jueves, 19 de junio de 2008

Escaleras y desvanes





Indeciso: ¿Amy Winehouse?, ¿Red Hot Chili Peppers?, ¿Jamiroquai?... Decidido: Skunk Anansie.
Elegida la banda sonora de este lapso de tiempo, comenzaré a escribir (espero no cometer muchas infracciones gramaticales…) y veremos donde nos lleva la imaginación.
Podemos viajar a Namibia, recorrer las arrugas de tus sabanas, o visitar el desván… No te extrañes. El desván es un lugar increíble. En él hay un mundo entero por descubrir. En el desván puedes encontrar un oasis de chocolate y una ciudad egipcia, descubrir una familia de ratones y una colonia de escarabajos, y un lugar fresco y tranquilo para descansar y pensar. Podrás abrir ventanas que abran otras ventanas y buscar amigos con quienes compartir lo descubierto… Pero para poder hacer todo esto necesitas encontrar la escalera que te lleve a él.
Yo he descubierto muchas veces esa escalera: unas, de mano de un amigo, otras, ayudando a los más viejos, la mayoría, riendo con los niños, y la última vez, leyendo.
Satoshi Kitamura tiene esa capacidad asombrosa de mostrarte la escalera, de llevarte a mundos extraños –a veces hasta conocidos-, de divertirte… En el desván, es su –junto con Hiawyn Oram- obra más sorprendente. Con líneas de tinta temblorosa y tonos amables de acuarela es capaz de ilustrar poesía visual, de buscar esa nota sonriente del mundo infantil con ese toque japonés que imprime en sus imágenes. Sus libros, desde Alex quiere un dinosaurio hasta Yo y mi gato, tienen al niño como protagonista: es el niño quien decide, actúa y se expresa. También, sus personajes, se enfrentan a situaciones aparentemente simples, pero de gran calado para forjar la personalidad desde los cimientos del aprendizaje (Cuando los borregos no pueden dormir, Pablo el artista, Igor, el pájaro que no podía cantar). De ahí, el éxito de sus historias.
Sube la escalera. Imagina y serás libre.

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