jueves, 30 de mayo de 2019

¡Que nos vamos de viaje!



Mañana es el día de esta ficción administrativa que llamamos comunidad autónoma y el aquí firmante se va de parranda por las tierras de España. Con la calorina que se avecina, lo mejor es poner los pies en polvorosa, tenderse sobre la arena de la playa y, entre vuelta y vuelta, una caña (y no de pescar, precisamente). No se preocupen que  les mantendré informados de las gentes que me acojan y los sitios que visite, pues ya  saben que mi álbum de fotos monstruoso anda por Instagram (no deben perdérselo).
Deseándoles unos días estupendos se despide hasta la semana que viene (que ya habrá empezado la feria del libro de Madrid) en la que tendremos muchas cosas de las que hablar.

Se diría un catálogo
de mariposas vivas
expuestas por su gusto sobre un cielo
de papel: misteriosas, exquisitas,
con las alas abiertas y pintadas
de los colores mismos del viaje.

Paso las hojas y aparecen todas
las ciudades, los ríos extranjeros,
los océanos verdes y las cumbres
tocadas por la nieve.

Y sobre todo llegan
otra vez los amigos y los besos,
la maravilla extensa de unos ojos
donde se reflejaba el horizonte.
Cada imagen devuelve y multiplica
los recuerdos. Viajo nuevamente
cuando miro el camino recorrido
en las fotografías de este álbum.

Josefa Parra.
Álbum de fotos.
En: De profesión, viajera.
Ilustraciones de Lucía del Pino.
Ganador de XI Premio de poesía “El príncipe preguntón”
2019. Granada: Publicaciones de la Diputación de Granada.
Fotografía: Proyecto personal de la misma ilustradora.



martes, 28 de mayo de 2019

La suspensión de la incredulidad


 

Ante tanta cara de incredulidad tras el periodo electoral (la de los votantes me sorprende, pero la de políticos me encanta), he caído en la cuenta de que nunca he hablado en este espacio con tanta ficción de la llamada suspensión de la incredulidad, un mecanismo que todo lector debe conocer. A ello voy.
Aunque en la actualidad se puede extrapolar a muchos ámbitos, véanse los procesos electorales, los videojuegos o las series televisivas, el término suspensión de la incredulidad se acuño hace bastantes años, concretamente en 1817 por el poeta Samuel Taylor Coleridge. Él pretendía poner nombre al efecto que cualquier obra literaria de ficción produce en el lector, es decir, que este asuma un papel dentro de la historia aunque sea consciente de que todo es irreal y sólo se encuentre plasmado en un libro, que el espectador aparte voluntariamente su sentido crítico y se sumerja en un universo nuevo.
Para conseguir esto Coleridge aludía a ciertas características que debía presentar una narración para que el lector accediese a dejar a un lado el mundo real mientras realizara la lectura, que ese pacto entre lector, obra y autor fuese manifiesto, que el escritor convenza y el lector se deje convencer para no echar a perder una experiencia estética, lúdica y/o intelectual. No es lo mismo empaparlo en fantasía épica (imposibilidad verosímil), que en una trama mafiosa o que embeberlo en un drama amoroso (imposibilidad probable), la construcción de esta atmósfera que active la credulidad de lo imposible es diferente dependiendo de cada caso.


Años más tarde la suspensión de la realidad ha ido haciéndose más compleja, quizá porque los lenguajes utilizados en las distintas creaciones culturales han evolucionado y se han diversificado. La televisión o el libro-álbum han incorporado la imagen, estática o en movimiento, en un proceso complejo que facilita ese acceso a la ficción y deje entender las reglas de ese juego que supone el universo creativo. En el ámbito televisivo se me ocurre citar a la exitosa Juego de tronos, una serie por la que millones de espectadores se han dejado seducir hasta el punto de impregnarse de una historia que, a pesar de destilar elementos imposibles, ha creado verdaderos entusiastas.
¿Y puede ocurrir que el lector suprima ese limbo de credulidad, que rompa ese contrato? Por supuesto, sucede no pocas veces ante una novela, una película o un videojuego. Tiene lugar cuando el autor sobrepasa el límite de la permisividad del receptor, es decir, agota un acto de fe. Un giro estúpido, una palabra malsonante, un suceso poco lógico…, hay tantos desencadenantes que esa es la razón de que tanto escritura, como lectura sean ecosistemas frágiles en los que es bastante complicado alcanzar la estasis, el equilibrio.
Para terminar con este prefacio (ya saben que la recomendación viene después), una curiosidad, pues me llaman mucho la atención todos aquellos personajes que han suspendido esa incredulidad totalmente para quedar supeditados por completo al mundo fantástico y que tanto abundan en la literatura. Unos entre los que brilla Don Quijote, protagonista de nuestra obra más universal.


Y si después de tanta perorata no han quedado hartos de creer en lo increíble, aquí les dejo un librito que tras una apariencia sencilla tiene mucha sustancia, pues ¿Y tú, qué crees?, un álbum de Marta Comín (editorial A buen paso), nos atrapa para hablar de los diferentes puntos de vista entre los miembros de una familia (Adivinen quién es el narrador). Y es que este libro colorista, de figuras planas, con detalles sugerentes, y juegos de troqueles y perspectiva, nos cuenta como cada uno creemos las cosas según nos dicte la propia experiencia, nuestros anhelos y deseos, la naturaleza, los prejuicios, los miedos, las supersticiones o la utilidad con la que las rodeemos.
Yo creo que es un título que abre muchas preguntas y nos da respuestas. Creo que hace pasar un buen rato tanto a pequeños, como a mayores (¿Verdad, Ana?). También creo que con él se pueden proponer un sinfín de actividades, en casa o en el colegio. Creo que… ¡Basta! Ya he creído demasiado ¿Y ustedes? ¿Qué creen?


lunes, 27 de mayo de 2019

Cosas de libros (para niños)



Estaba ayer dándole brío a uno de mis vídeos en Instagram, cuando de pronto me escribe la Elena Detalleres. Después de temblar un poco, pues esta señora es un sacapuntas, y resoplar aliviado (se ve que los domingos es más inofensiva), me dice que hace unos días, durante una comida, se había dedicado a destriparme ante cierto bibliotecario. Según ella, este señor es un verdadero fan de este sitio de monstruos. Que me leía asiduamente, que estaba pendiente de mis boletines de noticias (Igor, siempre publico a estas horas porque es cuando las clases me lo permiten) y que hacía mucho caso de mis recomendaciones. Se ve que esto le picó a la Elena en el cogote y me puso a caer de un burro. Que si yo era un rollero, que si un clásico, que si un anticuado... Este hombre, un auténtico hooligan (me robó el corazón ipso facto), le espetó que de ninguna manera, que yo sabía lo que decía. Me imaginé a la Elena con la patata retorcida y, acorralada, ya le tuvo que soltar al Igor que ella me había rebatido ciertas cosas y que yo había claudicado (porque ella lo vale, si señor) mientras él la escuchaba incrédulo.


Yo leía todo esto y me lo pasaba pipa. Primero por saber que un desconocido y un muy buen profesional (según las referencias que me daba Elena), me tenía en tan alta estima, pues me llena de orgullo y satisfacción además de ser un acicate para seguir con esta labor que a veces es poco gratificante. En segundo término, porque el hecho de que dos personas dejen a un lado la política y se enzarcen en debates a costa de libros y enterados LIJerarios es de mascletá. En tercer lugar porque yo había alentado a la Elena a volverse otra chafardera del libro-álbum y veo que la cosa fructifica. Y por último: en esto de de la literatura infantil no debe faltar el humor pues hay mucho estúpido buscando asentimiento en un universo donde no hacen falta ni lentejuelas ni brilli-brilli, sólo leer y pasarlo bien.
Tras descojonarme un rato y digerir que casi soy atropellado por mi propio padre (inaudito pero cierto), decidí que les iba a dedicar esta entrada del lunes a ambos en agradecimiento a tan buen momento y de paso intervenir en esa conversación a la que fui invitado, si no en cuerpo, sí en espíritu…


Escuchadme, melones. No os pongáis a la gresca por este monstruo. Igor, aunque intento valorar todas las cuestiones de un libro, reconozco que ando algo pez en ciertos aspectos, sobre todo los gráficos de última hornada. Hay libros a los que no les encuentro la gracia, y a otros les encuentro demasiada. En esos momentos echo mano de personas como Elena que, apasionadas por ese mundo del álbum, el diseño y sus vanguardias, rellenan mis carencias (aunque tampoco hay que darles mucho vuelo, que ya sabes que la tontería es gratis y cada uno coge la que quiere).
Elena, buscar sinergias en los libros, en lo literario, nos ayuda a entender una creación cultural desde varios puntos de vista y, al igual que tú con las imágenes, mi visión sobre las palabras y/o su relación con las ilustraciones también es importante, pues nos ayuda a entender íntegramente una obra híbrida y posmoderna como el álbum. Lo metaliterario, los guiños a los clásicos, la estructura narrativa, su inmersión en un contexto y otras circunstancias que trascienden intrínseca y/o extrínsecamente al objeto libro, se pueden clasificar como rollo y petardeo, pero también son necesarios. Sin embargo convengo contigo en que a veces, en este ecosistema de la crítica de libros infantiles hay mucho meapilas que aburre a las piedras con tanta disquisición.


Para zanjar mi intervención os mandaré deberes (así, en la distancia). Como soy un rollero y no quiero amuermaros, la cosa consiste en que leáis un libro, que si bien se aleja un poco de la estructura del álbum, me parece muy adecuado para el apunte de hoy, y que más tarde dejéis vuestras impresiones en los comentarios de esta entrada. Ni se os ocurra decir que es un título sin chicha, pues la edición de este Cosa de niños de Peter Bischel, ilustrada por Federico Delicado y publicada por Los Cuatro Azules, nos habla de tantas cosas textual y gráficamente, que creo que tendréis suficiente trabajo. Yo me quedo con un mensaje que ahonda en ese mismo por el que he abogado desde que empecé esta andanza hace once años: lo mejor de los libros para niños es que los leemos los niños. No dejemos que nuestras apariencias de adultos nos contaminen con sus miserias. Quitémosle hierro al asunto y disfrutemos de su belleza lo mejor que sepamos.

P.S.: Y si suspendéis el examen, tendré que destripar este libro convenientemente en los comentarios (que siempre se agradecen más aquí que en las redes sociales).



jueves, 23 de mayo de 2019

¡Pon un caimán en tu vida!




Aunque hoy en día escasean, hubo un tiempo en que los reptiles eran muy abundantes, tanto que reinaron sobre el resto de formas de vida de nuestro planeta durante muchos millones de años, sobre todo durante el Mesozoico, un periodo en el que  los grandes saurios habitaron todos los medios, acuáticos, terrestres y aéreos. Más tarde el clima se enfrió y estos animales poiquilotermos (incapaces de regular su temperatura corporal y por tanto dependientes de la del exterior) se vieron abocados a la extinción o relegados a zonas atemperadas del globo como los trópicos y los desiertos. Tanto fue así que de los cientos de miles de especies que anduvieron por océanos y continentes, sólo sobrevivieron y/o evolucionaron unas seis mil.


Muchos biólogos sentimos cierta pena del trato que reciben por parte de la cultura de masas estos bichejos, pues parece ser que la religión (¿Quién malmetió entre Adán y Eva?), los medios de comunicación (¡Apártense de serpientes y cocodrilos!), la literatura (se me ocurre citar las fábulas de Esopo) o el cine (aquí sólo tienen que fijarse en los malos de Disney) los han convertido en enemigos acérrimos del ser humano. Venenos, dentelladas, movimientos espasmódicos o de reptación, sangre fía y pupilas fragmentadas o verticales, hacen de estos animales, inmejorables candidatos para encarnar el mal, pero sin embargo hay casos que nos dicen lo contrario, véase el libro de hoy.


La caimana, con texto de María Eugenia Manrique e ilustraciones del siempre genial Ramón París (ediciones Ekaré) nos cuenta la historia de José Faoro, un orfebre de origen italiano que se instaló a principios del siglo XX en San Fernando, una villa del estado de Apuré (Venezuela) que, habiendo encontrado una cría de caimán con tres días, lo adoptó y crió. Basada en hechos reales (ya saben que la vida siempre supera a la ficción) esta narración donde el afecto entre los seres vivos desmonta esos mitos mal llevados.
Les diré que me ha encantado. Que hay mucho de selvático en él, mucho de Latinoamérica, de sus mitos, de su exuberancia y plasticidad, de Quiroga y de realismo mágico (nunca mejor dicho). Pero lo que no les voy a contar es el final de este álbum hermosísimo que deben descubrir por sí mismos.
No obstante sí quiero apuntar a diversas cuestiones sobre los reptiles que tienen que ver con esta historia y que, a pesar de parecer alucinantes, no lo son tanto… A saber:


Primero de todo hablaré de la impronta, un mecanismo etológico que en reptiles y aves es muy importante. Consiste en que las crías recién nacidas reconocen las características de sus progenitores a través de un mecanismo instintivo complejo. No es de extrañar por tanto que esta caimana, al tener tan sólo tres días de edad cuando se topó con Don José, asimilara su figura a la de un padre, uno más de su especie con quién establecer un vínculo de por vida.


Llama poderosamente la atención el carácter dócil de la caimana, más todavía cuando en el libro nos habla de cómo esta interaccionaba con los niños que José y Ángela Filomena criaron (una docena para ser más exactos). No tienen de qué sorprenderse pues la mayor parte de los reptiles son inofensivos (más todavía cuando no viven hambrientos), incluso me complace informarles de que mueren más humanos por picaduras de abeja que por ataques de los actuales saurios, así que les recomiendo que alejen ese dato de su subconsciente.


Para terminar, decir que no es de extrañar que El Negro -en principio se creyó macho para ser rebautizado después como La negra-, esa caimana que acompañó a Faoro a lo largo de su vida, alcanzara más de sesenta años de edad, pues como bien sabemos muchos biólogos, algunas especies de reptiles entre las que destacan los cocodrilianos y los quelonios –nombre del grupo de las tortugas- pueden ser muy longevos e incluso alcanzar los ciento cincuenta años.
Lo dicho: ¡pongan un caimán en su vida!

miércoles, 22 de mayo de 2019

Buenos amigos



Como buen animal social, acostumbro a tratar con todo tipo de personal. Obreros y burgueses, culturetas e ignorantes, progres y fachillas, lectores y no lectores, guapos y feos, jóvenes y viejos. Todos tienen sus cosas pues sus experiencias son tan diferentes como sus etiquetas (¿o quizá no?), pero si me tuviera que quedar con alguna de estas dicotomías, preferiría la última, una donde encuentro gran sustancia, pues lo anacrónico en lo humano produce un germen más que interesante.
A veces no comprendo la imperiosa necesidad que mis amigos, los jóvenes, tienen de vomitar su día a día en las redes sociales, sobre todo cuando las imágenes se acompañan de textos verdaderamente vergonzantes (cuando la Gemita se pone intensa es para darle como a los conejos: en to’ la cepa de la oreja). Tampoco comprendo a mis amigos, los viejos, pues cuando no quieren hacer frente a polémicas o tomar decisiones, siempre echan mano de sus cónyuges y/o prole, pues bien es sabido que la mierda, para los contrarios manque pierdan.


Si bien es cierto que es más fácil la comprensión con los viejos (uno puede hablar con ellos de libros, de la escuela de antaño, de facturas e impuestos, y otras cuestiones laborales), con los jóvenes todo es más fluido, pues están exentos de muchas de esas preocupaciones, se dejan llevar por su frescura y están en la onda, en las últimas novedades, llámense música, televisión y ropajes.
Yo me hallo en medio, como los jueves -siempre me han gustado más los miércoles pero habrá que ser fiel a la tradición-, algo que creo necesario, pues hay que enriquecerse de unos y otros aunque al final yo siga a lo mío, con buena letra y despacio. Ellos no sé qué pensarán. Unos, probablemente que soy un trasnochado, otros que estoy en la preadolescencia, pero lo cierto es que los únicos que salen perdiendo son ellos y sus prejucios.


Estaba yo en esas cuando cerré Rigo y Roque, un texto de Lorenz Pauli, ilustrado por Kathrin Schärer y editado por Milenio que, entre otras, nos habla de estas cosas, pues nace de una historia de amistad entre un viejo leopardo y un jovial ratón doméstico. Tengan colegas ancianos o jóvenes, creo que todo el mundo debería leerse un libro como este, porque se lo digo a bocajarro: no deja indiferente, es un texto hermoso y único por varias razones.
En primer lugar es una historia entrañable que habla de diferencias y coincidencias, de entendimiento y discrepancias, muchas de las impresiones en las que descansa cualquier vida, cualquier relación humana.
En segundo lugar hay mucho de (sin)sentido en los diálogos de estos dos personajes que por un lado divierten (¡El capítulo con palabras inventadas es tan infantil y lúdico…!), y por otro le restan trascendencia a posibles desencuentros intergeneracionales que se parecen más a un debates dialécticos que a conflictos irresolubles.


En tercer lugar es una historia que interpela al lector. Para que piense por sí mismo, para que encuentre respuestas y filosofe si quiere. Todos somos susceptibles de hallar un discurso, un camino y por ello estos dos personajes nos hacen preguntas como ¿De verdad que todo sería mejor si se pudiera hacer de nuevo? ¿Qué grosor tiene un rayo de sol? ¿Qué es más importante, la pregunta o la respuesta?
Para terminar de hablar de las bonanzas de este libro les recomiendo tres pasajes que quitan el sentío. El primero es aquel que habla de la vejez y la sabiduría, el segundo el del cumpleaños de Roque, y sobre todo el que lo cierra y que lleva por título Dentro de nosotros.


Cuestión aparte es el tema de la traducción, pues ha suscitado ciertas controversias ya que en el original en alemán el ratón protagonista no se llama Roque y no es un macho, sino que es una fémina y se llama Rosa (ya saben, cuestiones del guión y el género de las palabras de la lengua germana). Si bien es cierto que en una historia de amistad poco importa entre quienes se establezcan dichos lazos, sí me parece importante el mensaje final, porque se agradecería que el sentido final, tal y como pretenden los autores, suceda entre personajes de distintos sexo y obviemos ese tono clasicón de “los chicos con los chicos, las chicas con las chicas”.
Espero que lean este libro con pausa, porque realmente lo merece, y que de paso consideren sus relaciones de amistad, porque como bien nos indican estos dos señores Con un buen amigo incluso se pueden ver cosas que para otros no existen.



martes, 21 de mayo de 2019

Selección de Boardbooks 2018-2019



Mayo ha pasado su ecuador, llega el buen tiempo y desde este lugar de monstruos nos centramos un año más en el formato boardbook, un tipo de libro, el realizado enteramente de cartón, que está (casi) exclusivamente dedicado a los prelectores y primeros lectores, es decir, entre 0 y 3-4 años de edad. Así que, para no perder las buenas costumbres, bien merece la pena una selección como esta que oriente a padres primerizos, trabajadores de los jardines de infancia, guarderías y educación infantil (NOTA: También pueden consultar las selecciones del 2017-2018, del 2016-2017 y la del 2015-2016)
Haciendo caso a la señora G., he intentado bucear en la mayor parte de los títulos editados durante este curso (ya saben que los libros infantiles beben del periodo escolar) y no dejar a la deriva propuestas interesantes que pueden procurarnos más de una alegría.
Como la mayor parte de estos libros suelen ser híbridos entre las categorías de ficción y no ficción, no considero oportuno darle relevancia a dicha división aunque tenga su intríngulis para los estudiosos de estos, como se han bautizado en el entorno anglosajón,  “toddler books” (la traducción sería algo así como “libros para niños que gatean”, que no me parece del todo correcta porque los críos empiezan a andar con aproximadamente 12 meses y la lectura de estos libros se extiende mucho más en el tiempo).
Aunque recorreré la mayor parte de los títulos con cierta calidad que se han publicado durante estos meses, siempre guardo cierta deferencia para aquellos que me han encantado (ya saben, mis tres estrellas, que son como las Michelín pero en el medio LIJero). 
También decirles que si quieren conocer algunos por dentro, muchos de ellos están disponibles en el instagram de los monstruos en forma de vídeo como el de la cabecera de este post.
Así que, sin más dilación, ¡he aquí esta selección comentada de libros de cartón!



Cédric Ramadier y Vincent Bourgeau. Abre bien los ojos. Lóguez. (***) Lo mío con este libro fue amor a primera vista, no sólo porque ante mí se desplegaran las diferentes estaciones ni tampoco porque su juego de solapas imitara el abrir y cerrar de ojos, sino por la idea de crear diferentes paisajes añadiendo los colores primarios que tanto llaman la atención en la primera infancia. Es así como se despliega toda una gama cromática que llega a su cénit en el verano. Descubrir poco a poco el mundo me parece maravilloso.


Mariona Tolosa Sisteré. Repasaletras. mtm. (***) Llega el turno de uno de los libros que más ha gustado a los docentes de educación infantil y primaria, pues este abecedario tan especial, además de trabajar la perspicacia en los prelectores y primeros lectores (¡Shhh! En cada página se esconde una letra de nuestro alfabeto), da la oportunidad de jugar con ellas desde una experiencia táctil, pues aparecen troqueladas. Les animo a ver este título con los ojos vendados (sí, una paradoja muy hermosa), pues se aprecia mejor el objeto libro. ¡Bravo!


Katrin Wiehle. Las cuatro estaciones. Lóguez. La colección Mi pequeño… se hace más grande con este libro de cartón de gran formato en el que la autora alemana afincada en Estados Unidos nos abre una vez más la naturaleza de par en par. Hemos hablado muchas veces de estos libros hechos en cartón 100% reciclado y no podía faltar este dedicado a las cuatro estaciones del año. Sin duda, un hermoso regalo para quienes amen la vida sobre nuestro planeta.


Cédric Ramadier. El libro que tiene miedo. Lóguez. Otra colección que amplía sus títulos es la de Ramadier. Primero fue el libro que duerme, luego el que se enfada y esta vez le llega el turno a un libro muy miedoso que seguro que interactúa tan bien con los primeros lectores como los dos anteriores. Esta vez el diálogo se interna en el mundo de la oscuridad y gracias a un pequeño roedor el libro consigue tranquilizarse… ¡No se lo pierdan!


Margarita del Mazo y Cecilia Moreno. Los planetas. Jaguar. (***) Llegamos a una de las colecciones que más éxito tienen entre los lectores principiantes y que recomiendo bastante. En este nuevo título, sus autoras (muy acertadas, pues saben muy bien lo que se llevan entre manos ambas) le rinden un homenaje al sistema solar y los planetas que lo configuran. La diversión está asegurada, en verso y con mucha chispa, ¡por supuesto!



Barbara Castro Urío. ¡A dormir gatitos! Zahorí Books. (***) En una selección como esta no podía faltar el ganador en la última feria de Bologna en la categoría Toddler (que ya he explicado antes). No es de extrañar que este libro sobre gatos, colores y números haya salido triunfador pues está muy bien pensado, tanto en contenido, como en formato. Los gatos aparecen (fíjense en el color) y las ventanas se encienden (¿Cuántas hay?), un juego de correspondencias que interpele al lector. ¿Qué pasa ahí? ¿Qué invento es este? Lo que más me gusta es el final, ¡descúbranlo ustedes mismos!


Matthieu Maudet. Los calcetines. Lóguez. Lo admito. Me he identificado con Marieta, la protagonista de este libro. Entre los rotos, los que se pierden debajo de la cama o detrás de la lavadora, no gano para calcetines. De repente y por arte de birlibirloque, aparecen y, aunque te llevas una alegría, te das cuenta de que tienen  vida propia y ya no son los mismos. ¿Quieres descubrir en qué se transforman esos calcetines que pierdes en cualquier parte? ¡Este libro te lo muestra!


Marta Comin. Diez gusanitos duermen. A buen paso. (***) En este nuevo libro de Marta Comín, una autora muy prometedora –todo hay que decirlo-, diez gusanos de distinto color se aletargan junto a su madre para soñar en los lugares más variopintos. En una manzana o en el trasero de un cerdito, todo es posible en las alas de Morfeo. Con una propuesta de juego final (¿Y si nuestros dedos fueran esos gusanos?) y la construcción de personalidades diferentes, este librito puede dar mucho de sí.


Enric Jardi. ¿Qué significa? Combel. (***) Tras muchos libros leídos y algún curso que otro sobre esta actividad, convengo que la infografía es una disciplina gráfica bastante compleja. Estética y comprensibilidad del mensaje tienen que casar estupendamente para elevarse en ella. Esto es lo que nos viene a decir un libro como este en el que, a través de símbolos y preguntas sencillas hurgamos en nuestro subconsciente y creamos una historia cotidiana en la que o bien nos encontramos o bien nos perdemos. Las dos ideas son maravillosas, ¿verdad?


Andrea Wayne von Königslöw. En el baño. Ekaré. Los libros escatológicos siempre tienen su aquel y este no podía ser menos. Con mucho humor, la artista canadiense nos invita a imaginar cómo utilizarían la taza del váter una serie de animales. La gallina pondría un huevo, el tiburón bucearía dentro, el león se sentaría como en un trono… ¿Y los niños? ¿Cómo tienen que utilizar el baño?




Mar Benegas. Tras-tras / Cari-caricias / Las arañitas de la risa. Ilustraciones de María Reyes Guijarro, Marta Comin y Luisa Vera respectivamente. Combel. (***) Con los tres nuevos títulos, la colección La cereza se hace cada vez más grande, algo que los monstruos agradecemos sobremanera pues rimas e ilustraciones desenfadadas hacen las delicias de los prelectores, unos para los que el objeto libro, la melodía verbal y el juego siempre deben estar presentes. Poco más que añadir porque es de sobra conocida su valía.



Annette Tamarkin. Mis pequeños contrarios / Mixmax de animales. Combel.  De la autora de Retahíla aparecen en las estanterías dos nuevos títulos de esta especialista en libros para prelectores y pequeños lectores. Mientras que el primero presenta se presenta el clásico juego de pestañas que caracteriza los trabajos de esta autora, el segundo se complementa además con otro juego de solapas intercambiables que origina múltiples combinaciones de personajes quiméricos. ¡Dos ideas geniales!


Tristan Mory ¿Quién soy? Combel. (***) Un libro juego de estas características siempre sorprende, no sólo porque es un híbrido entre álbum informativo y de ficción, sino porque lo interactivo de sus dobles páginas tiene un no-sé-qué que huele a infancia y descubrimiento (¿Alguna vez han jugado al escondite?). El éxito está asegurado con él. Mi sobrino -y un montón de chiquillos más- dixit.


Lilith Moscon y Francesco Chiacchio. Lola busca su cola. Combel. Lola es una serpiente bastante despistada que ha perdido su cola. La busca por todas partes y no la encuentra. En cambio da con todo tipo de enseres y cosas que quedan al descubierto cuando estiramos de una pestaña lateral. ¿Ayudas a esta serpiente a encontrarla? A veces cuatro ojos ven más que dos, sobre todo cuando la solución es tan evidente que no necesita mucho más.



Nadia Budde. Un, dos, tres ¿qué ves? / Un, dos, tres, vampiro es. Kalandraka. (***) En estos, dos de los mejores libros de cartón de este año, cada página nos va presentando objetos, animales o personas donde las series (de palabras e ilustraciones) y las fórmulas de repetición son la excusa perfecta para descubrir nuestro entorno y echarnos unas risas. Mientras que el primero se adentra en un universo blanco, el segundo se permite las alusiones al mundo de la noche y los personajes de terror (ya saben: brujas, vampiros y otros monstruos). Me encantan y espero que a ustedes también.


Ricardo Alcántara y Gusti. El pirata valiente. Kalandraka. Seguro que muchos de ustedes han soñado alguna vez con ser piratas, surcar los mares, ir de uno a otro confín buscando aventuras y tesoros. Eso es lo que le pasa a Juanito, que imagina a todas horas que es un corsario feroz y temido. O al menos, eso sucede hasta que su mamá descubre el punto débil de todo pirata. Una historia cotidiana en verso para los más pequeños.


Satoshi Iriyama. Samba panda con papá. Libros del Zorro Rojo. Secuela del divertidísimo Samba panda con osito, un libro que fue editado en papel, el autor japonés se vuelve a internar en el maravilloso mundo de la imitación infantil a ritmo brasileño en compañía del entrañable protagonista y su padre. ¡Bien de ritmo y música!


Adrienne Barman. Bestiario de voces animales. Libros del Zorro Rojo. Esta secuela del exitoso Bestiario de la autora francesa está dirigido a los primeros lectores. En él se recoge un pequeño catálogo de animales y los verbos que aluden a sus voces. La pantera ruge, la cebra relincha, los hombres roncamos, resoplamos, chillamos o reímos… Un momento, ¿sólo lo hacemos los humanos o hay más animales que se comunican de esta forma? ¿Sabrías decirme qué otros animales también hacen estos ruidos tan especiales? Siempre puedes echar mano de este libro para responder…



Ellen Duthie y Daniela Martagón. Niño huevo perro hueso / Niña gato agua pato. Wonder Ponder. (***) Los dos primeros títulos (o eso espero, que no acabe aquí) de la serie de boardbooks de Wonder Ponder, ese proyecto de filosofía para niños del que hemos hablado en varias ocasiones, nos aproxima a un universo surrealista pero con mucha chicha que parte de dos situaciones bien cotidianas. Llenos de humor, cada doble página divierte y pregunta a partes iguales. ¿Qué pasa ahí? Cada cuál que busque sus respuestas, es en lo que consiste la lectura.


Xavier Deneux. Todo a punto. Combel. (***) Una vez más Deneux nos sorprende con un libro de cartón en el que el simple paso de la página da vida a animales a base de puntos. Primero es uno, luego dos, tres, y así sucesivamente. Gusanos, patos y caballos aparecen en sus páginas y llenan de color los ojos de los críos. Sencillo y llamativo.


Jean Jullien. Antes & Después. Combel. (***) No sé qué estaría pensando Jean Jullien cuando dio vida a esta joya (creo que no era lo mismo que cuando hizo sus aclamados Esto no es un libro y Ralf), pero el caso es que me encanta la peculiar forma que tiene de explicar el paso del tiempo a cualquier lector que se acerque a él. Unas veces el lapso es muy grande, otras veces es más pequeño, pero lo cierto es que todo cambia de alguna manera. También hay hueco para preguntas trascendentales, para comernos un poco el coco. Está claro que el después siempre sorprende, aunque debemos tener en cuenta que el antes no deja indiferente.



Meritxell Martí y Xavier Salomó. Amarillo / Verde. Combel. Aparecen en las librerías los dos nuevos títulos de una colección en la que los colores son el hilo conductor de historias que avanzan con forme pasamos las páginas. Secuencias de objetos que comparten el mismo color y que, desde el sinsentido dejan construir historias en la imaginación de los niños.



Antonio Ladrillo. Mi colección de caras. (***) Pastel de luna. Uno de los libros de cartón que más desapercibido ha pasado y que sin embargo me ha encantado. Aunque me recuerda a otro similar de Tupera Tupera, he de confesar que estoy enamorado de las líneas y colorido de Antonio Ladrillo. El enfado, la sorpresa o la alegría se traducen en cada página de este libro circular que funciona como espejo y catarsis emocional.



Carine Fontaine. Colección ¡Hola, chiquitín! Loqueleo Santillana. Continuando con la no ficción dentro de los boardbooks, aquí tenemos una colección sin desperdicio. Animales, objetos e incluso la Navidad tienen su propio volumen e invitan a las criaturas inexpertas a internarse en estos imaginarios de esquinas redondeadas y páginas resistentes para ir conociendo su entorno más próximo.


Hector Dexet. ¡En marcha! Patio. En avión, en paracaídas, en patinete, en tren, en coche o en un buldócer. De todas estas formas y muchas otras viajan los personajes de este nuevo libro de Dexet, un autor que le ha cogido la medida al libro de cartón y que sigue utilizando recursos como los troqueles y los colores primarios para llamar la atención de los primeros lectores a base de juegos de perspectiva y sorpresas varias.


Susanne Straßer. La ballena se baña. Juventud. Con una nueva historia de su colección Mejor con amigos, la autora alemana se vuelve adentrar en el universo de las historias acumulativas en las que la amistad es la verdadera protagonista. Todo empieza con una ballena dándose un buen baño. Alguien llama a la puerta. Es la tortuga que quiere unirse. Tras sucesivas toques a la puerta la bañera se llena de animales, de sonidos y de muchas risas. ¿Te lo vas a perder?


Delphine Chedru. Si dices… Kókinos. (***) Y para terminar esta tanda de hermosos libros les traigo una joya delicada. Todos asociamos palabras a imágenes, pero ¿qué sucede cuando pasamos la página y descubrimos que nos equivocábamos, que el mundo puede ser más hermoso todavía? Esto es lo que consigue un libro que además de sorprendernos nos familiariza con el entorno y nos enlaza con nuestra propia imaginación a base de troqueles y conexiones inesperadas pero igualmente hermosas. Sean felices descubriendo.


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