿Te aburres, Minimoni? la secuela del conocidísimo álbum de Rocío Bonilla (Algar), el ya descatalogado El monstruo se aburre de David Wood y Clive Scruton (Anaya), o la colección de viñetas de Liniers que se recopilan bajo el título Feliz, feliz aburrimiento (DeBolsillo).




Y sin más, les dejo que disfruten de esta tarde de sábado. Y si no saben qué hacer: tomen nota de los niños. Ellos siempre encuentran la manera de enseñarnos lo sencilla que es la vida.