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viernes, 9 de octubre de 2026

Juntos


Como un servidor no tiene problemas para socializar, se piensa que esto de andar con unos y con otros se puede hacer extensivo a todo quisqui. Pero no. Cada vez doy con más y más gente que se le figura cuesta arriba relacionarse con otras personas, hacer nuevas amistades o tener un grupo de conocidos con los que tomarse una cerveza, ir al cine o disfrutar de la geografía española.
Si bien es cierto que las redes sociales nos han abierto un universo de posibilidades infinitas, también lo es que nos han aislado de nuestros iguales. Poco a poco se ha ido asentando la idea de que estamos hiperconectados, cuando la realidad es que hemos dejado de conocer a quienes tenemos al lado.


Nos aferramos al chisme y la idealización de sus vidas a cuenta del postureo, pero, sin embargo, menospreciamos los momentos de intimidad. Opinar, reír, elogiar o llorar se han convertido en verbos públicos que nos despojan de lo humano para construir un mundo de ficción que se deshumaniza a base de “likes”.
Sobrealimentamos el yo y nos olvidamos del tú. Famélico, deslavazado, opaco, inerte. ¿Dónde quedaron los días en los que nos sentíamos parte indisoluble de los demás? Probablemente haya que regresar e ese tú y yo, al yo y tú que aparcamos en pro del exiguo cariño que rezuman las pantallas de los móviles.

Yo escalo
    los silencios
Tú corres
    por la arena
Yo sueño
    sin soñarte
Tú pintas
    la belleza
Yo juego
    con la luna
Tú juegas
    con las piedras
Yo busco
    la dulzura
Tú buscas
    las sirenas
Yo escapo
    de los miedos
Tú cuentas
    las estrellas
Yo planto
    algunas flores
Tú inventas
    risas nuevas

***

Mis días
son de colores
y los tuyos
son de mar.
Yo sueño con tus veleros
y tú quieres navegar.
Navegar por esos mares,
esos mares de cristal
que tienen olas de seda
que no dejan de saltar.
Tú me sueñas.
Yo te sueño.
Los dos soñamos igual.
Soñamos que estamos juntos,
felices en alta mar.

Antonio García Teijeiro.
Yo y tú / Tú y yo y Sueños
En: Cuentos y poemas para un año cualquiera.
Junto a Jordi Sierra y Fabra.
Ilustraciones de Marta Antelo.
2026. Piccassent (Valencia): Andana.

miércoles, 9 de enero de 2013

¿Diseñando o escribiendo?



De regreso a las responsabilidades laborales y continuando con mi tarea de recién estrenado “bibliotecario”, he creído apropiado hablar hoy de uno de los libros con más éxito entre los estudiantes de mi centro, Campos de fresas (SM), de Jordi Sierra i Fabra… ¡A destripar se ha dicho!
Sorprendido por la acogida de este libro entre los lectores adolescentes, me topé con él durante la puesta a punto de la biblioteca escolar, y lo llevé conmigo a casa para leerlo (o al menos intentarlo… con un libro nunca se sabe: hay que arriesgarse).
Sacando ratos de la apretada agenda navideña, fui consumiéndolo hasta el final y, sinceramente, me ha parecido un bodrio de siete pares de narices. Siento ser tan agreste en mis aseveraciones, pero me sentí, no sólo decepcionado, sino un poco estafado… Era la primera novela que leía de este autor (lo que no quiere decir que deseche todas sus creaciones… seguiré leyendo…, el de Kafka y la muñeca viajera me llama la atención) y más que literatura, me pareció paraliteratura: un argumento muy recurrente (ya sabemos que drogas, sexo y música tecno, son los pilares de la cultura juvenil de hoy día, pero un poquito de imaginación no nos vendría mal a la hora de hacerles leer), un desarrollo la mar de lacrimógeno (esos monólogos entre la vida y la muerte tan ñoños y con excesiva moralina, esa tensión dulzona de telefilme vespertino, me hacían sufrir hasta cotas insospechadas) y el cantadísimo final (tengo que confesar que ciertas vueltas de tuerca, ciertas estrategias literarias, me animaban a continuar, pero rápidamente volvía a un estado anímico soporífero), me han llevado a pensar que es una novela, más que narrada, diseñada. Me parece otro producto más dirigido a lectores muy poco formados que, aunque entretiene y tira de competencia lingüística, pone en evidencia las mañas de un prolífico autor, más de nueve millones de libros vendidos y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, si mal no recuerdo. Por hacer un símil sencillo, diría que Campos de fresas es a la literatura juvenil española, lo que Rihanna a la música pop actual, a lo que yo pregunto: si lo uno se lee y lo otro se baila, ¿tendrán alguna cultura los hombres del mañana? Si no es así, al menos sabrán de los efectos de las drogas de diseño, que bien vale una vida…