8 de marzo y las mujeres han salido a las calles un tanto divididas. Como el resto de seres humanos e independientemente del sexo que comparten, puede haber disparidad de opiniones. A quien se eche las manos a la cabeza, le diré que esto no es nuevo. Desde que los movimientos feministas comenzaron en el siglo XIX, han existido diferentes líneas de pensamiento y discrepancias. Como ejemplo, se me ocurre mencionar las diferencias que surgieron en torno al sufragio femenino.
Ahí es, precisamente, donde entra en juego la figura de Beatrix Potter. Y es que según la investigación realizada por Linda Lear, una de las biógrafas de la autora inglesa, Potter no apoyó a la corriente sufragista femenina en Gran Bretaña. A pesar de su éxito como escritora, científica y empresaria en una sociedad dominada por los hombres, la creadora de Peter Rabbit tenía una visión muy negativa de las sufragistas, refiriéndose en ocasiones a este movimiento como "tonto” y “absurdo".
Ahora bien, ¿eso es suficiente para que, como ocurre hoy en día, se la tachara de traidora o machista? Rotundamente, no. Simplemente y como sucede con muchas otras figuras de la época (N.B.: No se olviden de Victoria Kent o Margarita Nelken, mujeres de claras convicciones socialistas que también se posicionaron en contra del voto femenino), Beatrix Potter tuvo una vida moldeada por una serie de circunstancias que probablemente hoy sean difícilmente asimilables por esa masa tan ignorante y obcecada en lo superficial. Veamos un par…
Como apunta Theresa C. Dintino, muchas escritoras victorianas y/o eduardianas como Beatrix Potter, Mary Wollstonecraft (sí, la madre de Mary W. Shelley) o la novelista Elizabeth Gaskell, pertenecían a la iglesia unitaria, un movimiento protestante que desarrolló a partir de 1830 una teoría feminista que abogaba por la igualdad de los sexos basándose en una visión racional de Dios y la humanidad en la que tanto hombres como mujeres poseen la misma capacidad de razonamiento y desarrollo moral. ¿Qué más necesitaban teniendo al Altísimo de su lado? ¿Al estado?
Por otro lado, y aunque ella nunca se definió como “conservadora” o “liberal”, defendió actitudes que bien pueden relacionarse con este ideario político, léanse el desprecio de la mayoría de los valores sociales victorianos, como señala el crítico Humphrey Carpenter, o el apoyo al modo de vida más tradicional, como prueban todas las granjas de su propiedad o las cartas que en 1916 escribió al rotativo The Times, destacando el papel de las mujeres rurales durante la guerra, las llamadas land girls, todo un ejemplo de independencia económica femenina.
Y así, con el ejemplo de una mujer de bandera, celebro este día tomando como excusa que Blackie Books acaba de publicar los dos primeros títulos de su colección de cuentos. Y es que recuperar El cuento de Jeremías Pescador y El sastre de Gloucester en esta edición que tanto hizo por los niños (recuerden que la Potter se empeñó que fueran de ese tamaño para adecuarse a las manos de los pequeños de la casa) es todo un regalo. No solo por el formato, sino por preservar la obra de una mujer que entendió a sus lectores, ensalzó la naturaleza en cada una de sus escenas y muchas cosas más.
Lo dicho, disfruten de esta colección que lleva en las librerías casi 125 años. Ahí es nada. Lo esperable de una autora difícilmente encasillable…






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