miércoles, 15 de mayo de 2019

Étienne Delessert y la onírica primavera



Señoras y señores, ¡en este San Isidro, patrón de los labriegos, sigo tan primaveral como un animalejo salvaje! Y aunque ya les he traído algún que otro título lleno de aromas y sabores propios de esta época del año, he creído conveniente recomendarles el libro perfecto para llenarles el ánimo.
Durante la tarde de ayer, mientras perfumaba mi casa de lejía y removía el polvo de la estantería, mis ojos se posaron sobre él. Étienne Delessert. “¡Uf, nunca he reseñado esta maravilla! Hay que deshacer el entuerto, pues mis queridos monstruos deben conocerlo sí o sí, que no se diga que olvido los clásicos del álbum ilustrado por los títulos de nueva hornada…”


Antes de centrarnos en el libro en cuestión, considero interesante conocer algo de la vida y obra de Étienne Delessert, uno de los grandes en esto del libro-álbum. Nacido en Lausanne en 1941, Delessert disfrutó en su infancia del mundo natural en su Suiza natal mientras desarrollaba juegos creativos con su madre. Aunque no empezó a dibujar hasta los 23 años, a los 16 ya era consciente de su afición por desarrollar ideas visualmente. Tras estudiar filología clásica y familiarizarse con los mitos griegos y latinos que más tarde recogería en sus obras, comenzó con sus trabajos de ilustración, una ocupación que empezó y desarrolló de manera autodidacta.


Ilustración para 1,2,3,4 Cuentos

Delessert ha confesado multitud de veces quiénes han sido sus mayores influencias… Los directores de cine de la “Nouvelle Vague” -Godard, Truffaut o Chabrol-, las obras de Franz Kafka, Samuel Beckett y Eugéne Ionesco (NOTA: Existe una edición de su 1, 2, 3, 4 Cuentos ilustrada por Delessert que no tiene desperdicio y que fueron bellamente publicados por Combel en nuestro idioma) o artistas como Brueghel, Klee o Steinberg, de quienes podemos encontrar referencias en sus imágenes, se dejan ver en sus trabajos de técnica clásica donde destacan la acuarela y el gouache.


Delessert, además de trabajar para revistas como The New York Times, The Atlantic Monthly y Le Monde o programas como Sesame Street, y recibir numerosos reconocimientos entre los que destacan los dos Premios Grafico en la feria de Bologna y su nominación al Andersen en 2010, ha publicado más de ochenta trabajos, de los cuales un buen puñado han sido traducidos a más de catorce idiomas. El primero de sus trabajos fue The Endless Party (1961), al que le siguieron muchos otros como Ashes Ashes, Dance!, The Seven Dwarfs, Who Killed Cock Robin?, Humpty Dumpty, Big and Bad, Moon Theater, A Glass, A Was An Apple Pie, Night Circus, Food y Spartacus the Spider



Ilustración para A Was An Apple Pie!


Ilustración para Who Killed Cock Robin?

En castellano podemos encontrar poco de este autor ya que muchas de estos libros han sido descatalogados con el tiempo. Entre estos tenemos la serie Yok-Yok, 12 libros que durante los años 80 serían llevados a la animación en la pequeña pantalla (al final de este post y en este monográfico sobre la relación entre la animación y el libro-álbum, pueden encontrar ejemplos), la serie de cuentos de Ionesco que ya hemos comentado, Cómo el ratón descubre el mundo al caerle una piedra en la cabeza (Altea), ¡Odio leer! (Lúmen), una hermosa fábula para no lectores, A todo color, editado hace unos años por Libros del Zorro Rojo, y el que hoy disecciono.


Ilustración para I still hate to read!


Ilustración para A todo color

El libro que me ha llevado a este autor es Una larga canción. Como muchos otros trabajos de él, es un canto a la naturaleza y su inevitable poder. Todo empieza en el campo cubierto  de nieve. Algo despierta bajo ese manto nevado, una extraña criatura con cierto aire humano, también extraterrestre, comienza a caminar al compás de esa hermosa canción a la que hace referencia el título (¿La oyes? Está ahí). A su paso, la vida se abre camino. Se yerguen las flores, se abren sus capullos, los animales despiertan de su letargo y todo se convierte en una fiesta desconocida y familiar a la que cualquiera está invitado excepto los dos cazadores que se ven extrañamente paralizados por ese ser que en parte representa a la Gaia de la mitología. No está solo pues espíritus y criaturas que en cierto modo recuerdan a las que pueblan ese jardín de las delicias de El Bosco, otro de los pintores de quien más influencia recibe Delessert, bailan a su son colorista.


Ilustración para Una larga canción

Tras el éxtasis, la canción se aleja, volviendo a cerrar ese círculo que marca el reloj natural, para dejar que el invierno se cierna otra vez sobre la vida sobre el que caben tantas interpretaciones como lectores.
Lo dicho: merece la pena perderse entre las páginas de este libro, no sólo porque nos traslada al verdadero espíritu primaveral, sino porque es una buena muestra de la capacidad de uno de los padres del libro-álbum moderno para abrir universos oníricos, surrealistas y, sobre todo, paralelos en los que construir otros nuevos y fantásticos.


Ilustración para Una larga canción



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