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martes, 17 de octubre de 2017

Libritos del pasado que regresan al presente


Los libros tienen una magia especial, no sólo para aquellos a los que nos gusta leer, sino para todos los mortales en general. Desde su concepción de objeto y dejando a un lado la parte más técnica (si quieren saber más de todo esto les recomiendo ESTE POST sobre el libro-álbum como objeto) para centrarnos en la mas emocional, tiene el libro la capacidad de retrotraernos al pasado, de hacernos mirar hacia el futuro, de recordarnos amigos ya olvidados, amores de juventud, viajes y otros muchos nudos vitales. Como muestra, el botón de hoy...


Andaba yo hurgando entre las estanterías de cierta librería madrileña (los monstruos tenemos mucho que ver con tejones y mapaches) cuando de repente me topé con dos libritos, de esos que te caben en la mano, de los que un niño puede pasar las páginas y no parecer torpe y desmanotado. Con su tapa dura, su sobrecubierta, ilustrados. Bonitos, bonitos, oiga. Al principio no los reconocí, pero empecé a darle al coco y me fueron resultando familiares. “Si yo juraría que este anda por alguno de mis estantes... Pero, ¿se titulaba así?”... ¿Y este otro? Me da en la nariz que lo leí en mis primeros años de escuela...” Fui a casa y continué hurgando y, efectivamente, allí estaban, vivitos y coleando.



El primero de ellos era Juanito Diminuto, un libro de Wilhelm Busch (sí, sí, el autor de Max y Moritz) que, aunque editado en 2014 por la editorial madrileña Reino de Cordelia que tantísimos buenos trabajos nos está trayendo durante los últimos años, para mí se titulaba Chiquito ya la edición con la que cuento es la de la Biblioteca Infantil de RTVE / Marpol (luego, leyendo el prólogo de la nueva edición, constate que los editores de Reino de Cordelia, también conservaban un ejemplar), una colección que recogía algunos de los libros mencionados en los contenidos del programa “Un globo, dos globos, tres globos” que se emitía en los ochenta en los canales de la televisión pública y que fue traducida por María Puncel con dicho título. Es un libro hermoso, con los grabados originales del artista que narran las peripecias (rimadas) de un niño diminuto que vienen a inspirarse en las de la Pulgarcita de Andersen. Una delicia, vamos.



Placa conmemorativa sita en el número 8 de la Calle Arenal de Madrid.

El segundo era Ratón Pérez por el padre Luís Coloma e ilustrado por la mano de George Howard Vyse, una historia que ha sido reeditada por la catalana Biblok en su colección Neverland. Esta narración que data de 1911 es una de las más olvidadas del ideario literario infantil español, ya que poco ha trascendido desde entonces a pesar de ser un ejemplo histórico de este tipo de literatura en nuestro país. Este cuento nació como un encargo que la corte española realizó al citado jesuita andaluz -autor también de otros cuentos para niños como Ajajú o Periquillo sin miedo- para agradar al por entonces príncipe Alfonsito o Buby (que era como la Reina Doña María Cristina llamaba al que más tarde sería el rey Alfonso XIII) cuando con ocho años se le cayó un diente. Si tienen curiosidad, les recomiendo echar mano de esta edición y disfrutar de las aventuras de este personaje que tanto calado tiene en la tradición oral iberoamericana.



jueves, 2 de octubre de 2014

Del aborto y el derecho a la vida


Ahora que la reforma sobre la ley que regula el aborto ha caído en saco roto y el bueno de Gallardón ha abandonado la cartera de justicia (estoy seguro que se debe más a intereses personales y gubernamentales que a la polémica suscitada…, ¡de los políticos fíate tú!), creo que llega la hora de hablar de este tema sempiterno y bastante peliagudo en el que se mezcla la institución familiar, la religión, el derecho a la vida, la capacidad para decidir, la sociedad del bienestar y el impacto mediático. ¡Al toro!
Últimamente todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre esto o lo otro, como si todo fuera con ellos, dándoselas de grandes pensadores cuando les apuntan con una cámara de televisión y les endosan con la alcachofa en la boca. Que si yo lo veo muy mal, que si yo lo veo muy bien… ¡Que se callen, joder! ¡Molestan!... En vez de responder “¿Y a mí, qué coño me preguntas?” se dedican a la mayor de las aficiones de este país: hablar por hablar.
El primero de los aspectos a tratar en esto de la interrupción del embarazo es la capacidad de decisión de las afectadas. ¿Por qué nos creemos tan grandilocuentes para decidir por ellas? ¿Para establecer patrones de comportamiento cuando no estamos en su pellejo? ¿Quiénes son los hombres para decidir sobre los 9 meses (y lo que queda) restantes? A ver, que alguien me responda…
El segundo es la omnipresente cuestión de fe… La gente confunde churras con merinas mientras intenta coaccionar a los demás y modificar así sus decisiones interpelando al nombre de Dios, Alá o Quetzalcóatl. Si la decisión de abortar es íntima y personal, más lo son las creencias, y por lo tanto, ¡bastante conflicto interno tiene una creyente si se queda embarazada tras ser violada! (aunque se vaya a Londres a quitarse el marrón de encima…).
Lo del estado en este asunto, no tiene nombre… Me parece mucha paradoja que una adolescente pueda interrumpir el embarazo sin encomendarse a sus padres, pero no pueda acudir a las urnas para elegir a aquellos tocados por la varita mágica de la democracia (¡Qué asco de democracia ibérica! ¡Me aburre de solemnidad!)
También tenemos en juego a la familia, ese ámbito tan necesario y en clara decadencia que, desestructuración tras desestructuración, se desentiende de los problemas que le atañe para encomendarselos al Estado, ese que toma cartas en los asuntos privados para que, de paso, padres, madres y tutores legales no se ensucien las manos con sus hijos, concebidos por obra y gracia del Ministerio de Asuntos Sociales.


La sociedad del bienestar también está de por medio, incluyendo, entre otras, a la píldora, el feminismo, la medicina, e incluso, a la caridad. Nos creemos que los demás tienen que solucionar nuestros problemas, les colgamos la responsabilidad de nuestros fallos y, por tanto, son ellos y no nosotros, quienes deben solucionarlos y poner de su parte para salvaguardar la integridad que se nos olvidó. Y si no, denuncia al canto…
Y tras estas consideraciones que no llegan a ningún sitio (cada uno que haga lo que quiera con sus hijos…), llegamos al derecho a la vida. Cuando uno nace, además del problema intrínseco del parto, deben saber que, tras la luz, la acritud de la vida no se apiadará de nadie y seguirá actuando consecuentemente para diezmarnos y consumirnos con sus avatares. Por esto, a veces es difícil saber si la vida es un derecho o un deber.
En cualquier caso y haciendo alusión a padres y proles, les recomiendo Todos mis patitos, un álbum ilustrado de Janosch y editado por Libros del Zorro Rojo, en el que, con rima incluída y un esperanzador y reproductivo discurso, se nos da buena cuenta de que los hijos unas veces te dan momentos amargos y otras, los más dulces.

viernes, 18 de octubre de 2013

Semana de la LIJ Alemana (V): Rimas... Poesías...



Desde los exitosos Josef Guggenmos o James Krüss, pasando por Peter Hacks, Fredrick Vahle, Edmund Jacoby o los mísmisimos Friedrich Schiller (Der Handschuh) o Goethe, la poesía (Gedichte) en alemán (no tan prolífica como la castellana), es bastante consciente de que los niños, además de canciones, retahílas y leyendas (bastante comunes por aquellos lares desde que el tiempo es tiempo), se sirven del lenguaje para comprender el mundo próximo, palpable, y a veces, demasiado actual. Con una poesía moderna y críptica en ocasiones (no nos olvidemos del doble sentido), el poeta germano rompe una lanza en los nuevos tiempos y se deja llevar por su afán de instruir, algo muy evidente en la desunión que las dos Alemanias (oriental y occidental) también extrapolaron a su cultura y forma de educar a los lectores de uno y otro bando, bien fuera con rimas, imágenes o cuentos de hadas.
Esperando que hayan disfrutado de una semana de letras (y música) germanas y con sendos poemas de la RFA y la RDA que me regalé este verano durante mi estancia en la Baja Sajonia, me despido hasta la semana que viene. Auf Wiederlesen!

Hier ist zu sehen und zu lesen,
was Zirkusclowns wohl sind für Wesen.

Wenn sie in die Manege latschen,
muβ jedes Kind vor Freude klatschen.

Sie könne die Trompete blasen
und bohrn zum Spaβ in ihren Nasen.

Wilfried Blecher y Wilfried Schröder.
Kunterbunter Schabernack.
1968. Berlin DFR: Georg Bitter Verlag.

Sie teilen sich beim Lesen
daβ mirs im Kopfe schwirrt:
in eins, das immer dicker
und eins, das dünner wird.

Wenn ich die letzte Seite
mit flinker Hand umwende
vereinen sie sich beide
zu einem Buch am Ende.

Walther Petri.
Bucher sind Zauberwesen.
En: Tohuwabohu.
Ilustraciones de Gisela Neumann.
1986. Berlin DDR: Der Kinderbuchverlag Berlin.