La perspectiva lo es todo. O al menos, eso parece. No es lo mismo asumir la realidad desde una mirada cruda, que hacerlo desde otra más surrealista. Y así, las ideas cambian aunque los hechos sean objetivos. Probablemente esa sea la magia del arte, transformar la realidad para hacerla más digerible, más abrupta o más ligera. El relato, aunque anclado a unos principios, suele ser mutable.
Así, donde unos ven una guerra, otros ven un juego. ¿Un beso o una ofensa? Desde aquí miran de frente a la mentira y los de más allá se quedan prendados por la verdad. El mundo tiene millones de facetas, un caleidoscopio de pareceres que atormentan o acarician. Pero sin duda, la mejor percepción es la de la inocencia. Acertada o no, permite transitar el tiempo a nuestra manera. Dejándonos llevar. Imaginando. Sin control. Sin medida. Desbordados…
Hay pies
con plumas negras de gallina,
que se hunden en los grises
de la arena,
flotan en el azul
del agua del río,
se ensucian
de verde y marrón
al subir a la colina.
Y si vuelan,
se manchan
de amarillo y naranja.
***
Los tejados de los niños
son telas tendidas al sol
y velas gastadas
colgadas del palo mayor.
Tejas bordadas,
caídas
de mesas de madera.
El desgarrón en el tejido
es una ventana,
un catalejo,
un guiño.
Un libro abierto
de páginas suaves.
Una chimenea.
Franca Perini.
Pies y Tejados.
En: Y cien tesoros más.
Ilustraciones de Anna Pedron.
2026. Pontevedra: Kalandraka.



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