En este mundo que vivimos lo más importante de todo es saber quiénes somos. Y no me refiero al nombre completo o el número de identificación fiscal (si me apuras, más importante que el de pasaporte), sino a ser conscientes de nuestra existencia, cómo la abordamos y cuáles son nuestras prioridades.
Es por ello que lo que más se castiga hoy en día en los medios de comunicación y las redes sociales, es la falta de entidad. Cuando alguien o algo se parece demasiado a otra cosa, la gran mayoría lo rechaza. La gente no quiere burdas copias de aquellas zapatillas, el partido político de turno, la canción que suena a todas horas o el libro que ha ganado ese galardón.
Y no me refiero a la originalidad, un rasgo muy difícil de alcanzar teniendo en cuenta que ya ha llovido desde que los griegos y los romanos inventaran nuestra cultura (N.B.: Hace poco visité Pompeya y les puedo asegurar que lo único que les faltaba eran los microchips), sino a lo genuino. Apunto a lo legítimo, a eso que nos define. Qué características nos diferencian de los demás y qué aportamos a este momento.
Cuando algo es demasiado manido, repetitivo, casposo y homogéneo, todo el mundo se lanza a desecharlo. Vivimos en una sociedad consumista que aboga por esa especie de sorpresa constante que le da un vuelco a la perspectiva. Golpes de efecto que, si además se acompañan de carisma y frescura, revolucionan la visión general de cualquier campo.
Probablemente en unas semanas, unos meses o unos años, nos olvidemos de lo vibrante que nos resultó, pero mientras tanto, nos anima el cotarro sobremanera toparnos con esos matices que lo convierten en hallazgo y serendipia, para más tarde ponerle nombre.
Precisamente de esto es lo que nos habla Foxy & Meg encuentran un pero-pero, el álbum de André Letria y Ricardo Henriques publicado hace unos días por La Topera editorial y que forma parte de una serie de gran éxito en el país vecino y que se desbordó allá por el año 2010 en forma de serie de animación con 26 episodios animados de tan solo tres minutos.
En la historia que nos ocupa, el zorrito y la gallina (no es difícil saber quién es quién) se encuentran con algo en mitad de un paseo. Es grande, de color grisáceo y con una forma más o menos ovalada. ¿Qué será? La miran, la rodean, la observan. Piden opiniones más o menos expertas. A un médico, a un grupo de turistas encaprichados con el arte. En grupo o en solitario, hasta que de repente, un cocinero clarividente toma las riendas del asunto. Pero…
Con un lenguaje gráfico muy económico y letra mayúscula, los autores dan vida a una comedia de situación con estructura de sketch que busca, no solo la interacción con sus lectores, sino poner en valor su capacidad inventiva y desbordar la imaginación. Con un pequeño juego de palabras un tanto repetitivo, los autores lusos nos acercan a esa incredulidad e inocencia infantiles gracias a la perspectiva de lo desconocido y las adivinanzas visuales que siempre ensalzan el humor.






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