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miércoles, 21 de mayo de 2025

Negocios turbios


A mis alumnos de 3º de la ESO les ha dado por emprender. Mientras unos se dedican a comprar ropa de imitación en China y venderla a bajo coste entre los colegas, otros crean contenido para redes sociales, diseñan páginas web para pequeñas empresas, se lanzan al mundo del unboxing, prueban con el dropshipping, ofrecen servicios de cuidado de mascotas o reparten productos a domicilio.


A los que no tengan hijos, esta realidad les puede resultar incluso inverosímil, pero les diré que en breve y como en otros países del entorno europeo, veremos cómo los televisores y las plataformas de contenido se llenan de anuncios sobre cuentas de banco dirigidas a los todavía niños, invitándoles no solo al ahorro, sino a que comiencen a desarrollar sus habilidades como inversores. "Tomorrow begins today", rezaba una cortinilla del banco británico NatWest. Toda una declaración de intenciones dirigida a críos


No sé qué pensarán ustedes al respecto, pero a mí me da en qué pensar. Para bien y para mal… Por un lado pienso que es una buena oportunidad para que unos chiquillos cada vez más pedigüeños y embebidos en el poder del dinero aprendan a administrar sus finanzas, fomentar sus posibilidades y poner en valor sus ideas dándoles forma de negocio. Resumiendo: si no puedes con el capitalismo, únete a él.
Por otro, pienso que acelera el ingreso en la vida adulta (nos centramos en la sexualización temprana, pero esto tiene miga), ahonda en las diferencias de clase entre niños y jóvenes y apuesta por una vida utilitaria en vez de un recorrido experimental en el que sopesar diferentes opciones. Hay que coger con pinzas lemas como “Quien no se gana unas pelillas es porque no quiere” ya pueden ser muy peligrosos para las generaciones venideras.


Y con esta perorata sobre economía infantojuvenil, llego a Pérez, el nuevo título del siempre inspirador Andrea Antinori que ha sido publicado en nuestro país por la editorial Kókinos.
En este álbum, el autor italiano nos cuenta la historia del archiconocido Ratoncito Pérez con una vuelta de tuerca muy crítica y chistosa. Para el que no lo sepa, es un personaje fantástico del mundo hispanohablante que, durante la noche, se lleva los dientes de leche que acaban de perder los niños a cambio de una moneda. ¿Pero qué hace este ratón con los miles de dientes que recoge de debajo de las almohadas? Pues Antinori nos lo va a explicar utilizando su gracejo habitual.


El diente como materia prima (joyería, escultura o arquitectura), un banco de dientes, bacterias, gérmenes y una pastelería que marca el inicio y el final se articulan a la perfección en un ejemplo de economía circular que se enmarca en una historia de ficción muy diferente a la que Luis Coloma escribió para Alfonso XIII.


Ilustraciones que juegan con los lápices y los rotuladores, elementos propios del cómic, mucha fantasía y detalles que animan al juego y la búsqueda, enriquecen un álbum que, al tiempo que nos divierte, nos invita a reflexionar sobre la turbidez de ciertas finanzas desde una mirada de inocente apariencia. Lo mejor de todo es que, como el que no quiere la cosa, nos ayuda a tomar decisiones sobre nuestra salud dental.

lunes, 9 de octubre de 2017

Poderoso caballero es Don Dinero


En cierta ocasión no-sé-quién me dijo que en las guerras contemporáneas occidentales decían poco los tiros y mucho el boikot. No recuerdo muy bien quién me lo susurró, pero empiezo a creer que tenía razón, más todavía cuando argumentaba que en un sistema capitalista como el que nos abduce tenía más sentido lo racional que lo visceral, y la gente las pasaba más canutas sufriendo la miseria prescindiendo de las comodidades y servicios que se habían erigido como imprescindibles o vitales, que desangrándose en las trincheras.


Aunque la hipótesis necesitaba cierta revisión (el ser humano tiene mucho de animal y eso de la violencia y pegar dentelladas le vuelve loco), he ido constatando con el paso de los años que los estados modernos y sus cruentas batallas se libran más en la bolsa y en los cajeros automáticos que con tanques y bombazos. No sé si será porque ya estamos más muertos que vivos y preferimos perder nuestro sitio en el mundo a satisfacer el hedonismo con muchas endorfinas, pero está claro que lo que más nos jode es la cartera aún cuando la tenemos llena.


Si atendemos a nuestras prioridades vitales, los zombis se agudizan cada vez más y como muestra unos cuantos botones. Muchos prefieren comprar una botella de aceite marca “La cabra” a olvidarse del gimnasio un mes; ¿Que mi crío tiene que hacerle una recarga al móvil? Se acabaron las frutas y verduras en esta casa; ¡Uy, este mes no hay para calzones, que nos hemos dado de alta en la tele por cable!... Y una tras otra, estas realidades nos van convenciendo de que cada día somos más gilipollas, algo que saben inversores, bancos y multinacionales. ¿Que algunos saben la forma de no caer en sus redes? Pues que me expliquen tan revolucionaria fórmula porque a día de hoy, hasta los más rojos pueden ser poco consecuentes con sus ideas y acciones. Se lo digo yo, que aun siendo conformista y austero como el que nadie, pico en el anzuelo de esas pseudo-necesidades.


Por muy “trash” y “underground” que nos creamos, por mucho que reciclemos y reutilicemos, por mucho que nos contengamos, el sistema termina por crearnos nuevas y variopintas soluciones a nuestros requerimientos para aflojarnos el bolsillo y que los ricos sean más ricos y los pobres, aunque sin un duro, nos creamos contentos.


Para que vayan pensando en una solución al respecto (confío en sus cabezas bienhechoras) aquí les dejo con dos libritos bastante interesantes. De los poquitos que tratan la cuestión económica por estos lares y que considero muy, muy necesarios ya que el niño está inmerso en el mismo sistema que cualquier adulto y necesita conocer las implicaciones que esto tiene, tanto para él, como para el resto (seguramente será de las pocas cosas verdaderamente “democráticas” que existan).


El primero es El dios dinero una serie de fragmentos extraídos de la obra de Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos de 1884 acompañados por las ilustraciones del siempre simbólico e inspirador Maguma, y editado en forma de acordeón por Libros del Zorro Rojo. En él y en palabras del pensador se hallan puntos esenciales para la crítica del capitalismo imperante en el último siglo y pico y que pueden servir a niños y adultos como punto de partida para buscar soluciones.


El segundo es un álbum de Afonso Cruz que cómo no, se titula Capital. En este libro sin palabras (¡lo que me gusta a mi un libro de imágenes!) editado por Juventud, aunque igualmente crítico, me resulta bastante informativo ya que de mediante la secuencia de imágenes explica el camino de las monedas desde que salen de la hucha y sus múltiples destinos. Es decir, un flujo de dinero que, bastante realista, puede resultar ilustrativo para explicar a los niños como funcionan las finanzas, sus pros y contras.
Y sin más, les dejo, que hoy me toca ir de bancos. ¡Que Dios me asista!