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miércoles, 8 de enero de 2025

Aprendiendo de LIJ. Obras de referencia y consulta. 3ª Parte.


La Navidad, y esta con mucha más razón, se presta a los vicios. Si a eso añadimos la inactividad laboral que disfrutamos los docentes, además de dedicarnos a menesteres tan gustosos como la gastronomía o las reuniones sociales, el aquí firmante puede consumir más lectura. 
Lo cierto es que estas vacaciones han sido bastante productivas en este quehacer, pues tenía una buena pila de libros divulgativos y ensayos sobre cuestiones relacionadas con la literatura infantil y la lectura que quería considerar. Sí, me ha cundido mucho. Por eso, he aquí este puñado de reseñas presentadas por orden alfabético que espero les sirvan de utilidad a la hora de valorar obras teóricas de este mundo monstruoso.
Ni que decir tiene que si están aquí, es porque todas me han gustado en mayor o menor medida, pues a esta relación de títulos debería añadir otros dos que me han parecido infumables. A decir verdad y siguiendo mis propias normas deontológicas, prefiero omitir que hablar mal del trabajo de otros, pues al fin y al cabo, eso, el trabajo, siempre conlleva una respetable inversión de tiempo que no siempre fructifica a gusto de todos (léase mi caso). No obstante, lo importante es participar y darle vueltas a los engranajes de los libros para niños, que es de lo que nos ocupamos los monstruos.



María Isabel Borda Crespo (coord.), Aurora Gavino, Carmen Niño, María Isabel Borda y Rocío Antón. Ilustraciones de Pilar Ríos. El álbum ilustrado: pasen y lean. Los cuentos con palabras e imágenes. Pirámide. Siguiendo la línea de obras como álbum(es) de Sophie Van Der Linden, este monográfico se adentra en el universo del álbum desde diferentes puntos de vista. Especialistas, mediadoras y lectoras urden un libro dividido en cinco apartados, que aborda temas como la definición del libro-álbum, su estructura o sus tipologías.
Alternando cuestiones técnicas sobre el formato o los recursos narrativos, su relación con las competencias educativas, experiencias individuales, colectivas y académicas, las autoras de este manual a todo color ensalzan el valor que supone este tipo de libros en diferentes contextos y situaciones. Recursos electrónicos (¡Mencionan este blog! ¡Qué alegría!), una amplísima bibliografía (les confieso que me he topado con muchos libros desconocidos) y un enfoque multidisciplinar muy útil, hacen de este libro una necesidad para cualquier especialista y mediador. Además de entender los mecanismos que se utilizan en este tipo de literatura gráfica, conocerá obras clásicas y de renombre para llenar sus estanterías (lo que voy a hacer yo) o enseñárselas a otros.
Recomendadísimo a todos los padres, maestros y bibliotecarios que quieran una primera toma de contacto con el universo teórico-práctico de este género.



Paula Bravo López. Yo leo. Descubre el poder de la lectura y cómo fomentarla desde la infancia. Autoedición. Aunque este librito no ha sido escrito por una experta en la materia, me alegra leer a Paula Bravo, madre y licenciada en Traducción e Interpretación que nos brinda su experiencia como mediadora en el seno de su propia familia.
En un manual muy bien traído nos explica técnicas muy sencillas para llamar la atención de los pequeños de la casa hacia los libros y así ponerlos en valor dentro de un contexto esencial en la mediación lectora. Cómo relacionar la escritura con la lectura, qué tipos de libros podemos encontrar en una librería, un anexo donde recoge sus imprescindibles o el capítulo dedicado a sortear la omnipresencia de las pantallas, son los puntos fuertes de este libro de recetas lectoras.
Me gusta porque no hay nada de pretencioso en él. Es honesto y se deja a un lado los fuegos artificiales que muchos intentan vendernos en otras publicaciones de este tipo. Una propuesta muy recomendable para padres que no saben cómo inculcar la lectura, tras la que se esconde el trabajo y dedicación de una persona como tú y como yo.



Ana Garralón. Las incursoras. Las afueras. Llegamos a uno de esos libros que, lejos de abrir un debate feminista (si eso es lo que esperaban, olvídense), pone nombre y apellidos a la gran cantidad de mujeres que han contribuido a engrandecer el universo de la LIJ desde diferentes parcelas.
Autoras, bibliotecarias, recopiladoras, ilustradoras, editoras… La Garralón se interna en los recovecos de la historia para contarnos la vida y obra de Mary Norton (a quien hace un guiño en el título de este estupendo ensayo), hablar de la singularidad de Ursula Nordstrom, recordar la labor poética de Gabriela Mistral, Carmen Conde o María Elena Walsh, ensalzar el nombre de investigadoras de LIJ como Bettina Hürlimann, Virginia Haviland o Carmen Bravo-Villasante, y dedicar un capítulo a todas las fotógrafas que crearon historias infantiles utilizando sus instantáneas.
Bien escrito y muy cercano (se lee de un tirón), este libro que cabe en un bolsillo (ideal para llevarlo de viaje) llena un vacío documental sobre una realidad que los enteraos y especialistas en libros para niños sabemos desde hace mucho tiempo: el gran papel que muchas féminas de toda condición social han desempeñado en la literatura para niños.



Daniel Goldin. Los días y los libros. Kalandraka. Con el subtítulo Divagaciones en torno a la hospitalidad de la lectura, la editorial gallega recupera uno de los primeros libros de este editor y bibliotecario mexicano archiconocido en el universo de la LIJ hispanoamericana.
Construido a base de diferentes conferencias y artículos, este ensayo trata temas muy interesantes desde perspectivas algo controvertidas, sobre todo para todos aquellos que se acercan a los libros infantiles con esa condescendencia que amalgama buenismo y utilitarismo. Los libros de su niñez, la mirada literaria desde la paternidad, reflexiones en torno al concepto de infancia y su evolución histórica o la relación entre lo multikulti y la lectura, son algunas de las cuestiones que se abordan en él.
Por si no fuera poco, Goldin incluye en esta nueva edición un capítulo titulado Reverdecer o fenecer. Una perspectiva procesual de la LIJ y sus dilemas, hoy. Esta quizá sea para mí la parte más interesante, ya que en ella tiene la oportunidad de opinar de las realidades, paradojas y sinsentidos que vive actualmente el universo de los libros para críos, una suerte de prospectiva que el autor se encarga de diseccionar con prosa sesuda y elocuente no apta para lectores lineales.



Guadalupe Jover. Un mundo por leer. Educación, adolescentes y literatura. Octaedro. Había oído el nombre de esta mujer en varias ocasiones durante el último curso y me decidí a leer su ensayo más conocido.
Ya saben ustedes que, en lo que a enseñanza literaria en educación secundaria se refiere, soy bastante crítico y creo firmemente que debería orientarse en otro sentido. Es aquí donde entra en juego una de las mayores defensoras de los itinerarios lectores, esa suerte de caminos por los que transitar lo literario desde un prisma que combina clásicos y nuevas tendencias.
Con un discurso nada enrevesado, la profesora nos invita a unir la lectura, el mundo real y las experiencias compartidas en sus llamadas constelaciones de lectura (si tienen curiosidad, la imagen de cabecera de este post simboliza una). Estas creaciones contribuyen, no solo a enseñar literatura, sino que ayudan a ensalzar las palabras como un vehículo del que participan los miedos, inquietudes y sueños de unos adolescentes que, a pesar de los cambios generacionales, siguen en sus trece. Pero para eso, señores, los docentes tienen que leer, no solo las lecturas de ese corpus curricular, sino atreverse con muchos otros que, tildados frecuentemente de literatura comercial, establecen sinergias con los primeros. Profesores ¡échenle un ojo!



Felipe Munita. Yo, mediador(a). Mediación y formación de lectores. Octaedro. Tenía muchas ganas de pillar este libro en el que, el poeta y doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura, nos dibuja un panorama muy sugerente sobre la labor del mediador de lectura desde dos perspectivas: la promoción lectora y la enseñanza literaria. Aunque pueden parecernos muy cercanas, suelen excluirse con frecuencia. ¿Por qué? Porque generalmente, la mediación lectora suele echar mano de muchos fuegos de artificio, mientras que la didáctica de la lengua y la literatura necesita del ejercicio reflexivo, cosa que se olvida con frecuencia entre docentes y bibliotecarios, máximos exponentes en esta labor.
Lejos de abandonarnos a nuestra suerte, Munita nos regala una serie de directrices y propuestas que, desde su propia experiencia o la de otros, surten efecto entre los críos a la hora de inculcar esa lectura del disfrute con la que se nos llena la boca. Bitácoras de lectura, conversaciones en torno al Zorro de Brooks y Wild, juegos poéticos que invitan a la disección o novelas que se convierten en proyectos integradores son algunas de sus recetas.
Si bien es cierto que el autor hace gala de ese lenguaje inclusivo que tanto me empalaga, el contenido es muy necesario, ya que pone en tela de juicio una serie de prácticas en torno a la lectura que estamos acostumbradísimos a ver en escuelas e institutos. Pegar, colorear y recortar, tres verbos que hacen reflexionar al chileno sobre cómo debe ser el encuentro entre libros y lectores.



Michèle Petit. Los libros y la belleza. Somos animales poéticos. Kalandraka. Con prólogo de Daniel Goldin (el de tres libros más arriba), este libro se revela (¿o se rebela?) como un ensayo poético sobre la belleza: la que habita los libros y la que los rodea. Dos tipos de belleza que se complementan y que la especialista en LIJ y socióloga francesa ensalza mientras desgrana una serie de experiencias reales desarrolladas en diferentes ámbitos como la escuela o instituciones sociales.
Michéle Petit vuelve a poner en valor la humanización de la lectura desde el punto estético en un librito que se articula gracias a varias de sus conferencias que ha impartido entre 2015 y 2020. Como en otras obras (véanse Leer el mundo o Lecturas: del espacio íntimo al espacio de la lectura), ensalza el impacto de los libros y la lectura sobre personas que sufren todo tipo de miserias, como los migrantes, los habitantes de zonas despobladas, los refugiados o los pobres de solemnidad. Más concretamente, Petit nos habla de la palabra como legado, del valor cultural del lenguaje o del vínculo perdido y recuperado. También de la capacidad evocadora de las palabras, de la descriptiva y sus sinergias, de esos paisajes imaginarios que nos recuerdan a los propios. Tampoco se olvida de las bibliotecas ni de la dichosa pandemia.
Si bien es cierto que a veces me suena un tanto utópica, se agradece esa mirada alentadora sobre el valor de la lectura en tiempos revueltos. Y menos mal, porque los que nos dedicamos a la mediación lectora, muchas veces necesitamos de este tipo de arengas para seguir remando.
Lleno de referencias y muy ameno, es de esos libros que uno puede releer con facilidad para insuflarse una pizca de esperanza lectora y llenarse de preguntas sobre las que reflexionar.

jueves, 9 de noviembre de 2023

2000 posts y 15 consejos para fomentar la lectura


Hoy cumplo 2000 posts en este espacio. 2000 notas, artículos, selecciones o monográficos. ¿Se imaginan la cantidad de horas que he pasado frente al ordenador? ¿Se imaginan la cantidad de libros que he tenido que leer, que diseccionar? ¿La de ideas que he tenido que hilvanar? ¿Las tontunas que he tenido que decir? Como mínimo 2000.
Haciendo una recapitulación de todo lo que he hablado en ellos, me he percatado de que nunca les he ofrecido unas píldoras para mediar en el proceso lector de esas criaturas (de 7, 17 y 77 años) que tienen alrededor. Pues eso es lo que voy a hacer hoy (si es que la agenda me deja…).


Tampoco voy a descubrir América, ni les voy a asegurar que aplicándolas vayamos a pasar de la nada al todo. Ya se lo digo yo. Lo verdaderamente interesante es que les echen un ojo y reflexionen sobre ellas para establecer un punto de partida dentro de su mediación lectora familiar, escolar o vital.
Nadie tiene la varita mágica para que otros seres humanos lean, pero sí tiene la llave para entreabrir la puerta de la lectura. Unos entrarán raudos y veloces, otros irán adentrándose paso a paso, y los de más allá (tan abundantes hoy día) la cerrarán de golpe. Pero está claro que alguien tiene que quitarle el cerrojo.
Aquí les dejo estos consejos (o tips, que es el anglicismo de moda). Quince consideraciones que habrán escuchado todos estos años pero que, de un modo u otro, ayudan a inocular el veneno de la lectura en gentes de toda calaña y condición. ¡Allá van!

1. Leer y escribir, hablar y escuchar. Los cuatro verbos forman parte de uno mismo: comunicar. Esto quiere decir que podemos establecer puentes y sinergias entre estos verbos de muy diversas maneras para auparlos mutuamente. Si además tenemos en cuenta que la comunicación también es plural (verbal, corporal o gráfica), las posibilidades de interacción se multiplican todavía más. Obras de teatro, talleres de escritura creativa, programas de radio, películas... ¡Pídanles ayuda con la lectura!

2. Periódicos, revistas, folletos publicitarios, manuales de funcionamiento… Las formas de la letra impresa son muy variadas y todas deben ser contempladas. El camino hacia la lectura comienza de manera instrumental pero puede terminar en otros planos más nutritivos.

3. Acostúmbrate a leer sobre el papel. Si bien es cierto que las pantallas son un soporte igualmente válido, no tienen las mismas características visuales, táctiles, sonoras, ni emotivas.

4. El libro tiene contenido, pero también es un continente. Forma, dimensiones, textura, color, olor, y hasta sabor. Un objeto viene definido, tanto por su uso, como por su materialidad. Ambas son complementarias y de ellas podemos extraer nuevas propiedades emergentes en pro de la lectura.

5. Lee en público y en privado. El ejemplo físico es igual de necesario que el intelectual. No vale decir que lees, cuando nadie te ve. La mentira también pulula entre los lectores farsantes y desacredita al resto de lectores honestos.


6. Crea expectativas frente a un libro, siempre y cuando no exageres su realidad. No intentes endiñarle a cualquiera con una piedra envuelta en un celofán. Duele todavía más. Tampoco destripes un libro por mero entusiasmo: tras un buen aperitivo siempre queremos más.

7. Establece rutinas y/o juegos agradables en torno a los libros. Te ayudarán a establecer asociaciones de ideas y el subconsciente relacionará esos momentos positivos en torno a los libros.

8. Dedica tiempo y espacio de calidad a la lectura. Muy poca gente puede leer en cualquier lugar y a cualquier hora. Cada lector tiene sus preferencias horarias y espaciales. Hacerlo en una biblioteca silenciosa, bajo el sol de la tarde, en el bullicioso parque o bajo las sábanas. Encuentra tu momento y tu lugar para hacerlo.

9. No utilices los libros como vehículo aleccionador. Quizá funcione en ciertos aspectos y en algunos lectores, pero no en otros. Si lo haces, unos cortarán su vínculo con ese libro, si no lo haces, dejarás que todos establezcan su propia hoja de ruta.

10. Habla de los libros desde tu experiencia. Si no lo haces, la impostura desatará la verdad. Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. P.D.: Y por favor, evita el tono afectado, burlesco o impostado.


11. También debes invitar a otros a dar su opinión sobre un libro leído, a compartir su experiencia. Muchas veces la timidez o la falta de locuacidad impiden a muchos lectores expresar las ideas generadas a través de la lectura. Ser paciente, plantear situaciones cercanas y crear vínculos afectivos y/o culturales, ayuda a exteriorizar e interiorizar lo leído.

12. Considerar el discurso de otros, no solo pone el tuyo en una perspectiva plural, sino que apuesta por las diferentes interpretaciones de un mismo libro, te descubre nuevas percepciones con las que comparar la tuya propia, y nos hace a todos partícipes de un logro común, una experiencia coral: mirarnos en un mismo espejo.

13. Si además esas opiniones se intercambian entre iguales, mucho mejor. Al compartir la experiencia con un grupo de gente afín, convierte a los lectores en aliados por la defensa de esa mirada conjunta y caleidoscópica.

14. La libertad es una condición fundamental para la lectura. Si bien es cierto que el verbo leer comienza con una obligación (como todo lo que necesita de esfuerzo), decidir, censurar, juzgar y criticar no tiene cabida en la continuidad y formación lectora. No olvides que cualquier deber acaba convirtiéndose en esclavitud. Sugerir, diversificar, seleccionar, ampliar y regalar son las acciones más deseables para que leer se convierta en afición, y para eso están los mediadores, las bibliotecas y las librerías.

15. Conecta la vida misma con la lectura. Esto es lo que llevo haciendo desde el post número 1 hasta este post número 2000. Si me sigues leyendo, por algo será…


(*) Todas las imágenes que acompañan a este post pertenecen a la ilustradora Andrea De Santis


domingo, 19 de junio de 2022

Dos millones de visitas



Sí, dos millones de visitas. Nadie, ni siquiera yo, hubiera imaginado que esto fuera a pasar. Ni los sabios de la LIJ, ni las estrellas de los libros infantiles, ni los autores que me detestan, ni todas esas editoriales que van de exquisitas. Los únicos que daban un duro por mí eran mis seguidores. Gente que busca opiniones reales, que está harta de que siempre le recomienden lo mismo, personas que no quieren que les regalen el oído, con gustos variados y, sobre todo, que quieren divertirse un poco leyendo libros infantiles. Porque estos dos millones de visitas son de todos ellos.
Y mis detractores dirán que no tengo ni puta idea de mediación lectora, que lo mío no son reseñas -son “otra cosa”-, que utilizo un vocabulario nada ortodoxo, o que tengo una visión un tanto "rara" de los libros para niños. Probablemente sea así, pero ¿saben qué? Me da igual. A día de hoy, este es uno de los poquísimos blogs que no están gobernados por los intereses de las instituciones, ni de la industria, ni por los ismos imperantes, ni por esa maternidad exhibicionista que tan flaco favor nos hace. A pesar de que me tachen de esto o lo otro y de que me cuelguen todo tipo de etiquetas, he conseguido dar visibilidad a un universo minoritario, el de la Literatura Infantil, de una manera diferente. Queridos monstruos, como tantas veces he dicho en artículos sobre educar la mirada en la lectura, leer en vez de mediar, el escaso reconocimiento del mediadorla tendenciosidad en las reseñas, el uso de Instagram en la mediación, el papel de los booktubers o el postureo lector, OTRO FOMENTO LECTOR ES POSIBLE.
Aquí no se parafrasean las fichas técnicas de las editoriales, tampoco se hacen reseñas ad hoc, ni se ensalzan los libros de cuatro amiguetes, ni pretendo que este sea un espacio académico, inaccesible ni solemne. Aquí hay libres interpretaciones, pensamientos al tuntún, relaciones de esto con aquello y de aquello con esto. Aquí estamos yo y mis libros. Los que me inspiran, los que me hablan, los que me laceran, los que me sanan, los que me devuelven el reflejo, los que me enervan y los que me hacen partirme de la risa.
Tampoco quiero ir de sobrado por la vida y si alguna vez creen que siento cátedra, es simplemente porque no me ven la cara (detrás de esta pantalla hay una sonrisa para quitarle hierro a cualquier asunto, algo que saben los que me conocen en persona). Me disgusta pensar que mi irreverencia se traduce no pocas veces en falta de respeto. Aunque no soy complaciente, tampoco me chifla señalar y menospreciar a quienes, por unos motivos u otros, no ven los libros de la misma manera que yo, cosa que abunda en este medio, no sé si por puro exhibicionismo intelectual o mero egocentrismo mediático.
Solo quiero que entiendan que la literatura es algo más que un montón de hojas cosidas. Y si alguna vez parezco pretencioso, les pido disculpas de antemano. Esa no es mi intención. No tengo que luchar por un sillón que lleve el nombre de una letra del abecedario, ni soy dueño de una editorial, ni sobrevivo gracias a la caridad institucional. Mi único objetivo es darle un poco de brío a los libros para críos desde diferentes perspectivas, que les pique la curiosidad por la lectura, y si es con una mirada poco habitual y ese humor tan ácido que La Mancha me ha dado, mejor.
Por otro lado, es cierto que el tiempo pasa, las fuerzas flaquean y todo cambia, sobre todo en las redes sociales, unas que, exceptuando el perfil de Instagram, no están tan activas como acostumbraban. No obstante espero meter un poco de fuelle y celebrar, al menos, otro millón de visitas.
Por el momento solo me queda enviarles de vuelta otros dos millones de gracias porque sin todos ustedes esta casa no hubiera crecido tanto. Un gran abrazo a los que vinieron, los que están y los que llegarán.

domingo, 25 de abril de 2021

Neolenguas, compromiso y clases medias: una breve radiografía de las reseñas literarias actuales


Mural del colectivo Pawn Works en un muro del barrio de Pilsen, en Chicago.

Tras un Día del Libro no muy sonado a causa de los daños pandémicos y esa crisis económica que se cierne sobre nosotros, toca hablar de las reseñas que circulan por todo tipo de plataformas.
No voy a decir que mis reseñas sean lo más de lo más, de hecho, ya me gustaría a mí tener el suficiente tiempo para profundizar como dios manda en los libros, a base de lecturas académicas y puntos de vista más especializados. Sí, lo reconozco, a veces me voy por las ramas, pero al menos pongo el ojo donde toca o me apetece, que ya es bastante.
Tampoco diré que soy el único, pues todavía queda gente seria en esto de la Literatura (infantil en mi caso) que se preocupa por aportar cierto rigor a las lecturas, conectar unas con otras, ver más allá del argumento y sugerir interpretaciones discursivas desde los aledaños. Mi aplauso hacia su trabajo.
Lo que sí voy a decir es que hay otro gran, por no decir enorme, grupo de reseñadores que cada vez me ponen más enfermo. Y no es que sean más o menos guapos, tampoco tiene que ver con el tipo de literatura que recomiendan (para gustos, los colores) o que sus fotos tengan mejor o peor calidad. Tiene que ver con su manera de aupar un libro, de entregarlo a sus posibles lectores.


Mural de Frenemy (aka Kristopher Kotcher) en Jaffa, Israel.

En primer lugar exhiben unas tremendas carencias lingüísticas. Y no me voy a poner pejiguero con tildes, comas, cohesión sintáctica o tiempos verbales (que yo también la cago). Simplemente son incapaces de explicar las razones que les llevan a recomendar un libro. Sus deficiencias son tan grandes en esto de la expresión escrita, que el abanico de adjetivos se limita a seis vocablos: “guay”, “chulo”, "genial" “espectacular”, “impresionante” y “brutal”. Si bien es cierto que delimitan muy bien sus parcelas de satisfacción, no aportan nada más al posible lector (aparte del típico copy-paste de la presentación editorial..., que esa es otra...). Y si nos ponemos a hablar de las jergas neolingüistas, pa' qué más... ¡Parece mentira que lean tanto! Resumiendo: cualquier alumno de sexto de primaria lo haría mejor. 


Mural de Douglas Rouse (aka Douglas 66) para la librería Poor Richard's en Colorado Springs.

Seguimos con el compromiso, más todavía si hablamos de Literatura Infantil… Si no teníamos bastante con emocionarios o libros de valores, ha llegado el momento de los ismos. Y no es que la literatura deba ser aséptica, pero tampoco convertirse en el refugio de todas las tendencias que pongan de moda nuestros políticos y gurús personales. Feminismo, racismo, ecologismo, veganismo… Parece ser que, últimamente, si compramos cualquier libro, este debe ser susceptible de constituir un manual inmejorable con el que salvar a la humanidad, de ser útil para el lector; hacernos mejores personas y vivir comprometidos con nuestros preceptos ideológicos o sociales... ¿Qué rollo, no? No hay que orientar todos los libros hacia la salvación eterna, que para eso ya hay religiones. Un poco de personalidad, melones. Hay que darle la vuelta a la tortilla, desterrar los tabúes, divertirse y leer porque sí. Me hastía tanto libro por un mundo mejor.


Mural de Levalet en Francia.

Por último me pregunto: ¿Por qué todas estas reseñas parecen destinadas al mismo tipo de público (Léase "personas caucásicas con un nivel cultural medio y cierto poder adquisitivo")? ¿Acaso otros no leen? Seguramente sí, pero damos por hecho que no. O simplemente es que no sabemos que leen. Es por ello que animo a todo el lumpen, las clases bajas y obreras, los pijos de la calle Serrano y a los maestros de los colegios de élite, a dar su visión sobre la lectura, a que den vuelo a sus gustos e interpretaciones. Parece ser que la lectura nos interesa exclusivamente a la clase media. ¿Solo leemos los funcionarios, los médicos, los docentes y algún yuppie? Como mediadores de lectura necesitamos dirigir nuestra opinión a cualquiera, un término que incluye a los temporeros, las cajeras del supermercado, los CEO de las multinacionales o los aristócratas. La lectura, como el comer y el dormir, debe alcanzar a todos los que construimos la sociedad, no solo a una franja de sus estamentos.


Mural de Tinho (Walter Nomura) en Frankfort.

Y sí, quizá todo se deba a un mundo que gira muy rápido, a la costumbre de ser lo más breves y sintéticos posible, a que muchos no leen ni siquiera los libros que publicitan (que eso es lo que hacen), o a la falta de formación en un área que se presupone puede hacer cualquiera (me gusta o no me gusta, ¿he ahí la mediación lectora?), pero por favor, como mínimo, hablen de sus impresiones personales, no quieran hacerse los salvadores y diríjanse a todo quisqui. Algunos se lo agradeceremos. ¡Que recomendar un libro es una cosa muy seria, odo!


Mural de Marcin “Barys” Barjasz, en Lódź, Polonia.

sábado, 23 de mayo de 2020

El futuro del libro-infantil en tiempos de coronavirus. Perspectivas e ideas.



El aquí firmante inauguró el pasado sábado "Cafe con monstruos", una sección de InstagramTV que incluye charlas, conversaciones, presentaciones y temas curiosos de la LIJ en formato vídeo. El tema elegido para la ocasión fue EL FUTURO DEL LIBRO INFANTIL EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS. PERSPECTIVAS E IDEAS, una charla que, aunque todavía pueden ver (sólo estarán disponibles por un tiempo), he transcrito a este blog, mi  cuaderno de bitácora y espacio de referencia, para el uso y disfrute de todos aquellos que todavía no estén en dicha red social. Espero que lo disfruten y compartan, y de paso se suscriban a nuestro espacio de Instagram.

*    *    *

Teniendo en cuenta que la crisis de CoVID-19 no sólo es de carácter sanitario, sino que está alterando otro tipo de contextos, es necesario plantearse cómo va a afectar al entorno del libro infantil, uno que nos interesa a los monstruos. Les aviso que seré bastante concreto en mis planteamientos, sobre todo porque el panorama es muy complejo y esto no pretende ser una tesis doctoral, simplemente un pequeño esbozo de cómo un servidor ve el futuro del libro infantil a corto-medio plazo.



En primer lugar debemos plantearnos la durabilidad de esta situación excepcional, ya que las medidas a adoptar dependen en gran medida de cuánto vaya a prolongarse en el tiempo. Todos los indicios llevan a pensar que, como mínimo, pasaremos el resto del año bajo los efectos de esta pandemia, que incluso puede extenderse con toda probabilidad hasta el 2021, un lapso de tiempo considerable en el que la cadena del libro se va a ver afectada queramos o no, y que dichos efectos permanecerán en la sociedad más allá de la esperada vacuna.
En segundo lugar me pregunto “¿Y cuáles van a ser los efectos adversos del coronavirus sobre el ecosistema de los libros infantiles?” Para responder esta pregunta debemos considerar tres nuevas pautas comportamentales:
1) el distanciamiento social, uno que va a hacer mella sobre el carácter social del libro (venta directa y actividades grupales,
2) los límites de la manipulación, algo que tiene sus consecuencias sobre el uso de cualquier objeto como es el libro (préstamo de libros, ojear en librerías, etc.), y
3) el tiempo de permanencia en lugares públicos como librerías y bibliotecas.
A pesar de estas desventajas, hay que considerar otros efectos colaterales positivos, nuevos resquicios por los que el libro puede colarse en nuestras vidas y que no pueden ser desechados por la cadena del libro. Destaco dos: el aumento del tiempo dedicado al ocio dentro de los hogares por parte de los pequeños lectores, y una educación que se vislumbra semipresencial y que necesitará de nuevas herramientas de tipo autónomo para el alumnado (¡Bienvenidos libros informativos!).



Teniendo en cuenta que en la cadena del libro participan una serie de eslabones que, aunque articulados, desempeñan diferentes papeles y tienen intereses muy variopintos, prestaré atención a cada uno de ellos por separado.
Si de unos años a esta parte son muchos los nuevos autores que han entrado a formar parte de la cadena del libro, durante los próximos meses/años veremos cómo ese número de autores noveles disminuirá considerablemente, no sólo porque la producción descenderá (a menor demanda, menor producción), sino porque las editoriales se arriesgarán menos y optarán por salvar las ventas con autores más conocidos, más rentables y más visibles (NOTA: Precisamente eso, la visibilidad, será una baza inmejorable para todos aquellos autores que también participen activamente de la mediación, algo de lo que hablaremos a posteriori).
Por ello, los autores menos conocidos o menos comerciales deberán optar por nuevos canales de producción y venta, entre los que no hay que descartar la autoedición, ya que es un modelo menos clásico, más abierto y más dirigido.
Por otro lado y atendiendo a la economía, el principal consejo monetario que doy a escritores e ilustradores es que deben exigir el cobro del anticipo de los royalties de manera completa ya que el modelo de postventa no está asegurado por la contracción del negocio.



En lo que a editoriales se refiere hay bastantes cosas que decir. La primera es que teniendo en cuenta la disminución de las ventas hay que replantearse los modelos clásicos de producción como el de las temporadas de novedades… Antes de que el coronavirus irrumpiera en nuestras vidas, ya éramos muchos los que no veíamos claro un modelo productivo que está atestando las librerías de títulos que tienen una vida efímera en el mercado. Con esto de la pandemia, son muchos los editores que se han sumado a esta masa crítica y han decidido no publicar (tantas) novedades por el momento, no sólo porque la disminución del consumo repercute sobre la rentabilidad del negocio y pone más en riesgo el ecosistema del libro (véanse también distribuidores y librerías), sino porque supone una pérdida de capital intelectual (el libro que cae en el olvido y la desidia, es difícil de recuperar). Por otro lado no debemos olvidar que toda editorial tiene un fondo, un catálogo al que hay que dar visibilidad, sacarle jugo a montones de libros que caen en el olvido, y que tienen el mismo valor que otros recién sacados del horno. Consideren esta buena baza para la temporada veraniega.
También hay que hablar de la modernización de los recursos on-line, así como de las redes sociales… Si bien es cierto que bastantes editoriales infantiles tienen páginas web aceptables, otra buena tanda tienen websites que son una birria (si tienen interés por conocer a qué grupo pertenecen pueden escribirme por privado), y ocurre más de lo mismo con el e-commerce. Teniendo en cuenta que todo lo relacionado con internet va a ser crucial en esta crisis, ¿por qué no actualizarse? Es cierto que a corto plazo supone una inversión más, pero una página web está operativa durante muchos años y a largo plazo ayuda al posicionamiento de la editorial en el mercado.
Sobre las redes sociales tengo muchísimo que reprochar, pues son muy pocas las editoriales de LIJ que han apostado por afianzar su presencia en redes como Instagram y Twitter durante el confinamiento, cosa que, teniendo en cuenta el gran papel que han desempeñado durante la primera fase de la crisis, es una absoluta torpeza.  Las editoriales del libro infantil deben estar en las redes sociales SÍ O SÍ, y la que no, lo pasará bastante mal.
Asimismo el sector editorial debe tener en cuenta una serie de cuestiones como el estudio de nuevos canales de venta, nuevos productos dirigidos a un nuevo público, y el valorar nuevos formatos como el e-book en lo que a narrativa y álbum informativo se refiere.



Aunque le llega el turno a los distribuidores, quizá los más perjudicados junto con los libreros, en esta crisis del coronavirus, poco puedo decir ya que desconozco bastante los entresijos de la profesión. Lo único, señalar que, teniendo en cuenta su modelo de negocio basado en la deuda-crédito, se verán bastante afectados, ya que al depender del resto de agentes de la cadena (es lo que le pasa a todos los intermediarios) tienen una estasis mucho menor.



Pasamos así a las librerías, unos negocios que también van a sufrir mucho durante esta crisis (sobre todo las físicas, porque las librerías on-line ya convivían con su virtualidad), no sólo como puntos de venta directos del libro, sino como espacios de intercambio cultural. Aunque hemos visto que durante el confinamiento muchas de ellas han desarrollado nuevas estrategias de venta como el cheque-regalo, las tarjetas prepago o los libros a ciegas, también deben considerar nuevas formas de venta. No creo que todo deba ser dirigido al e-commerce (piensen en su radio de acción y en la rentabilidad, porque a veces trae más cuenta contratar un repartidor por horas en bicicleta), pero hay ideas que merece la pena sopesar.
Sobre los cuentacuentos, los talleres para pequeños y grandes, los clubes de lectura o las presentaciones de libros, deben empezar a pensar en las redes sociales y en las plataformas de formación on-line. Hoy por hoy son las únicas alternativas, no sólo para dar a conocer un fondo que necesita consumidores, sino para seguir aupando la mediación lectora y el papel cultural de las librerías que muchos clientes agradecerán cuando todo esto pase.



En penúltimo lugar tenemos a los mediadores de lectura, los grandes protagonistas durante el confinamiento. A pesar de las polémicas en torno a las lecturas en la red y el feed-back cultural, ha quedado claro que la compra de libros es una consecuencia y no un fin en sí mismo, algo que muchos ya estábamos constatando desde hace años, pues gran parte del consumo de libros infantiles que se realiza en nuestro país se debe a la labor de los prescriptores y mediadores de lectura. Si las redes no hubieran bullido de enteraos y especialistas contando cuentos, presentándolos y dándolos a conocer, muchos libros seguirían en los almacenes de distribución. Esto es algo que deben considerar autores, editores, distribuidores y libreros, pues primero, el libro como objeto ha sido devaluado y muchos consumidores potenciales no podrán acceder a ellos, ni ojearlos, ni manipularlos para decidir qué lecturas les convienen, y segundo, no todo el mundo tiene visibilidad, ni buen criterio, ni capacidad de comunicar.



Para terminar y prescindiendo de unos lectores que podrían decir mucho pero que lamentablemente no consumen aunque lean, solo me queda mencionar a los políticos, unos con los que básicamente yo opto por ignorar, justificándome para ello en un pequeño chiste norteamericano que me contó el otro día Ricardo, un seguidor francés, y que dice así:
Un día, un florista fue a un barbero para cortarse el pelo. Al terminar, el florista pidió la cuenta y el barbero respondió: "Es gratis porque durante toda la semana presto servicios a la comunidad". El florista quedó satisfecho y salió de la tienda.
Cuando el barbero fue a abrir su negocio a la mañana siguiente, encontró una tarjeta de agradecimiento y una docena de rosas esperando en la puerta.
Ese mismo día, acudió un policía a cortarse el pelo, y cuando llegó la hora de pagar, el barbero respondió nuevamente que no podía aceptar su dinero porque esa semana hacía servicio comunitario. Así que el policía se marchó muy contento.
A la mañana siguiente, cuando el barbero fue a abrir, había una tarjeta de agradecimiento y una docena de donuts esperándolo en su puerta.
Un poco más tarde, un político entró para que le cortaran el cabello, y cuando fue a pagar su la cuenta, el barbero respondió nuevamente: “No puedo aceptar su dinero ya que estoy prestando servicio comunitario esta semana". Y el congresista salió muy contento de la tienda.
A la mañana siguiente, cuando el barbero fue a abrir, había una docena de políticos haciendo cola en la puerta esperando un corte de pelo gratis.



Todas las imágenes que acompañan a este post pertenecen al espacio que los monstruos tenemos en Instagram y que pueden visitar AQUÍ

lunes, 20 de abril de 2020

Mediadores de lectura en huelga



Durante las últimas semanas y tras la publicación de ESTE POST que levantó alguna que otra ampolla, me han venido a la mente muchas cosas... Los comentarios de la siempre acertada Isabel Benito y sus Lecturas Compartidas, el cierre motu proprio de la cuenta de Belén Santiago (más de veinticinco mil seguidores y un muy buen criterio que se fueron al traste por aburrimiento), y la decisión que ha llevado a algunos a dejar de leer/contar cuentos desde las redes sociales por lo inoperativo de pedir permisos y lo frustrante de recibir negativas, me ha llevado a pensar en el papel que desempeñamos los mediadores de lectura y el trato que recibimos por parte del resto de actores de la cadena del libro, más todavía cuando se acerca un Día del Libro atípico en el que tendremos mucho que decir.
Todavía no sé muy bien cuánto habrá que agradecerle al coronavirus, pero si algo me ha quedado claro tras las horas que he invertido en las redes sociales es que los mediadores de lectura somos muy necesarios. Ahora bien, hay que plantearse una cuestión: “¿Quiénes nos necesitan?” En primer lugar nos necesita el libro, pues la literatura, sea del origen que sea , siempre necesita una buena carta de presentación, buenas razones por las que subsistir entre los hombres. En segundo lugar nos necesita el público, los lectores reales y potenciales que nos utilizan a modo de brújula, de linterna en mitad de ese bosque. Para elegir, para entender, para interpretar, para contar con opiniones diferentes y para comprender las relaciones complejas que subyacen a la vida y la lectura. Y en tercer lugar la industria, un tejido muy articulado que necesita continuar su labor para generar ganancias y riqueza monetaria y, a veces, hasta intelectual.
Si bien es cierto que, tanto mediadores de lectura, como lectores tenemos este papel bastante claro (el libro siempre habla y otorga), no creo que suceda lo mismo por parte de la industria del libro. Una idea que entresaco de la falta de reconocimiento, las trabas y diatribas que nos presentan a diario, y el escasísimo feed-back que exhibe. Y ahora dirán “Pero Román, que yo mando ejemplares a casi todos los mediadores…” Y yo respondo “¡Estaría bonico que no los mandaras! ¡Qué menos! Teniendo en cuenta que, aparte de potenciar la lectura, ofrecen visibilidad a uno de tus productos..., ¡sería muy poco gentil!” 
No obstante, aparte de ejemplares y cortesías que cada uno ofrece a quien le da la gana, está el reconocimiento de un trabajo no tipificado (como el de ama de casa, el mejor de los símiles) que conlleva mucho tiempo y esfuerzo (a ver si se creen que tengo un negro escribiendo estas parrafadas). Y cuando, por ejemplo, un servidor habla de un libro como si fuera suyo y observa que quien lo ha escrito, ilustrado o editado opta por el silencio y/o no comparte el amor por ese título (y no digo la opinión, porque puede haber disparidades), envía un mensaje muy poco acertado sobre su propia obra, tanto al mediador, como al público.
Pueden discrepar en las selecciones y formas de presentar los libros –eso sería otra historia que daría para un extenso post como bien dice Susana Encinas- pero hay que agradecer que un desconocido se fije en tus libros y además lo diga públicamente de una forma o de otra. Qué mínimo que sentirte agradecido… Pues no. A algunos, les cuesta horrores.
En otro apartado entra la remuneración económica. Conozco muy pocos mediadores de lectura que vivan exclusivamente de esta tarea no tipificada, repito. En primer lugar porque está infravalorada (como aquí todo quisqui sabe hablar de libros, contarlos o desarrollar actividades sobre ellos... ¡Da igual! ¡Ya saldrá otro! Se ve que “A rey muerto, rey puesto”) y en segundo lugar porque muchos agentes de la cadena del libro no contribuyen a este reconocimiento (Se lo digo yo, que llevo años en esto). Quizá deberíamos plantearnos el poner precio a nuestro trabajo, aunque sea de manera simbólica, y revalorizar así una labor que no todo el mundo hace adecuadamente.
Además y respecto al punto anterior, es curioso cómo, en algunas ocasiones, esos otros eslabones de la cadena del libro se creen con el derecho a exigir y pedir explicaciones sobre nuestras apreciaciones, e incluso solicitar cambios y rectificaciones de las mismas. No facilitan la tarea o la impiden (véase la campaña #déjanosvivirdelcuento, autores de renombre internacional que andan sobre las aguas, o los grandísimos grupos editoriales). Esto me suena a caciquismo y a una sesgada complacencia, situaciones que, alejándose de la libertad de expresión y el fomento de la lectura no reglada, llevan a pensar en la explotación, pues hasta donde yo sé, muchos no ganamos ni un duro de manera directa por las opiniones vertidas en blogs y redes sociales. Se puede colaborar y sugerir, pero nunca imponer.
Por último hablar de un punto que se nos olvida: el altruismo. La figura del mediador de lectura se ha adscrito tradicionalmente a tres tipos de perfiles (puede haber otros, evidentemente) que son libreros, bibliotecarios y docentes, un tipo de perfil que todavía hoy y a pesar de la gran diversificación que han traído las redes sociales, siguen vigentes, pero no todos siguen en mismo modus operandi, Mientras que bibliotecarios y docentes exhiben un perfil más desinteresado y divulgador, sobre los libreros pesa cierto fundamento económico. Con ello no quiero decir que no existan libreros apasionados comprometidos con lecturas y lectores, pero sí que lectura y lectores forman parte de un modo de vida que inevitablemente repercute sobre la labor de mediación y la independencia. Algo que también sucede con editores y autores que hacen las veces de mediadores.
Como colofón final decirles que sí, que somos una voz imprescindible, algo por lo que hoy, en vísperas de la celebración lectora por antonomasia, he decido alzar la mía que, además de necesaria como me apuntaría Diana Sanchís en una ocasión, quizá también sea más visible que la de otros buenos mediadores de lectura como los que, por ejemplo, he mencionado en esta pequeña defensa, y dar este necesario punto de vista a un sector que necesita reconsiderar la figura del mediador.
Les dejo así imaginando un escenario más distópico todavía del que vivimos. Uno en el que los mediadores de lectura se declararían en huelga dejando de lado a los libros. Imaginen por ahora, siempre hay tiempo para la realidad.

jueves, 10 de mayo de 2018

Instagram y la mediación lectora. Una selección de bookstagramers.



El pasado sábado se celebraron las V Jornadas sobre Bibliotecas Escolares y Planes de Lectura de Albacete, un encuentro entre los docentes que nos dedicamos a promover esto de la lectura en niños y jóvenes, promovido por el Grupo Colaborativo de Bibliotecas Escolares de la provincia de Albacete y secundado por el Centro Regional del Profesorado de Castilla-La Mancha. Acompañados por bastantes bibliotecarios municipales y dos excelentes ponentes, Ana Garralón y Pep Bruno, además de aprender unos de otros, más de ochenta colegas de profesión pasamos el día compartiendo experiencias y puntos de vista sobre el verbo leer.
Como sé que muchos de ustedes se han interesado por todo lo que allí se habló (les aseguró que algunas propuestas de trabajo fueron muy interesantes) y no sé hasta qué punto dichas comunicaciones estarán disponibles o no, me he decidido a traer aquí la mía, una que llevaba por título Instragram o cómo atrapar lectores potenciales en la red social de moda. Dándole un par de vueltas y teniendo en cuenta que aquí no tengo límite temporal, la he re-estructurado en dos partes para facilitar su lectura y comprensión por esta vía.
Espero que la disfruten, les plantee preguntas y les sea útil, pero antes de entrar en harina me gustaría dar las gracias a José Manuel, Gela, Fuensanta y tantos otros que forman parte de esta conspiración albaceteña de mediadores de lectura y que han depositado su confianza en otros compañeros de profesión, como el monstruo aquí firmante, para compartir sus locuras con los libros.


Instagram, unas consideraciones orientadas a la mediación lectora

Instagram es la red social que más ha crecido en los últimos años. Con alrededor de ochocientos millones de perfiles activos a diario se perfila como una de las redes sociales con más proyección a la hora de aupar iniciativas, no sólo comerciales, sino también culturales. Si a ello unimos que la mayor parte de sus usuarios son jóvenes entre 15 y 35 años y que alrededor de un 20% de estos confiesan que es su red social favorita, no debemos desestimar este espacio de intercambio virtual como una herramienta para aupar el hábito lector entre aquellos estudiantes que la utilizan de manera directa.
De entre todas las características intrínsecas de esta red social, sus usuarios destacan sobre todo la positividad del formato, en contra de lo que ofrecen otras redes sociales como Facebook o Twitter, donde la forma de desarrollar los contenidos es menos directa, los contenidos no son del interés de esta franja de edad, y el mensaje final se adscribe a otras esferas donde abunda la impostura. Estemos de acuerdo o no, debemos considerar que esta percepción del usuario puede facilitar una relación igualmente positiva con los contenidos que alberga esta red social, por lo que deberíamos considerar una prioridad que los libros y la lectura estén presentes en ella y circunscribirlos a uno de los entornos comunicativos en boga. Si a ello añadimos que el vínculo que los lectores establecen con los libros tiene un gran componente emocional, sería interesante utilizar estas sinergias a la hora de aupar la relación de estas generaciones con el acto lector.
En segundo lugar debemos de tener en cuenta que Instagram está ideado para uno de los soportes con los que más interactuamos diariamente, el teléfono móvil (N.B.: Tanto es así que las imágenes y vídeos pierden calidad al visionarlos en otros como la tablet o el ordenador), y por tanto es una de las redes sociales más visitadas hoy día, algo que sigue ayudando en la interacción de los usuarios con los contenidos de la misma.


A estas dos premisas hay que unir una tercera que considera que la forma de relacionarse de nuestros alumnos pasa inevitablemente por las tecnologías de la información y la comunicación, el teclado o la interfaz de usuario. Son nativos digitales, se desenvuelven perfectamente en el mundo de internet, de los buscadores o el software (realidad que tenemos que asimilar aquellos que no lo somos). Esto ha servido para que muchos autores como Felipe ZayasJosé Rovira Collado, consideren que el uso de las nuevas tecnologías sea un arma eficaz para adquirir destrezas de lectura, así como incide positivamente sobre otras estrategias de mediación lectora, como por ejemplo los clubes de lectura.
Por último llamo su atención sobre el hecho de que niños y jóvenes se hallan inmersos en las redes sociales desde muy jóvenes. Y son esos espacios virtuales que utilizan para comunicarse entre sí y con parte del mundo que les rodea, esos lugares de intercambio habitados por gente variopinta, los que podrían formar parte del acto lector social o comunitario al que se han referido estudiosos como Michèle Petit y sobre el que se fundamenta lo colectivo de la literatura, una experiencia que puede partir de lo coral.



En mitad de este panorama nacen los bookstagramers, jóvenes más o menos anónimos que, sin ser especialistas en mediación lectora, desarrollan diferentes estrategias que congregan a multitud de seguidores de corta edad en torno a los libros y sobre las que merece la pena detenerse, más todavía cuando estas iniciativas son mejor valoradas por el público lector potencial que las de otros perfiles profesionales o bitácoras, institucionales o personales, que cuentan con un gran número de seguidores en otros formatos y redes sociales pero no alcanzan notoriedad en esta.


A pesar de todos estos pros con los que supuestamente contarían estos bookstagramers, son muchos los sectores de la mediación lectora que no ven en ellos un acicate para la creación de nuevos lectores y mucho menos lectores competentes reales por diversas razones entre las que se cuentan:
- que la mayor parte de las sugerencias de lecturas se adscriben al universo paraliterario lo que supone dudas sobre su formación y compromiso literario,
- que quedan patentes intereses comerciales en muchos de ellos
- que se busca la trascendencia de lo efectista en detrimento de una experiencia estética,
- y que la palabra, ese invento sobre el que descansan lo literario y la lectura, queda relegada a un segundo plano en una red social en la que prima la imagen.
Si bien es cierto que no debemos obviar todos estos peros, también hay que hacer una llamada de atención sobre que, tanto los bookstagramers, como los booktubers, constituyen los mayores ejemplos conocidos de mediación lectora entre iguales, un tipo de mediación poco habitual ya que tradicionalmente en estos procesos ha primado el modelo intergeneracional. Es a través de ellos cómo el libro adquiere un carácter de vínculo entre multitud de jóvenes de diferentes procedencias, constituyendo así una comunidad en la que todos se sienten parte activa y donde pueden compartir una experiencia de lectura, un vínculo nada desdeñable teniendo en cuenta la gran capacidad de influencia que todos tienen sobre el resto a la hora de leer.


Tras desgranar este contexto y en lo que se refiere a perspectivas futuras sobre el papel de la mediación lectora en Instagram, podemos apuntar a tres conclusiones/líneas de trabajo:
a. Supone un reto para los mediadores de lectura formados lanzarse a estas plataformas digitales y aupar el objeto libro y sus visiones literarias desde una perspectiva profesional.
b. Igualmente se deberían fomentar aquellos perfiles que puedan contribuir a la pluralidad en lo que a sugerencia de lecturas se refiere, y por tanto empujar a los usuarios inmediatos hacia una educación literaria real y no a los clichés y convencionalismos que tanto abundan en esta red social.
c. Por último, sería deseable una mayor presencia de los profesionales de la mediación lectora en este tipo de foros para velar por la calidad de los contenidos y una diversidad de espacios adecuada a los lectores y otros mediadores, de manera que la literatura no se viera subyugada a otros intereses.



Buenos bookstagramers: características y selección

Teniendo en cuenta el contexto anterior y partiendo de mi propia experiencia con Instagram a partir de la cuenta que Donde Viven Los Monstruos LIJ tiene en esta red social @dondevivenlosmonstruosblog , he creído conveniente hacer una serie de consideraciones que les pueden servir como guía a la hora de seleccionar a bookstagramers cuya labor sea notable en pro de los libros y la lectura, ya que no todo consiste en colocar a tíos/as buenos/as con un libro en las manos haciéndose los interesantes (hay Instagram más allá de los it-boys/it-girls). He aquí algunas de las características en las que yo me detendría…



Contenidos generales

-Diversidad:
Es importante que, siguiendo la línea temática a la que se adhiera el perfil, se conjuguen diferentes tipos de contenidos que desarrollen un nexo común. Si mi perfil trata sobre LIJ es importante prestar atención a novedades y clásicos, a diferentes formatos como el libro-álbum, la novela, el cómic o el libro de conocimientos, presentaciones de libros, lugares comunes, etc. Es decir, constituir un espacio digital donde la diversidad de contenidos preste una función lúdica e informativa.

-Intertextualidad/Interdisciplinariedad:
Teniendo en cuenta los déficits con los que cuenta esta red social, urge buscar sinergias entre la literatura y el mundo que nos rodea a la hora de atrapar lectores. Poner en relevancia elementos visuales y textuales que tienen que ver con la literatura, buscar una contextualización que no sólo parta del aspecto estético, sino que abrace a la obra que presentamos o buscar detalles que puedan generar un debate, pueden ser armas más que interesantes.

-Interactividad:
Comentarios públicos o privados, invitados, sugerencias recíprocas, sorteos, retos, encuestas, peleas de gallos o emisiones en directo son puntos fuertes de esta red social por la que fluye la comunicación de una forma más instantánea que en otras, y que un buen bookstagramer debe usar en caso de necesidad (también es interesante no abusar) para interaccionar con el resto de personas que configuran su comunidad de seguidores.

-Regularidad/Inmediatez:
No debemos olvidar que estos lugares son bitácoras y que permiten estar al día, no sólo de novedades editoriales, sino de temas de actualidad literaria, celebraciones en torno a los libros, presentaciones y otras actividades, es por ello que mantener un ritmo constante de publicaciones y estar al tanto de lo que sucede, ayuda en un buen bookstagram.



Contenidos específicos

-Gráficos:
Por un lado tenemos las imágenes, que para mí, deben tener tres requisitos fundamentales: ser originales, creativas y estéticas (Nota: No debemos olvidar que Instagram nació como una red social para amantes de la fotografía y este punto es esencial). Si además de esto, se relaciona con el libro de alguna manera (no es una árida imagen publicitaria) y sugiere otros discursos, mejor que mejor. Los amantes de las literaturas gráficas sabemos que las imágenes pueden decir muchas cosas por sí solas, y en la mano del bookstagramer está el buscar detalles, coincidencias, inspiración, curiosidades o incluso erratas que den valor a la obra sobre la que se habla. En algunos casos efectistas, en otros con menos fuegos de artificio, pero el caso es llamar la atención de los seguidores sobre esa imagen y presentar la obra de un nuevo modo, sin pasar desapercibida.
Por otro lado tenemos los vídeos en los que, además de las características anteriores, yo añadiría la de ser sintéticos (existe la limitación temporal en los de la bandeja de entrada) y estar bien editados.

-Textuales:
Reseñas, resúmenes, citas,  referencias bibliográficas, datos de interés, contenidos relacionados con la imagen, opiniones, enlaces y hashtags, son detalles que no se le pueden escapar a un buen bookstagram, más todavía cuando lo que intentamos inculcar es el gusto por la palabra, por la lectura, y de esta manera también aupamos la lectura instrumental a través de hipertextos.


Y teniendo en cuenta estas premisas (siento no tener tiempo para un análisis más exhaustivo y objetivo), llego a unos cuantos bookstagramers que, aunque no recojan todas ellas en cada uno de sus perfiles, pueden ejemplificar varias y sirven como orientativos a la hora de seleccionar/recomendar un bookstagram aceptable. Animándoles a seguirlos y de activar las notificaciones para cada uno de ellos (incluido el mío, jejeje), les dejo con mi selección particular donde abundan -¡cómo no!- los dedicados a la literatura Infantil y Juvenil.


Parejas de buenas lecturas y helados con buen criterio.


Guardas, tapas y camisas de álbumes con mucho que decir.


Estanterías y librerías a rebosar de libros.


Una bitácora excelente de libros para niños y gente que gusta de serlo


Buenas lecturas teatralizadas e interpretadas en imágenes


Canal de YouTube en portugués sobre LIJ con un gusto exquisito


Presentación de álbumes ilustrados del mundo anglosajón actuales desde Australia


Librería argentina especializada en LIJ con un instagram más que interesante.


Sugerencias de lectura de gente como tú y yo desde los andenes de metro de Nueva York, Londres, Ciudad de México y El Cairo.


 Clásicos desde Corea en bellas atmósferas


Presentaciones de libros coloristas sin objetividad (que también es un criterio).


Fantásticas propuestas con mucha relación con los álbumes y la ilustración infantil


Desde Sau Paulo con muchas propuestas de álbum ilustrado


Literatura infantil y álbumes de todo tipo con buena selección en portugués


Todas las imágenes y vídeos que acompañan a este artículo, exceptuando las capturas de pantalla de los diferentes perfiles que se han seleccionado, pertenecen a @dondevivenlosmonstruosblog / Román Belmonte.